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El hombre sirve a la mujer, la mujer sigue al hombre

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El hombre sirve a la mujer, la mujer sigue al hombre


El hombre sirve a la mujer, la mujer sigue al hombre

Observo que la aseveración de Bert Hellinger “el hombre sirve a la mujer, la mujer sigue al hombre” se basa en la observación de la relación entre hombres y mujeres y su rol en la Evolución de la Humanidad. Bert basó su comprensión sistémica en la observación del fenómeno humano y su evolución.

Hoy estamos viviendo una nueva relación y nueva entrega al proyecto de pareja, “servir y seguir” ya no vibran.

La Prehistoria

En efecto, durante los primeros miles de años, hasta el siglo XX, podemos ver como el reparto de tareas en el clan o en la tribu se basaba en la diferencia biológica entre Hombres y Mujeres:

La mujer casi siempre embarazada se dedicaba al cuidado de los nacidos. Las mujeres se unían al cuidado y supervivencia de los pequeños. En general, dominadas por la fuerza y las decisiones de los hombres.

El hombre, desde que es púber, era educado para ser el fuerte, el que tenía que defender la tribu de los animales salvajes, de las tribus hambrientas que les rodeaban, de los peligros naturales, del hambre. Se encargaba de traer comida al clan y si no la encontraba sería responsable de la desaparición de su gente. No podía volver al clan sin algo de comer. Era realmente el proveedor.

En soledad, enfrentado a todos los peligros.

También era el que encontraba nuevos lugares con más frutos o más venado para cazar, y la tribu se desplazaba al albur de sus descubrimientos. Servir y seguir.

Esta distribución de roles basada en la biología, perduró hasta 1918, como lo explicaré más adelante.

En esas primeras épocas de la vida humana, como lo describen los antropólogos como Levi-Strauss, Margaret Mead y filósofos como Ken Wilber, la conciencia humana vivía un estadio muy arcaico, en el que dominaba la lucha por la supervivencia.

Los hombres se batían con el miedo a lo imprevisible, a lo diferente, al hambre, a la muerte, a la soledad sinónimo de muerte. En una época en la que la mente humana no había superado el maniqueísmo del Estado del Yo Niño dominado por su propio Yo Niño1 solo podían fusionarse o matarse los unos a los otros. Conocemos esta reacción irracional y arcaica frente al miedo abismal: el odio, que consiste en destruir lo que evoca ese miedo insoportable.

Las mujeres2, congeladas en un trauma sin fin, que era transmitido y reforzado de generación en generación durante siglos, quizás miles de años: en esa época prehistórica. La mujer púber era raptada por otro clan, (respetando así ese tabú del incesto que permitió el avance de la Humanidad). En cuanto la joven menstruaba, en muchas culturas, se la encerraba, o se la declaraba impura, o peligrosa. La mujer daba miedo, y se daba miedo. Hoy, ese miedo a la sexualidad diferente de la mujer aun está presente en la ablación del clítoris de millones de niñas en Africa y Oriente Medio. Y el colofón de la vida abrumadora de las mujeres era su muerte tan frecuente al parir.

La sedentarización

El hombre ya tiene un trozo de tierra para alimentar a la familia que va creando, con una mujer que será su compañera de equipo en la tarea de sobrevivir y preparar un futuro para sus hijos. El “control de natalidad” promueve la existencia de la prostitución.

En las zonas costeras, y otras regiones en las que el trabajo del hombre le obliga a estar ausente, se va organizando en matriarcado. Mientras que en el resto del mundo el patriarcado permite la expansión económica de las sociedades.

La vida se ha ido repartiendo entre la familia y la sociedad. En el ámbito familiar, la abuela o madre suele tener el poder. El hombre encuentra libertad, fuerza y creatividad en la sociedad, fuera de la familia.

El hombre sigue sirviendo a la mujer en el sentido de que es el quien va a la guerra y muere para la protección de su mujer e hijos. Distinción que desaparecerá en el siglo XX, desde la segunda guerra mundial, hombres, mujeres y niños son ya las víctimas de todas las guerras, no solo los hombres…

La muerte de la mujer en el parto

Este fenómeno natural, y tan frecuente hasta el siglo XXVIII, tuvo un efecto letal para el inconsciente colectivo, arquetipos o campos de resonancia mórfica del clan transmitido por el ADN, sobre la relación entre hombres y mujeres. Solo los miembros Adultos del sistema familiar saben que la muerte de esta mujer no es responsabilidad de su pareja. Sin embargo, la mayoría de las personas no están en esta comprensión de la realidad y creen que la sexualidad masculina puede matar a la mujer. De ahí, el odio visceral entre hombres y mujeres transmitido en muchas familias. Odio significa miedo infantil.

Muchas mujeres se debaten entre la atracción sexual y el miedo por la sexualidad del hombre, el deseo de tener hijos y el miedo de morir. Y muchos hombres se sienten culpables y avergonzado de la fuerza de su sexualidad masculina, reprimiéndola hasta que explota…

El desarrollo personal de hombres y mujeres pone fin a esos mitos.

La era industrial

Los cambios tecnológicos y sociales actuales han abierto el trabajo profesional a todas las mujeres. Primero fueron las mujeres de las familias mas necesitadas, en los principios de la era industrial, las que iniciaron ese proceso de nivelación en el servicio que hombres y mujeres prestaban a la sociedad. En efecto, mujeres y niños se unían a los hombres, como mano de obra sacrificada al beneficio económico y progreso de toda la humanidad.

Nuestra deuda con estos hombres, mujeres y niños, es inmensa. Construyeron nuestra civilización actual.

1918

El mayor hecho histórico que realizó la igualdad entre hombre y mujeres frente al trabajo fue la Primera Guerra Mundial. 1918 es la fecha del nacimiento de facto de esta igualdad.

La Gran Guerra, la primera Guerra Mundial, fue la última en la que el Hombre cumplía con su misión de servir a la supervivencia de las mujeres: en casi toda Europa y USA, todos los hombres fueron llamados a filas, incluidos los de las clases sociales más altas. Sus esposas, hijas y hermanas tuvieron que sustituirlos para que los países siguieran funcionando: todos los puestos de trabajo fueron ocupados por mujeres durante los cuatro años que duró la guerra, en las fábricas, las granjas, las tiendas, la universidad, las empresas, todos los servicios urbanos, etc.

En 1918 cuando los hombres supervivientes volvieron a sus hogares, la mayoría estaba inhabilitada3 para volver a trabajar y se dio esta situación por primera vez en la historia humana: las familias y la economía del país necesitaron estar en manos de las mujeres.

Esta fecha marca el fin del patriarcado y el advenimiento del feminismo en el sentido de que ya no había diferencia entre Hombres y Mujeres en cuanto a sus roles productivos, en los países que participaron en la primera guerra mundial.

Propuesta para hoy

Apoyándome sobre las consecuencias demostradas del no respeto a la biología y de la obligación ideológica de que hombres y mujeres sean lo mismo y tengan los mismos roles, observando la grandeza, la riqueza y la dignidad redescubiertas de la diferencia y del encuentro entre hombres y mujeres, veo que hombres y mujeres están ambos al servicio de su proyecto de pareja, ambos sirven a este proyecto. Es la condición para que su vida de pareja sea feliz y nutritiva para los dos.

Estamos en otro momento de la Humanidad.

Brigitte Champetier de Ribes
Junio 2026


1 Nociones de Análisis Transaccional que verán en www.insconsfa.com.

2 Todo lo que comparto son resultados de mis observaciones sistémicas. Cada uno lo puede representar y recibirá la información que a mí me faltó, y le agradeceré si me lo comparto.

3 Con estrés postraumático muy violento, salud física y mental destrozada por los gases químicos empleados en los bombardeos de las trincheras o incapacitación por mutilación consecuencia de estos bombardeos.

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