Hellinger Sciencia
Revista Hellinger, Marzo 2008
Caso: Un joven de 12 años tiene una manía.
Hellinger, a un participante: ¿De qué se trata?
Participante: Un joven de 12 años ha venido a vernos, a mi mujer y yo. Tiene una manía nerviosa. Parpadea con frecuencia y una mano se le sacude involuntariamente.
H: ¿Quién ha venido a verte?
P: La primera vez vino la madre con él y su hermano.
H, después de un rato de pensar: Él nombró solamente a los jóvenes y su madre.
Al participante: ¿A quién has dejado de lado?
P: El padre ha venido con ellos la segunda vez.
H: Bien.
P: La segunda vez hemos trabajado sólo con los padres.
H: Bien.
Al grupo: Ahora imaginemos lo siguiente: cuando el joven hace estos movimientos, con los párpados y la mano, y cuando seguimos su mirada, ¿adónde vemos que él mira? ¿A qué persona mira él? ¿A qué persona, a la cual los padres no miran? En lugar de mirar a aquella persona, miran al niño.
El participante aprueba con la cabeza.
H, al grupo: Nos representamos todo el sistema ahora: los que pertenecen a ello y al que talvez espera que se lo mire, que espera que se le tenga compasión y amor. Esto sería el trasfondo.
Bueno, ahora cerremos los ojos y con esta actitud nos giramos hacia todo el sistema, dedicados a todos con amor. Y esperamos, a ver si surge la palabra o la frase apropiada.
Hellinger se adentra en un recogimiento profundo.
Después de un rato: Tengo la frase, una frase sorprendente, que nadie se puede inventar.
Al participante: Cuando los tres están nuevamente contigo, hazle decir al joven a sus padres: “olvidadme también”.
El participante aprueba, conmovido.
H: Luego los mandas sin más a casa. Has percibido la fuerza enseguida.
Al grupo: Lo hemos podido ver en su rostro. Nosotros también hemos sentido la fuerza Al participante: Al joven le va mejor.
El hombre aprueba.
H: Está bien. Después de un rato, al grupo: Habéis notado, estas frases no se inventan, son totalmente distintas de lo que podríamos imaginar.