Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Hellinger Sciencia

Revista Hellinger, Marzo 2008

¿Qué es lo que lleva a la psicosis?

H, al grupo: Querría dar unas aclaraciones acerca de mi experiencia actual referente a la psicosis. Una psicosis, aquí más que todo la esquizofrenia, se da en familias donde ha ocurrido un crimen, un crimen dentro de la familia. A menudo, este evento se ubica muchas generaciones atrás. Y desde luego no queda ningún recuerdo del suceso. Pero en el campo del espíritu de esta familia está preservada la memoria del evento y sale a la luz.

En esta constelación, pudimos ver que la representante de la psicosis estaba totalmente desorientada por toda clase de sentimientos. En cuanto coloqué una persona suplementar, pudimos ver que esta persona y la psicosis se encontraban atraídas mutuamente de manera significativa. A esta mujer: No sabemos quien es esta persona. Tal vez pertenece a una generación anterior.

Al grupo: Las dos se atraían, y había la misma palabra clave para las dos. La palabra “por favor” de parte de la psicosis hacia esta mujer y la misma palabra de esta persona hacia la psicosis. La psicosis le decía a la mujer:”por favor, haz algo” y la mujer le decía a la psicosis: “por favor, ayúdame”. La psicosis estaba, por lo tanto, a su servicio.

Luego probaron reunirse pero no funcionó. Algo lo impedía. De repente se hizo claro que entre las dos yacía un muerto. Por esto, coloqué a une persona representando a un muerto en el suelo. En cuanto se encontró tumbado y la mujer pudo mirar al muerto, la psicosis pudo retirarse. Había cumplido con su tarea.

A la mujer: Pudimos ver con claridad que la psicosis había terminado su trabajo.

Al grupo: ¿Por qué se vuelve alguien sicótico? Pues, cuando está intrincado a la vez con dos personas en oposición, que están sin reconciliar. En mi experiencia actual, siempre se trata de un asesino y de su víctima. No están aun reconciliados con amor. En la constelación que acabamos de ver, han conseguido por fin reunirse. Lo que quedaba sin reconciliar se ha vuelto a encontrar y el problema que estaba sin resolver se ha solucionado.

A la mujer: Cuando, en una familia, se da un problema así, en cada generación posterior un miembro de esta familia debe representar a los que quedaron sin reconciliar, y se vuelve de una manera o de otra sicótico, como probablemente lo sabes.

La mujer asiente.

Pero no están enfermos. Están a la búsqueda de una solución con amor. Todos buscan una solución con amor. La psicosis busca también una solución a través del amor. Quiere juntar nuevamente a los que quedaron separados sin reconciliación y que se han visto excluidos de la familia, por causar angustia a los demás. Es por esto que nadie les mira más.

Al grupo: Lo que hemos visto aquí es una bella imagen del movimiento del espíritu y cómo, gracias a la psicosis, ha logrado conectar lo que estaba separado.

A la mujer: Es probable que la psicosis haya representado aquí a varias personas simultáneamente. No obstante hemos podido observar su función con mucha claridad y precisión. ¿Y cómo te va ahora?

La mujer: Me va mejor.

H: Ahora acércate a la representante de la psicosis y abrázala.

La mujer se arrodilla frente a la representante de la psicosis, que aun está en el suelo, de cuclillas, y cubre su cara con las manos. La psicosis mira hacia arriba y le alcanza las manos, pero después de un rato las deja caer de nuevo. La clienta gira la cabeza al costado y mira el suelo. Se inclina profundamente hasta reposar la cabeza en el regazo de la psicosis. Se echa a llorar con fuerza. Al cabo de un rato se endereza y saca las manos de delante de su rostro, mirando a la psicosis a los ojos. Otra vez gira la cabeza de lado y mira el suelo. Más tarde la psicosis se desplaza hasta estar arrodillada al lado de la clienta. Y con ella mira al suelo.

La clienta desea tocar la espalda de la psicosis pero no se anima a hacerlo. Al cabo de unos instantes la roza con cuidado, apoya su cabeza en el hombro de la psicosis y le sujeta el brazo.

Un poco más tarde, la psicosis gira la cabeza hacia ella, ambas quieren tocarse en la mejilla. En ese instante la psicosis se retira y mira nuevamente al suelo. Estos movimientos se repiten varias veces. Entonces la clienta se sienta frente a la psicosis y le toma de las manos. Después de un tiempo aparta la mirada, luego la dirige de nuevo hacia la psicosis. Ambas sueltan las manos. La psicosis mira otra vez al suelo.

Luego se da la vuelta. La clienta se sienta a su lado en el suelo. La psicosis quiere poner la mano en la espalda de la clienta, pero rápidamente la retira. Ambas se miran detenidamente. La clienta coloca la mano a la espalda de la psicosis y siguen mirándose intensamente. La psicosis mira al suelo otra vez. La clienta retrocede un poco y da un profundo suspiro. Después de un rato, la psicosis se levanta, dando unos pasos atrás. La clienta también se levanta. Ambas miran el mismo punto en el suelo. Y de nuevo se van mirando. Se miran a los ojos y cada una retrocede un poco.

La clienta se da la vuelta y mira a las dos personas tumbadas en el suelo. Las dos están boca arriba, la cabeza hacia la otra, mirándose y tomadas de la mano. La clienta se gira hacia ellas y da unos pasos atrás. La psicosis también se aleja.

H, a la mujer: Ahora, mira por encima de ellas dos, más allá a lo lejos.

La clienta echa un vistazo rápido hacia lo lejos y vuelve a girarse hacia la psicosis.

H: Ahora, mira también más allá de la psicosis, a lo lejos.

El rostro de la psicosis se aclara. Se retira de un lado mientras la clienta se gira hacia el grupo.

H: Ahora, mira a todos en el grupo.

Se gira y empieza a llorar.

H, a la mujer y a las representantes: Quedaos así como estáis. Quiero explicar algo.

Al grupo: Estos movimientos eran de una increíble belleza y profundidad. Eran tan exactos. Nadie los pudo inventar. Las dos estaban envueltas por algo muy potente y movidas por ello.

Pues bien, ¿qué hemos visto aquí? Entre la clienta y la psicosis pasó algo parecido a lo que aconteció antes entre las dos mujeres en el suelo. La psicosis representaba al asesino, y la mujer a una víctima. La mujer se comportó en víctima, y se comportó hacia la psicosis como una víctima. De esta misma forma es tratada la psicosis en las familias donde se dan casos de psicosis. Las familias demuestran hacia la psicosis esta misma actitud interior de exclusión y miedo como hacia el asesino. Y tratan con frecuencia al familiar sicótico como el asesino trata a su víctima. Desconocen lo que en realidad la psicosis carga como lastre en su lugar, y adónde les quiere llevar.

Al final, la psicosis quería que se la dejara en paz. En cuanto se la vio y se la reconoció, aunque incompletamente, se pudo retirar.

A las representantes: Gracias a todas.

A la mujer: Siéntate a mi lado. ¿Cómo te va ahora?

M: Aun mejor.

H: Suena todavía a pobre infeliz.

M: ¿Por qué dices esto? Empieza a reírse alto.

H: Esto suena mejor.

La mujer sigue riéndose, mirando a Hellinger.

H: Claro, tenemos que pensar también que la psicosis es algo especial para muchos. Con sólo mencionar: soy sicótico, ya se asustan los demás. ¿No es esto maravilloso?

La mujer sigue con la risa y aprueba.

H: Lo has disfrutado también. Claro, lo has disfrutado.

Al grupo: Es así como los sicóticos muestran que están también identificados con elasesino.

La mujer asiente.

Al grupo: Creo que ya hemos visto lo suficiente. Ahora, todo esto actuará dentro de nosotros. La representante de la psicosis fue extraordinaria. Estaba realmente conectada con el movimiento del espíritu y la pudimos seguir en todo momento. Para mí, fue increíblemente exacto y hermoso. No había hecho nunca una cosa así, configurar una representante para la psicosis.

Las psicosis, un problema familiar

Después del suceso desencadenador, en cada generación debe un miembro de la familia volverse sicótico. Este miembro se hace cargo de lo que corresponde a otros. En cuanto se ha vuelto sicótico, el resto de la familia está aliviado. Por consiguiente, los demás miembros temen que la persona sicótica se sane y se unen secretamente en contra de una curación exitosa de su psicosis. Porque corren el riesgo de que otro miembro se vuelva sicótico. Podemos más que todo percibir este miedo en el padre o la madre. La persona que se hace cargo de este destino demuestra el mayor amor, pero en secreto.

Cuando, a pesar de la resistencia por parte de muchos psicoterapeutas y psiquiatras, impartí mi primer seminario para clientes sicóticos, me conmovió profundamente el amor de estos clientes. Por esto intitulé el libro que escribí sobre el tema “Amor al borde del precipicio”. Eso es lo que podemos observar en los casos de psicosis. Es amor.

A la mujer: Sabes, cuando ese amor sale a la luz, cuan importante has sido para la familia y cuanto has llevado tú por ellos.

Ella sonríe y asiente.

Al grupo: Por esto no se puede tratar a los sicóticos como individuos aislados. Tenemos que tratar a toda la familia y ayudarles en conjunto.

A la mujer: Lo que he hecho aquí era también al servicio de tu familia. Ninguno debe temer volverse sicótico, porque tú has conseguido salirte de la psicosis.

Al grupo: Se trató en este caso de la curación de muchas generaciones.

Los ayudantes

Podemos incluso observar una situación similar con los psiquiatras y sus asistentes en los establecimientos psiquiátricos. Si no tuviesen pacientes sicóticos para cuidar, quizá se verían presos del miedo de volverse sicóticos ellos mismos.

A la mujer: ¿Lo puedes sentir tú también?

La mujer asiente con la cabeza.

Porque a menudo hubo en sus familias un crimen ocultado contra un miembro de la familia. Bajo este aspecto, los ayudantes de las instituciones psiquiátricas se comportan como los parientes de sus pacientes. ¿Cuál es la solución en este caso?

No podemos esperar que estos conocimientos sean aceptados sin más por las instancias psiquiátricas. El miedo a los resultados y consecuencias es demasiado grande. Es comprensible.

Al grupo: Haré con ella un ejercicio. Ahora ella nos representa a todos.

A la mujer: Ponte de pie ahí y mira en esta dirección. Tú miras ahora a todas las instituciones psiquiátricas y clínicas. Luego, mira por encima de ellas, muy lejos hacia aquella fuerza que incluso en ellas actúa, con la misma dedicación y amor, en todas ellas. Y después, te retiras despacio manteniendo tu mirada en la misma dirección.

La mujer se mantiene mucho tiempo en esta actitud.

H: Quédate así, siempre con la mirada hacia ahí. No la desvíes en ningún momento. Mira más allá de todo eso, con total confianza en el movimiento de este espíritu, que se encarga de moverlos a todos igualmente, así como él lo desea. En este nivel, nadie es mejor o peor, no hay más perpetrador ni víctima. Todos son sencillamente humanos.

Después de un rato: Y ahora te giras hacia las personas del grupo.

Ella se da lentamente la vuelta.

H: Los puedes mirar a todos. Diles: “Aquí estoy”.

La mujer: Aquí estoy.

El grupo aplaude.

H: “Una de vosotros”.

La mujer: Una de vosotros.

Ella aplaude a modo de respuesta.

H: Está bien.

Te dejo en paz

Hellinger, a Carola: ¿Cuál es tu asunto?

Carola: Tengo una hermana gemela fallecida, y siento miedos y depresión.

Hellinger: ¿Cuándo murió la gemela?

Carola: A la edad de un año y quince días.

Hellinger: ¿Quién es la mayor de las dos?

Carola: Yo.

Hellinger: Colocaremos a dos personas: tu hermana y tú.

Carola configura a dos representantes, de modo que las dos personas se dan la espalda.

Hellinger, a la representante de Carola: ¿Qué tal estás?

Representante de Carola: Siento un punzado en el pulmón y el corazón. Me siento sola y con angustia. No sé lo que hay detrás de mí. Siento algo pero no sé lo que es.

Hellinger, a la gemela muerta: ¿Qué tal estás tú?

Representante de la hermana muerta: Me siento también sola, pero liviana. No siento ningún lazo con lo que hay atrás, más bien estoy flotando. Se ríe. Bueno, me siento bien.

Hellinger, al grupo: La muerte no tiene nada difícil para los niños.

A Carola: Cuando les dejamos, cuando les dejamos retirarse. Rilke dice en las Elegías de Duino, hablando de los que parten pronto, que se les dificulta la ida cuando nuestro duelo se hace pesado. Nuestro dolor impide su movimiento liviano. Pudiste ver aquí ese movimiento. Colócate ahora en tu sitio.

¿Cómo te sientes ahí?

Carola: Me tira hacia abajo.

Hellinger desplaza a la hermana gemela hacia su izquierda, en su campo de visibilidad.

Hellinger, a Carola: ¿Y ahora?

Carola: La veo.

Hellinger, a la hermana: ¿Y tú, qué tal?

La gemela: Me sigue yendo bien.

Hellinger, a Carola: Mírale.

A la hermana muerta: Tú no tienes por qué mirarle. Mira en tu dirección.

A Carola: Dile: “Te dejo retirarte con amor”.

Carola: Te dejo retirarte con amor.

Hellinger: “Más tarde, vendré también”.

Carola: Más tarde, vendré también.

Hellinger: ¿Cómo suena eso?

Carola: Tan extraño.

Hellinger: Colócate detrás de ella. ¿Y ahora?

Carola: Me caigo hacia atrás. Retrocede unos pasos.

Hellinger: ¿Cómo estás?

Carola: Estoy bien.

Hellinger: Dile otra vez: “Te dejo retirarte con amor”.

Carola: Te dejo retirarte con amor.

Hellinger: “Más tarde, vendré también”.

Carola: Más tarde, vendré también. Respira fuerte.

Hellinger: ¿Qué tal?

Carola: Bien.

Hellinger: ¿Cómo es eso para la hermana gemela?

Hermana gemela: Me noto bien. Es una buena sensación. Siento un amor profundo por ella. Me alegro también, cuando venga.

Hellinger, a Carola: Con eso, lo dejamos.