Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

La sintonía con la vida, matriz del orden en el amor

La sintonía con la vida es un hecho natural. Proviene de reconocer lo que hay, de ver las cosas como son.

¿Y qué es un ser humano? El hijo de su padre y de su madre, los haya conocido o no, estén vivos o estén muertos. Es una evidencia, tan simple que parece una perogrullada decirlo. Las cosas esenciales suelen ser simples.

El padre y la madre engendraron una vida a la que se llamó hijo o hija. Un hijo o una hija es una vida concebida por unos padres. Todo ser humano es hijo, por tanto es vida.

Reconocernos como hijo o hija de nuestros padres, simultáneamente nos hace reconocernos como vida engendrada por ellos. Somos una vida, con su principio y su fin. Somos vida, hasta que llegue la muerte. Reconocernos como “hijo de” nos sintoniza con la vida, somos la vida misma.

Y cuando llega la muerte, la filiación permanece y se transmite genéticamente a todos los descendientes. Soy “hijo de” me hace pertenecer para siempre. En la vida y en la muerte seguiré siendo “hijo de”.

Las actuaciones y vivencias emocionales de la persona se memorizan en los genes de los familiares vivos de un modo particularmente intenso en el momento de la muerte a la vez que la energía vuelve a su primer estado, anterior a la concepción. La energía pierde la densidad de la vida humana, recobrando su primera vibración.

Soy “hijo o hija de” significa que por ahora soy una vida, soy vida. De un modo natural soy vida, mientras esté vivo. No necesito buscar la vida más allá de mí. Soy vida, y ¿Dónde reconozco esta vida? En el instante presente, soy vida ahora. Soy ahora.

Uno está en sintonía con la vida, cuando acepta o reconoce ser hijo de sus padres.

La extraordinaria fuerza de la concepción nos transforma en energía de vida. Energía de hijo es energía de vida. Soy la vida creada por los padres, soy vida.

En mi todo el pasado se ordena y toda mi fuerza vive en el momento presente, dirigida hacia el futuro.

Reconocerme como “hijo o hija de” me sintoniza simultaneamente con la vida y con Algo más grande. Permite que nuestra vida fluya espontáneamente en el respeto de la jerarquía natural, de la pertenencia y del equilibrio entre dar y recibir.

En efecto, soy “hijo o hija de” me coloca en mi lugar y me permite pertenecer.

Reconocer que soy “hijo o hija de” me impulsa a vivir y ayudar a vivir. No puedo no hacerlo, mi deuda hacia mis padres es tan grande que sólo puedo querer vivir la vida regalada por ellos y ayudar a los demás a vivir. Así, de un modo instintivo equilibro lo que recibí de mis padres con mis ganas de vivir y lo que doy a mi entorno.

No reconocernos como “hijo o hija de” tiene como consecuencia inmediata cortarnos de la vida y de su fuerza. Nos corta del respeto instintiva de los Órdenes del amor.

En efecto, no reconocerme como “hijo o hija de” es causa o consecuencia de mi rechazo de la jerarquía natural.

No reconocerme como “hijo o hija de” me aleja de mi grupo de pertenencia, provocando en mi exclusión de otros y de mí misma.

No reconocerme como “hijo o hija de” me impide desear devolver la vida recibida de mis padres. No puedo cumplir con “el equilibrio entre dar y recibir”.

Sólo reconocemos los órdenes del amor por la consecuencia dolorosa de su transgresión. Como dice Bert Hellinger, sólo conocemos los órdenes del amor por sus efectos. Si hemos tomado a nuestros padres, estos órdenes son respetados de un modo implícito. Es el rechazo a los padres, por ende a la vida como es, lo que provoca los desórdenes y la necesidad de conocer estos órdenes del amor.

Reconocernos como hijo o hija nos sintoniza con la vida. Sintonía que nos permite fluir con los órdenes del amor. Porque esta sintonía es la matriz de los órdenes en el amor.

El SÍ a la vida como es

La sintonía con la vida, asentir y agradecer incondicionalmente a nuestros padres, significa nuestra rendición ante la vida como es. Esta sintonía nos conecta con el Vacío y simultáneamente los órdenes del amor se introducen de modo natural en nuestra vida. La sintonía con la vida desenreda las intrincaciones, la sanación aparece.

Primero está la sintonía con la realidad, luego vienen los órdenes del amor. Más exactamente, si rechazamos lo que hay, necesariamente vamos a crear un “Desorden del amor”, y se pondrán en marcha los mecanismos sistémicos de compensación de este desorden.

Temer o rechazar algo tienen el mismo efecto: atraen ese algo. Aceptar algo lo transforma en algo distinto, a favor de todos y en particular a favor de la persona. Más todavía si se agradece ese algo.

La sintonía con los padres nos conecta simultáneamente con la vida y con algo más grande y permite que nuestra vida fluya, o vuelva a fluir. La sintonía con la vida sana los desórdenes del amor.

Tenemos la libertad de aceptar o rechazar nuestras vidas, de provocar el aumento de las dificultades o de permitir que nuestras vidas vuelvan a fluir. La vida es energía, es sucesión de polaridades. Sintonizar con la vida es hacerlo con la alternancia de opuestos. Es asentir al destino, es aceptar a todos, independientemente de sus actos, y agradecerlos incondicionalmente ser como son. Esto nos permite fluir con el río y sentir esa fluidez en todos los aspectos de nuestra vida.

Sintonía con el Vacío creador

Reconocerme como hija o hijo de mis padres me conecta con lo siguiente: ambos juntos me conectan con Algo más grande. La madre me conecta con la vida y con el equilibrio entre el dar y recibir, el padre con el orden y la pertenencia y con lo cuántico.

Veamos ahora la relación con Algo más grande, Vacío o Centro vacío. Vacío creador permanente, plenitud e intención permanente de más vida, intención sanadora. Vacío creador de todo lo que hay y de todos los que somos. Creador significa intención, significa estar orientado por un deseo, desde la plenitud. Ese vacío es creación permanente porque es intención permanente. Desde la plenitud crea más amor, crea la intención de más amor. Todo el universo está hecho de partícula /antipartícula que al fundirse dan un salto cuántico creando algo nuevo. Hombre y mujer se funden dando luz a una nueva vida.

El vacío es intención aunque no imponga el resultado de esa intención, es una intención que crea la posibilidad de algo nuevo, dejando libre a la persona de participar a esa creación o no.

La intención del Vacío es crear más vida. Tener más conciencia nos lleva a servir mejor a la vida, sirve para vivir con más plenitud. Tener más conciencia nos acerca a la vida. Algo más grande crea la vida y todo lo que sigue creando lo hace al servicio de la vida. Su intención es que vivamos, comprendiendo y sin comprender, aprendiendo y sin aprender, viviendo. Y ayudando a vivir.

Vacío y vida van unidos: la vida creada y deseada por el Vacío, el Vacío creando todo al servicio de la vida. La vida honrando al Vacío por el mismo hecho de ser vivida.

La vida es una manifestación de Algo más grande. Ese Algo, el Vacío, se manifiesta a sí mismo a través de la vida. En las constelaciones vemos una y otra vez que el vacío no necesita que se le rinda honores, lo que necesita es que vivamos totalmente esa vida creada por él. Así es como se siente honrado y agradecido. Somos vida, y al reconocerlo nos transformamos en manifestación de ese Algo más grande, o más bien tomamos conciencia de haber sido esa manifestación desde que fuimos concebidos. Sin necesidad ni posibilidad de comprender, no es algo asequible intelectualmente. Sólo vibramos con ello. Estamos conectados a algo de otra dimensión.

La vida “espiritual” sólo puede empezar con el tomar a los padres.

Los órdenes del amor

Tomar a los padres es estar en sintonía con la realidad como es, asintiendo y agradeciendo a todo como es.

El asentimiento y el agradecimiento son fuerzas del campo del espíritu, del centro vacío o del gran Campo. Son fuerzas que sanan los órdenes del amor y sanan nuestras vidas.

Cuando Hellinger estaba haciendo constelaciones mediales, alguien le preguntó “¿Los órdenes del amor entonces ya no tienen vigencia?” Y Bert respondió: “En efecto, ya han pasado a un segundo plano”.

No se trata de que ya no tienen vigencia. Los órdenes del amor dirigen todo lo que es vivo, son fuerzas que animan la dirección de los sistemas y de sus componentes, son fuerzas sistémicas. Se trata de que el amor de Algo más grande se nos manifiesta de un modo humano, a través de los órdenes del amor.

Gracias a las constelaciones, en lo sistémico, estamos poco a poco ordenando nuestra mirada. Todo es animado por la compensación del dar y recibir que se equilibra cuando tomamos a nuestros padres.

Al tomar a nuestros padres, aceptamos pertenecer y aceptamos que todos pertenezcan como nosotros. Sintonizamos con la vida, sintonizamos con todos. Todos son creados, pensados y movidos por el Vacío, todos son Vacío… todos somos cocreadores, incluso los perpetradores.

Al tomar a los padres, asentimos a todo como es, asentimos también a nuestro lugar y adquirimos la fuerza para ordenarnos… descubrimos todo lo anterior a nosotros.

Al asentir a todo, nos fundimos con todo, somos la vida como es, somos el vacío creador. Pertenecemos a todo, pertenecemos al Todo. Nadie puede ser excluido del todo. Todos pertenecemos a todo lo que existe y es.

Equilibrar las polaridades es tanto equilibrar el dar y recibir como reconciliar víctima y perpetrador. Esa compensación es la que crea nueva energía, cambios cualitativos, saltos a otra probabilidad. Por lo tanto la polaridad llamada negativa es tan necesaria como la polaridad llamada positiva. Amar es incluir lo negativo, es redignificar lo llamado negativo.

La vida es un movimiento hacia el amor. Un movimiento desde el amor arcaico de la pertenencia estrecha al Amor de la pertenencia a todo. Un movimiento desde las intrincaciones en los desórdenes del pasado a una nueva realidad surgida por nuestra entrega a la vida como es.

Descubrimos que la clave de la sanación está en reconocernos simplemente como hijos de nuestros padres: soy hijo o soy hija, soy vida, y nuestra decisión consciente ELIJO LA VIDA, ELIJO ESTAR EN LA VIDA, sea cual sea el peso anterior. El pasado se sana gracias a nuestra aceptación y gratitud, no por nuestro trabajo sobre él…

Brigitte Champetier de Ribes
Madrid, septiembre 2015