Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

Tomar a la madre

Dos personas (Pedro y María), el sexo es secundario.

Pedro: tú haces de mí y yo hago de mi propia madre en toda su grandeza de madre

Se ponen el uno enfrente del otro a unos dos o tres metros de distancia. la madre no se mueve y espera a que su hijo (representado por María) se le pueda acercar. si el hijo se siente bloqueado o más grande que su madre o que va muy rápidamente hacia su madre, deberá ponerse de rodilla, con la cabeza en el suelo, incluso quizás tumbado bocabajo, hasta poder acercarse y abrazarla.

cuando el abrazo, la madre se dará cuenta de si la cabeza de su hijo se recuesta en su hombro derecho, entonces con firmeza lo volverá a alejar pues este hombro es el de los iguales, para que de nuevo la honre y pueda abrazarla espontáneamente con la cabeza en el hombro izquierdo.

Después, el representante del hijo, muy centrado, le dice en una o dos frases lo que ha vivido. El representante de la madre no habla. se recogen unos minutos y vuelven a empezar cambiando los papeles, esta vez Pedro hace de María y ella representa a su propia madre.

Es mejor que este ejercicio sea corto, 10 minutos, no mas. la interrupción dinamizará esta relación. y se puede retomar dejando pasar un mínimo de diez días. También es muy recomendable hacer seguidos los dos ejercicios, tomar a la madre y tomar al padre.

Es un ejercicio potente e importante. Tomar a la madre es un proceso largo de purificación, supone mucha renuncia del ego y es el punto de partida del desarrollo espiritual. Es muy útil repetir este ejercicio a menudo, dando cada vez nuevos pasos.