Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

El enfado

El enfado primario dura muy pocos segundos. La adrenalina aumenta súbitamente en cuanto alguien abusa de nosotros, y en los segundos siguientes el cuerpo se tensa de manera a actuar e interrumpir inmediatamente ese abuso. A los pocos segundos, la seguridad ha vuelto, la persona ha crecido y está de nuevo en calma.

Si nuestro enfado dura mas de unos segundos, entonces no es primario, y no podrá cumplir con su meta: alejar un peligro.

El enfado persistente nos habla de otra cosa. Como las demás emociones segundarias, ese enfado sustituye una emoción primaria que se bloqueó por el motivo que sea. El enfado nos habla de esta otra emoción, de la primaria bloqueada desde nuestra infancia.

Siéntate cómodamente.

Cierra los ojos si quieres.

Haces varias respiraciones.

Ahora imaginas a tu enfado delante de ti. Lo ves muy grande. Obsérvalo. Siente también su presencia en tu cuerpo. Mira tu infancia, hasta que aparezcan imágenes de personas, importantes para ti, llenas de enfado.

Ahora detrás de tu enfado, vas a descubrir un dolor, muy pequeño, asustado y escondido. Tiene mucho miedo de ser visto. Miedo a ser castigado, a ser rechazado.

Lo miras con amor y lo acoges como a un niño pequeño lleno de temor.

Lo reconoces como tu dolor. Ese dolor que no te atreviste a vivir ni a mostrar.

Lo tomas ahora como tuyo. Le das todo el espacio que necesita dentro de tu cuerpo. Le das tu tiempo y tu espacio. Lloras con él, sin dejarte dominar por él.

Sufres con él, hasta que la calma vuelva.

Ahora te sientes más expandido, con mayor comprensión de la vida, lleno de compasión hacia todos y hacia todo.