Instituto de Constelaciones Familiares / Brigitte Champetier de Ribes

24-25-26 de Noviembre, TARRAGONA

La sintonía con el mundo actual y sus desafíos. Destino colectivo, libertad y responsabilidad individuales. Las comunidades de destino, Sistema Familiar, campos mórficos. La visión sistémica de los desafíos de nuestra vida: Desigualdad, injusticia, violencia, corrupción, etc. Sintonizar, participar y servir

De un modo teórico-práctico observaremos como la vida es cambio, todos en resonancia, tanto por las comunidades de destino como por los campos mórficos. Comprobaremos el papel de lo negativo, de lo difícil y de los desafíos de la vida actual en la evolución de la conciencia.

Extracto de los apuntes

Todas las vivencias humanas tienen un ciclo. El colmar un ciclo, es decir, vivir la totalidad de la experiencia, permite equilibrar dos polaridades y, por lo tanto, acceder a un nivel superior de desarrollo y traer un salto cuántico en nuestras vidas. De esta manera, crecemos como ser humano, se eleva nuestro nivel de conciencia, y, por resonancia, se eleva el nivel de todos. Por ejemplo, todos empezamos recibiendo. Recibir es el inicio de un ciclo que abarca toda nuestra vida: recibir – agradecer. También todos iniciamos algo, y el ciclo será iniciar – terminar. Otras fusiones de polaridades que nos humanizan son masculino-femenino, rechazar-asentir, dependencia-autonomía, vida-muerte, etc. Estas vivencias son propuestas para vivir cada vez más en sintonía, cada vez más en el presente, en la creatividad y en el amor mayor. Los ciclos están regidos por la fuerza del equilibrio entre dar y recibir, o fuerza del agradecimiento. Lo que nos ocurre en la vida no tiene la meta de enseñarnos algo, sino la de proponernos vivir cada vez más intensamente, más en el amor.

Una víctima inicia un ciclo que todo ser humano vive o ha vivido. Un segundo antes de la agresión era un ser como todos los demás. En el momento de la agresión se transforma en víctima y pocos segundos después, o varios años después si la agresión fue tal que creó un trauma, su energía asesina de protección la muta de víctima a perpetrador. Y la persona ataca para defenderse primero, luego para vengarse.

A partir del momento en que entra en la venganza le es propuesto un camino de evolución: darse cuenta del daño que está haciendo para apaciguar su dolor de víctima y darse cuenta que ese daño es inútil, no aporta ningún alivio, por el contrario su malestar interno no hace más que crecer. Darse cuenta que puede elegir el amor, mirar a su víctima, soltar la venganza; soltar el pasado, pues todo esto ya no es más que pasado; asumir el daño que ha hecho al vengarse, asumir la responsabilidad, es decir soltar la culpa y asumir las consecuencias; reconciliarse con su primer agresor; empezar a vivir y a reparar, mirando todo con humildad, como persona, como una persona más entre los demás.

El ciclo se ha completado, este ser humano ha vuelto a ser un individuo “normal”, pero algo especial ha ocurrido: se ha transformado en persona. Gracias a la culminación de la experiencia víctima-perpetrador-culpa-reparación y reconciliación, este individuo se siente muy humilde y a la vez poseído de una inmensa fuerza al servicio de la reparación del daño. Fusionar en nosotros nuestras facetas víctima y perpetradora y, a la vez, reconciliarnos con el que nos hizo daño es la mayor fuente de energía para nosotros, para nuestros sistemas y para el destino colectivo. De esta fusión nacen los mayores saltos cuánticos.