Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Vida y muerte

Revista Hellinger, Septiembre 2009

Yo espero

Mujer:¿Qué se hace cuando un miembro de la familia está grave y en coma, y cuando el médico pregunta si hay que terminar con su vida?

Hellinger:¿De quién se trata?

Mujer:¿En mi familia? Era una pareja mía.

Hellinger:¿Aun vive?

Mujer:No. Estaba en coma. Un día los médicos se acercaron a su madre y a mí, y nos rogaron poder acabar con su vida. Quiero saber si esto se considera un asesinato.

Hellinger:¿Qué hiciste entonces?

Mujer:Dije que sí.

Hellinger la coloca y escoge a un representante para su marido, frente a ella. Después de un rato, le pregunta al hombre cómo se siente. La respuesta es: el corazón me late muy fuerte.

La mujer mira con insistencia al suelo.

Hellinger, al cabo de un rato, a la mujer:Mírale a los ojos, simplemente. Después de otro rato:Dile “yo vengo también”.

Mujer:Yo vengo también.

Hellinger:Mírale a los ojos, quédate en contacto visual.

La mujer avanza lentamente hacia su marido y se detiene a unos pasos de él. Estira una mano hacia él pero él no la toma.

Hellinger:Quédate en contacto visual, sin imágenes.

Ella retrocede unos pasos.

Hellinger, al hombre: ¿Qué tal estás?

Hombre:No lo sé.

Hellinger:Dile “Yo espero”.

Hombre: Yo espero.

Hellinger, a la mujer:Sigue en el contacto. Dile: “Yo espero también”.

Mujer:Yo espero también.

Retrocede otros pasos más y luego a un costado.

Hellinger, al hombre:¿Qué tal estás ahora?

Hombre:Me siento mejor.

Hellinger:Bien, gracias.

A la mujer, cuando se vuelve a sentar a su lado:¿Está bien para ti?

Mujer:Sí.

La propia muerte

Me gustaría añadir aún algo con respecto a la pregunta de ayer, o sea si la eutanasia debería estar autorizada. He contestado: algunas veces sí, pero depende de las circunstancias.

Anoche, lo he hablado largo y tendido con Sophie. Hemos tenido comprensiones profundas al respecto. En lo que a mí concierne, no se puede ni permitir ni juzgar la eutanasia, porque es demasiado grande. Pero creo que un aspecto está cargado de sentido y es que cada cual tiene su propia muerte, que es la culminación de su vida. En ese sentido, nadie tiene derecho a intervenir en ella. Dejamos a cada cual su propia muerte.

Si alguien se suicida o pone en juego su vida de una manera frívola, llevándola a la muerte, es su propia muerte. No nos corresponde juzgarlo. Los movimientos de vida y de muerte están en otras manos. Por eso, es hablar ligeramente que decir: esta muerte es conforme y esta otra no.

Cuando estamos confrontados con la cuestión de la eutanasia, nos fijamos siempre en dónde está el coraje, la valentía. También puedo negarme a la eutanasia por miedo. A veces nos tenemos que exponer a una situación semejante con valentía, incluyendo la valentía para asumir las consecuencias. Quería aún precisar esto.

Os cuento también una historia para darle más claridad. Me la contó Sophie anoche.

Ella tenía un perro, que se estaba muriendo. El perro estaba muy enfermo y sufría horriblemente. Ella lo cuidaba y a veces le inyectaba morfina para calmar los dolores. Un día, lo testó kinesiológicamente, preguntando: ¿cuál es la necesidad del perro? ¿ Desea morir o desea vivir más? La respuesta siempre estaba a favor de la vida.

Más tarde, el estado del perro empeoró y Sophie pidió a un veterinario una inyección para acabar con él. Durante todo el proceso, el perro la miró como nunca lo había hecho. Él recibió la inyección y ella lo vivió como un crimen. La vida del perro aún no se había completado.

Esta historia me conmovió mucho. Os quería decir esto para que, al acercarnos a ese tema, guardemos una actitud mesurada, en profundo acuerdo con nuestra propia muerte y la hora de su llegada, cuando decida llegar.