Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Lo que ayudó

Revista Hellinger, Septiembre 2008

Fumar: ya no me apetece

Hellinger, a un hombre: Ahora trabajaré contigo.

Coloca en el centro a un hombre, del que sabe que es un fumador inveterado. Luego coloca a una mujer frente a él y le dice: Tú representas el cigarrillo.

Todos se ríen, el hombre también.

Hellinger, al grupo: Miramos a todo esto con benevolencia, para conseguir une solución buena y creativa.

El cigarrillo ha retrocedido ligeramente. El fumador le mira con una sonrisa. Después de un rato, el cigarrillo se acerca al fumador. Éste le ofrece una mano abierta. El cigarrillo titubea y se coge la cabeza con las manos.

Hellinger escoge a otro hombre y le coloca a la derecha del fumador, a cierta distancia. Le dice: Tú representas la adicción.

El cigarrillo baja las manos de la cabeza. El fumador mira la adicción, la mano aún abierta hacia el cigarrillo y retrocede unos pasos.

Hellinger, a la adicción: Dile: me perteneces.

La adicción: Me perteneces.

Ambos se miran con intensidad. Luego el fumador retrocede otros pasos más ante la adicción.

Hellinger: No te puedes escapar.

La adicción: No te puedes escapar.

Hellinger: Aquí soy yo el grande.

La adicción: Aquí soy yo el grande.

El fumador retrocede aún más.

Hellinger: Con cada bocanada te cojo de la garganta.

La adicción: Con cada bocanada te cojo de la garganta.

Hellinger: Hasta que te asfixies.

La adicción: Hasta que te asfixies.

El fumador mira al cigarrillo.

Hellinger: Nadie me ha vencido aún.

La adicción: Nadie me ha vencido aún.

Hellinger escoge, en el grupo de participantes, a cinco fumadores voluntarios, hombres y mujeres y les pide colocarse donde les parece. La adicción y el cigarrillo dan unos pasos atrás, el cigarrillo se sienta en el suelo.

Algunos de los nuevos fumadores se acercan lentamente a la adicción y al cigarrillo. Una mujer se sienta en el suelo, otra se para detrás del fumador, dándole la espalda y luego empujándose de atrás hacia delante. Otros fumadores acaban abrazándose y se sientan en el suelo.

Hellinger escoge a otros seis hombres como representantes para los padres de los fumadores y les deja colocarse donde quieren. Luego pide a la adicción que les diga: Estoy aquí en vuestro lugar. Uno de los padres patalea el suelo. Los fumadores voluntarios están casi todos en el suelo, igual que el cigarrillo. El fumador del que se trata aquí, da unos pasos atrás. Poco a poco empiezan a moverse los fumadores voluntarios. Una de ellos se inclina ante la adicción y luego, con otros, se acerca a los padres. Incluso el fumador se dirige hacia los padres, muy despacio.

Poco a poco, cada fumador encuentra a su padre. Los padres les abrazan. El fumador del que se trata, apoya la cabeza entre dos padres, les abraza y empieza a sollozar. Ellos le envuelven estrechamente. Después de un momento, se libera y les mira feliz, con lágrimas en los ojos. Casi todos los fumadores han encontrado refugio junto a sus padres. Uno de ellos está al lado del cigarrillo.

Hellinger, a la adicción: Te puedes dar la vuelta, has acabado con tu trabajo.

Hellinger, al cigarrillo: Te puedes dar la vuelta también, no se te necesita más aquí.

Al grupo: Gracias a todos. Ahora tendría que hacerles oír la canción: ¡O mi papacito! Pero no sé como manejar el aparato.

Después de un rato, Sophie pone la música.

Haremos todavía una meditación, muy sencilla. Podéis cerrar los ojos. Miramos a nuestro padre y le decimos: “¡Lástima que tardé tanto en reconocerte!”

Dos días más tarde, me dijo el fumador: Ya no me apetece.