Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Autores invitados

Revista Hellinger, Septiembre 2008

Dar gracias a la escuela de Günter Schricker

Somos muchos en tener dificultades con la escuela: alumnos, maestros, padres, empleados administrativos, políticos. Buscamos alcanzar una mejoría – así como se nos ha enseñado – borrando los errores, desarrollando críticas y nuevos conceptos. Los resultados son limitados, tan parecidos a lo que eran nuestros éxitos en el aprendizaje escolar. ¿Cuándo, pues, aprendemos realmente con ganas, alegría y buenos resultados?

Hace poco, durante un día pedagógico en un colegio público, la frustración general entre los profesores alcanzó nuevamente un fondo abismal. Muchos profesores deseaban manejar mejor de lo que habían vivido en su tiempo, la situación con sus alumnos. Habían aplicado esfuerzos considerables en el trato con los padres. Apoyaban a sus propios hijos, como padres, de la mejor manera posible. Sin embargo, de todos los ámbitos abordados en las discusiones, surgían más problemas sin solución, sumergiendo el grupo de enseñantes presentes bajo una capa de plomo.

En este punto de la discusión, propuse reemplazar las estrategias desgastadas de resolución de problemas con un pequeño ejercicio:

“Podemos ahora, con el pensamiento, remontar hacia la época de nuestra escolaridad en que aún éramos alumnos y alumnas. Entramos ahora, de adultos, en lo que fue el edificio de la escuela de nuestra juventud, tal vez escogida cuidadosamente entre muchas; miramos a nuestro alrededor, escuchamos los rumores detrás de las puertas de las aulas, cruzamos los pasillos, encontrándonos realmente con unos profesores de aquel entonces. Nos presentamos a ellos y les contamos que estamos de paso por la escuela y quisiéramos reparar algo. Quisiéramos darles las gracias por todo lo que nos han enseñado: leer, escribir, calcular y muchas más cosas. Por supuesto, no siempre era fácil, pero con su ayuda y sus métodos de trabajo, sean cuales fuesen, lo habíamos logrado. Con todo eso, pudimos seguir adelante y hacer algo bueno de nuestra vida.

A veces también, teníamos que aguantar situaciones particulares, que no siempre resultaban cómodas. No se nos hacía el camino fácil. Pero en todo lo que aconteció y que a menudo no entendíamos, los maestros representaban una presencia constante y nos acompañaron en todos esos años.

Habíamos aprendido a relacionarnos con ellos y con muchas más personas, a manejar lo complicado, a superar la frustración que a veces nos hacía creer en nuestra incapacidad. Con el tiempo, logramos de alguna forma, aprobar los exámenes finales, integrar lo mucho que pasó, alegrándonos por reencuentros y recuerdos. Un par de cosas por las que nos sentimos heridos, incomprendidos o repelidos, nos quedaron a modo de tarea para resolver personalmente. Incluso, nos permitieron crecer y justamente por eso, queremos agradecer hoy a nuestro maestro o maestra. Con ello, nos hemos hecho más fuertes.

Rogamos a los profesores que se encuentran con el rostro alegremente sorprendido frente a nosotros, transmitir a los demás maestros y al director de la institución, que siempre cuidó de todo, nuestro agradecimiento.

Después de despedirnos, echamos al salir una mirada al edificio, vemos la organización dentro de él y recordamos que nosotros también podemos ser agradecidos por ello. Pudimos beneficiarnos durante numerosos años de un entorno coherente, a la vez que aprendimos e integramos mucho."

Después de una pequeña pausa silenciosa, dijo un maestro presente en la rueda: “¡Ahora, creo que lo podemos intentar otra vez!” Y así expresó de manera certera el ambiente en el grupo. de la consciencia y los órdenes del amor.