Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Actualidad

Revista Hellinger, Septiembre 2008

Reconciliación en Rusia

Seminario en Vladivostok – Mayo 2008

Durante este seminario, una mujer hizo el relato de una constelación en que tuvo que representar a su propia madre mientras una compañera la representaba a ella misma de niña. Su sentimiento era que su madre estaba como aspirada en un embudo, lo cual la dejaba sin poder alcanzar a su hija. A continuación, demostré al grupo los procedimientos multidimensionales en el marco de la nueva constelación familiar: el andar con el espíritu.

Configuré a esta mujer en el centro, como representante de su madre y, sin decir quien era quien, coloqué a su alrededor a veinte hombres y mujeres, todos miembros de su sistema familiar. Luego se encadenó todo como por sí sólo, sin intervención de fuera y sin que nadie hablara. Después de un rato se vio que todos los que, desde el pasado aún tenían una influencia sobre la madre, se retiraban, quedándose de pie al lado de ella únicamente los que para el presente eran significativos. Y de repente, para todos fue claro de qué se trataba realmente.

El campo del espíritu del sistema familiar

Hace mucho que sabemos, por verlo en constelaciones, que actúa en un sistema familiar un campo común del espíritu, alcanzando muchas generaciones atrás y colocando a todos los miembros en resonancia. En este campo, se encuentran registrados todos los eventos importantes del pasado. Siguen actuando en el presente sin que sus miembros actuales estén conscientes de ello o puedan resistirse. Por eso es que, a lo largo de muchas generaciones, se repiten los mismos destinos y comportamientos así como las mismas imágenes y sentimientos.

En los procedimientos multidimensionales, los representantes están guiados, al igual que en las constelaciones, por fuerzas distintas de las propias en la medida en que se entregan a los movimientos del espíritu. Estos movimientos los toman a todos desde fuera y llevan a juntarse a los que se encontraban separados. Por otra parte, caducan las ideas hechas acerca de lo justo y de lo errado, la diferenciación entre bien y mal y entre perpetrador y víctima dentro del campo del espíritu de la familia, liberando a sus miembros de las intrincaciones en estas imágenes así como de sus consecuencias.

Conducen a la reconciliación en sintonía con el amor del espíritu, con el mismo amor por todos.

La constelación: Stalin y Rusia

De acuerdo con estas experiencias y comprensiones, me he arriesgado, con este grupo, a utilizar los procedimientos multidimensionales en el campo del espíritu de Rusia.

Escogí a doce hombres y doce mujeres de representantes y les pedí mezclarse en una rueda grande dentro de la que estaba un hombre de pie. Al hombre le dije: tú representas a Stalin. A continuación, la constelación se desarrolló sin intervención exterior ni palabras.

El representante de Stalin se mantenía erguido, mirando a lo lejos. Otros dos cayeron al suelo, llorando y gritando. Una mujer se dio la vuelta y empezó a sollozar. Otros se encogieron o se apartaron con dificultad, más lejos. Después de un rato Stalin empezó a empujar a algunos representantes hacia el centro del círculo. Unos se tumbaron, otros se quedaron de pie. No era suficiente para Stalin. Cogió a más personas del círculo par empujarlas al centro. En un momento dado, como quería repetir esto con un hombre, éste se apartó y salió del círculo, pasando por detrás de los que aún estaban en él. Al querer pasar delante mió, lo paré con el brazo. Entonces se fue con los otros en el medio.

Luego, Stalin se retiró ligeramente. Una mujer estiró la mano hacia él pero él la evitó. Algunas mujeres lo cogieron y lo mantuvieron en el centro. Ahí, se debilitó y lentamente se dejó caer al suelo. Una mujer lo tenía cogido de la mano. Él apoyó la cabeza en su regazo y cerró los ojos, como si estuviera muerto.

Muchos de los representantes que él había empujado hacia el centro se incorporaron y miraron hacia él. Dos hombres se inclinaron profundamente ante él. Otros, sobre todo los que aún estaban sentados por el suelo, se rieron y luego se callaron.

Aquí interrumpí la constelación. Había durado más de una hora. Sonó todavía una música, dos rezos de San Juan Crisóstomo cantados por un coro en lengua rusa.

Comentarios de representantes

Hellinger, al grupo: Se me ocurre una frase de Rilke, con respecto a lo que pasó aquí.

"Que diminuto es, aquello con que luchamos.

Aquello que lucha con nosotros, que colosal es."

Ahora, escucharé vuestros comentarios.

Hombre: Quiero decir que durante esta constelación se me había ido la voz. Esta constelación me costó mucho. No sé porque pero no me podía concentrar. Me costó también a nivel físico. No podía respirar con normalidad y no conseguía encontrar mi lugar.

No podía ver ninguna imagen, sólo había algunas manchas. No me podía imaginar nada preciso. Me percaté en un momento dado, que me encontraba con el rostro en el suelo. Me daba el sentimiento de estar dentro de un cerco. A través del cerco, relativamente fino, podía distinguir tres manchas. Me vino el pensamiento que en realidad estaba muerto. Esto tuvo un impacto tan fuerte en mí que perdí otra vez la concentración. Me llevó otro rato para estar centrado y entonces me encontré sentado en mi asiento. Estaba completamente distraído y no sabía lo que había pasado conmigo.

Hellinger: Gracias por tu comentario. Pienso que es importante que oigamos más de lo que tenéis para decir.

Mujer: No he sido escogida para la constelación pero tuve el deseo de participar. Junto con el deseo pude sentir muy precisamente adonde me llevarían. Me habitaban muchos sentimientos mezclados. Mucho dolor. Al final pude sentir una fuerte sensación de paz.

Hellinger, al grupo: Acontece con frecuencia que, en constelaciones de este tipo, personas del círculo exterior se encuentran atraídas y abarcadas por el movimiento. Entonces es correcto dejarse llevar.

Mujer: Me pareció que yo era el destino de Stalin. Mientras él estaba ocupado con las otras personas, me fijé que él no me veía. Al final de la constelación noté, en cuanto le alcancé la mano, que estaba por segunda vez próximo a la muerte. La primera vez lo sostuvieron los niños. Cuando se giró hacia mí, sentí que él ya no podía detener su destino mucho más tiempo. Se alejó pero yo pensaba: no me escapas, tarde o temprano estarás conmigo. Sentí una tensión en mi mano y también sentí que eran sus últimos movimientos. Aquí vienes, pensé. Ya se había sentado en el suelo.

Otro sentimiento más. Después de su muerte, mis manos se levantaron por sí solas, cómo si quisieran decir a las demás personas, asesinadas por él: Incorporaos. Luego todos se levantaron y me habría gustado verlos tomarse de la mano.

Hellinger, al grupo: Veo cuan importante es que los participantes a esta constelación tengan la posibilidad de compartir lo que han vivido.

Mujer: He descubierto algo, es que en un sistema como este no puede surgir nada nuevo desde uno mismo. No depende de la voluntad propia. Uno puede tener las mejores intenciones pero el sistema te manda hacer lo que necesita. El movimiento en esta dirección era muy fuerte y era un movimiento constructivo. Los movimientos en la constelación actuaban en función de las leyes de aquel poder. Al final, me habría gustado dar la mano a todos aquellos que participaron. Pero no fue posible. Hubiéramos necesitado más tiempo.

Mujer: Sólo quiero decir dos cosas que me eran importantes. Tuve mucho miedo y mucho dolor. Especialmente fuerte fueron el dolor y el miedo por los miembros de mi familia que quedaban en vida cuando yo me moría. Disminuyeron en cuanto Stalin estuvo muerto. Entonces pude verlo desde un costado. En ese momento, el rostro de Stalin se confundió con el de Hitler.

Hombre: En esta constelación, sentí un vínculo muy fuerte con la figura de Stalin. Lo deseaba asistir de una o de otra manera. Lo quería secundar como a una persona que ejecuta algo muy grande. Me dejó turbado el modo en que rechazaba el apoyo de todos los que querían ayudarle. No confiaba en nadie. Pero la persona que yo representaba le guardaba su confianza a pesar de ser también empujado hacia el centro. Estaba enfadado pero sin fuerza para cambiar algo. Cuando Stalin se tumbó y quedó claro que estaba muerto, me vino la sensación de que había padecido una gran pérdida, no sólo yo sino todos los que nos encontrábamos en esta constelación. A pesar de todo lo que pasó aquí y a pesar de todo el daño y la injusticia que ocurrió en aquella época, sentía mucha lástima que nos dejara. Estaba enojado con las personas que, en su tiempo, cuando él se encontraba en el poder, no habían hecho nada. Sólo lloraban y a la hora de su muerte empezaron a reír. Les quería decir: ¿Por qué reír ahora, por qué actuar así, por qué no haberos opuesto a él antes, por qué tanta paciencia? ¿Por qué comportarse ahora tan diferentemente? Eso es todo.

Hellinger: Haremos una pausa ahora. Es tanto, lo que se ha dicho aquí. Cerremos los ojos y dejemos que tome efecto en nosotros.

Está bien. Seguimos.

Hombre: Fue raro para mí. Me sentía como apartado, instalado en una actitud filosófica. Mi familia contaba mucho más para mí. Mientras observaba todo desde la distancia, me sentía muy fuerte y empecé a pensar cómo lo haría para estrangular al representante de Stalin. Cuando él estuvo al lado mío, mi cuerpo estaba muy pesado y no me conseguía mover. Sentí las cosas igual que las siento en mi vida de ahora. Tengo una actitud de filósofo, observándolo todo sin acercarme. Pero cuando me encuentro en la corriente de las cosas, se ve todo muy distinto.

Mujer: En este momento, me encuentro muy agitada. Al mirar la constelación desde fuera, me dí cuenta que esto no es mi historia. Al escuchar a los representantes que hicieron comentarios, realicé de repente que en mi vida, toqué dos veces este tema. La primera vez, a los 17 años, aprobé los exámenes de ingreso a una muy famosa universidad rusa. Sin embargo, no fui matriculada en ella porque era una de las facultades vinculadas con la energía atómica. Se me propuso cambiar de facultad e ingresar sin exámenes a otra facultad de mi selección, en la misma universidad. Me negué a eso y me matriculé en otra universidad, en filología. La universidad en la que no pude estudiar era la Universidad físico-tecnológica de Moscú. Nadie que hubiera tenido familiares en los campos o que hubiera sido perseguido en los tiempos de Stalin podía matricularse en ella.

La segunda vez, quise visitar Bulgaria con una compañera de estudios. No me fue dado el permiso de viajar fuera del país, por la misma razón, porque familiares míos estuvieron en los campos. En mi familia y mi linaje hubo muchas personas mantenidas presas en los campos de trabajo.

Mirando atentamente esta constelación, no podía considerarla como la historia de mi país. Parecía algo artificial. Al principio, pude observar que las personas sentían y percibían profundamente algo. Paso a paso, dejó de verse como una tragedia. Parecía una farsa, hasta el momento en que los demás participantes empezaron a hablar aquí. Les agradezco de todo corazón, me ha permitido escuchar y vencer mi entumecimiento. Talvez mi miedo no había desaparecido, talvez este miedo me mantenía alejada de lo que pasaba aquí.

Hombre: Estaba en un principio sentado en el círculo, hasta que Stalin me desplazara al centro. En este momento, me latía fuerte el corazón. El hecho de conocer bien la historia de mi familia me permitió entender de lo que iba. Mis dos abuelos fueron encarcelados en campos, en la época de Stalin. Ignoro lo que pasó con ellos luego. Al principio, me agarré de mi silla. Al entrar en la constelación, no me pude controlar más. Rezaba que esto se terminara pronto. El impacto del pasado en el interior de uno fue exteriorizado en el presente. Agradezco profundamente el rezo al que pudimos participar después. Aún ahora resuena en mí y me ayuda.

Hombre: Era como sí me encontrara del lado del malo. Pero en realidad representaba a un grupo de personas que, desde el comienzo, se mantenía apartado cuando Stalin llegó al poder. Estaban curiosas pero no se inmiscuyeron en el proceso ni en los eventos. Ulteriormente, se adaptaron tan bien a la situación que acabaron participando en el proceso global histórico. Esto era la tarea que se les había dado. En este nivel, no existe nada que se pueda calificar de bueno o de malo. Aquí no hay culpable o inocente. Era necesario llevar a cabo este trabajo a nivel de la nación. Alguien nos atribuyó este trabajo, desde arriba y nosotros cumplimos con ello.

Hellinger: Vemos la riqueza de la experiencia en esta constelación, por todos estos comentarios, sin informaciones previas pero desde un movimiento del espíritu.

Mujer: Cuando se nos dijo que el hombre en el medio era Stalin, me sentí muy mal porque en mi familia también hubo presos en campos. Mi propia constelación anterior desarrolló efectos en ésta. Pensé que quizás no aguantaría vivirla. Quería marcharme, quería arrastrarme lejos de aquí, para evitar ver cualquier cosa. Cuando escuché el grito del primer hombre, pensé: me muero con él ya. Ahí comprendí que mi madre miraba y seguía, durante mi constelación, a uno de los hombres que era su tío, hecho preso y encerrado en un campo. Su padre ( hermano del tío) lo había renegado.

En nuestra familia, estaba prohibido llorar. Debíamos resistir hasta el final. Fue importante para mí aquí llorar a las víctimas. Cuando no tenemos lágrimas, nuestro corazón se queda de piedra. Lo he sentido cuando UD. me dejó ir en aquella dirección, durante mi constelación. Al llorar, me sentí más ligera por dentro. Tenía la sensación de que las flores se abrían. Empecé a sentirme distinta. Muchas gracias por permitirme llorar a las víctimas.

Hellinger: Haremos otra pausa para asimilar todo esto.

Bueno, sigamos.

Hombre, probablemente el representante de Trotsky: No podía imaginarme percibir, como representante, tales sentimientos frente a este personaje. Siempre pensé que me sentía muy sosegado con una figura que ya es historia. Esta figura ha causado mucho sufrimiento a mucha gente. Hoy he vivenciado emociones opuestas.

Incluso, al principio, he guiado a Stalin. Yo era algo poderoso. Cuando estábamos sentados en el círculo exterior, con los ojos cerrados, me vino la imagen de estar llevando a ese monstruo de la cuerda, como si fuese mi monstruo. Luego se soltó de la cuerda y se transformó en animal. Este animal lo destruía todo y a todos los que se encontraban en su camino. Se volvió un asesino, sin ley y sin nada virtuoso en él. Destruía a todos: amigos, familiares, el prójimo, todos.

En cuanto se acercó a los que estaban sentados fuera de la constelación y los empujó hacia el medio, surgió en mí un sentimiento que se hizo cada vez mayor, el sentimiento de tenerle rabia. Era un sentimiento de mucha agresividad. Comprendí también que no podía nada contra este poder. Quería huir, marcharme de aquí. Si UD., Señor Hellinger, no me hubiese retenido y colocado en el medio, me habría escapado.

Cuando me encontré en el medio, pude percibir todo el tiempo que duró mi estancia en la constelación, mi malevolencia. Era malo y agresivo y lleno de odio. Tenía la sensación de tener que destruirle físicamente. Mi agresividad no disminuyó con su muerte. Le quería decir: ¿cuándo te mueres al fin, tú, perro?

Su muerte me alivió. He podido ver que yo mismo así como mis amigos, todos los que han trabajado aquí, hemos sobrevivido a todo esto, algo totalmente inhumano.

Mujer: Tuve emociones muy interesantes. Estaba sentada en el círculo exterior y no participaba de los movimientos. Desde el principio, compartía los sentimientos de los otros, sufría con los que se encontraban en el medio. Pero luego, al pasar del tiempo, empecé a sentirme mala. No conseguía entender, ni lo quería, cómo una personalidad puede influenciarnos a tal punto y despertar en nosotros una angustia de esta amplitud. En mí se despertó una fuerza impresionante, como si yo fuese un líder, que alzaba a las personas que se encontraban fuera de este círculo. Quería que se tomaran de la mano y que lucharan con lo que pasaba aquí. Vi que todas ellas eran muy fuertes. El miedo que tenían las personas en el círculo interior me irritaba, no me gustaba nada. Sé que en mi familia hubo también presos en campos. Tenía la sensación de que eran personas amantes de la libertad. Siento ahora la fuerza de mi estirpe y su vínculo con las personas que, anteriormente, pertenecían a esa misma estirpe. Me siento muy agradecida hacia ellos.

Mujer: Tuve sentimientos complejos. He nacido en un campo de prisioneros. Mi padre ha sobrevivido a dos campos de concentración, uno en Alemania y otro en Rusia. Mi madre es nativa de Crimea, de origen alemán. Mi madre es la única sobreviviente de una familia numerosa que fue exterminada durante la invasión de su pueblo. Sólo mi madre sobrevivió. Nos dio la vida.

Mi padre era polaco. Fue encarcelado en un campo (en Rusia), sospechado de ser un espía de los británicos o de los alemanes. Ahí se encontraron mis padres y yo soy el resultado de ese encuentro. Más tarde nacieron dos hermanos y una hermana.

Cuando se dijo, durante la constelación, que este hombre es Stalin, me cogió de sorpresa. Fue un descubrimiento, porque un movimiento me llevaba fuera de la constelación. No me daba miedo pero tenía que permanecer fuera. Más tarde, me sentí atraída hacia el círculo. Mi voz interior me decía: Debes observar eso atentamente. Entonces, se volvió sin importancia quién era aquel, si era Stalin o Hitler. Era un sistema. En ese momento, los problemas personales desaparecieron. Yo era simplemente una fuerza formidable. Era el poder que se movía en el margen de esta actuación. Era aquel poder que la gente del círculo apoyaba. Siendo una niña nacida en los campos, quería sintonizar con las víctimas, pero no me resultó y no insistí. Seguí simplemente el movimiento.

Me resultaba extraño y sorprendente percibir esta fuerza. Esta fuerza significaba: es lo que hay, pero las personas deberían librarse del sentimiento de desesperación. En el momento en que una de las mujeres fue atraída hacia el centro, quise tener un brazo muy largo para retenerla en este movimiento. Pero en cuanto ella penetró en el círculo, mi deseo interior se esfumó. Desde allí, nos miramos a los ojos y vi que no había miedo en los suyos. Entonces me calmé.

En los últimos minutos de la vida de Stalin, mi voz interior me dijo: bueno pues ya pasó. Ahora resucitaran.

He descubierto una cosa importante para mí y es que desde la infancia tengo un miedo pánico a la muerte y a todo lo que se relaciona con el dolor. Esto desapareció en esta constelación, cuando me hallaba en el límite entre vida y muerte. Lo he tomado dentro de mí. En aquel momento, comprendí que daba igual que me quede o que me muera. Pero me dije a mi misma: tengo tanto por hacer aún, mejor me quedo. Me quedo.

Mujer: Para ser sincera, al principio no quería comentar nada. Pero a medida que las personas contaban lo suyo, tuve la sensación que conmigo también algo estaba pasando a nivel físico. Pensé que al no decir nada, no sabía lo que pudiera ocurrir más adelante. Lo peor para mi fue lo que me pasó durante la oración. En aquel momento estaban todos mis sentimientos mezclados. Desde un principio, cuando se dijo que aquel hombre representaba a Stalin, me vino tal angustia que perdí todos mis sentimientos. Pude al principio observarlo todo con sentimientos contradictorios. Por una parte me daba miedo, por otro era cómico. Se veía como un teatro. Luego se pusieron en marcha unos procesos físicos dentro de mí. No conseguía respirar con normalidad. Pensé que se debía a mi pulóver pero luego me empezó a doler mucho el vientre. Hasta el punto que quería dejar la constelación. A continuación, se volvió todo más claro y realista. No puedo afirmar que me sentía una persona en particular. Sólo he notado los procesos que acontecían en mí y que, en el fondo, no me afectaban. Me atravesaban sin afectarme. Al final, quería trazar un círculo grande y mirarlo todo desde un costado. Deseaba que no se perdiera nada, que todo quedara dentro del círculo. Lo demás, esos procesos, me han parecido suaves a pesar del dolor que despertaban.

He rezado por Stalin, eso era algo fuerte.

Hellinger: Para terminar, quisiera dar la palabra al representante de Stalin.

Representante de Stalin: Lo raro del comienzo es que no veía ningún rostro ni tampoco los ojos de las personas. Los percibía a todos como sin cabeza. Esto me provocó la sensación de que yo no tenía emociones humanas. Pero a cambio, tenía la sensación clara de que una fuerza me guiaba y no obstante mi personalidad estaba desconectada de ella. Faltaba la personalidad. Lo que sí sentía en mi cuerpo era un caudal constante de energía. Pero era una energía extraña. Me puedo imaginar lo que una energía luminosa o espiritual puede significar, una abertura. Pero lo que sentía era una energía extraña que me volvía ciego. No era como una corriente sino como nudos. A pesar de todo, era una energía espiritual pero por cierto, no era luminosa. Era de otra naturaleza.

Bajo la influencia de este poder, nadie estaba como individuo separado sino que todos se veían como una masa. No había gente sino células aisladas o seres vivos que no poseían la inteligencia, seres muy primitivos. En raras ocasiones se despertaba en mi alma algo humano. Más tarde, cuando pude entrar en contacto con las personas y ver sus rostros y sus ojos, me sentí de nuevo humano, me transformé en un hombre. Cuando lloró la niña allí, algo se despertó en mi alma. Eso era talvez el único sentimiento humano que sentí.

He percibido todo lo que sucedía desde mi espalda. He percibido detalladamente lo que pasaba detrás de mí. Había muchas dimensiones. Lo pude entender sólo después. Al principio, era muy importante que me colocara en el medio. Luego, era importante que empujara a la gente hacia el centro. Pero no era una necesidad personal. Me dí cuenta que, con frecuencia, miraba al horizonte, por encima de las cabezas de las personas, como si algo me llevaba, que provenía de ahí.

Del mismo modo que no veía sus rostros, tampoco percibía sus sentimientos. Por mi parte no sentía nada por ellos.

Entonces, pasó algo en relación con esto. Quise ver de más cerca algo en el círculo. Vi que había demasiado poca gente en él. Quise atraer a más gente desde el círculo exterior. Pero no había ningún sentimiento interno que pudiera escoger a quién debía entrar en el círculo. Me pregunté entonces qué será esto, por qué estaba haciéndolo, qué sentimiento estaba en mí.

No era miedo. Tampoco era maldad, no me sentía malo. Había otra cosa que no llego a definir. Pero me era imprescindible que hubiera alguien para cumplir con esta tarea de juntar a la gente y arrojarla al círculo. Cuando el otro tentó huir, me pareció ridículo. Porque en todo momento, estaba controlando de reojo lo que pasaba fuera del círculo. Le percibía donde estuviera. Esto no era una impresión, simplemente sabía donde se encontraba. Tuve también la sensación que era Trotsky, asesinado en México. Me vino el pensamiento: ¿Bueno, qué quieres? ¿A quién esperas jugarla? ¿Con quién quieres medir fuerzas?

De repente, en el momento en que alguien se acercó por atrás, me entró una sensación de calidez. Quise espantar a esa persona, no quería que me influenciara. Miré de nuevo por encima de las cabezas, a lo lejos y me di cuenta que las fuerzas me abandonaban. Era como dormirme, primero con los ojos abiertos, luego se cerraron los ojos y me sentí hundirme muy profundamente. La forma que estaba detrás de mí despertaba en mi alma una sensación de delicadeza, de contemplación, algo muy leve, como de calidez y de amor. En esta calidez me dormí, como en una cuna. Lo que pasó después ya no tenía que ver conmigo.

Otra cosa más. Antes de empezar a empujar a las personas en el círculo interior, tenía la impresión que mi corazón estaba a punto de estallar, que estaba desgarrándose y que estaba a punto de sufrir un infarto. Esta energía había excluido todo lo demás de mí. Todo lo que sentía me venía marcado por esta energía. Así fue.

Hellinger, al grupo: Gracias. Y ahora, vámonos a casa.