Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

El amor

Revista Hellinger, Marzo 2010

El amor

Existe el dicho: El amor es un poder del cielo. Pero más precisamente, su sentido es: El fuego es un poder del cielo, cuando lo cuidamos, bien cuidado. Cuando lo dejamos libre, prende un incendio mortal.

El fuego del amor, con el que a menudo iniciamos una relación de pareja, se transforma a veces en un incendio mortal. A eso, le dicen divorcio o algo semejante.

Es curiosa la pujanza que actúa cuando el amor del principio se voltea. Es el mismo amor de siempre, sólo que presenta su otra cara. El odio es el amor decepcionado, surge de la misma fuente.

El amor íntimo hacia la madre

Existe un amor cercano, sumamente cercano. El amor más íntimo que hayamos conocido fue el amor de nuestra madre, el amor más cercano que pueda existir.

¿Qué ocurre con ese amor, para que llegue a ser decepcionado? Ocurre que esperamos más de lo que es posible. Me invade una compasión profunda hacia las madres cuyos hijos las han elevado a la altura del señor Dios. ¡Ay de ellas si no igualan a Dios! ¡Pobres madres!

Eso es el amor decepcionado. Oscila entre el rechazo y el deseo de muerte. A veces, algunos niños hasta desean la muerte de su madre. Eso es el amor decepcionado.

Pero si los hijos dicen a su madre:”Lo tengo todo, me ha sido obsequiado con abundancia”, eso es cierto. Esa es la verdad, de lo contrario la persona no estaría aquí sentada. Todo aquel que se encuentra sentado aquí lo ha recibido todo. Si reconocemos que hemos recibido todo lo necesario, podemos decirle a la madre:”Eso basta, eso es suficiente. Todo lo demás me lo busco y lo encuentro en otra parte”. Entonces, el amor puede continuar, un amor totalmente humano, nada de exageración, y la madre se encuentra libre.

El amor entre hombre y mujer

El siguiente amor grande, el examen del amor, es la pareja. La pareja comienza para muchos con expectativas enormes. La otra persona es alzada a las nubes, las dos personas se alzan mutuamente a las nubes. A eso se le dice “enamoramiento”. “Enamorado” significa en las nubes y no en la tierra.

¿Lo podéis percibir, por vuestra experiencia propia? Claro, no dura mucho, y ambos se caen pronto por los suelos, decepcionados. Cada uno revela ser distinto de lo esperado. Entonces, quizás llega la próxima pareja, y comenzamos otra vez con el enamoramiento, desde cero. ¡Alguna vez tiene que lograrse! Estos son los sueños y las ilusiones del amor.

En cuanto al amor, se mantiene cerca del suelo, bien abajo. Desde el suelo, miramos a nuestra pareja, tal como es, sin el deseo de que sea de otra forma. Ese es el amor profundo, el asentimiento a su riqueza y a sus límites. Con eso puede empezar la felicidad.

Algunas personas opinan que existen compañeros o compañeras ideales. Si fuera cierto, ¿qué pasaría luego? El uno no tendría nada más que hacer, el otro lo haría todo. Con el compañero ideal, me transformo de nuevo en niño.

Gracias a Dios, el compañero ideal no existe y debemos conformarnos con uno muy corriente. Pero a veces los sueños de una pareja ideal aún persisten. El amor verdadero se mantiene con los pies en la tierra y asiente al otro tal como es. Aquí se inicia la relación de pareja. En ese sentido, es una relación corriente. Cuanto más profunda y terrenal es, tanto más potente es su fuerza.

La sede del amor

La vida y el amor van juntos. Si buscáis sentir en vosotros, en vuestro cuerpo, ¿dónde se asienta la fuerza de vida, la verdadera fuerza de vida? Comenzad desde arriba, en el cráneo, y bajad lentamente, hacia muy abajo. ¿Dónde se ubica la fuerza creadora de vida? ¿Dónde se sienta Dios en nuestro cuerpo? Muy abajo, por debajo del vientre se concentra la fuerza de vida, la profunda fuerza. De ahí, se eleva y vuelve, una y otra vez. Se concentra vuestra fuerza en aquella profundidad, abajo del todo. Así es también con el amor. Su sede está abajo, donde se concentra. Se reúne en nuestro sexo, en el entorno de nuestro sexo. Ahí está su fuerza. Y de ahí se eleva hacia la luz. Sólo cuando amamos a nuestra pareja desde esa profundidad, nos encontramos inmensamente unidos a ella. Sólo en la profundidad, estamos al servicio de la vida.

Miramos ahora a nuestra pareja con ese amor, desde la tierra, con su irresistible fuerza creadora. Y recibimos con la misma profundidad el amor de nuestra pareja.

En ese sentido, pensándolo y sintiéndolo completamente, no importa a qué mujer el hombre ama, ni importa a qué hombre la mujer ama. Lo principal es que hay un hombre y hay una mujer. Eso es lo decisivo, está muy abajo y posee la fuerza completa. Desde ahí, luego se puede desplegar lo demás. Igual a la raíz que en lo recóndito de la tierra se ahonda, para luego apremiarse hacia arriba, crecer, florecer y dar su fruto, así es con el amor entre hombre y mujer. Viene de abajo y se mantiene abajo. No lo podemos cosechar como una flor. Una flor cosechada se marchita.

¿Me podéis seguir? ¿Lo podéis percibir? Así, el amor se transforma en fuerza de vida, sin ilusiones, sin expectativas exageradas, andando con un movimiento que avanza, trae amor y sigue adelante.

El extravío de la vida, el extravío del amor

Deseo decir algo acerca del extravío de la vida y del amor. El extravío de la vida se aleja del suelo. Observad a las personas que desean subir a las alturas, alcanzar el cielo, encontrar la iluminación, aquellas que quieren tocar lo último, la realización espiritual. ¿Dónde están? ¿Acaso en la tierra? ¿Están en la vida? ¿Están vinculadas a la vida o se alejan de la vida?

¿Dónde está lo espiritual establecido? En el cuerpo, abajo. Ahí, está asentado. Sin esa conexión, perdemos la conexión con la fuerza creadora real.

El vínculo espiritual más profundo que exista, la manifestación divina más generosa que exista, es el vínculo directo con los movimientos de la vida en nuestro cuerpo, en cada momento. Él nos exige el más profundo recogimiento, el cual no va hacia arriba sino hacia abajo, hacia los movimientos de la vida que, en cada momento, sostienen y hacen avanzar la misma vida, como en la relación de pareja donde hombre y mujer se unen para formar una misma carne.

Trato de imaginarme cómo un hombre puede ser espiritual sin una mujer. ¿Dónde se encuentra? ¿Está con los pies en la tierra? ¿Cuánta fuerza tiene? ¿Qué sabe del amor y de la vida? Comparado con esto, lo demás tiene un bajo coste.

La profundidad de la vida en nosotros y la sintonía con sus movimientos de amplia plenitud, ambos en combinación con fuerzas creadoras son perceptibles en nuestra profundidad, en nuestro cuerpo, en el fondo de nuestro cuerpo. De ello surgen nuestros movimientos de vida en conexión con todos los otros seres vivos, en los que la misma fuerza actúa. El andar con este movimiento de vida, que incluye a todas las otras formas de vida, es el amor. Es el amor verdadero, lleno de fuerza, pleno y feliz.

¿Dónde está, pues, la sede de la felicidad? En la profundidad de nuestro cuerpo.