Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Primavera y Semana Santa

Revista Hellinger, Marzo 2009

Mística Natural

Extractos de una conferencia en Hamburgo, septiembre 2008

He escrito un libro sobre la mística natural, llamado “Mística natural”. Otro libro importante en ese contexto es “Pensamientos divinos. Sus raíces y sus efectos”. Os hablaré ahora de ellos para que sea una ayuda en la vida cotidiana.

Andar con el espíritu

Lo que observamos es que todo es causado por una fuerza del espíritu. En nuestro cuerpo por ejemplo, en cada segundo transcurren millones de procesos de naturaleza espiritual, todos controlados e inteligentes. Actúan juntos en todos los sentidos y en todo momento. Pero no sabemos nada de ello.

Y de la misma forma, en todas partes transcurre algo dirigido por una fuerza del espíritu, la misma que actúa en nuestro cuerpo. No pueden ser dos fuerzas distintas, que acaso se opondrían. Todo está sintonizado de una manera coherente. Aunque no lo queramos, estamos abarcados por aquellos movimientos. Incluso cuando pensamos que estamos haciendo lo errado, estamos en aquellos movimientos.

Estos movimientos no son siempre justos, si prestamos a la palabra “justo” el sentido de “algo bueno”. Son movimientos complejos, contradictorios a veces y construidos sobre oposiciones. La oposición sirve el desarrollo de aquello a lo que se opone. La pregunta es ¿conseguimos entrar en sintonía, de manera consciente, con los movimientos de este espíritu?

Asentir

¿Qué significa esto? Esos movimientos son movimientos que asienten. El espíritu que los concibe asiente a lo que concibe, obviamente. Nos armonizamos con esos movimientos en la medida en que asentimos a todo tal y como es, ni más ni menos. Por consiguiente, asentimos para empezar a nosotros mismos, tal y como somos, sin desear que algo dentro de nosotros sea diferente de lo que es.

En cuanto me viene la ilusión de que algo tendría que cambiar en mí, me comporto como ese espíritu. Pienso cómo tiene que ser ese cambio y considero que tiene que ser así. En cuanto decido mejorar las cosas, usurpo el lugar de los movimientos del espíritu.

Si lo miramos detenidamente, es una actitud extraña. Pero así somos. Cada juicio acerca de lo que está bien o mal es una insolencia frente a estos movimientos. Frente a ellos, no hay ni bien ni mal. Todo existe así como es y con sentido. En otras palabras, el andar consciente con el espíritu es el asentimiento a todo tal como es.

El conocimiento

Existen dos tipos de conocimiento. El primero es: conozco algo que existe. Por ejemplo, puedo contar el número de participantes aquí presentes. Tengo el conocimiento de cuántos han venido. Para eso, ellos tienen que estar ya aquí, para que los pueda contar y saber algo de ellos. Eso es el modo de conocimiento del que habitualmente hablamos.

El conocimiento del espíritu en cambio, es siempre nuevo, no se refiere a nada que ya esté aquí. Es siempre nuevo.

Además, los movimientos que nos mantienen en vida no son establecidos una vez para siempre, sino que se renuevan en cada instante. Siempre nuevos. Todo lo que transcurre en nosotros es siempre nuevo. No hay nada viejo. Todo lo que se mueve lo hace alejándose de algo ya existente hacia algo nuevo. De esta manera, estamos continuamente mantenidos en movimiento y en vida por este espíritu.

Este conocimiento del espíritu, por ser nuevo es primero. Es conocimiento creador. Nos podemos adentrar en el movimiento del espíritu con un conocimiento creador y eso se llama mística natural.

Al sintonizar con este movimiento creador, al pensar en modo creativo, nuestro pensamiento se alinea con el movimiento del espíritu. Entonces, conocemos de modo directo lo nuevo que a su vez sirve la vida y el amor.

Asimismo, todo lo que pensamos tiene efecto. Pero no siempre está en armonía con el movimiento del espíritu. Mucho de ello se encuentra en oposición, por decirlo así, al movimiento. Pero eso no tiene importancia. Si pensamos errado, esto sirve para educarnos, porque nos tocará sentir los efectos. Y así, maduramos y aprendemos. Sin deslices y sin errores, no puede haber desarrollo. Todo crecimiento se basa en fallos. La infalibilidad es lo peor que hay, porque todo se detiene ahí.

Eso constituye la mística, una mística muy corriente, surgida de la observación directa de lo que hay.

La buena percepción

Volvamos al conocimiento creador. A veces, en los talleres intensivos de una semana completa que ofrezco, dejo que los participantes practiquen el conocimiento y la percepción, en grupos de seis personas. Cinco de ellas se sientan en medio círculo y una se coloca frente a ellas. Las cinco personas, entonces, empiezan a percibir al que está delante y eso de una buena manera.

¿Qué significa percibir de buena manera? “Buena manera” tiene aquí dos sentidos. Todo lo que es esencial, tiene varios sentidos. Lo que sólo tiene un sentido está equivocado, sin desarrollo posible. Lo esencial tiene muchos sentidos.

Percibir de una buena manera significa aquí percibir de manera justa y considerarlo una buena percepción. Esa es la diferencia. Mirando a ese hombre delante de mí, veo su frente y su cabello. Eso no es una percepción, es mera observación. Aún no lo percibo como ser humano, tan sólo me percato en detalles de su persona. Sin duda, es objetivo pero no me sirve para mucho.

Ahora bien, si lo percibo de una buena manera, entonces le puedo decir algo de lo que percibo. La palabra sería: seguro. Percibo de él que está seguro. Esa es una buena percepción. A la vez, he operado algo, se ha puesto en marcha algo para él. Eso constituye una buena percepción, que a la vez es creativa.

Imaginad el alcance que tiene eso: cuando aprendemos a percibir de una buena manera, ¡cómo puede cambiar el mundo! Él, por ejemplo, se ha vuelto mejor. No le he piropeado, simplemente he dicho lo que hay y esto ha llevado más lejos. Se trata aquí de lo esencial en todo el proceso.

También puedo percibir a alguien de una mala manera. Si soy suspicaz y pienso internamente: “Bah, de donde sale éste tío...”, aquel se volverá peor por causa de mi mala percepción. Es una percepción igualmente creativa, pero de un modo totalmente diferente.

Percibir a la madre de una buena manera

Hagamos un ejercicio ahora, con el andar junto al espíritu. Cerrando los ojos, nos exponemos a nuestra madre. Ella se encuentra a cierta distancia de nosotros y, sin mirarla directamente, nos exponemos a ella con nuestra mayor superficie, uniformemente, hasta que la podamos percibir bien, como un todo. No todos consiguen soportar esa percepción porque en ella me transformo también, no sólo se transforma aquel o aquella a la que miramos. Esa percepción es también creativa con respecto a mí mismo.

Mientras me abro a mi madre de esta forma, con amor, me llega de repente un conocimiento, una palabra o una frase corta en que esa buena percepción está resumida. Al pronunciar esa palabra o esa frase corta, su rostro se ilumina. Ella se siente bien percibida. Y con este conocimiento, algo en mí se ha transformado. Ella cambió y yo también. Eso es andar con el espíritu.

Sobre algunos de vuestros rostros, puedo notar que la buena percepción se ha dado.

Andemos por el camino de la mística natural. Por cierto, todo lo que digo aquí es mística, una mística muy natural, muy corriente. No hay nada sobrenatural en eso.

Mística significa: soy uno con todo. Es decir que el movimiento místico es un movimiento de unificación, natural y corriente. Lleva a los niños a unirse a sus padres, en un movimiento místico y ¡qué movimiento! Profundo, fuente de felicidad instantánea.

La mala percepción

Acerca de la mala percepción, os diré aún algo. Una preocupación es una mala percepción. Provoca exactamente lo que preocupa. Cualquier inquietud hace daño al otro, lo vuelve más frágil.

Los padres que se preocupan por sus hijos se oponen a su desarrollo. Su inquietud está en contra del amor.

¿Acaso he dicho demasiado? ¿Podéis sentir lo que la inquietud provoca?

Más que todo, la preocupación se opone al movimiento del espíritu porque su sentido profundo es: “debería ser de otra forma”. La preocupación es un desprecio hacia Dios. Toda preocupación es un ultraje a Dios, de la peor especie.

Si he tenido ahora una mala percepción, retiro todo lo dicho. Constantemente, tengo que ponerme a prueba y chequear mi permanencia en la percepción sencilla.

La moral

La diferenciación entre bien y mal radica en nuestra consciencia. ¿Quién hace la diferencia entre bien y mal? Pues, nuestra buena consciencia. Sólo la buena consciencia decide entre quien merece pertenecer y quién no. Los movimientos de la consciencia, que se nos manifiestan al sentir culpa o inocencia, tienen una validez reducida. Nos hacen conocer, en cada momento, lo que tenemos o lo que podemos hacer para seguir en la pertenencia a nuestra familia. La inocencia no es más que el sentimiento de seguridad al saber que tengo permiso para formar parte de ella. El que discrepa de ella, en cambio, siente mala consciencia, la cual no es más que el miedo de haber perdido ese derecho de pertenencia. En otras palabras, la consciencia nos ata a nuestra familia y nos separa de todas las otras. Lo que separa, en realidad, es la buena consciencia. Aquel que goza de una buena consciencia, rechaza a los demás. De lo contrario, no podría tener buena consciencia. Aquel que tiene mucha moral, desea algo malo al otro. Todo moralista decide sobre la vida y la muerte. Al condenar moralmente a alguien, en verdad dice: Puedes vivir, o no puedes vivir. Y hasta más: tú iras al paraíso y tú iras al infierno. Allí se llega. ¿Dónde está entonces el amor? ¿Dónde está la felicidad? ¿Dónde está la paz y la alegría? Todo está sacrificado.

La justicia

Ahora bien, no estoy seguro de poder seguir hablando. Ya he dicho demasiado. Os cuento un corto ejemplo que os dejara asombrados. Hace un tiempo, estuve en Canadá con los indios. Se organizó un curso con ellos. Un jefe indio me contó que, en su idioma, no existe la palabra justicia. ¿Os podéis imaginar eso? No hay palabra para la justicia. Le pregunté entonces: ¿Qué pasa cuando alguien comete un crimen? Y me contesta: "La persona es adoptada por la familia de la víctima".

Claro, y nosotros pensamos en ser justos. Afirmamos que queremos ser justos y, más que todo, nuestro Dios ha de ser justo. Vuelvo a mencionar el primer actor. ¿Cómo puede ser justo, él? Si todo se genera a través de él, ¿cuál es el sentido de que sea justo? Cuando exigimos de Dios que sea justo, ¿aún es Dios? Si tiene que ponerse al servicio de la justicia, así como nos lo imaginamos, entonces el verdadero Dios es la justicia, y el otro Dios está a su servicio. ¿Y qué significa la justicia?: te mato. Eso es justicia.

No nos debemos engañar. Cuando alguien lucha por una justicia en contra de otro, ¿qué pasa en su corazón? ¿Qué desea? La muerte del otro. No tengo dudas. Yo sé que es así, y me he vuelto muy prudente. Todos los que piden justicia, desean la muerte de otros. Cuando apelan a la justicia de Dios, ¿qué debería hacer él? Debería matar a alguien. Y más, debería dejarle asarse en el infierno para la eternidad. Sí, sí, exactamente eso. ¿Qué hacen pues, los bienaventurados en el cielo? Tienen su mirada puesta en el infierno, todo el tiempo. No puede ser de otra forma. ¿Y eso es la felicidad en el cielo? Prefiero irme de vuelta al paraíso, a donde la diferencia entre bien y mal se acaba, en otro plan.

La percepción

La consciencia que nos vincula a un grupo decide lo que podemos hacer y lo que no. Decide lo que podemos percibir y lo que no. Por eso, todos los que, dentro de un grupo, están presos para bien o para mal, están ciegos. Temen percibir algo distinto de lo que les autoriza el grupo.

¿Cuál es su miedo? Miedo a ser repudiado, ni más ni menos. Por miedo a Dios, los creyentes se aferran a todas esas imágenes de Dios, más absurdas si cabe. Aquel que se queda atrapado en ese miedo, rechaza siempre a otros, en nombre de Dios.

El ghetto

¿Cuál es la mayor desgracia de Occidente? Pues, nadie antes que yo ha entendido la dinámica de la consciencia. Todos estaban en el ghetto de la consciencia, toda la cristiandad, todos los filósofos, presos por la consciencia. Hasta el punto de definir la consciencia como la voz de Dios en el alma, a seguir a todo precio. Pero todos los que se combaten en guerras lo hacen con buena consciencia, sólo que distintas buenas consciencias se confrontan. Lo he desenmascarado. Eso es lo que abre camino para un movimiento interior del amor que supera todas las diferencias.

Las víctimas

He aquí un ejemplo, muy sencillo. Me encontraba una vez en Israel. Existe ahí una excavación de una época anterior a la colonización de Canaán por las tribus judías. Había ahí un gran altar cuadrado, destinado a los sacrificios de niños. Aparentemente era la costumbre, en aquellos tiempos, de sacrificar el primer hijo a Dios para que luego las bendiciones divinas fluyeran sobre los padres. Más tarde, hubo en Jerusalén un templo local, el templo de Moloch, donde los nobles de Israel peregrinaban desde la región de Judea para ofrecer su primogenito en sacrificio. El ídolo era un horno. Se calentaba y luego se echaban a los niños dentro mientras los padres cantaban tan fuerte que no oían más los gritos infantiles. Los profetas se han opuesto a esas prácticas. También existe la historia de Abraham, que tuvo que sacrificar a su hijo Isaac. Esa era la idea acerca de lo que a Dios le complacía. Ulteriormente, la historia fue modificada pero hoy día, cuando los niños la escuchan, sienten la misma angustia de ser matados.

La madre

¿Dónde se manifiesta lo mejor ese espíritu eterno y creador? ¿Cuál es la manifestación más grandiosa de Dios? La madre. ¿Soportamos ver en ella este espíritu creador a la obra, presente en cada detalle que nos trae a la vida? Existe en la Biblia un rezo de Jesús que dice: "Padre nuestro que estás en el cielo". Hasta ahora no he visto nunca un padre sin una madre. El padre es, con la condición de que haya una madre. ¿Dónde está la madre, pues? Cuando digo: "Padre nuestro, aquí estás junto con mi madre. Me inclino profundamente ante el misterio de la vida". ¿Observáis la diferencia? Eso también es mística natural. ¿Pero qué hacemos luego? Veo a mucha gente, y les oigo hablar de su madre. Me causa siempre un estremecimiento al oírles. Muchos tienen tres imágenes interiores de su madre, que provocan sentimientos particulares. La mayoría de las veces son sentimientos de abandono. ¿Podéis sentirlo en vosotros?

Siempre que pueda, me doy el placer de mirar a las madres. Por aquí andaba una, con un bebé en brazos. Me alegro mucho al ver eso. Lo miro con devoción, con honda devoción. ¡Si me imagino de lo que mi madre, o cada madre, se ha hecho cargo, empezando con el embarazo, el miedo a algún problema o al parto que, para ciertas mujeres, puede ser peligroso! Luego, nos ha cogido en su seno y nos ha nutrido, a disposición día y noche, siempre presente para nosotros durante muchos años. ¿Y qué conservamos en el recuerdo? ¡Tres imágenes! Y entonces, nos otorgamos el derecho de condenarla, por tres imágenes. Esas imágenes representan, a lo sumo, un uno por ciento de la plenitud de la madre. ¿Y nos orientamos luego según ellas?

Meditación

Cerrad los ojos, haré con vosotros una meditación. Miramos a nuestra madre, tal y como es, exactamente tal y como es. Así como es, ha sido concebida por ese espíritu eterno. Así mismo. Fue escogida para nosotros por esa fuerza creadora, para ser nuestra madre. ¿Cómo puede alguien decir "MI madre", como si la poseyera, como si tuviera algún derecho sobre ella, como si tuviera exigencias, cuando ella es un puro regalo, una manifestación viva de lo divino?

La tomo ahora en mi corazón, en mi alma, y en lo más profundo de ella me encuentro con Dios.

Y permanezco ante ella con devoción. Sólo aquel que toma a su madre de esta forma, toma también la vida propia, y su felicidad.

Bueno, así es de simple la mística natural, y tan profunda.

Preguntas y respuestas

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre movimiento del alma y movimiento del espíritu?

Hellinger: He observado en mi trabajo cómo las personas son movidas por un movimiento. Existen movimientos que nacen de la consciencia, del campo de una familia. Esos movimientos están muy a menudo vinculados con la culpa e incluso con la necesidad de expiación. Culpa y expiación son ambas movimientos de la consciencia. Para el movimiento creador, no tienen mayor significado.

Aquel que se siente culpable, se ve importante. Piensa estar en control de su destino. Piensa que, al actuar de otra forma, eso tiene influencia en los eventos. Luego, busca deshacerse de la culpa pero ignora por completo que la culpa es un movimiento de la consciencia. De ese movimiento surge en muchos una frase interior: "Yo en tu lugar". Lo que quiere decir en realidad:" Yo me muero en tu lugar". Cuando una madre se siente culpable por un aborto, y es atraída hacia aquel hijo muerto, como si la moviera un deseo de expiar, otro hijo dice:"Yo en tu lugar". Esto es un movimiento importante, que lleva a problemas como enfermedades, accidentes, y demás. Si uno se mantiene en este movimiento, y es evidente que la psicoterapia y hasta las constelaciones permanecen considerablemente en ello, no hay solución. Al final, sólo habrá muertos.

En cambio, alzándose a otro nivel, más allá de la culpa y de la expiación, reconociendo en todo el movimiento del espíritu y sometiéndose a ello, luego dejándose llevar por ese gran amor, eso es un paso en el espíritu. ¿He contestado tu pregunta?

La mujer vacila.

Hellinger: Claro, estos movimientos exigen un extraordinario esfuerzo. No te lo dan gratis. Y se dan sin provecho.

Meditación: más o menos

Existen dos movimientos fundamentales en al alma. El uno va hacia más, el otro hacia menos. Tu movimiento va hacia menos. ¿Qué significa "más"? Más es siempre más vida. ¿Qué significa "menos"? Menos es siempre menos vida.

Hagamos juntos une pequeña meditación. Explorad en vuestro interior lo siguiente: ¿a dónde se dirige el movimiento de base? ¿Hacia más o menos? Cambiemos el movimiento hacia más, más, más. Sintamos su efecto: sobre la fuerza, sobre la alegría, sobre el amor.

Ahora os diré algo respecto a mi conferencia. La mística natural significa: más, más, más. Muchos caminos espirituales significan: menos, menos, menos.

Pregunta: Tengo una pregunta personal. Encuentro difícil acoger completamente en mi corazón la culpa que siento en mí. Hay como un clivaje.

Hellinger: Voy a intentar dar una respuesta y espero que se ajusta a tu pregunta. Si no es el caso, puedes volver a formular la pregunta. ¿Qué hace alguien que siente culpa? Pues, provoca algo, sea a sí mismo, sea a otra persona. El sentimiento básico detrás del sentimiento de culpa es siempre el odio. Nada se opone más al amor que el sentimiento de culpa. Cuando soltamos ese sentimiento, nos volvemos pequeños. Me siento entonces mejor, pero no hay alegría. A menudo he buscado menguar el sentimiento de culpa actuando más, para sentirme mejor. Te entiendo perfectamente. La culpa tiene efectos diversos. Uno de ellos es que me hago algo o le hago algo a otro. Un segundo efecto es: cuando asiento a mi culpa como siendo inevitable, y no busco anularla de ninguna manera, entonces tengo fuerza, una fuerza que me permite hacer algo bueno. Los inocentes tienen poca fuerza, los culpables, mucha. Esto probaría que lo que nos lleva a sentir culpa es un movimiento divino, con la condición de que entremos en ello y lo llevemos más lejos. Entonces, te puedes alegrar.

El hombre se ríe y el grupo con él.

Hellinger: ¿Lo ves ahora? Muy bien.

Pregunta: Tengo dos preguntas. La una es ¿a dónde lleva la fuerza que actúa en las constelaciones? La segunda ¿a qué se debe que todo eso quedó tanto tiempo oculto? ¿Por qué nadie se ha percatado de que esto existe?

Hellinger: Me lo he preguntado también. ¿La respuesta? Es mi suerte haberlo descubierto. La otra pregunta: ¿qué son las metas del movimiento? La idea de un objetivo no tiene nada espiritual. Los movimientos del espíritu no pueden tener ningún objetivo porque entonces el objetivo determinaría el movimiento. Ese movimiento es siempre creador y nuevo.

Pregunta: Quiero asegurarme una vez más de haberlo entendido bien. En mi sentimiento, estoy plenamente de acuerdo con lo que dices. Pues yo llamaría el movimiento Dios, pero un Dios que no es un ídolo sino Dios ante quien no siento miedo, porque todo está bien en realidad. Donde no estoy segura es lo siguiente. Estoy muy atenta a mi consciencia pero no en el sentido de culpa o moral sino que tengo la perspectiva de que cada cosa tiene dos caras. La consciencia tiene una cara negativa que tiende a inculpar a los otros, y una cara positiva que me lleva hacia Dios pero que no juzga, que me guía y me encamina en la buena dirección. ¿Lo puedo decir así? La segunda cara sería un movimiento del espíritu, así como lo describes. La palabra Dios viene muy cargada, es cierto, también porque lo personificamos.

Hellinger: la mayoría de las representaciones acerca de Dios son prolongaciones de los padres. Aquel que no encuentra a sus padres quiere por lo menos encontrar a Dios. Pero el camino es inverso. Aquel que ha encontrado a sus padres, ha encontrado a Dios, en ese sentido.

Hay más para reflexionar. Si Dios existe, si hay un Dios, es limitado. Todo lo que existe es limitado. Todo ser es limitado. Por eso la imagen de que existe es indigna de él. Tengo una imagen muy particular, como siempre. El movimiento más profundo en el alma, así como el movimiento más profundo en la mística natural busca la disolución. Pero las fronteras dentro de nosotros nacen del Yo. No tengo nada en contra del Yo. Sólo con él podemos definirnos. Pero al mismo tiempo el Yo nos separa. Cuando de pronto experimentamos la semejanza con todos, perdemos toda importancia y al final nos disolvemos. Lo infinito no tiene fronteras, tampoco tiene existencia. No la puede tener. El movimiento sin fin va más allá de las imágenes estrechas.

Veo que, por lo que has dicho, estás bien adelantada en el camino.

Os pido aún algo. Habiendo hablado de un tema tan esencial, no se debe añadir nada a lo dicho ni a esta velada.