Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Varios temas

Revista Hellinger, Marzo 2009

  • Cerramos los ojos y nos recogemos en nuestro centro.
  • ¿Adónde fueron todas las flores? dice el refrán. Las muchachas las cogieron.
  • ¿Adónde fueron las muchachas? Los hombres se las llevaron.
  • ¿Adónde fueron todos los hombres? Soldados se hicieron, y a la guerra se trasladaron.
  • ¿Adónde fueron los soldados? En sus tumbas se acostaron. Sobre sus tumbas florecen las flores. Las muchachas vienen y las cogen.

El círculo vicioso

Un círculo vicioso se rompe cuando la mirada se orienta hacia delante, más allá de los muertos, hacia el servicio a la vida. Consideramos una situación en la que vemos que algo nos retiene, nos hace caminar en círculos. Una y otra vez vivimos una situación parecida, por ejemplo en una relación, en el trabajo, o con una enfermedad.

Ahora, nos recogemos en nuestro centro y esperamos una señal de que otra fuerza nos lleva. A ella nos entregamos con amor. Después de un rato, vemos cómo se abre el círculo.

Reunimos nuestras fuerzas internas, damos un paso fuera del círculo, y andamos en lo abierto, liberados de los muertos.

Ayuda para morir

Mujer: Hace un rato has dicho que todo lo que promueve la vida es un servicio a la vida. Mi pregunta es: Cuando alguien trabaja con la última fase de la vida y presta una ayuda para morir, incluyendo ayuda forzada, ¿es eso un servicio a la vida? ¿Promueve eso la vida?

Hellinger: A veces sí. El servicio a la muerte es también un servicio a la vida, cuando está en sintonía con un movimiento mayor. Sin lástima personal por ejemplo, y sin arrogancia personal. ¿Te contesté la pregunta?

Mujer: Gracias.

Qué huele a quemado

Huele a quemado cuando algo arde, cuando algo pega fuego. Entonces, hay peligro, incluso gran peligro. Huele a quemado cuando algo se acaba y quizá hubiera algo que rescatar aún.

“Que huele a quemado” también significa que nos podemos quemar los dedos al destaparnos, y nos tenemos que mover con la máxima atención. Huele a quemado cuando existe el riesgo de que haya daños.

¿Cómo evitar situaciones de este tipo? No permitimos que alcancen este punto. Adoptamos medidas de prudencia antes de que eche a quemar.

La primera medida es el tacto, el cuidado. Como por ejemplo, en una relación de pareja. Dejamos que el amor queme de buena manera y contenemos el fuego antes de que se expanda y eche llamas. Porque el mismo amor, que es cálido, abrasa cuando es decepcionado. Con prudencia, mantenemos alejado de él cualquier material inflamable, por ejemplo permaneciendo callados en lugar de argumentar y querer tener la razón, volcando así más aceite al fuego.

La segunda medida es una actitud reservada. Ella apaga lo que comienza a arder, y lo encauza. Entonces, el fuego se vuelve brazas, caliente sin peligro. De las brazas nace un fuego nuevo, ahora bajo vigilancia cuidadosa.

La tercera medida es el servicio. El servicio permanece humilde, reservado y prudente a la vez, porque no se yergue. Sin embargo, algo bonito está presente en él, y es benéfico.

La cuarta medida es lo nuevo. Solamente lo viejo cobija la dinamita que rápidamente lleva al incendio. Lo nuevo deja atrás lo viejo como la brasa deja atrás la ceniza antes de prender nuevamente.

La quinta medida es la renuncia. Ella reduce las viejas expectativas, se entrega y nos permite olvidar mucho. De esta forma, la relación de pareja se mantiene joven, flexible, viva, alegre y cariñosa, quemando con suavidad como brasa prudentemente protegida. Su llama se mantiene bajita y alcanza para toda nuestra vida, quemando sin quemar, más brasa que llama, cuidada con amor.