Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

De actualidad

Revista Hellinger, Marzo 2009

Constelación clásica y constelación del espíritu Firmado por Amano Ursula Gessler y Jayin Thomas Gehrmann

Hace poco, hemos escrito en una carta circular que algunos consteladores reaccionan de manera resentida frente a la observación hecha por Bert Hellinger con respecto a la constelación clásica: según él, la constelación clásica ha quedado "parada" en comparación con su nuevo modo de trabajar con el "movimiento del espíritu". A raíz de esto, uno de los receptores de la carta nos contactó y nos preguntó en qué exactamente consiste la diferencia entre estas dos formas de constelación. Una buena pregunta. Nos habría gustado poder saltar a la pregunta siguiente, porque no nos sentíamos capacitados para responder satisfactoriamente y en dos o tres frases a esa pregunta.

¡Pues bien!, tomemos la pregunta siguiente: ¿Qué hace tan difícil responder de manera sencilla a la primera pregunta? Lo que, en un principio, llama la atención es que Bert Hellinger por un lado y los defensores de la constelación clásica por el otro han dejado de encontrar un terreno común de entendimiento. Eso se detecta en cuanto alguien pregunta, no por la diferencia entre ellas sino por cada una: ¿qué es la constelación familiar? y ¿qué es la nueva constelación?

A la primera pregunta, se recibe habitualmente como respuesta una descripción de lo que pasa en la constelación, sobre todo del fenómeno de la representación: personas escogidas al azar pueden, en su papel de representantes, comunicar algo de la persona sin siquiera conocerla. A lo mejor, viene una frase de introducción como "la constelación es una forma de terapia", seguida por una enumeración de las dinámicas y de los órdenes. Así, se presenta como método.

Posiblemente se diga también algo acerca de los modos de acción de la consciencia, aunque en muchos casos no se hable de eso, puesto que el interesado tiene ya mucho para cavilar y preguntar. Además, con toda probabilidad, una mayoría de consteladores no lo ven muy claro con respecto a la consciencia, la personal y la colectiva. Asimismo, uno no sabe con certeza si eso tiene tanta importancia.

La otra dimensión

Cuando Bert Hellinger define su nueva manera de trabajar, no describe un procedimiento. Habla repetidamente de la nueva constelación como la que alcanza otra dimensión, una dimensión del espíritu. Una dimensión en que todas las diferencias separativas se derrumban mientras que, a nivel de la consciencia, conservan tanta importancia. Obviamente, aquí la nueva constelación, la del espíritu, se distingue claramente de la anterior. Sólo que esa diferencia no es necesariamente visible en el nivel de aplicación práctica, en las etapas del trabajo. Para Hellinger, es más relevante el nivel en que actúa la constelación. Acerca del método, él da escasas indicaciones. Pero en aquella otra dimensión de la que él habla, además de la consciencia individual y colectiva, surge un tercer nivel de consciencia, la consciencia del espíritu. Esta consciencia sólo se puede intuir a partir de un amplio trasfondo filosófico-religioso.

Desde hace unos doce años ya, esa filosofía es esbozada a través de los cuentos y numerosos aforismos de Hellinger. Él la ha presentado extensa y sistemáticamente en sus libros La verdad en movimiento (2005) y Mística cotidiana (2008). En esencia, esta filosofía dice que todo lo que se mueve es movido por un "primer impulsor", llamado por Hellinger el espíritu- a sabiendas de que, al fin y al cabo, el dar nombre a algo es una limitación que traiciona lo nombrado.

Ese espíritu llama todo hacia la existencia mientras lo va concibiendo en el pensamiento. Y lo mueve mientras concibe su movimiento. En otras palabras, todo lo que hay es concebido y querido por el espíritu- exactamente como es. Por consiguiente, nada de lo que hay puede ser errado o malo. ¿Cómo podría el espíritu estimar alguno de sus pensamientos y por lo tanto su creación, mucho y otro pensamiento poco? Al igual que en el Sermón de la Montaña: Dios permite que el sol brille sobre los malos y los buenos y permite que la lluvia descienda sobre los justos y los injustos.

Sin embargo, Hellinger evita pronunciar la palabra Dios. Si la utilizara, se le opondrían demasiado lectores defendiendo la imagen de un Dios que conocen, que han integrado y en la que creen- en vez de comprobar por ellos mismos si la filosofía de Hellinger es convincente o no. Hemos averiguado en nosotros que el espíritu, así como él lo describe, corresponde casi enteramente a nuestra imagen de Dios. Casi ya que en alguno que otro detalle sentimos necesidad de argumentar. No obstante, cuando nos adentramos completamente en ello, sin ninguna reserva, percibimos en seguida el buen impacto.

Viejo y nuevo

Los órdenes y las dinámicas que todos los consteladores "clásicos" conocen siguen siendo visibles algunas veces en las "nuevas" constelaciones. Los órdenes sistémicos no han perdido su vigencia por la nueva forma de trabajo de Hellinger. Simplemente, los movimientos del espíritu alcanzan más allá de las fronteras de las leyes sistémicas. Algunos consteladores que no se sienten familiarizados con la filosofía de Hellinger (de la que tampoco quieren saber nada), preguntan de mala gana qué es lo que hay de diferente en la nueva forma de trabajar. Sólo ven lo conocido, no perciben lo nuevo.

En el trabajo de constelación clásica, los órdenes y las dinámicas ofrecen un instrumento específico para la acción, con el cual el constelador se orienta y que permite más comprensión a los participantes. En cambio, el desarrollo de los movimientos del espíritu puede parecer a menudo enigmático, o incluso caótico. En verdad, aquí también hay realizaciones típicas, por ejemplo cuando enemigos de guerra, o simplemente víctima y perpetrador, se encuentran y llegan a verse como iguales. Sin embargo, estos desenlaces no son el resultado de la intervención terapéutica del constelador sino que se producen por si solos. No se trata de un esquema de causa y efecto. El liderazgo del espíritu que mueve los representantes no resulta visible. Si no estamos familiarizados con la filosofía del espíritu de Hellinger y con sus métodos de trabajo respecto a los movimientos del espíritu, ¿cómo descubrir entonces que su maravilloso efecto está repleto de sentido?

Para muchos consteladores, la incomprensibilidad del trabajo con el espíritu es sospechosa, principalmente para aquellos que tienen una visión clásica del papel de terapeuta. A veces, ponen al frente los intereses de los clientes, argumentando que éstos ya no consiguen ver la relación entre su problema y el desarrollo de la constelación. Esa situación, según ellos, no permite una buena comprensión y por lo tanto no es ayuda para el cliente.

Nuestra experiencia con la nueva constelación de Hellinger es que ocurre con frecuencia que los observadores exteriores no pueden ver esa relación. A menudo, no se habla siquiera del asunto del cliente. O tal vez es mencionado y a continuación, Hellinger coloca el cliente, quizás solo y en persona. Luego sigue algo que conlleva el paso siguiente. Para el observador, todo parece confuso. Lo que, en cambio, cualquiera puede ver y percibir es cuando la constelación llega a su fin- sea por una solución, sea porque alcanzó un límite que se tiene que respetar.

Un observador que lo quiere entender todo, pierde los estribos. Los clientes en cambio se encuentran por lo general visiblemente conmovidos, a veces también profundamente afectados. Son los terapeutas los que opinan que deben entenderlo todo para poder luego explicarlo en detalle al cliente, es decir: aprehenderlo todo.

Comentarios

Hemos entrevistado a varios clientes que habían trabajado con Hellinger. Nos han hecho comentarios como el siguiente: "En el momento en que me he sentado a su lado, me ha venido una imagen de lo que iba a pasar en la constelación. Y eso mismo aconteció". El cliente no entiende tal vez cada detalle de la constelación, tal vez no sabe quién era aquel muerto ni quién se metió en medio para luego retirarse. Pero sí sabe: "Aquí se trata de mi asunto. Lo que pasa tiene que ver profundamente conmigo".

Si consideramos con toda seriedad que la constelación sigue un movimiento del espíritu, entonces la exigencia de querer comprender todo lo que ocurre- comprender a Dios, interpretar sus movimientos para explicarlos, querer apoderarse de ellos - es absurda. En Isaías está dicho: "Mis caminos no son tus caminos y mis pensamientos no son tus pensamientos". Pues bien, nos podemos armonizar con los movimientos del espíritu y podemos sentir si estamos en acuerdo con ellos o no, pero poner la mano encima, nunca.

Las diferencias

Hemos mencionado anteriormente cómo se manifiesta el que una constelación sigue el movimiento del espíritu o no. La posibilidad de que una constelación lo haga, si es que puede, depende directamente de si el constelador ha integrado la filosofía de Hellinger. Aquí van unas líneas escritas por Hellinger acerca de los primeros tiempos de su nueva forma de trabajo, que en aquel entonces aun se llamaba Movimientos del alma: "El alma busca y encuentra la solución por sí misma si se le deja su propio espacio y el tiempo, pero sólo si el que lleva la constelación está en sintonía con esta dimensión del alma y se deja guiar por ella".

Es posible observar y detectar si un constelador sistémico ha aprendido la lección. Todo aquel que haya hecho la experiencia de dejarse guiar puede averiguar si un constelador se deja llevar por una fuerza mayor. Para otros es más difícil reconocerlo. El constelador guiado en esa forma no actúa mucho, lo cual es observable. Aparentemente, está sentado y no hace nada.

Hellinger da un esbozo de las nuevas constelaciones:

"En vez de constelar una familia en la forma habitual, se colocan solamente una o dos personas, sea el cliente solo para comenzar, sea el cliente más alguna persona con la cual está en conflicto. De repente, están cogidos por un movimiento al que no pueden resistir. Este movimiento va siempre en la misma dirección, llevando a reunir lo que antes estaba separado. Al final, siempre es un movimiento del amor. Lo determinante aquí es que no hace falta prácticamente ningún guía de fuera".

¡Ningún guía de fuera significa ningún manejo por el constelador! Porque el guía viene por cierto de fuera, no viene por las personas que hacen de representantes. Es tarea del constelador el crear un espacio dentro del cual este guía de fuera pueda desplegarse y actuar - primero en él mismo, luego en todo el grupo. Eso es esencial.

Lo que no es esencial es el que el constelador comience el trabajo con una, dos o cinco personas a la vez. Menos gente mejor, pero no se puede presagiar si será una constelación clásica o nueva por el número de representantes al principio de la constelación. Lo que vale también: menos se hable, mejor. Tampoco es decisivo que el constelador deje hablar a la gente o que todo ocurra en silencio. Los movimientos de los representantes son muy lentos, como en un trance - casi siempre.

Por cierto, existen diferencias radicales a nivel metódico y práctico, pero sirven poco para presentar las diferencias entre los dos tipos de constelación. Eso sí, se puede aplicar un esquema de desarrollo típico para las constelaciones clásicas únicamente, las nuevas no lo permiten. Además, no es posible trazar siempre una demarcación clara entre ambas formas- especialmente ahí donde el constelador, entrenado a la nueva constelación de Hellinger, da "rienda larga" a los representantes así como autonomía para consentir a los movimientos surgidos de los impulsos interiores. Sin embargo, no abandona a los representantes a su suerte sino que se entrega igualmente al movimiento del espíritu. Lo hace de un modo distinto al de los representantes, que están conectados a una sola persona. El constelador, por su parte, se abre a la totalidad del movimiento y por tanto, en sintonía con los representantes, participa en ello.

Su primer paso es decidir en qué forma se iniciará la constelación, o sea quién o qué será colocado. Luego observa el movimiento de las primeras personas colocadas y escoge, si hiciera falta, los representantes suplementarios apropiados. Sigue el desarrollo de la constelación en sintonía con los movimientos que aparecen. Interviene también de otras maneras, por ejemplo solucionando una vinculación de un representante con otro y ayudándole a darse la vuelta hacia otro lado, o proponiendo una frase sanadora, clave en el proceso de traer a la luz algo importante y que permite hacer avanzar una constelación varada. Pero ante todo, el constelador decide del momento en que se termina la constelación.

La actitud interior

¿Qué es, pues, lo que caracteriza el movimiento del espíritu? Para empezar, requiere que el constelador mismo adopte una actitud interior apropiada al trabajo con el espíritu, es decir, que se abra a todos y a todo con benevolencia. Se fía, para guiar la constelación, de las sugerencias y el mando del espíritu. De esta manera, abre un campo espiritual en el cual los representantes y él mismo se encuentran orientados. Entonces, los representantes pueden manifestar físicamente lo que perciben como impulsos internos, traduciéndolos en movimientos visibles. Y finalmente, estos movimientos conducen a las soluciones que van más allá de los límites de la consciencia sistémica, para seguir la consciencia del espíritu.

En lo que se refiere al trabajo de constelación, se puede considerar la consciencia del espíritu como la esencia de la filosofía del espíritu de Hellinger. El espíritu está dedicado a todo lo que existe, de la misma manera benevolente. Podríamos también decir: Dios ama a cada parcela de su creación por igual. Como constelador, seguimos pues la consciencia del espíritu en la medida en que nosotros también nos encontramos dedicados a todo lo que hay, tal como es. A ese nivel ya no hacemos diferencia entre justo y errado. Ya no hay movimientos errados.

En eso, se vuelve caduco el concepto de "buena solución" que, en la constelación clásica, es una meta, así como un criterio de éxito o de fracaso de la constelación. Por eso dice Hellinger que él no trabaja con una perspectiva de solución sino con una perspectiva de movimiento. Es manifiesto que este trabajo ya no encaja en el marco de la terapia- más bien, parece que hemos vuelto al sentido etimológico de la palabra "terapia" como "servicio a lo divino".

Hellinger habló también de su nueva forma de trabajo como "filosofía aplicada". Eso fue desconcertante, porque desde 2004, había revuelto el mundo de los consteladores con nuevas nociones. Entretanto, queda clarificado que la "filosofía aplicada" describe de manera comprensible, exacta y adecuada el trabajo con el espíritu en las constelaciones. Los "movimientos del espíritu" se dan cuando el constelador hace uso en su práctica de la filosofía del espíritu de Hellinger.

La diferencia entre las constelaciones clásicas y las del espíritu no resulta muy clara, ni a nivel de método, en su aspecto práctico, ni a nivel filosófico-religioso. Si es posible perfilar con precisión la constelación clásica, no es posible hacerlo con respecto al movimiento del espíritu. Desde una comprensión filosófica-religiosa, se puede decir de la constelación del espíritu que está marcada por una consciencia espiritual - y eso no tiene ningún equivalente en el trabajo clásico de sistema al que se le pueda comparar. En él, sólo existen los órdenes sistémicos llamados "órdenes del amor" (el derecho a la pertenencia, el orden de precedencia, el equilibrio entre dar y tomar). Cuando estos órdenes son desobedecidos, surge el sufrimiento y cuando son restablecidos, empieza la sanación. La preservación de los órdenes en un sistema está a cargo de la consciencia colectiva. Dentro de ese marco y sólo en él, es decir en la esfera de dominio de la consciencia colectiva, las constelaciones sistémicas pueden tener muy buenos efectos.

Pero este marco tiene sus límites: la consciencia colectiva está dispuesta exclusivamente hacia los que pertenecen al sistema. Todos los demás quedan excluidos. Al fin y al cabo, la diferencia entre "nosotros" y "ellos" es la diferencia entre errado y justo, entre malo y bueno. Es reforzada por la consciencia sistémica (individual y colectiva), incitada y por cierto, no descartada. En cambio, la consciencia del espíritu se mueve más allá, abarcándolo todo.

En su concepto, la constelación clásica es más estrecha porque se detiene en las fronteras de los órdenes sistémicos. La nueva constelación del espíritu es más amplia porque acompaña de manera consciente el proceso de creación. Lo que Hellinger desarrolló hace veinte años como constelación de familias y lo que ha aprendido acerca de los órdenes sistémicos no se ha vuelto caduco. Pero él ha ido más lejos, progresando hacia un nivel de comprensión diferente, con una manera de trabajar transformada, alcanzando un ámbito más amplio de los efectos del trabajo de constelación.

Muchos consteladores en cambio se quedan con lo que han aprendido una vez y que han conseguido imponer a duras penas como método terapéutico.

En su conferencia en Barcelona (2008), dijo Hellinger:

"Ahí se quedan detenidos. La consciencia afecta también a los consteladores y coloca un límite para aquellos que quedan presos del círculo mágico de la consciencia. Ese linde de la constelación tiene un bonito nombre, un nombre seductor: clásico. La constelación familiar significa: quedarse inmovilizado".

Esta intervención desató cólera. "Quedarse inmovilizado" suena como una ofensa si alimentamos una mente de competidores: ¿quién avanza, quién es el mejor? ¿Y quién se ha quedado atrás? Esperamos haber aclarado que no se trata de esto. Es simplemente la constatación de un hecho, a saber que el maestro ha dado un paso hacia delante en el desarrollo y que los antiguos alumnos, que ya no lo entienden más, se niegan a acompañarle. Se quedan parados.