Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Semana Santa: Jesús y Califás

Revista Hellinger, Marzo 2008

Durante un congreso en Lyón se me pidió decir y mostrar algo, durante una tarde, acerca de nosotros y nuestros ancestros, y lo que nos dispone a juntarnos y nos reconcilia. Hacía tiempo que me era claro que la exclusión de un miembro de la familia actuaba con frecuencia de un modo infortunado a lo largo de los siglos.

Ismael e Isaac

Recuerdo aquí, por ejemplo, la expulsión de Ismael, hijo primogénito de Abraham, a favor del segundo hijo de este, Isaac, y pienso que tiene que ver, quizá, con la exclusión del pueblo judío por parte de otros pueblos hasta el día de hoy, a modo de expiación por la injusticia causada a Ismael y a su madre Agar. Pienso también en el conflicto entre Israel y sus vecinos árabes, que se consideran los descendientes de Ismael. Como siempre ocurre cuando un miembro es excluido de esta forma, el efecto sería profundamente sanador en el alma si el excluido y sus descendientes fueran retomados nuevamente en el seno de esta familia y en el sitio que les corresponde por nacimiento, el primero.

Caifás y Jesús

Un conflicto semejante podría ser la dolorosa historia de los judíos bajo los cristianos y el antisemitismo ligado a ella, que aún hoy día está vivo en los cristianos. Se trata del conflicto entre Caifás y Jesús, entre los que se sienten pertenecer al judaísmo que Caifás representa y defiende y los que han seguido a Jesús. Aunque ambos pertenecen a la misma familia y aunque los cristianos, por orden de precedencia, vienen en segundo lugar, se han colocado en el primero. Es importante ver que la exclusión fue mutua.

De ahí que tuve, hace mucho, la idea de mirar este conflicto y resolverlo ahí donde tiene su origen: entre Jesús y Caigas.

El camino de conocimiento del espíritu

He reflexionado mucho acerca de cómo se podría llegar a ver la profundidad de esta relación y su repercusión. Pero me resultó evidente, desde un principio, que la comprensión de esta relación residía más allá de mis posibilidades, y cuánto más lejos llegar a reconocer como un movimiento del espíritu este movimiento que tan monstruoso nos parece, en verdad, reconocerlo como un movimiento de entrega a todos, que acaba uniendo lo que estaba desunido.

En las constelaciones del espíritu tenemos la oportunidad de vivenciar y ver actuar este movimiento que, por cierto, pone en marcha los movimientos esenciales, más allá de cualquier cosa que podamos imaginar y más allá de nuestro pesar y de nuestra argumentación. Este movimiento nos lleva por un camino de conocimiento que nos era inaccesible hasta ahora.

Con esta idea me he atrevido, frente a un gran público en Lyon, a colocar a un representante para Jesús y otro para Caifás frente a frente, y luego confiar plenamente en el movimiento de este espíritu creador. Por supuesto no me habría lanzado en tal proyecto por iniciativa propia. Al prepararme interiormente para este curso, me fueron inspirados claramente estos dos nombres. Con tanta claridad que tuve que apartar mis miedos y, entregado en todos los aspectos, dejarme guiar por el movimiento del espíritu. Así fue cómo se llegó a esta constelación que voy a describir por separado.

La constelación

Al igual que en una constelación del espíritu, no hacemos aquí una configuración en el sentido habitual. Basta con que los representantes simplemente se coloquen. De repente están cogidos por un movimiento que les impulsa de un modo irresistible a hacer y mostrar lo que corresponde a la situación de cada persona representada.

Escogí pues, a un representante para Jesús y otro para Caifás. Caifás era el sumo sacerdote que declaró Jesús culpable y pasible de muerte, entregándolo a Poncio Pilatos, procurador romano, para que lo condenara a la crucifixión ya que le incumbía al prefecto pronunciar esta sentencia.

Después de conseguir a voluntarios para representar a Jesús y Caifás, les dejé estar en pie, a alguna distancia el uno del otro. A partir de allí, ellos y yo nos abandonamos al movimiento del espíritu.

El representante de Jesús se comportó desde un principio, hacia el sumo sacerdote judío, con total entrega y dedicación. No expresaba ni la actitud de un enemigo ni la de una víctima, sino más bien la de alguien que pertenece ahí, sin reproches y sin demandas. Miraba al representante de Caifás con amabilidad, de manos abiertas aunque sin moverse. Simplemente, estaba presente.

El representante de Caifás cerró los puños, avanzó hacia Jesús y le tocó el pecho con un pie. Jesús no retrocedió. Permaneció en pie, sin cambio de expresión. Caifás se dirigió otra vez hacia Jesús, le golpeó el pecho con los puños, intentando echarlo lejos de ahí.

Jesús mantuvo una actitud amable y abierta, sin dejarse perturbar por una reacción o un gesto de defensa, presente y con las manos abiertas.

A esta altura, decidí intervenir. Me acordé de la frase del evangelio de Mateo, puesta en la boca de la muchedumbre y dirigida al que Pilatoss les había entregado:¡que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos! No necesitamos saber si esta frase fue realmente pronunciada o si viene del evangelista. Porque al contemplar el destino del pueblo judío bajo los cristianos, esta frase dice lo que fue la realidad y tal vez haya influido sobre ella.

Con el fin de hacer visibles las consecuencias del comportamiento del sumo sacerdote en cuanto a Jesús, escogí a cuatro representantes para los judíos torturados y matados por los cristianos. Los coloqué tumbados en el suelo entre él y Jesús. Ellos representaban a las innumerables víctimas desde aquél tiempo, que murieron a fin de cuentas como consecuencia de la decisión de Caifás con respecto a Jesús.

El efecto de esta intervención sobre Caifás fue sorprendente. Repentinamente paró su agresividad. Retrocedió, aunque sin mirar a los muertos. Sólo miraba a Jesús. Y Jesús miraba a los muertos. Después de un rato, Caifás también miró a los muertos. Arrodillándose, se inclinó hacia ellos y empezó a sollozar.

El representante de Jesús se mantuvo en actitud amablemente abierta hacia él. Se sentó en el suelo, le miró y le ofreció una mano. Al cabo de un rato, el representante de Caifás se tumbó en el suelo, la cabeza posada en el vientre de una de las víctimas. Expandió los brazos, llorando y moviendo sin interrupción los labios, como queriendo decir o gritar algo, sin que saliera ni una palabra ni un sonido. La imagen que yo veía era que él también estaba crucificado. Un poco más tarde, rozó ligeramente la mano de Jesús con un sólo dedo, retirándola de inmediato.

Luego, intentó levantar a los muertos, como para resucitarlos. Jesús retrocedió, alejándose de ellos. Quedó sentado en el suelo hacia el otro lado, las manos siempre abiertas y la cabeza inclinada. En este punto, interrumpí la constelación.

En total esto duró unos 45 minutos, sin que se haya dicho una sola palabra.

A posteriori

De cualquier modo que enfoquemos estos movimientos, es indudable que no pueden surgir de la imaginación de los representantes. En ellos actuaba un movimiento del espíritu. Y al igual que todos estos movimientos, al impulsar a los representantes hacia algo que sobrepasaba su imaginación, actuaba al servicio del amor. Actuaba al servicio de la superación de los contrarios, aquí entre los judíos y los cristianos, al servicio de la paz.

Gracias por la nueva vida

Quisiera trabajar con alguien respecto a algo que nos abre a una nueva dimensión, una situación particular. Si nos adentramos en ella, ganamos algo para nosotros también, algo especial.

¿Quién era la persona que tosió? ¿Tú eras? Ven al lado mío.

La mujer se sienta al lado de él: Me has contado algo de tu situación. Dilo a los otros. Cuenta de tu tos y a lo que está ligada.

La mujer: A los 18 años tuve una grave embolia, que fue diagnosticada demasiado tarde. Se formó una trombosis, fui operada y a continuación me encontré en coma durante tres meses, clínicamente muerta. Desde hace 26 años estoy con esta tos. Los médicos no saben de donde viene y ya no me pueden ayudar. Mi corazón está mal, mis pulmones y mis oídos también. Sufrieron los efectos de los remedios que me dieron en aquél entonces, según me dicen. Sufro los efectos secundarios. Ya no oigo algunos sonidos y tengo acúfenos en todos los registros, desde hace 26 años. A causa de los acúfenos no oigo los sonidos agudos pero tengo metido dentro el ruido de una obra en construcción, constantemente. La tos, es mi pan de cada día.

Hellinger, al grupo: le he dejado contarnos su historia para que podamos entrar en resonancia con su situación, con compasión y benevolencia. Me sintonizo también con su situación.

La pregunta ahora es: ¿qué es lo más importante, lo decisivo? ¿Qué es lo que ella ha dejado de lado, por ejemplo, que es esencial? A ello quiero ir con ella, y con vosotros también. Entonces veremos lo que surge de bueno de ahí.

A la mujer: ¿de acuerdo?

La mujer: sí.

Hellinger: Entonces, ¿qué es lo esencial, lo que ha quedado apartado?

La mujer tose con fuerza.

La tos dice: he vuelto a nacer y me he despertado a una nueva vida.

Ella mira a Hellinger y se echa a reír.

Hellinger: Esto es lo más importante en una situación así. Tu vida se había concluido, y de repente, te has despertado. Esto es una segunda vida, una nueva vida.

Viernes Santo. El Viernes Santo ha venido a mí por primera vez. ¿Qué fue olvidado, pues, que es esencial? Agradecer por la nueva vida.

Ella asiente con la cabeza.

Hellinger: Ahora cierra los ojos. Te doy unas imágenes. Estás en coma, clínicamente muerta. Viene un ángel, un ángel luminoso que te roza los dedos. Detrás de él, actúa un amor infinito. Entonces, él te despierta. Abres los ojos, respiras hondo, miras a tu alrededor y dices: estoy de vuelta.

Luego cierras otra vez los ojos y miras este amor infinito, que te ha dado una vida más. Él te dice: Te la brindo otra vez, entera, desde el comienzo. Es un regalo total. Ella no te puede costar nada porque te la ofrezco, con mucho amor.

La mujer asiente y llora.

Hellinger: Di: “Ahora la tomo entera, en su plenitud. Y serviré”.

La mujer abre los ojos, mira al cielo y dice: Sí. Luego mira a Hellinger y ríe.

Hellinger: Bueno, y ahora ¡adelante! Que te vaya muy bien.

Al grupo: En nuestro trabajo damos con frecuencia con situaciones donde alguien estaba como muerto, en situación de peligro de muerte, y la persona regresa. A lo que no tenemos en cuenta es el agradecimiento. Entonces, la persona dice: he vencido la enfermedad. Otra persona dice: mi vida me es nuevamente brindada. Gracias. Con esta vida haré algo bueno, al servicio de la vida.

A veces es así que los padres se olvidan, cuando un hijo ha estado a punto de morir – por ejemplo, cayendo al agua , ahogado ya a medias e inconsciente, y salvado – los padres se olvidan que su hijo les es ofrecido por segunda vez.

Al abrirse a esto y al dar las gracias, surge entre su hijo y ellos una relación muy distinta, una relación de mucho valor.

La religión hoy

La religión como búsqueda del vínculo con aquel poder creativo del cual dependemos, tal como lo percibimos dentro de nosotros y en nuestra vida, es común a todos los hombres, sea la que sea la forma que adopte en las diferentes comunidades humanas. Simplemente porque la religión se evidencia como esencial para nuestra vida.

La religión en común

La religión en común así como las convicciones que la acompañan, las esperanzas y los miedos, son lo que unen un grupo mucho más allá de los vínculos familiares. Su religión se torna una gran familia, abarcando a la vez muchas familias y transmitiendo a sus seguidores el sentimiento de una seguridad completa que se prolonga más allá de sus vidas en este mundo.

Dicho de otra manera, nuestra religión nos une a muchos otros, tanto por una fuente y un origen comunes como por un futuro común después de la vida y de la muerte. La religión derrota nuestra idea de que con la muerte se termina nuestra vida así como nuestra existencia. La religión nos lleva hacia algo después de esta vida.

Religiones del mundo

La pregunta es, ¿acaso es posible que la religión de un grupo lo lleve por encima de las religiones? Es decir, ¿existe una religión que una a todos los seres humanos de un modo religioso, más allá de las fronteras de cada religión especifica?

Nos debe incitar a reflexionar el hecho de que muchas religiones se abren sólo para sus seguidores y excluyen a los demás. Tenemos la opción de separarnos de ellas o convertirnos a ellas. Si nos es posible apostatar o cambiarnos a ellas, entonces de la misma manera podemos abandonar su Dios o, al revés, convertirnos a él. Siendo así, ¿es posible entonces que estas religiones nos conecten con la fuente original del poder creador de toda vida? ¿O tal vez estas religiones usurpan su lugar?

También existe la idea de que está en conformidad con la religión que haya una sola para todos los hombres. Algunas religiones vienen incluso con la pretensión de ser la religión para todos, de tornarse la religión universal, sea a través de la obra misionera pacífica o, más a menudo, por la fuerza. Estos intentos contradicen la esencia de la religión, que nos quiere poner en contacto con aquella fuerza creadora de la cual todo proviene y que, por lo tanto, es ecuánime hacia todo lo que desea y lo que sustenta.

En consecuencia, muchas personas pertenecientes a muchas religiones están en busca de una forma religiosa que les ponga en relación directa con otras personas sin pasar por las religiones oficiales a las que, no obstante pertenecen y a las que quieren mantenerse fieles. Porque esta forma religiosa no se opone en absoluto a las formales. Simplemente, lleva a uno de un modo especial hacia más lejos que las religiones y permite que uno se vincule con muchas otras personas, integrando incluso a los que se colocan fuera de toda religión.

La otra religión

¿Qué caracteriza esta religión? En primer lugar, es una religión personal y es una religión interior. Existe sin imágenes y sin una enseñanza particular. No se apoya en ninguna revelación y, puesto que es personal, no conoce ni inclusión ni exclusión.

En segundo lugar, es espiritual. Es decir, no está ligada ni al tiempo ni al espacio. No conoce ni ritos ni fiestas ni tiempos sagrados. Es interior y espiritual.

En tercer lugar, se atiene al principio de que todos los hombres son iguales ante aquel poder del que reciben su existencia. ¿Cómo podría este poder favorecer a los unos en oposición a otros ya que todos son movidos y mantenidos en movimiento por él, en cada instante?

En esta religión, sabemos que somos todos amados por igual por esta fuerza, guiados por igual y acogidos por igual.

Esta religión es la verdadera religión del amor. Sobrepasa lo que, dentro de muchas religiones, aún nos separa los unos de los otros.

Esta religión es humana, generosa, humilde y quieta, benevolente y quieta, y con amor da paz. ás importante.

Lo haremos a modo