Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Hellinger Sciencia

Revista Hellinger, Marzo 2008

La constelación familiar desde el espíritu, en una frase

Modos de proceder

¿Cómo transcurre? Un cliente presenta un problema y nombra algunas personas relacionadas a ello. Generalmente son los padres, la pareja y los niños. Estos son los más cercanos. Pueden ser otros también. Yo avanzo entonces de modo sistémico. Quiere decir que me imagino las personas que forman parte de ello, y me abro a todas de manera igual. Me coloco a cierta distancia, sin propósito y sin temer nada. Luego, espero una señal.

Esta señal ayuda a cada uno de manera igual. Es decir, no se dirige únicamente a lo que ayuda al cliente. Al contrario, ayuda a todos igualmente. Y esto demuestra que la frase que surge se origina en un movimiento del espíritu.

Una vez encontrada y dicha la frase, todo termina. ¡Ni una palabra más! Cualquier palabra suplementaria estropearía la fuerza de esta frase. Esta es la forma más hermosa de ayudar a alguien. Se sitúa aún por encima de la constelación del espíritu. Pero sólo cuando, en la imagen interior, logramos estar presentes a todos de igual manera.

Me gustaría mucho practicarlo con vosotros, lo mejor siendo en una supervisión. Es decir, no para vuestros asuntos personales sino por un cliente vuestro, tomando su caso como ejemplo y demostrándolo. Bueno, no lo demuestro sino que aprendemos todos a adentrarnos en un movimiento de ayuda como éste.

Todo lo que surge de aquello, es para nosotros una ayuda en mucos aspectos. Nos introduce a una actitud totalmente distinta. Queda obvio que no podemos desear nada. No podemos inventarnos estas frases. Nos son brindadas por las vías fenomenológicas de conocimientos.

Bueno, ¿he sido claro en lo que he dicho? ¿Quién tiene un caso para presentar?

Caso: Un joven de 12 años tiene una manía.

Hellinger, a un participante: ¿De qué se trata?

Participante: Un joven de 12 años ha venido a vernos, a mi mujer y yo. Tiene una manía nerviosa. Parpadea con frecuencia y una mano se le sacude involuntariamente.

H: ¿Quién ha venido a verte?

P: La primera vez vino la madre con él y su hermano.

H, después de un rato de pensar: Él nombró solamente a los jóvenes y su madre.

Al participante: ¿A quién has dejado de lado?

P: El padre ha venido con ellos la segunda vez.

H: Bien.

P: La segunda vez hemos trabajado sólo con los padres.

H: Bien.

Al grupo: Ahora imaginemos lo siguiente: cuando el joven hace estos movimientos, con los párpados y la mano, y cuando seguimos su mirada, ¿adónde vemos que él mira? ¿A qué persona mira él? ¿A qué persona, a la cual los padres no miran? En lugar de mirar a aquella persona, miran al niño.

El participante aprueba con la cabeza.

H, al grupo: Nos representamos todo el sistema ahora: los que pertenecen a ello y al que talvez espera que se lo mire, que espera que se le tenga compasión y amor. Esto sería el trasfondo.

Bueno, ahora cerremos los ojos y con esta actitud nos giramos hacia todo el sistema, dedicados a todos con amor. Y esperamos, a ver si surge la palabra o la frase apropiada.

Hellinger se adentra en un recogimiento profundo.

Después de un rato: Tengo la frase, una frase sorprendente, que nadie se puede inventar.

Al participante: Cuando los tres están nuevamente contigo, hazle decir al joven a sus padres: “olvidadme también”.

El participante aprueba, conmovido.

H: Luego los mandas sin más a casa. Has percibido la fuerza enseguida.

Al grupo: Lo hemos podido ver en su rostro. Nosotros también hemos sentido la fuerza Al participante: Al joven le va mejor.

El hombre aprueba.

H: Está bien. Después de un rato, al grupo: Habéis notado, estas frases no se inventan, son totalmente distintas de lo que podríamos imaginar.

Caso: Hombre de 40 años, con diarrea

H, al grupo: ¿Podemos seguir con estas terapias ultracortas?

Una mujer se presenta.

H, a esta mujer: No hay prisa. Estos son procesos meditativos. Los alcanzamos con tranquilidad, todos alcanzamos la tranquilidad.

Después de un momento: Ahora estoy dispuesto para lo que viene.

P: Se trata de un hombre de 40 años que hace dos años que padece diarrea. A nivel físico no se ha comprobado nada.

H: ¿Sabes algo de su familia?

P: Perdió a su madre a los 16 años. Ella sufría una grave depresión desde que el padre se había marchado. El padre se fue porque tenía una relación difícil con la hija y la pegaba.

H: ¿Éste es el padre del hombre?

P: Era su padre.

H: ¿La hija era la hermana del hombre?

P: Sí.

H: ¿La madre murió de depresión?

P: Vivía en la cama y deseaba morir. Al final, tuvo una embolia.

H: Las personas son: este hombre, su madre, su padre y su hermana, cuatro. ¿Quién de ellos necesita la mayor dedicación?

P: El padre.

H., al grupo: Esto es importante para nosotros, ahora. Él es quien fue excluido. Lo tomamos ahora en nuestra alma. Nos disponemos ahora frente a esta familia con dedicación, y esperamos sin temor y sin intención.

Más tarde: Tengo una frase.

A la mujer: El hombre dice esta frase, pero queda abierto a quién la dice. Cuando te viene a ver, haces una sesión corta con él, una meditación. Luego le dices la frase. Y él se levanta y se marcha.

Pues, le haces sentarse a tu lado y le dices: “Cierra los ojos. Ahora visualizas a toda tu familia: el padre, la madre, tu hermana y tú mismo. Ellos se quedan a cierta distancia. Y sientes con quien estás más ligado. A aquél, le dirás una frase. Te la digo yo. Luego te levantas y te vas, sin más palabras”. La frase es: Por favor, quédate.

La mujer asienta.

H: ¿Está bien?

P: Sí.

Caso: Un joven de 15 años se lastima y tiene ataques de pánico

H., a la participante: ¿Y aquí, de que se trata?

P: Se trata de una familia donde los padres están separados. El hijo de 15 años se provoca heridas y tiene ataques de pánico.

H: ¿Quién ha venido a verte?

P: Los tres.

H, al grupo: Bueno, aquí hay sólo tres personas importantes: el padre, la madre, el hijo.

A la participante: ¿Con quién vive el joven?

P: Alternadamente con cada padre, pero de momento más con el papá.

H, al grupo: Ahora, imaginemos esta situación. Nos abrimos hacia todos con la misma dedicación, y nos abrimos al joven y a su amor.

Después de un rato, a la participante: ya tengo la frase. Está cifrada. Tú dices la frase en presencia de los padres. Tú les dices cual es la frase secreta del hijo. Y les dices que cuando has pronunciado la frase se tienen que marchar, sin hablar más. Dices a los padres lo que el hijo dice interiormente: mejor yo.

¿Cómo te parece?

La participante se ríe.

H: ¡Pues, lo vemos! Bien, eso era todo.

P: Gracias.

H, al grupo: Acepto un caso más. Luego basta.

Caso: una clienta de 35 años sólo consigue alimentarse con comestibles líquidos

H, después de una corta pausa de recogimiento, al grupo: Puede ser también que tal vez, ninguna frase surja. Esto puede tenar varias razones.

Tal vez tenemos demasiado afán, entonces perdemos el contacto con este movimiento del espíritu. Esto es aquí el peligro, cuando trato un caso detrás del otro. Entonces, se vuelve como un ejercicio. Esto es peligroso, en el sentido que puede que no venga nada.

A la participante: ¿Sí?

P: La clienta tiene 35 años: Desde la juventud padece de una enfermedad que se manifiesta con que no puede tragar nada de comida sólida. Se traba en su garganta. Por esto, sólo puede ingerir cosas líquidas.

H: Bueno, esto es el problema. ¿Quién ha venido a verte?

P: Ella misma ha venido.

H, al grupo: Debemos ahora integrar, en nuestro interior, a quien falta en el conjunto. Sin entrar en detalles, nos imaginamos a esta familia, con los hermanos.

A la participante: ¿Ha muerto algún hermano a corta edad?

P: Esta mujer no conoce a su padre.

H: Esto es una información importante.

Después de un momento: Me ha venido una frase asombrosa.

A la participante: Le puedes decir que se imagine que está diciendo a su madre una frase. Pero no la dice en alto. Sólo interiormente. La frase es así: me quedo a medias.

La participante aprueba con la cabeza y se ríe.

H: ¿Está bien?

P: Gracias.

H, al grupo: Fijaos adónde nos lleva, finalmente, la constelación familiar desde el espíritu.

Caso: Cliente de 37 años está hace un año sin sensaciones y paralizado del lado derecho

P: El cliente tiene 37 años. Desde hace un año, está sin sensaciones y paralizado del lado derecho. Su historia: tenía un año cuando su madre se ahorcó.

H: No quiero saber nada más.

Al grupo: Nos ponemos en resonancia con esta situación y esta familia.

Hellinger se retira en un recogimiento profundo. Después de un rato, al grupo: Otra frase extraña. Al participante: Pues, cuando te venga a ver de nuevo, le pides cerrar los ojos e imaginarse: él es un niño pequeño, y ahí está colgada su madre. Mira cómo cuelga y le dice: yo también.

El participante asiente.

H: ¿Está bien?

P: Gracias.

El movimiento interior

H, al grupo: Estas frases se ubican más allá de la ayuda. Llevan al individuo a contactar con un movimiento interior. En cuanto está en contacto con este movimiento, éste le guía. Pero no sabemos hacia donde, ni lo queremos saber. La persona queda entregada a este movimiento.

Cuando una frase de estas nos es brindada – y siempre es un regalo – estamos enseguida desligados del cliente, sin preocupaciones. Estamos libres de inmediato. A esto nos lleva al final la constelación desde el espíritu.

Ahora bien, cuando os viene un cliente y se sienta a vuestro lado y vosotros os abrís a él, os viene alguna vez una frase o una palabra, sin que él haya dicho nada. Es una linda experiencia. Entonces os dais cuenta que estáis guiados.

En una constelación es lo mismo, cuando no sabemos cómo seguir, una intuición sobre el próximo paso a dar nos es regalada así. Quizá también una frase, que alguien debe decir.

Meditación

Cerrad los ojos. Nos dirigimos a nuestra familia y a todos los que pertenecen a ella. Nos colocamos en nuestro lugar, precisamente en nuestro lugar. Ahí nos quedamos. Percibimos el vínculo con cada uno y sentimos cómo los destinos de esta familia nos esperan, cómo esperan algo de nosotros, que al final trae paz.

Mientras nos abrimos a todos, así como a sus destinos, permaneciendo en nuestro lugar, esperamos hasta que al cabo de un rato, podemos decir a todos una frase, nuestra frase. No decimos la frase sólo para ellos, esta frase nos abarca también. No somos nosotros quien les decimos la frase, porque la frase que nos es ofrecida nos afecta también. Y gracias a que la frase nos afecta y que podemos asentir a ella, todos se encuentran aliviados. Esta frase nos vincula en lo más profundo a todos ellos.

Después de un momento: Quizás habéis encontrado una frase así. Os doy un ejemplo para una de estas frases. Alguien dice, mirando a todos: Me quedo. Otra frase sería: ¡Qué lindo que seáis tantos!