Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Hellinger Sciencia

Revista Hellinger, Marzo 2008

La constelación familiar desde el espíritu, en una frase

Modos de proceder

¿Cómo transcurre? Un cliente presenta un problema y nombra algunas personas relacionadas a ello. Generalmente son los padres, la pareja y los niños. Estos son los más cercanos. Pueden ser otros también. Yo avanzo entonces de modo sistémico. Quiere decir que me imagino las personas que forman parte de ello, y me abro a todas de manera igual. Me coloco a cierta distancia, sin propósito y sin temer nada. Luego, espero una señal.

Esta señal ayuda a cada uno de manera igual. Es decir, no se dirige únicamente a lo que ayuda al cliente. Al contrario, ayuda a todos igualmente. Y esto demuestra que la frase que surge se origina en un movimiento del espíritu.

Una vez encontrada y dicha la frase, todo termina. ¡Ni una palabra más! Cualquier palabra suplementaria estropearía la fuerza de esta frase. Esta es la forma más hermosa de ayudar a alguien. Se sitúa aún por encima de la constelación del espíritu. Pero sólo cuando, en la imagen interior, logramos estar presentes a todos de igual manera.

Me gustaría mucho practicarlo con vosotros, lo mejor siendo en una supervisión. Es decir, no para vuestros asuntos personales sino por un cliente vuestro, tomando su caso como ejemplo y demostrándolo. Bueno, no lo demuestro sino que aprendemos todos a adentrarnos en un movimiento de ayuda como éste.

Todo lo que surge de aquello, es para nosotros una ayuda en mucos aspectos. Nos introduce a una actitud totalmente distinta. Queda obvio que no podemos desear nada. No podemos inventarnos estas frases. Nos son brindadas por las vías fenomenológicas de conocimientos.

Bueno, ¿he sido claro en lo que he dicho? ¿Quién tiene un caso para presentar?

Caso: Un joven de 12 años tiene una manía.

Hellinger, a un participante: ¿De qué se trata?

Participante: Un joven de 12 años ha venido a vernos, a mi mujer y yo. Tiene una manía nerviosa. Parpadea con frecuencia y una mano se le sacude involuntariamente.

H: ¿Quién ha venido a verte?

P: La primera vez vino la madre con él y su hermano.

H, después de un rato de pensar: Él nombró solamente a los jóvenes y su madre.

Al participante: ¿A quién has dejado de lado?

P: El padre ha venido con ellos la segunda vez.

H: Bien.

P: La segunda vez hemos trabajado sólo con los padres.

H: Bien.

Al grupo: Ahora imaginemos lo siguiente: cuando el joven hace estos movimientos, con los párpados y la mano, y cuando seguimos su mirada, ¿adónde vemos que él mira? ¿A qué persona mira él? ¿A qué persona, a la cual los padres no miran? En lugar de mirar a aquella persona, miran al niño.

El participante aprueba con la cabeza.

H, al grupo: Nos representamos todo el sistema ahora: los que pertenecen a ello y al que talvez espera que se lo mire, que espera que se le tenga compasión y amor. Esto sería el trasfondo.

Bueno, ahora cerremos los ojos y con esta actitud nos giramos hacia todo el sistema, dedicados a todos con amor. Y esperamos, a ver si surge la palabra o la frase apropiada.

Hellinger se adentra en un recogimiento profundo.

Después de un rato: Tengo la frase, una frase sorprendente, que nadie se puede inventar.

Al participante: Cuando los tres están nuevamente contigo, hazle decir al joven a sus padres: “olvidadme también”.

El participante aprueba, conmovido.

H: Luego los mandas sin más a casa. Has percibido la fuerza enseguida.

Al grupo: Lo hemos podido ver en su rostro. Nosotros también hemos sentido la fuerza Al participante: Al joven le va mejor.

El hombre aprueba.

H: Está bien. Después de un rato, al grupo: Habéis notado, estas frases no se inventan, son totalmente distintas de lo que podríamos imaginar.

Caso: Hombre de 40 años, con diarrea

H, al grupo: ¿Podemos seguir con estas terapias ultracortas?

Una mujer se presenta.

H, a esta mujer: No hay prisa. Estos son procesos meditativos. Los alcanzamos con tranquilidad, todos alcanzamos la tranquilidad.

Después de un momento: Ahora estoy dispuesto para lo que viene.

P: Se trata de un hombre de 40 años que hace dos años que padece diarrea. A nivel físico no se ha comprobado nada.

H: ¿Sabes algo de su familia?

P: Perdió a su madre a los 16 años. Ella sufría una grave depresión desde que el padre se había marchado. El padre se fue porque tenía una relación difícil con la hija y la pegaba.

H: ¿Éste es el padre del hombre?

P: Era su padre.

H: ¿La hija era la hermana del hombre?

P: Sí.

H: ¿La madre murió de depresión?

P: Vivía en la cama y deseaba morir. Al final, tuvo una embolia.

H: Las personas son: este hombre, su madre, su padre y su hermana, cuatro. ¿Quién de ellos necesita la mayor dedicación?

P: El padre.

H., al grupo: Esto es importante para nosotros, ahora. Él es quien fue excluido. Lo tomamos ahora en nuestra alma. Nos disponemos ahora frente a esta familia con dedicación, y esperamos sin temor y sin intención.

Más tarde: Tengo una frase.

A la mujer: El hombre dice esta frase, pero queda abierto a quién la dice. Cuando te viene a ver, haces una sesión corta con él, una meditación. Luego le dices la frase. Y él se levanta y se marcha.

Pues, le haces sentarse a tu lado y le dices: “Cierra los ojos. Ahora visualizas a toda tu familia: el padre, la madre, tu hermana y tú mismo. Ellos se quedan a cierta distancia. Y sientes con quien estás más ligado. A aquél, le dirás una frase. Te la digo yo. Luego te levantas y te vas, sin más palabras”. La frase es: Por favor, quédate.

La mujer asienta.

H: ¿Está bien?

P: Sí.

Caso: Un joven de 15 años se lastima y tiene ataques de pánico

H., a la participante: ¿Y aquí, de que se trata?

P: Se trata de una familia donde los padres están separados. El hijo de 15 años se provoca heridas y tiene ataques de pánico.

H: ¿Quién ha venido a verte?

P: Los tres.

H, al grupo: Bueno, aquí hay sólo tres personas importantes: el padre, la madre, el hijo.

A la participante: ¿Con quién vive el joven?

P: Alternadamente con cada padre, pero de momento más con el papá.

H, al grupo: Ahora, imaginemos esta situación. Nos abrimos hacia todos con la misma dedicación, y nos abrimos al joven y a su amor.

Después de un rato, a la participante: ya tengo la frase. Está cifrada. Tú dices la frase en presencia de los padres. Tú les dices cual es la frase secreta del hijo. Y les dices que cuando has pronunciado la frase se tienen que marchar, sin hablar más. Dices a los padres lo que el hijo dice interiormente: mejor yo.

¿Cómo te parece?

La participante se ríe.

H: ¡Pues, lo vemos! Bien, eso era todo.

P: Gracias.

H, al grupo: Acepto un caso más. Luego basta.

Caso: una clienta de 35 años sólo consigue alimentarse con comestibles líquidos

H, después de una corta pausa de recogimiento, al grupo: Puede ser también que tal vez, ninguna frase surja. Esto puede tenar varias razones.

Tal vez tenemos demasiado afán, entonces perdemos el contacto con este movimiento del espíritu. Esto es aquí el peligro, cuando trato un caso detrás del otro. Entonces, se vuelve como un ejercicio. Esto es peligroso, en el sentido que puede que no venga nada.

A la participante: ¿Sí?

P: La clienta tiene 35 años: Desde la juventud padece de una enfermedad que se manifiesta con que no puede tragar nada de comida sólida. Se traba en su garganta. Por esto, sólo puede ingerir cosas líquidas.

H: Bueno, esto es el problema. ¿Quién ha venido a verte?

P: Ella misma ha venido.

H, al grupo: Debemos ahora integrar, en nuestro interior, a quien falta en el conjunto. Sin entrar en detalles, nos imaginamos a esta familia, con los hermanos.

A la participante: ¿Ha muerto algún hermano a corta edad?

P: Esta mujer no conoce a su padre.

H: Esto es una información importante.

Después de un momento: Me ha venido una frase asombrosa.

A la participante: Le puedes decir que se imagine que está diciendo a su madre una frase. Pero no la dice en alto. Sólo interiormente. La frase es así: me quedo a medias.

La participante aprueba con la cabeza y se ríe.

H: ¿Está bien?

P: Gracias.

H, al grupo: Fijaos adónde nos lleva, finalmente, la constelación familiar desde el espíritu.

Caso: Cliente de 37 años está hace un año sin sensaciones y paralizado del lado derecho

P: El cliente tiene 37 años. Desde hace un año, está sin sensaciones y paralizado del lado derecho. Su historia: tenía un año cuando su madre se ahorcó.

H: No quiero saber nada más.

Al grupo: Nos ponemos en resonancia con esta situación y esta familia.

Hellinger se retira en un recogimiento profundo. Después de un rato, al grupo: Otra frase extraña. Al participante: Pues, cuando te venga a ver de nuevo, le pides cerrar los ojos e imaginarse: él es un niño pequeño, y ahí está colgada su madre. Mira cómo cuelga y le dice: yo también.

El participante asiente.

H: ¿Está bien?

P: Gracias.

El movimiento interior

H, al grupo: Estas frases se ubican más allá de la ayuda. Llevan al individuo a contactar con un movimiento interior. En cuanto está en contacto con este movimiento, éste le guía. Pero no sabemos hacia donde, ni lo queremos saber. La persona queda entregada a este movimiento.

Cuando una frase de estas nos es brindada – y siempre es un regalo – estamos enseguida desligados del cliente, sin preocupaciones. Estamos libres de inmediato. A esto nos lleva al final la constelación desde el espíritu.

Ahora bien, cuando os viene un cliente y se sienta a vuestro lado y vosotros os abrís a él, os viene alguna vez una frase o una palabra, sin que él haya dicho nada. Es una linda experiencia. Entonces os dais cuenta que estáis guiados.

En una constelación es lo mismo, cuando no sabemos cómo seguir, una intuición sobre el próximo paso a dar nos es regalada así. Quizá también una frase, que alguien debe decir.

Meditación

Cerrad los ojos. Nos dirigimos a nuestra familia y a todos los que pertenecen a ella. Nos colocamos en nuestro lugar, precisamente en nuestro lugar. Ahí nos quedamos. Percibimos el vínculo con cada uno y sentimos cómo los destinos de esta familia nos esperan, cómo esperan algo de nosotros, que al final trae paz.

Mientras nos abrimos a todos, así como a sus destinos, permaneciendo en nuestro lugar, esperamos hasta que al cabo de un rato, podemos decir a todos una frase, nuestra frase. No decimos la frase sólo para ellos, esta frase nos abarca también. No somos nosotros quien les decimos la frase, porque la frase que nos es ofrecida nos afecta también. Y gracias a que la frase nos afecta y que podemos asentir a ella, todos se encuentran aliviados. Esta frase nos vincula en lo más profundo a todos ellos.

Después de un momento: Quizás habéis encontrado una frase así. Os doy un ejemplo para una de estas frases. Alguien dice, mirando a todos: Me quedo. Otra frase sería: ¡Qué lindo que seáis tantos!

Amor al borde del precipicio

Hellinger, a una mujer: ¿De qué se trata en tu caso?

Mujer: En mi familia hay psicosis, estoy atrapada yo también. He sido internada tres veces en un psiquiátrico.

H, al grupo: ¿Habéis notado cómo ha hablado conmigo? Me ha mirado derecho a los ojos y me ha expuesto su problema con claridad. Se trata pues de un problema serio y me parece que tengo permiso para trabajar con ello.

A la mujer: Lo haré. Se te ve con cara de infeliz.

Ella se ríe. Hellinger con ella.

H: ¿Haremos algo por esto también?

M: ¿Quieres decir que podemos cambiar algo de lo infeliz? Sí, sería bueno.

H: Haré lo mejor que puedo para esto.

Al grupo: He trabajado a menudo con la psicosis. Si ahora lo hago con ella, tendremos un buen ejemplo con aprender a tratar la psicosis de otra manera.

Hellinger escoge a alguien como representante.

Al grupo: Voy a probar algo que nunca he hecho hasta ahora.

A la representante: Tú representas a la psicosis.

La representante de la psicosis se vuelve intranquila. Se mueve de derecha y de izquierda, se pone los puños en jarras y mira al suelo. Luego deja caer las manos y da un paso hacia el frente.

De nuevo planta los puños en las caderas. Sacude con fuerza la cabeza, mira hacia arriba, se agacha hacia el suelo e intenta tocar con las manos a alguien que ella se imagina ahí. Rápidamente se endereza de nuevo.

Repite los mismos movimientos: mirar arriba luego al suelo, plantar los puños en jarras, soltarlos otra vez y volverse de ambos lados. Se cubre los ojos con una mano, se da la vuelta hacia la derecha como si quisiera empujar a alguien.

Hellinger escoge a otra persona y la coloca frente a la psicosis. Le dice que no sabe a quien representa.

La representante de la psicosis le da la espalda con miedo y empieza a temblar. Luego, paso a paso y de costado, se dirige hacia ella, parando a medio camino y alejándose otra vez, de costado. Al hacer esto, suelta sonidos angustiados, igual que un niño.

H, a la psicosis: dile “por favor”.

Ps: Por favor.

Lo dice con una voz aguda y llorona de niño. Sigue lloriqueando con esta voz pero sin pronunciar palabra ninguna. Tiembla, de vez en cuando estira la mano hacia la otra persona y la retira otra vez. La segunda representante sigue impasible en su lugar.

Ahora la representante de la psicosis se acerca a la otra, pasa a su alrededor, se esconde detrás de ella y se queda cerca de ella.

Después de un rato, gira en torno a la mujer. La mujer gira con ella de frente, y mira con mucha reserva. La psicosis se aleja, manteniéndose de frente y fija su mirada en ella. La mujer retrocede lentamente, alejándose de la psicosis.

H, a la mujer: Di a la psicosis: por favor.

Mujer: Por favor.

Al poco rato, la psicosis da unos pasos más lejos. La mujer hace lo mismo.

Después de un momento, se dirige lentamente hacia la psicosis. Pero ésta retrocede, manteniendo la distancia entre ellas. Luego, las dos se acercan muy despacio y se inmovilizan a unos dos metros de cada una.

Hellinger pide a otra mujer tumbarse boca arriba entre las dos mujeres. Ella representa a un muerto.

La psicosis empieza a temblar violentamente y mira con persistencia a la muerta. Se aproxima a la muerta y, por encima de ella, estira una mano temblando hacia la otra mujer, que a su vez mira a la muerta. En cuanto a la muerta, se aleja de la psicosis y mira hacia la segunda mujer de pie. La psicosis se dirige despacio hacia ella, dejando de lado a la muerta y se para detrás de ella. Esta segunda mujer tiene la mirada intensamente fijada en la muerta ahora.

La psicosis da un paso atrás y se gira hacia otro lado, como si hubiera cumplido con su tarea de poner en contacto a las dos mujeres (una muerta y otra viva). Se va calmando.

La mujer viva se acerca a la muerta, la cual le tiende la mano. Se arrodilla a su lado y coge su mano. Acto seguido, la psicosis retrocede aún más. Se pone de rodillas, sentada en sus talones y, frente a las otras dos, se inclina profundamente. La mujer viva se ha recostado al lado de la muerta. Ambas se miran a los ojos y se abrazan entrañablemente.

La psicosis sigue arrodillada y se ha dado completamente la vuelta, mirando para otro lado.

¿Qué es lo que lleva a la psicosis?

H, al grupo: Querría dar unas aclaraciones acerca de mi experiencia actual referente a la psicosis. Una psicosis, aquí más que todo la esquizofrenia, se da en familias donde ha ocurrido un crimen, un crimen dentro de la familia. A menudo, este evento se ubica muchas generaciones atrás. Y desde luego no queda ningún recuerdo del suceso. Pero en el campo del espíritu de esta familia está preservada la memoria del evento y sale a la luz.

En esta constelación, pudimos ver que la representante de la psicosis estaba totalmente desorientada por toda clase de sentimientos. En cuanto coloqué una persona suplementar, pudimos ver que esta persona y la psicosis se encontraban atraídas mutuamente de manera significativa. A esta mujer: No sabemos quien es esta persona. Tal vez pertenece a una generación anterior.

Al grupo: Las dos se atraían, y había la misma palabra clave para las dos. La palabra “por favor” de parte de la psicosis hacia esta mujer y la misma palabra de esta persona hacia la psicosis. La psicosis le decía a la mujer:”por favor, haz algo” y la mujer le decía a la psicosis: “por favor, ayúdame”. La psicosis estaba, por lo tanto, a su servicio.

Luego probaron reunirse pero no funcionó. Algo lo impedía. De repente se hizo claro que entre las dos yacía un muerto. Por esto, coloqué a une persona representando a un muerto en el suelo. En cuanto se encontró tumbado y la mujer pudo mirar al muerto, la psicosis pudo retirarse. Había cumplido con su tarea.

A la mujer: Pudimos ver con claridad que la psicosis había terminado su trabajo.

Al grupo: ¿Por qué se vuelve alguien sicótico? Pues, cuando está intrincado a la vez con dos personas en oposición, que están sin reconciliar. En mi experiencia actual, siempre se trata de un asesino y de su víctima. No están aun reconciliados con amor. En la constelación que acabamos de ver, han conseguido por fin reunirse. Lo que quedaba sin reconciliar se ha vuelto a encontrar y el problema que estaba sin resolver se ha solucionado.

A la mujer: Cuando, en una familia, se da un problema así, en cada generación posterior un miembro de esta familia debe representar a los que quedaron sin reconciliar, y se vuelve de una manera o de otra sicótico, como probablemente lo sabes.

La mujer asiente.

Pero no están enfermos. Están a la búsqueda de una solución con amor. Todos buscan una solución con amor. La psicosis busca también una solución a través del amor. Quiere juntar nuevamente a los que quedaron separados sin reconciliación y que se han visto excluidos de la familia, por causar angustia a los demás. Es por esto que nadie les mira más.

Al grupo: Lo que hemos visto aquí es una bella imagen del movimiento del espíritu y cómo, gracias a la psicosis, ha logrado conectar lo que estaba separado.

A la mujer: Es probable que la psicosis haya representado aquí a varias personas simultáneamente. No obstante hemos podido observar su función con mucha claridad y precisión. ¿Y cómo te va ahora?

La mujer: Me va mejor.

H: Ahora acércate a la representante de la psicosis y abrázala.

La mujer se arrodilla frente a la representante de la psicosis, que aun está en el suelo, de cuclillas, y cubre su cara con las manos. La psicosis mira hacia arriba y le alcanza las manos, pero después de un rato las deja caer de nuevo. La clienta gira la cabeza al costado y mira el suelo. Se inclina profundamente hasta reposar la cabeza en el regazo de la psicosis. Se echa a llorar con fuerza. Al cabo de un rato se endereza y saca las manos de delante de su rostro, mirando a la psicosis a los ojos. Otra vez gira la cabeza de lado y mira el suelo. Más tarde la psicosis se desplaza hasta estar arrodillada al lado de la clienta. Y con ella mira al suelo.

La clienta desea tocar la espalda de la psicosis pero no se anima a hacerlo. Al cabo de unos instantes la roza con cuidado, apoya su cabeza en el hombro de la psicosis y le sujeta el brazo.

Un poco más tarde, la psicosis gira la cabeza hacia ella, ambas quieren tocarse en la mejilla. En ese instante la psicosis se retira y mira nuevamente al suelo. Estos movimientos se repiten varias veces. Entonces la clienta se sienta frente a la psicosis y le toma de las manos. Después de un tiempo aparta la mirada, luego la dirige de nuevo hacia la psicosis. Ambas sueltan las manos. La psicosis mira otra vez al suelo.

Luego se da la vuelta. La clienta se sienta a su lado en el suelo. La psicosis quiere poner la mano en la espalda de la clienta, pero rápidamente la retira. Ambas se miran detenidamente. La clienta coloca la mano a la espalda de la psicosis y siguen mirándose intensamente. La psicosis mira al suelo otra vez. La clienta retrocede un poco y da un profundo suspiro. Después de un rato, la psicosis se levanta, dando unos pasos atrás. La clienta también se levanta. Ambas miran el mismo punto en el suelo. Y de nuevo se van mirando. Se miran a los ojos y cada una retrocede un poco.

La clienta se da la vuelta y mira a las dos personas tumbadas en el suelo. Las dos están boca arriba, la cabeza hacia la otra, mirándose y tomadas de la mano. La clienta se gira hacia ellas y da unos pasos atrás. La psicosis también se aleja.

H, a la mujer: Ahora, mira por encima de ellas dos, más allá a lo lejos.

La clienta echa un vistazo rápido hacia lo lejos y vuelve a girarse hacia la psicosis.

H: Ahora, mira también más allá de la psicosis, a lo lejos.

El rostro de la psicosis se aclara. Se retira de un lado mientras la clienta se gira hacia el grupo.

H: Ahora, mira a todos en el grupo.

Se gira y empieza a llorar.

H, a la mujer y a las representantes: Quedaos así como estáis. Quiero explicar algo.

Al grupo: Estos movimientos eran de una increíble belleza y profundidad. Eran tan exactos. Nadie los pudo inventar. Las dos estaban envueltas por algo muy potente y movidas por ello.

Pues bien, ¿qué hemos visto aquí? Entre la clienta y la psicosis pasó algo parecido a lo que aconteció antes entre las dos mujeres en el suelo. La psicosis representaba al asesino, y la mujer a una víctima. La mujer se comportó en víctima, y se comportó hacia la psicosis como una víctima. De esta misma forma es tratada la psicosis en las familias donde se dan casos de psicosis. Las familias demuestran hacia la psicosis esta misma actitud interior de exclusión y miedo como hacia el asesino. Y tratan con frecuencia al familiar sicótico como el asesino trata a su víctima. Desconocen lo que en realidad la psicosis carga como lastre en su lugar, y adónde les quiere llevar.

Al final, la psicosis quería que se la dejara en paz. En cuanto se la vio y se la reconoció, aunque incompletamente, se pudo retirar.

A las representantes: Gracias a todas.

A la mujer: Siéntate a mi lado. ¿Cómo te va ahora?

M: Aun mejor.

H: Suena todavía a pobre infeliz.

M: ¿Por qué dices esto? Empieza a reírse alto.

H: Esto suena mejor.

La mujer sigue riéndose, mirando a Hellinger.

H: Claro, tenemos que pensar también que la psicosis es algo especial para muchos. Con sólo mencionar: soy sicótico, ya se asustan los demás. ¿No es esto maravilloso?

La mujer sigue con la risa y aprueba.

H: Lo has disfrutado también. Claro, lo has disfrutado.

Al grupo: Es así como los sicóticos muestran que están también identificados con elasesino.

La mujer asiente.

Al grupo: Creo que ya hemos visto lo suficiente. Ahora, todo esto actuará dentro de nosotros. La representante de la psicosis fue extraordinaria. Estaba realmente conectada con el movimiento del espíritu y la pudimos seguir en todo momento. Para mí, fue increíblemente exacto y hermoso. No había hecho nunca una cosa así, configurar una representante para la psicosis.

Las psicosis, un problema familiar

Después del suceso desencadenador, en cada generación debe un miembro de la familia volverse sicótico. Este miembro se hace cargo de lo que corresponde a otros. En cuanto se ha vuelto sicótico, el resto de la familia está aliviado. Por consiguiente, los demás miembros temen que la persona sicótica se sane y se unen secretamente en contra de una curación exitosa de su psicosis. Porque corren el riesgo de que otro miembro se vuelva sicótico. Podemos más que todo percibir este miedo en el padre o la madre. La persona que se hace cargo de este destino demuestra el mayor amor, pero en secreto.

Cuando, a pesar de la resistencia por parte de muchos psicoterapeutas y psiquiatras, impartí mi primer seminario para clientes sicóticos, me conmovió profundamente el amor de estos clientes. Por esto intitulé el libro que escribí sobre el tema “Amor al borde del precipicio”. Eso es lo que podemos observar en los casos de psicosis. Es amor.

A la mujer: Sabes, cuando ese amor sale a la luz, cuan importante has sido para la familia y cuanto has llevado tú por ellos.

Ella sonríe y asiente.

Al grupo: Por esto no se puede tratar a los sicóticos como individuos aislados. Tenemos que tratar a toda la familia y ayudarles en conjunto.

A la mujer: Lo que he hecho aquí era también al servicio de tu familia. Ninguno debe temer volverse sicótico, porque tú has conseguido salirte de la psicosis.

Al grupo: Se trató en este caso de la curación de muchas generaciones.

Los ayudantes

Podemos incluso observar una situación similar con los psiquiatras y sus asistentes en los establecimientos psiquiátricos. Si no tuviesen pacientes sicóticos para cuidar, quizá se verían presos del miedo de volverse sicóticos ellos mismos.

A la mujer: ¿Lo puedes sentir tú también?

La mujer asiente con la cabeza.

Porque a menudo hubo en sus familias un crimen ocultado contra un miembro de la familia. Bajo este aspecto, los ayudantes de las instituciones psiquiátricas se comportan como los parientes de sus pacientes. ¿Cuál es la solución en este caso?

No podemos esperar que estos conocimientos sean aceptados sin más por las instancias psiquiátricas. El miedo a los resultados y consecuencias es demasiado grande. Es comprensible.

Al grupo: Haré con ella un ejercicio. Ahora ella nos representa a todos.

A la mujer: Ponte de pie ahí y mira en esta dirección. Tú miras ahora a todas las instituciones psiquiátricas y clínicas. Luego, mira por encima de ellas, muy lejos hacia aquella fuerza que incluso en ellas actúa, con la misma dedicación y amor, en todas ellas. Y después, te retiras despacio manteniendo tu mirada en la misma dirección.

La mujer se mantiene mucho tiempo en esta actitud.

H: Quédate así, siempre con la mirada hacia ahí. No la desvíes en ningún momento. Mira más allá de todo eso, con total confianza en el movimiento de este espíritu, que se encarga de moverlos a todos igualmente, así como él lo desea. En este nivel, nadie es mejor o peor, no hay más perpetrador ni víctima. Todos son sencillamente humanos.

Después de un rato: Y ahora te giras hacia las personas del grupo.

Ella se da lentamente la vuelta.

H: Los puedes mirar a todos. Diles: “Aquí estoy”.

La mujer: Aquí estoy.

El grupo aplaude.

H: “Una de vosotros”.

La mujer: Una de vosotros.

Ella aplaude a modo de respuesta.

H: Está bien.

Te dejo en paz

Hellinger, a Carola: ¿Cuál es tu asunto?

Carola: Tengo una hermana gemela fallecida, y siento miedos y depresión.

Hellinger: ¿Cuándo murió la gemela?

Carola: A la edad de un año y quince días.

Hellinger: ¿Quién es la mayor de las dos?

Carola: Yo.

Hellinger: Colocaremos a dos personas: tu hermana y tú.

Carola configura a dos representantes, de modo que las dos personas se dan la espalda.

Hellinger, a la representante de Carola: ¿Qué tal estás?

Representante de Carola: Siento un punzado en el pulmón y el corazón. Me siento sola y con angustia. No sé lo que hay detrás de mí. Siento algo pero no sé lo que es.

Hellinger, a la gemela muerta: ¿Qué tal estás tú?

Representante de la hermana muerta: Me siento también sola, pero liviana. No siento ningún lazo con lo que hay atrás, más bien estoy flotando. Se ríe. Bueno, me siento bien.

Hellinger, al grupo: La muerte no tiene nada difícil para los niños.

A Carola: Cuando les dejamos, cuando les dejamos retirarse. Rilke dice en las Elegías de Duino, hablando de los que parten pronto, que se les dificulta la ida cuando nuestro duelo se hace pesado. Nuestro dolor impide su movimiento liviano. Pudiste ver aquí ese movimiento. Colócate ahora en tu sitio.

¿Cómo te sientes ahí?

Carola: Me tira hacia abajo.

Hellinger desplaza a la hermana gemela hacia su izquierda, en su campo de visibilidad.

Hellinger, a Carola: ¿Y ahora?

Carola: La veo.

Hellinger, a la hermana: ¿Y tú, qué tal?

La gemela: Me sigue yendo bien.

Hellinger, a Carola: Mírale.

A la hermana muerta: Tú no tienes por qué mirarle. Mira en tu dirección.

A Carola: Dile: “Te dejo retirarte con amor”.

Carola: Te dejo retirarte con amor.

Hellinger: “Más tarde, vendré también”.

Carola: Más tarde, vendré también.

Hellinger: ¿Cómo suena eso?

Carola: Tan extraño.

Hellinger: Colócate detrás de ella. ¿Y ahora?

Carola: Me caigo hacia atrás. Retrocede unos pasos.

Hellinger: ¿Cómo estás?

Carola: Estoy bien.

Hellinger: Dile otra vez: “Te dejo retirarte con amor”.

Carola: Te dejo retirarte con amor.

Hellinger: “Más tarde, vendré también”.

Carola: Más tarde, vendré también. Respira fuerte.

Hellinger: ¿Qué tal?

Carola: Bien.

Hellinger: ¿Cómo es eso para la hermana gemela?

Hermana gemela: Me noto bien. Es una buena sensación. Siento un amor profundo por ella. Me alegro también, cuando venga.

Hellinger, a Carola: Con eso, lo dejamos.