Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Ayudar a los hijos

Revista Hellinger, Marzo 2007

Todos los hijos son buenos

No hay hijos difíciles. Hay sistemas difíciles, algo que en sus familias está desordenado. El principal desorden en una familia es la exclusión o el olvido de uno de sus miembros. ¿Qué hace entonces el niño difícil? Pues mira a los que están excluidos u olvidados. En cuanto estos olvidados son vistos y reintegrados, los hijos se encuentran aliviados.

He observado por ejemplo que los hijos hiperactivos, estos hijos intranquilos, miran a un muerto que es ignorado por la familia. Por esto he pronunciado la frase que asombra a muchos: todos los hijos son buenos. Esto se puede demostrar muy bien en una constelación. A esta frase he añadido algo más: sus padres también- como hijos.

De hijos, los padres también han muy a menudo mirado hacia alguien. En particular aquellos padres que consideramos difíciles, son hijos que miran hacia alguien excluido. De hecho no son disponibles para sus hijos porque miran hacia aquella persona olvidada.

¿Qué es lo que importa al final, en esta constelación familiar en plan del espíritu? Pues, que cada uno esté en su sitio, que los que se lo hayan visto negado lo reciban de nuevo. Entonces, todos quedan aliviados.

Aquí un ejemplo. Me vino a ver un institutor que se ocupa de hijos difíciles, en especial de los que son expulsados de la escuela. Él intenta reintegrarlos, con mucho amor y con éxito también. Un día me llama y dice:” Mi hijo menor se ha vuelto tan agresivo que lo quieren sacar de la escuela. ¿Qué hago?” Aquí vemos cómo alguien con experiencia en el ámbito y eficiente en su trabajo es llevado por el destino. No el suyo propio sino el de alguien en su familia. Le dije:”ven a un curso con toda tu familia”. Llegó con su esposa y sus dos hijos.

He sido institutor durante años, sé manejarme con jóvenes. Conozco sus buenos rasgos. Entonces, la familia se sentó a mi lado. Los miré y enseguida me percaté de que la madre se quería morir. Por esto, la agresividad del hijo. Le dije a ella:” Cuando te miro, veo que te quieres morir”. “Sí, es así” me contesta ella.

Pero ¿por qué quiere morir? Porque es una buena niña, claro. Le dije:”Voy a constelar primero a tu madre”. No he tratado directamente el problema. He colocado a su madre. Esta miró en seguida al suelo, donde veía un muerto. Pregunté a la señora:” ¿A quién mira tu madre? Quiere juntarse con un muerto.” La señora dijo:”Mi madre tenía un amigo muy querido. Él murió en un accidente de coche.” Coloqué un representante para aquel amigo. Uno pudo ver que había un gran amor entre ella y el muerto. La atraía donde él. Se juntaron y se abrazaron. Entonces el muerto cerró los ojos y se quedó apaciguado. La madre de la señora se volvió a su lugar y espiró profundamente.

Luego coloqué a la señora frente a su madre y la madre le dijo:”Ahora me quedo.” La señora se puso contenta y las dos se abrazaron. Quedaba claro que ella quería morirse en lugar de su madre. Luego se apoyó de espaldas contra su madre y sonrió. A continuación coloqué el hijo de catorce años frente a ella. Ella le dijo:” Ahora me quedo y me alegro si te quedas.” El hijo se derramó con amor y se acurrucó contra su madre. Con esto se ordenó todo. En un instante se transformó en un buen niño.

Los hijos difíciles son los hijos con el amor más fuerte. Simplemente, a menudo no sabemos a quien miran.

Una meditación: nos vemos como hijos difíciles.

Ahora haré con vosotros una meditación en ese sentido. Me imagino que un 20 por ciento de vosotros habéis sido hijos difíciles alguna vez. He bajado el porcentaje, por prudencia. Sin embargo todos hemos sabido que nuestros padres se han preocupado por nosotros. Talvez porque hemos estado enfermos o porque nos hemos comportado de tal modo que han pensado: ¿qué pasa con este niño?

Ahora, cerráis los ojos y viajáis por el tiempo hacia el pasado, hacia la época en que erais hijos difíciles, enfermos o con padres preocupados. Miráis con amor a este niño que erais y dejáis que este niño os lleve de la mano. ¿A quién mira él con amor? Talvez a quien la familia no mira. Decimos a esta persona:” Te veo, con amor. Para mí, tú nos perteneces.”

Talvez nos podemos girar hacia nuestros padres y podemos decirles:” estoy viendo a alguien que quiero. Por favor mirad conmigo ahí también”. La mayoría de vosotros tenéis hijos. Talvez un hijo difícil, un hijo que os da preocupaciones, que talvez está enfermo o que se accidentó. Mirad hacia ahí donde el niño mira- con amor.

Talvez él mira a un niño abortado o alguien que vosotros rechazáis, hacia alguien que quizá hace varias generaciones ha sido víctima de un crimen dentro de la familia, por ejemplo un crimen de guerra. El niño mira ahí. O quizá mira hacia alguien que la familia quiere ignorar, por sentirse avergonzada, sea un delincuente, un asesino, un criminal de guerra talvez. El niño mira ahí con amor porque los demás se avergüenzan de aquel. Pero sin embargo aquel les pertenece, tanto como todos los demás.

Nosotros también miramos ahora con amor a esta persona, con el amor del espíritu que toma a todos a su servicio, tal cómo son, sin distinción, porque su meta va mucho más allá de lo que nos podemos imaginar.

Vemos los efectos y los sentimos en nosotros. Y sentimos cómo un niño consigue tal vez tranquilizarse y cuan mejor le va.