Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Revista independiente Hellinger

Revista Hellinger, Marzo 2006
Traducción de Patricia Sánchez

El amor y el orden

¿Qué es más grande y qué es más importante? ¿El amor o el orden? ¿Qué viene primero?

Muchas personas piensan que sólo hay que amar lo suficiente para que todo esté en orden. Muchos padres piensan por ejemplo, que sólo tienen que amar suficientemente a sus hijos para que se desarrollen como ellos se imaginan.

Y sin embargo, a pesar de su amor, los padres a menudo se sienten decepcionados. Es evidente que no basta sólo con el amor. El amor debe insertarse en un orden. El orden es previo al amor.

También es así en la naturaleza: un árbol se desarrolla según un orden interno; no se le puede cambiar. Sólo puede desarrollarse en este orden. Lo mismo pasa con el amor y las relaciones humanas: no pueden desarrollarse más que dentro de un orden. Este orden es una premisa básica.

Si sabemos algo sobre los órdenes del amor, nuestro amor y nuestras relaciones tienen más posibilidades de desarrollarse completamente.

  • El primer orden del amor en una relación de pareja es que el hombre y la mujer, aunque sean diferentes, son iguales. Si reconocen esto, su amor tiene más posibilidades de salir adelante.
  • El segundo orden es que el "dar" y el "tomar" deben equilibrarse. Si uno de los dos debe dar más que el otro, la relación se perturba. La relación necesita este equilibrio. Cuando la necesidad de compensación entre dar y tomar va a la par con el amor, cada uno da algo al otro cuando ha recibido algo de él y, en compensación, da un poco más. Así el intercambio entre ellos crece y con este intercambio, también crece su felicidad.

Esta necesidad de compensar existe también en un polo negativo.

Cuando un componente de la pareja hace daño al otro, este último experimenta la necesidad de hacerle daño también. Se siente herido.

Por eso cree que tiene derecho a herir también a su compañero. Esta necesidad es irresistible. Muchas de las personas que se han sentido dañadas se sienten con derecho de dañar también al otro. Aquí se llega a la necesidad de restablecer el equilibrio.

A esta necesidad se añade el sentimiento de tener derechos particulares a causa de la injusticia sufrida. Entonces, no sólo causa al otro el mismo daño sino que le hace un poco más.

Como hace más daño al otro, este último se autoriza también a volver a hacer daño y, si siente que tiene derecho, le hace un poco más todavía.

Es así como el intercambio que se hace a través del daño aumenta en una relación. En lugar de la felicidad, se aumenta la desdicha.

Podemos reconocer la calidad de una relación si el intercambio entre dar y tomar se realiza principalmente en bien o en mal.

La cuestión es: ¿dónde estaría la solución en este caso? La solución sería pasar de nuevo del intercambio en mal al intercambio en bien. ¿Pero, se puede lograr?

Hay un secreto para esto: nos vengamos del otro con amor. Esto quiere decir que le hacemos también un poco de daño pero algo menos. Ese intercambio del mal entonces se para y los dos pueden recomenzar el intercambio "dar y recibir" en bien.

Este es un aspecto importante de los órdenes del amor.

Cuando se conoce y se actúa en función de este orden, se pueden intercambiar de nuevo en bien muchas cosas en las familias.

  • Todavía hay que considerar otro orden del amor que si no se respeta traerá consecuencias que van muy lejos.

Una mujer que piensa que es mejor que su madre, no respeta a los hombres. Tampoco los comprende y, en el fondo, no los necesita. Porque si piensa que es mejor que su madre, por regla general quiere decir que piensa: "soy la mejor para mi padre", y entonces ya tiene un hombre, no necesita otro.

¿Cómo una niña puede ser capaz de convertirse en una mujer, respetar al hombre y encontrar uno? Cuando se sitúa al lado de su madre como la más pequeña de las dos.

Esto también es válido para los hombres: un hombre que no respeta a su padre y que piensa que es mejor que él para su madre, no respeta a las mujeres. Ya tiene una mujer y no necesita otra.

¿Cómo puede convertirse en un hombre, encontrar y respetar a una mujer?

Poniéndose al lado de su padre, como el más pequeño de los dos.

Por lo tanto, el hombre aprende a respetar a la mujer al lado de su padre y la mujer aprende a respetar al hombre al lado de su madre.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando un hombre que es un "hijo de mamá" se casa con una mujer que es una "hija de papá"?

La mujer no puede contar con el hijo de mamá y el hombre no puede contar con la hija de papá.

Tienen poco respeto el uno por el otro.

Por esto, primero hay que poner orden en la familia de origen; para que el hombre respete a su padre y la mujer a su madre.

¡Por un pequeño trozo de pan!

Comentario:

Georg Sauler me envió este texto en mi ochentavo cumpleaños. Se refiere a una escena de la ópera Fidelio de Beethoven. Leonore, la mujer de Florestan, va a verle al calabozo, disfrazada de asistente del carcelero. Le da un trozo de pan y un trago de vino cuando éste está a punto de desfallecer. Este es el texto con la partitura:

El pequeño trago de la jarra y el resto de pan que el carcelero y su asistente dan al prisionero político, estremece profundamente al condenado a muerte en su sombrío calabozo. La luz penetra en su tumba en esta escena de ágape inesperada. Sobrecogido, busca las palabras para dar las gracias y, todavía conmovido por la bondad de los visitantes, alza su voz en un canto de alabanza. ¿Cuánto más hemos recibido nosotros en general, nosotros, los hijos e hijas de nuestros padres, cuantos millares de comidas?

En las Constelaciones Familiares, - cuando se logran -, podemos sentir que descubrir de otra manera al padre y a la madre puede poner en movimiento un proceso muy profundo. De pronto, oímos una respiración. Una luz que se enciende en los ojos del hijo o de la hija, deja adivinar el retorno a un marco tranquilizador.

¿Existe un canto de reconocimiento para los padres?

La partitura de tenor en Fidelio, trío Nº 13, es en todo caso apropiada sin restricción para entonar o en voz baja o con una voz muy fuerte, un himno a los padres. Vaya nuestra gratitud a Ludwig Van Beethoven y su libreto.


"Todo lo que puedo ofreceros

es un pequeño resto de vino que queda en mi cántaro.

¡Bebed! Es cierto que hay poco vino,

pero os lo doy de corazón"

Que seáis recompensado en el mejor de los mundos,

pues es el Cielo quien os envía a mí.

¡Oh, gracias! me habéis refrescado dulcemente.

No puedo devolveros el favor.

Este pequeño trozo de pan

sí, lo tengo desde hace ya dos días.

Ten, coge este pan- ¡pobre hombre!

¡Oh gracias! - ¡Oh gracias! ¡Oh gracias!

Que seáis recompensado en el mejor de los mundos,

pues es el Cielo quien os envía a mí.

¡Oh, gracias! me habéis refrescado dulcemente.

No puedo devolveros el favor.

¡Oh, no puedo recompensaros!

En honor a Bert Hellinger quien, tras muchos años, revitaliza de manera magistral el culto y el respeto a los padres allí donde se necesita, en todo el mundo. En su ochenta cumpleaños le digo cordialmente: "¡Que Dios te lo pague!"

El que no quiera demasiado a Bert Hellinger, sacará quizá algunas enseñanzas de Jesus Sirach, un sabio de la antigua Jerusalén, que dice: "el que honra a su padre, expía sus faltas". Y: "el que respeta a su madre es como un coleccionista de tesoros". (Sir. 3/3-4).

Georg Sauler.