Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Ayuda a los niños

Revista Hellinger, Junio 2009

Imputación

Cuando algo es falsamente imputado a otro, está presente aunque sin aparecer en plena luz. Sobre todo, no queda claro para aquel al que se le imputa algo. Él está forzado a hacerse cargo de algo, aunque no sea responsable por ello ni se pueda defender de ello, porque la realidad le queda ocultada.

El ejemplo más evidente para una imputación semejante es el caso del hombre cuya mujer le atribuye la paternidad de su hijo, aunque el padre sea otro.

Esa imputación no queda nunca completamente secreta porque el alma siente en lo profundo que algo ocurre en contra del orden, y se defiende de ello. Esto se nota tanto en el hombre al que se le atribuye falsamente la paternidad como, y sobre todo, en el niño. No se siente pertenecer y busca interiormente de muchas maneras la distancia. Busca en otro lugar un hogar, en el que se lo acoja de buena fe, aunque no sea igual que el caso de un hijo que pertenece a sus dos padres y se siente plenamente en casa con ellos.

Este niño pues, busca después de un tiempo la distancia, con inquietud busca allá afuera algo que le falta, sin poder nombrarlo ni encontrarlo. ¿Está acaso este niño perdido? Al contrario. Por una parte, se percibe libre de marcharse. Por otra, siente desde temprana edad una autonomía propia y busca tal vez el padre que le falta, por ejemplo buscando servir algo mayor, que incluye todo lo que está ausente y lo sobrepasa.

¿Cómo le va a la madre en esos casos? Por una parte, percibe al niño como una carga. Por otra, se acuerda gracias al hijo, de un amor perdido, que sigue presente en él. En su interior, ese amor tiene la precedencia sobre la relación actual. Se siente obligada frente a la pareja actual y teme tomarlo y darse enteramente. Ocultamente se siente culpable, quiere pagar por la culpa, y se siente aliviada cuando el hijo lo hace por ella.

A través de la imputación, todos pierden algo: la madre, su pareja actual, el verdadero padre incluso pero en cambio no el niño, si bien es cierto que este niño paga también un precio, aunque ese precio, que al final cuenta poco, le permite volverse creativo de un modo particular.

Lo que no podemos atribuir a otro es la verdad, o el espíritu. Aquí, todo vuelve a encontrar su sitio, a su hora, sin culpa y sin pesar. Por cualquier desvío que sea, todo ha servido una verdad más profunda así como un amor abarcador, que lo unifica todo al final.

Reflexionessobre el aborto

Mujer: Me gustaría preguntarte algo. A veces un niño dice:”Mamá, me voy en tu lugar”. ¿Es posible que la madre también diga:”Hijo, me voy en tu lugar”?

Hellinger: Es una pregunta importante. Sophie ha observado – como mujer, ella está mejor colocada que yo para hablar de aquello – que muchas mujeres dicen:”Por mi hijo lo hago todo”. Pero muchas de ellas en verdad dicen:”¡Muere por mí!”.

Con esto, se hace luz sobre algo básico. Lo digo sin juicio. La madre es una representante de la tierra. De ella brota la nueva vida. Toda vida brota de la tierra.

Sin embargo, la tierra no sólo representa la vida sino que también la muerte. Y de la misma forma, para la mujer, al volverse madre, la vida y la muerte están íntimamente unidas porque el parto puede amenazar la vida. Así, la mujer sabe que está ligada a las dos. Y también, la carga que una mujer acepta con un hijo pequeño la lleva con frecuencia a sus límites, a veces con ganas de matar.

La estrecha unión entre vida y muerte se hace más obvia con el aborto. La mujer siente en ella la vida y luego la elimina. Lo digo sin hacer valoraciones. Simplemente, vemos ese movimiento, que también es parte del movimiento del espíritu.

No toda vida llega a cumplirse. Un árbol, para existir, sólo precisa de una semilla. Las mil otras son superfluas. Lo veo así también con respecto a la humanidad. Y sin embargo, todas las otras semillas del árbol son importantes y grandes. De la misma manera, se acepta que, para la perpetuación de la vida, muchas vidas que surgen no lleguen a cabo. Lo digo así, de forma muy general.

Cuando la mujer percibe en ella la vida nueva y consiente a ello, con todo lo que esto le requiere, ella crece hacia su propia plenitud.

Cuando se ha decidido para un aborto, o varios según los casos, esto provoca profundos efectos en ella, en muchos niveles. Uno sería, por ejemplo, el deseo de seguir a ese niño.

A la mujer: Pues sí, existe ese movimiento. La mujer asiente.

Ahora viene el reto para sobrepasar la culpa, sin caer en lo cómodo.

El aborto provoca efectos que aqueja el cuerpo de la mujer en lo hondo. El niño abortado se manifiesta a veces en miomas. O se presenta de otras formas y en otras partes del cuerpo.

¿Cuál sería pues, el procedimiento a seguir? La mujer mira a ese niño, o a esos niños y sin tentar darle un giro estético, les dice:”Os he matado”.

Podemos observar en las constelaciones que, cuando la madre se lo puede decir abiertamente al aborto, ese se siente muy aliviado. No se empieza a emplear eufemismos sobre el tema, porque la realidad es esa. Se pueden ver documentales sobre abortos, como los ha filmado un médico en EE UU, que ha realizado quizá mil abortos, para ver qué es lo que pasa exactamente: pues, el embrión lo percibe de inmediato y se pone a la defensa. El embrión lo vive como un asesinato. Hablemos aquí sin rodeos. La mujer le dice al niño:”Yo te maté”.

Sin embargo puede agregar:”Permanezco al servicio de la vida”. Cuando la culpa se ha reconocido, de ella crece una fuerza que los demás no tienen. Ella dice al niño:”En sintonía contigo, permanezco al servicio de la vida”. Eso tiene un efecto reconciliador para todos.

Entonces, se trata de un movimiento del espíritu donde la culpa reconocida sirve la vida. Eso pues, de la madre hacia el niño, era la primera pregunta.

La otra pregunta era: ¿Cómo es cuando el niño dice a la madre:”Me muero en tu lugar”? ¿Está esa frase siempre en contra de la vida?

Esta forma de pretensión no le corresponde a nadie. Sin embargo, surge de un movimiento de amor, un amor ciego. Es una consecuencia mortífera de la buena consciencia. No se puede exagerar la dimensión maligna de la buena consciencia.

¿Cómo crecer más allá de ella? Cuando la madre observa ese efecto en un niño, le dice: “Esto no tiene nada que ver contigo, aquí eres el pequeño”. Entonces, madre y niño crecen.