Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Situaciones de la vida

Revista Hellinger, Junio 2008

El intercambio

¿Como empieza una conversación?

Con silencio y luego, con escuchar, con escuchar mutuamente. Entonces, es posible un intercambio en la conversación. ¿Qué enriquece una conversación? El uno cuenta de una experiencia propia, una experiencia que le ha traído algo y permite que el otro participe de ella durante la conversación. Por eso, el otro no responde con prisas. Deja que la experiencia de su compañero actúe en él y la compara con su propia experiencia, talvez semejante, quizá con algo más. Se lo dice al otro. El otro también permite que actúe en el, esto pone algo en movimiento en su foro interno. Lo comenta con el otro. Esto es un dialogo, gracias al cual cada uno sale enriquecido. Es cierto, hablan de si mismo, pero de un modo recogido, hablan de tal forma que el otro tiene la oportunidad de hacer una experiencia. Es un hermoso intercambio.

El que se derrama en palabras hacia el otro, no escucha. Es incapaz de escuchar y por lo tanto queda aislado, perdiendo eso que busca.

Hablar demasiado

¿Acaso tiene algo que ver la necesidad de hablar de si mismo con otros con la búsqueda de la propia madre?

El que esta centrado se queda consigo y habla poco. Algunos de los que hablan mucho vienen de una situación en la cual se han sentido abandonados. Detrás de sus muchas palabras está el pedido: « Mírame » o « Escúchame » o « Ámame ».

Pero el hablar mucho provoca lo contrario. El que ahoga a los demás con lo suyo, se queda solo. Para el interlocutor, es excesivo.

El espacio intermedio

¿Existe la posibilidad de abrirse, cuando uno participa en un dialogo justo?

En cierta forma, sí. Cada uno avanza un paso más allá de sus límites. Pero no se invaden mutuamente. Se encuentran en un espacio entre dos, un espacio común entre los dos.

Poseemos una divisoria doble. La primera es la frontera de la piel. Nadie tiene permiso para violarla, sería muy grave. Y además, existe un espacio común en una relación. La relación se ubica en el espacio común y este espacio tiene su frontera. No cualquiera puede penetrar allí.

Existe en una familia un espacio protegido propio de la familia y aun más protegido es el espacio de la pareja. No obstante, es posible ampliar aquellos espacios, permitiendo a ciertas personas su acceso. Por ejemplo, en el matrimonio, la familia del hombre y la de la mujer se reúnen en este espacio, haciéndolo un tanto más grande.

A nivel del espíritu se consigue alcanzar más lejos que este ámbito. No es el caso en la relación directa, ésta queda limitada, salvo en el respecto hacia otros. Las culturas ajenas por ejemplo, agrandan el espacio, sin necesariamente tener que encontrarse en concreto con la nuestra, pero no obstante siendo presentes. Es difícil demarcarlo con claridad, es mejor no hacerlo, pero sentimos igual donde están los limites.

La curiosidad

¿Cuándo es la curiosidad útil y cuando puede resultar dañina?

Pues, la curiosidad nos permite conquistar el mundo. Detrás de ella actúa un afán de conocimiento. Cada vez que buscamos la expansión, nos mueve la curiosidad. Queremos conocer algo nuevo. Es un impulso muy importante en los niños, que les incentiva a hacer preguntas de todo tipo.

Pero la curiosidad es totalmente distinta si con ella me inmiscuyo en los asuntos de otro. Entonces, lastimo su esfera íntima y gano poder sobre él. Esta curiosidad está en contra de la vida. El respeto hacia otro exige que no busque forzar su frontera y que me quede conmigo.

Lo percibo desde el sentir: en qué medida lo que uno dice o pregunta sirve la vida y la evolución, en qué medida es adecuado o se opone al amor.

Aquí tenéis un ejemplo. Cuando un hombre le dice a su mujer: « ¿Qué pasó en tus relaciones anteriores? », ¡esto perjudica el amor! Incluso cuando él le cuenta de sus relaciones pasadas, lastima el amor. Hay asuntos que deben permanecer con uno mismo.

Lo privado es, si lo miramos bien, algo divino. Tiene que ver conmigo y el espíritu, con el movimiento que el espíritu impulsa dentro de mí. En realidad, sólo he mencionado aquí algo acerca del amor, acerca de uno de los órdenes del amor.

El equilibrio

Quisiera saber como alcanzar el equilibrio.

Tu pregunta es: ¿como llegar a un equilibrio? Aquí por supuesto, se comprende el equilibrio en un sentido más amplio. Bueno, cierra los ojos y abre ambas manos, un poco más alto. En una de las manos tienes a tu madre, en la otra a tu padre. Sientes donde está el peso más grande, en la una o la otra mano. Luego las equilibras hasta sentir que están iguales de peso, hasta alcanzar el equilibrio.

Después de un rato: Ahora, les dices a las dos: Si.

Después de un rato: Y a las dos, les dices: Gracias.

Fumar

¿Que hay detrás del fumar? ¿Cual es tu experiencia?

Es una pregunta sencilla. ¿Lo debo decir, realmente? ¿Lo aguantaran los fumadores, si lo digo? Los que no lo quieren escuchar, pueden salir de la sala.

Es algo muy sencillo. Bueno, quien fuma, quien bebe, quien come demasiado, quien se vuelve adicto. Siempre es la misma situación de base: a estos, les falta alguien. El cigarrillo, la bebida, el comer mucho, lo que sea, es un sustituto para aquel que falta. Cuando encontramos lo que nos hace falta, nos olvidamos del sustituto.

Pero esto va ligado a cierta dificultad. Si te lo digo, tienes que decidirte a aguantarlo durante cuatro semanas. Lo que te propongo ahora está conectado al placer. No es una renuncia, más bien tiene que ver con un placer profundo.

¿Aun me pueden escuchar? ¿Lo quieren saber de verdad?

Bueno, pues lo diré. Pero los fumadores tienen que prometerme que lo aguantarán durante cuatro semanas, aguantarlo con todo el placer durante cuatro semanas.

Os explico: el fumador enciende su cigarrillo, aspira con gusto una profunda bocanada y dice a la vez: ahora te tomo en mi corazón.

No es una renuncia, al contrario, uno fuma con mayor placer. Nadie dice: tienes que dejar de fumar.

Bueno. También hay fumadores inveterados. Con ellos hay que usar métodos más radicales. No sé como es aquí, en México. Pero en la Unión Europea, en cada paquete de cigarrillos esta inscrito: fumar es mortal. ¿Aquí también? Pues, en todo el mundo está aceptado que fumar mata. Con respecto al fumador inveterado, hago una propuesta. Él toma un cigarrillo de su cajita, mira la etiqueta, mira el cigarrillo y dice: Muerte, te venceré.

Ayudar a los padres ancianos

Se trata del asunto de la ayuda. ¿Hasta que punto pueden ayudar los hijos a sus padres, sobre todo cuando se trata de casos graves o de fase terminal?

Una familia en la cual todos se ayudan, así como los padres nos han ayudado, siempre disponibles, es la ayuda al servicio de la vida. Es algo noble. Cuando los padres son mayores o enfermos, se encuentran a veces desamparados, igual que niños. Entonces, los hijos dicen: « Ahora os ayudaremos, de la forma en que lo necesitéis, estaremos disponibles para vosotros ». Es grande.

Pero muchos hijos tienen miedo de ayudar a sus padres. Esto tiene que ver con que los hijos no ven realmente a sus padres y los padres no ven realmente a sus hijos. He visto un día una película. Estaba el violinista Yehudi Menuhin sentado junto a su madre anciana. Ella lo trataba como si fuera un niño de cinco anos. Era molesto presenciar eso. Él también, frente a ella, se comportaba como un niño de cinco anos. Así era, no por maldad.

Cuando los padres miran a sus hijos, lo que ven son niños de cinco anos, a pesar de que sean adultos. Se nota esto por ejemplo, en los consejos que les dan. Y cuando estos hijos se encuentran frente a sus padres, se sienten como niños.

A la hora de necesitar cuidados, los padres a menudo tratan a sus hijos como chiquillos, como si nada hubiera cambiado entretanto. Y los hijos también se sienten infantiles. Entonces temen comprometerse al cuidado de sus padres porque no se sienten maduros para aquello.

Existe una frase que se puede decir a los padres cuando nos confrontan a esta necesidad. Primero la pronunciamos internamente. « Querida madre, querido padre, en cuanto me necesitéis, estaré a vuestra disposición y haré todo lo posible por vosotros – de la manera justa ».

Esto es la diferencia. Esto da fuerza a los hijos para hacer lo justo y trazar un límite a los padres.

El próximo hombre

Soy una viuda sin hombre.

¿Desde cuando?

Hace unos diez anos.

¡Te voy a decir algo provocador! Una mujer que queda viuda tanto tiempo, sigue enojada con su marido.

La mujer asiente.

Algo me ha impresionado. Existe un libro póstumo de Sigmund Freud, publicado años después de su muerte, en el cual analiza el caso del presidente americano Wilson.

Describe su situación de viudo, después de la muerte de su mujer. Y como se volvió a casar al año. Luego, Freud interpreta lo que esto significa. El casarse un año después demuestra que Wilson había amado mucho a su primera esposa.

Recuerda pues, el amor por tu marido. Recuerda su amor por ti. Esto fue un gran amor. Y ahora, abre los ojos en busca del siguiente.

Sólo el amor tiene futuro

Alguien contó que había oído a dos personas comentando lo siguiente: ¿Como habría reaccionado Jesús si, al dirigirse a un enfermo diciéndole « levántate, camina y vete a casa », el enfermo le hubiera contestado « no quiero »?

El primero sugirió que, para empezar, Jesús se habría callado para luego girarse hacia sus discípulos y comentarles « Aquél le da mas honra a Dios que yo ».

A veces recuerdo esta historia, cuando me doy cuenta que no me resulta siempre fácil cuando alguien me pida ayuda. Ignoro si estoy en armonía con el, no se si tengo permiso para ayudarle o si una fuerza de otra envergadura desea otra cosa para él de lo que yo me imagino. Si lo dejo sin más, ¿es eso amor? Pues, es otro amor. Hoy os hablaré de este otro amor.

Amor y vida

Os saludo a todos en esta velada, con el tema siguiente: « Sólo el amor tiene futuro ». La pregunta es:¿qué amor? Y ¿qué es el amor, en realidad?

El amor es vida y la vida es amor. Vivir significa estar en relaciones duraderas. Nacemos de una relación de amor, la de nuestros padres. Este amor está al principio de nuestra vida.

Luego, crecemos y nos desarrollamos en relaciones, todas relaciones de amor. Cuando tenemos problemas, ¿cual es la causa de nuestros problemas? Casi siempre es una relación. Casi siempre es un problema de amor.

Pero todos hemos hecho la experiencia de que no todo amor tiene futuro. Entonces, ¿cual de ellos lo tiene? Existe un bonito poema de Rilke, que introduce su libro de horas.

  • Vivo mi vida en círculos crecientes
  • que van ampliándose a pesar de los eventos..
  • Talvez no consiga llevar el último a cabo
  • pero sí, intentar lo quiero.

El crecer en círculos crecientes es, para Rilke, circular en torno a Dios, en torno al más profundo conocimiento de Dios. Es un circundar con amor. También podríamos ponerlo así:

  • Vivo mi vida en círculos crecientes
  • que van ampliándose a pesar de los eventos.
  • Talvez no consiga llevar el último a cabo, aquel amor
  • que abarca todo en su corazón sin discriminar,
  • pero sí, intentar lo quiero.

El primer círculo del amor: tomar con amor

¿Qué significa para nosotros el primer círculo del amor? Pues, representa aquel amor que nos ha hecho nacer, el amor de nuestros padres antes de nuestra concepción, antes de nuestro nacimiento. Es un amor del cual sólo tomamos. Los padres dan con amor y nosotros lo tomamos todo.

Haré una meditación con vosotros, a modo de ejercicio.

Podéis cerrar los ojos, si os apetece.

Nos imaginamos a nuestros padres como una pareja de enamorados. Nos imaginamos cómo se encontraron, con amor. Cómo nos concibieron, con amor. Luego nuestra madre quedó embarazada.

Los padres se preocuparon, ansiosos por nuestro bienestar. Y durante nueve meses se alegraron. Antes mismo de que hayamos percibido la luz del mundo, nos cobijaron continuamente en sus pensamientos. Nuestra madre nos sintió, dedicada a nuestro ser con amor, con esperanza, talvez incluso con angustia ante el parto.

Luego nacimos. Entramos en el espacio del mundo y nuestros padres nos vieron. Se miraron a los ojos, luego a nosotros y dijeron: « nuestro hijo ». Y nos aceptaron como tal.

Así fue cómo se transformaron en nuestros padres y nosotros en su hijo. buscaron un nombre para darnos y nos brindaron el suyo.

Ahora, les miramos con amor, así como ellos nos miraron con amor. Aceptamos la vida de ellos con todo lo que esto incluye. La tomamos al precio completo, al precio que les costó y que nos cuesta. Les decimos « sí » y « gracias ».

Observamos y sentimos lo que esto provoca en nuestra alma, lo que esto provoca cuando los aceptamos simplemente como son.

A través de ellos, aceptamos también un destino determinado, porque ellos también tienen padres que a su vez tienen padres. La vida ha fluido por todas estas generaciones, hasta alcanzarnos a nosotros. Ninguno de ellos pudo agregarle algo a la vida. Ninguno pudo quitarle algo a la vida. Todos lo hicieron bien. En el tomar y dar la vida, todos fueron perfectos. Todos fueron buenos.

Abrimos nuestro corazón a esta vida que nos llega, gracias a estos padres. Sentimos el amor, el suyo y el nuestro. Esto es el comienzo del amor, el primer circulo del amor.

Errores de los padres

Algunos querrán comentar que los padres también tienen sus defectos. Que no lo han hecho todo bien. Que habrían también podido y debido ser de otra forma. En el momento en que pensamos esto, perdemos a nuestros padres. El amor que existe a raíz de nuestra existencia, que la ha hecho posible y que la ha llevado adelante ya no puede fluir.

Únicamente aquel amor que ve a los padres tal como son y consiente a ellos tal como son, que acepta la vida así como ha fluido de ellos hacia nosotros, sólo aquel amor puede crecer.

De lo contrario, nos quedamos discapacitados en el amor, sin posibilidad de progresar en él.

Querida madre

Hace un tiempo, le escribí a mi madre una carta, en el pensamiento. Hacía tiempo que había muerto.

La miré con amor y le dije:

Querida madre,

Eres una mujer corriente, como miles de otras mujeres. Te quiero como una mujer corriente. Y como una mujer corriente, has hecho errores, muchos errores. Tus errores me han hecho así como soy en el día de hoy, porque los he aceptado y porque te quiero con todos tus errores. ¿Qué sería yo sin tus errores? ¿Qué pobre infeliz sería, sin fuerzas? Te quiero así como eras, una mujer corriente. De esta manera, te tomo en mi corazón. Así te quiero. Eres la correcta para mí. Ahora te ofrezco algo, algo muy particular. Me desprendo de mis expectativas hacia ti, las que van más allá de lo que se puede exigir de una mujer corriente. He recibido todo lo que necesitaba y está bien para mí. Tú puedes ser la que eres, simplemente.

Yo también puedo ser el que soy, tal como soy. También soy corriente, igual que tú. De esta forma estamos tú y yo unidos en el amor.

Lo imperfecto, una fuerza

Numerosos adultos se quejan de su madre o de su padre y sugieren que habrían tenido que ser distintos. ¿Qué ocurre en ellos entonces? Se viven desconectados del verdadero y profundo amor.

Lo notable es que estas personas tienen expectativas con respecto a los padres como sólo las podemos tener con respecto a Dios. Como si nuestra madre y nuestro padre debieran ser iguales a Dios: es decir perfectos. Pero ni siquiera Dios es perfecto.

¿Talvez me paso con lo que digo? Dios es imperfecto. La fuerza motora detrás de todo lo que se mueve es imperfecta. La fuerza creadora es imperfecta. Lo perfecto deja de ser creador. Hasta en Dios existe este movimiento, eternamente creciendo. Solo así me lo puedo imaginar. ¿Y tendrían que ser nuestros padres perfectos? Para mí, pueden ser como son, los acepto tal como son.

El segundo círculo del amor

Contemplo mi infancia y todo lo que he vivido durante aquel tiempo: lo bueno y lo difícil. Y asiento a todo lo que pasó, tal y como fue. Gracias a ello, pude crecer, por ser todo así como fue. Crecí gracias a que pude aceptarlo. Esto es el segundo círculo del amor: tomar, sencillamente tomar.

Con frecuencia, nos rebelamos contra nuestros padres, o talvez nos hacemos cargo de algo en su lugar, pensando que les debemos ayudar. Frente a ellos nos vemos como los grandes y en nuestro sentimiento y ante nuestra mirada les achicamos.

Quien se rebela ante sus padres, consigue rebelarse porque ellos le están continuamente dedicados. Sólo pueden rebelarse los que tienen un hogar. El “sin hogar” no puede rebelarse. La presunción que a veces se perfila en esta rebelión es, en el fondo, debilidad y mediocridad.

¡Pues no! ¡Quedémonos en nuestro lugar de hijos y tomemos de los padres todo lo que nos dan! Así logramos crecer en el segundo círculo del amor, hasta alcanzar el punto de sentir el impulso para dar más lejos lo que hemos recibido.

El tercer círculo del amor: dar con amor a la pareja y a los hijos

Entonces, nos separamos de los padres, pero colmados con todo lo que, con su amor, nos han brindado. Sólo entonces estamos capacitados para una relación de pareja y para relaciones en que se trata de dar y de tomar en la misma medida, relaciones basadas en un intercambio equivalente.

Cuando la pareja llega a tener hijos y a ser padres, logran dar más lejos lo que han recibido de sus propios padres. Son capaces de dar porque antes han tomado. Esto sería el tercer círculo del amor, el camino de crecimiento en el amor.

Haré un ejercicio con vosotros, podéis cerrar los ojos.

Mirad a vuestra pareja, a la que estáis vinculado o casado desde hace muchos anos, quizás. O quizá, estáis aún buscando una pareja, hombre o mujer, con la cual deseáis crear una familia. Imaginad lo que a menudo ocurre. Dos personas que se enamoran, potentemente atraidas, totalmente ciegos. Es una sensación hermosa. Ahora bien, ¿contribuyen al amor o esperan algo de él? ¿Están maduros para dar y tomar o están llevados por su enamoramiento a juntarse y, ¡ojala! más tarde a crecer y a ver al otro tal y como es? Con esto empieza el amor verdadero entre hombre y mujer, el amor « a segunda vista ». Pero observamos también que muchas relaciones de pareja fracasan. Una de las razones es que uno u otro en la pareja, o ambos, no han cruzado completamente los dos primeros círculos del amor, no han tomado todo de los padres.

A veces, a la mujer quejándose por no encontrar a un hombre, le digo esta frase provocadora: « Sin madre, no hay hombre ». La persona que no ha tomado a su madre sólo puede amar en la superficie, no consigue amar profundamente.

Ahora miremos a nuestra pareja y volvamos a nuestra infancia. Miramos a nuestros padres y lo que nos han dado a lo largo de los años. Les decimos « Gracias. Ahora tomo de vosotros todo lo que me habéis ofrecido, así como me lo habéis dado. Acepto todo, incluso lo difícil. Lo tomo todo en mi corazón. Todo lo que fue tiene la posibilidad de ser así como fue ». De repente sentimos cómo nos fortalecemos con esta aceptación.

Una vez tomado de los padres, miramos a nuestra pareja y percibimos el cambio que toma posesión de nosotros, realizamos cuánto mas capaces somos de amar. Con menos expectativas, menos ilusiones, pero los dos pies en la tierra y con la fuerza necesaria para lo que esta relación nos brinde a lo largo del tiempo, así como lo que nos exija. Habiendo tomado de ellos, podemos volcar hacia los hijos nacidos de nuestra pareja todo el amor que nos ha venido de nuestros padres. Si no tenemos hijos, volcamos este amor hacia algo que hacemos al servicio de la vida.

Las pruebas del amor

Alguien podría argumentar: « Todo esto suena muy ideal. ¿Pero que tiene que ver con la realidad? Mi mujer es así o asa, su familia es así o asa, etc. ». Pues sí, estas son las pruebas del amor. El amor profundo tiene que recorrer un camino, un sendero de purificación.

Tengo un amigo en Polonia, es psicoterapeuta. Me contó que juntó a jóvenes de muchas culturas distintas. A Judíos y a Palestinos, a Musulmanes y a Cristianos. Después de un tiempo, se llevaban muy bien. En el Caucaso, donde existen comunidades en conflicto, fue a buscar a jóvenes de diferentes pueblos. Ellos también, al cabo de poco tiempo, simpatizaron.

Le pregunté cómo había procedido para llevarlos hacia esta armonía. Me contestó que había sido muy fácil, había hecho con ellos un ejercicio. Y ahora lo hago con vosotros.

Meditación: el amor puro

Cerrad ahora los ojos. Imaginad que tenéis un nombre, vuestro nombre y vuestro apellido. Luego dejadlo de lado, abandonadlo... ¿Acaso falta algo? ¿Os sentís disminuido por eso? O, a lo mejor, este nombre resulta irrelevante frente a lo esencial.

Habéis también tenido éxito en vuestras vidas. Pues dejadlo de lado, y comprobad si algo le falta a lo esencial. Mirad luego vuestra religión o vuestro idioma, vuestros deseos y expectativas. Dejadlos de lado y comprobad si algo cambia por eso, si habéis perdido algo con eso.

Cuanto más soltamos aquí una cosa tras la otra, más se profundiza nuestra concentración en lo esencial, en el núcleo de nuestro ser. En aquel lugar, somos realmente « yo » y realmente presentes.

Recogidos de esta manera, recogidos en nuestro ser esencial, miramos a nuestra pareja. Hacemos lo mismo con respecto a ella. Desviamos la mirada de lo accidental, de lo que nos hace topar contra ella, un comportamiento quizá, o cualquier otra cosa. Lo soltamos todo, a su familia también, sea como sea, hasta conseguir percibirle en el núcleo de su ser, ahí donde está completo y presente.

De núcleo a núcleo, se da una relación totalmente otra y un amor de diferente índole.

¿Qué es pues, lo que impide este amor? Lo irrelevante, lo accidental. ¿Qué abre la puerta al amor profundo? Lo esencial. Llegar ahí necesita una purificación. Y ahí encontramos un amor puro.

En la pureza de este amor, todo lo que nos alegra encuentra su lugar. La alegría que surge de este núcleo del ser es la alegría perfecta, plena.

El cuarto circulo del amor: un amor que lo abarca todo

Quisiera ir con vosotros a otro nivel más del amor. Existe un cuarto círculo, totalmente distinto. Habitualmente, cuando amamos a alguien, algunos aspectos de él nos gustan. Otros aspectos no nos gustan y los rechazamos. Igual que para nosotros mismos, algunas partes de nosotros nos complacen e incluso las ostentamos. Otras partes nos molestan y las negamos, las reprimimos. Nos gustaría deshacernos de ellas. Sin embargo, somos completos únicamente cuando cada aspecto puede obtener su lugar. Para explicar esto, os leeré una pequeña historia. Mientras escucháis, podéis sacar alguna conclusión respecto a su significado.

La posada

Un hombre pasea por las calles de su tierra. Todo aquí le suena conocido y un sentimiento de seguridad le acompaña – así como una pizca de tristeza. Porque mucho le quedó ocultado y numerosas veces se topó con puertas cerradas. Estuvo tentado de dejar todo atrás y mudarse lejos, muy lejos de allí. Pero algo lo retuvo siempre con firmeza, como si estuviera luchando con algún desconocido, sin lograr soltarse antes de recibir su bendición. Así pues, se siente preso entre avanzar y retroceder, entre quedarse y marcharse.

Llega a un parque, se sienta en un banco, sintiendo el respaldo, respira profundamente y cierra los ojos. Deja estar su largo combate y abandonándose a la fuerza interior, siente descender la calma en él y afloja, como un junco en el viento, en sintonía con la diversidad, el amplio espacio, el largo tiempo.

Se ve a él mismo como una casa abierta. Cualquiera que lo desea puede entrar y el que entra trae algo, se queda un rato – y luego se marcha. En esa posada es un continuo entrar, traer, quedarse – y marcharse. El nuevo visitante trae consigo algo nuevo y con el tiempo se hace viejo. Y llega el momento en que se va.

A aquella posada llegan muchos desconocidos que eran olvidados o excluidos desde hace mucho. Ellos también traen algo, permanecen un momento – y se van. Cualquiera de ellos, al llegar, se encuentra con los que llegaron antes que él y los que llegan después de él. Ya que son muchos, todos deben compartir. El que tiene un lugar, conoce sus límites. El que quiere algo debe acomodarse con lo que hay. El que ha venido tiene la posibilidad de desarrollarse, mientras se queda. Pudo entrar porque otros se fueron y se marchará en cuanto otros lleguen. De esta forma, en aquella casa hay sitio y tiempo para todos.

Mientras la persona está ahí sentada, se siente como en su casa, en confianza con todos, los que vinieron y siguen viniendo, los que trajeron algo y aún traen algo, los que quedaron y aún están, los que ya se fueron y los que ahora se marchan. Esta persona percibe cómo lo incompleto de antes se siente ahora entero, percibe cómo la lucha llega a su término y cómo la despedida se vuelve posible. Espera aún el momento oportuno. Luego abre los ojos, hecha un vistazo al rededor, se incorpora – y se marcha.