Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Respuestas a las cartas

Revista Hellinger, Diciembre 2009

Amor que posee y amor que suelta

Existe un amor que quiere y necesita poseer porque con él, se presenta la cuestión de la sobrevivencia. Ese amor es parte del desarrollo del ser humano y legítimo. También existe otro amor que, en un inicio, posee y luego suelta cuando llega el buen momento. De esta forma, los padres dejan ir a los hijos, los hijos a sus padres y la pareja a su pareja, cuando el tiempo está maduro. Y existe otro amor más que implica desde un principio la renuncia, porque sólo con ella se vuelve posible.

Alturas y profundidades

Existe una dedicación que se precipita, y otra que no quiere intervenir ya, una dedicación o amor de un más alto plano. No es una mejor que otra: ambas tienen su lugar y su momento.

La dedicación de un más alto plano se basa en la benevolencia a partir de una cierta distancia, dejando ser el otro o lo otro. Por lo general, no existe esta forma de dedicación sin la experiencia de la otra, la que es directa y concreta. A la inversa, a menudo le falta fuerza y aguante a la dedicación directa sin aquella de más alto plano.

Tu dolor acerca de los muchos años mal vividos es legítimo. Si lo expresas – no obstante sin cargar a otros por él – experimentarás tal vez que alcanza lejos en tu interior y va sanando en lo más profundo, de modo que podrás saborear tanto más tu presente.

Un punto importante aún queda por integrar en ti. Es el tomar a la madre y tu amor profundo por ella. Aquel que está parado en la cumbre, no permanece ahí. Baja nuevamente al valle, escala algunos montes pequeños y acaba con el tiempo familiarizándose con la altura, la profundidad y lo que yace entremedio.

El amor fluye

Tanto amor lleva su gratificación y su valor en sí mismo, al igual que la fuente lleva su gratificación y su valor en sus ríos, independientemente de lo que hacen con sus aguas.

Si te expones al dolor de la separación así como estabas dispuesta a hacer con el amor, te quedan la ganancia, el valor y la fuerza.

Una sugerencia para el futuro. El amor es también un juego en la bolsa, donde el curso de las acciones fluctúa y donde uno debe arriesgarse si acaso quiere ganar algo. Algún pícaro observó – por cierto un cura que de acciones no sabía nada – que las acciones que suben, por lo general siguen subiendo y las acciones que caen, por lo general siguen cayendo.

La quietud

En la quietud, todo queda quieto, cada sonido, cada acción. Lo profundo y último es silencioso. Ya que en ello todo lo que busca un acceso se detiene, las puertas de la quietud quedan abiertas. En ella se hunde todo aquello cuya meta es otra que la quietud misma.

En la quietud, se acaban las preguntas, el dolor que grita e incluso la vida y la muerte. En la quietud, nos encontramos en otro sitio. Todo lo último es quieto, infinitamente quieto- y así es todo lo profundo.

¿De dónde llega la última comprensión? De la quietud, ella también. Sin embargo, no se mueve. Cualquier movimiento le quita profundidad. Donde está la quietud, la comprensión se encuentra, presente.

¿Dónde quedan las palabras, pues? Quedan fuera.

Todo lo que se cumple, se vuelve quieto. No se le añade nada. En ello está todo, cumplido.

¿Qué efecto tiene la quietud en nuestras vidas? La quietud sana. Nadie y nada toma en ella la palabra. Nadie y nada, a quién falte algo. Aquello se disuelve en ella.

La quietud nos guía hacia el mirar, el mirar sencillo, sin nada en frente.

¿Cómo respondemos entonces a todo aquello que espera algo de nosotros? Con quietud recogida. Ante ella, eso que pregunta se acaba callando, y se vuelve quieto.

Con esta quietud, desde ya nos adentramos a nuestra muerte. Silenciosamente, en toda quietud. Esta quietud permanece.