Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Editorial

Revista Hellinger, Diciembre 2009

Cada año de nuevo

Repetidamente, cada año acaba y empieza otro nuevo. Da igual lo que haya pasado durante el año viejo y da igual lo que traiga el nuevo, detrás del cambio de año reina una ley cósmica. La tierra gira en torno a un punto central, el sol, atraída por él y mantenida en una órbita que, en el plazo de un año, le permite concluir un ciclo y comenzar otro nuevo. Esto acontece independientemente de todo lo que haya ocurrido o pueda ocurrir en la tierra.

A fin de año, nos podemos integrar conscientemente a este ritmo cósmico. ¿Cómo? Con serenidad. De todas formas, todo sigue su recorrido cósmico. Todo lo que nos parece tan cercano e importante se nos aleja y deja sitio para algo eterno, que permanece para nosotros igual, siempre en el mismo movimiento. Nosotros también, como la tierra, giramos en torno a un centro, un centro humano, nuestro centro. Este movimiento es igualmente un movimiento cósmico. A la diferencia de la tierra girando en torno al sol, a la que vemos en su magnitud extenderse por muy encima de nosotros, sobre potente y en cada aspecto independiente de nosotros, trazando sus órbitas, experimentamos de manera directa esa circunvalación alrededor de nuestro centro, al que percibimos también como infinitamente alejado, que nos arrastra en una vía y que no nos suelta.

Con cada año que pasa, algo progresa en el cosmos y dentro de nosotros.

¿Cómo miramos hoy al año viejo y al nuevo? Con serenidad. Nos sintonizamos con un movimiento cósmico afuera y adentro. En sintonía con él, dejamos que el año viejo sea del pasado, así como fue, y dejamos llegar el año nuevo con todo lo que aporta, sin lamentar nada retrospectivamente y sin preocuparnos a priori.

Cada año que pasa, tomamos consciencia de que nosotros y el mundo continuamos, unidos a un movimiento eterno al que nos abandonamos y en el que podemos confiar.

¿Somos de alguna importancia para ese movimiento eterno? Aparentemente, sí. De lo contrario, no nos veríamos abarcados por él. ¿Podemos caer fuera de ese movimiento? Aparentemente no. Porque es un movimiento cósmico, nada puede ser separado ni excluido de él. Al contrario. Cósmico quiere decir que todo está con todo ligado, sobre todo con aquella fuerza que actúa detrás de todo, que todo lo mueve así como quiere que se mueva.

Cada año, a fin de año, nosotros también marcamos más adelante nuestras vías, en lo grande y en lo pequeño. ¿Cómo? Con optimismo.