Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Sabiduría en el camino

El conocimiento

  • Lo que he discernido, ahora lo conozco
  • Y me siento familiarizado con ello.
  • Quedará conmigo, ya no lo puedo perder. De mí, forma parte.
  • El conocimiento difiere de la comprensión:
  • El conocimiento se puede adquirir,
  • La comprensión es regalada.
  • Adquirimos el conocimiento y el discernimiento
  • A través de la experiencia y de las lecturas,
  • Pero sobretodo por nuestros logros y nuestras fallas
  • A la hora de experimentar.
  • El conocimiento es abundante, la comprensión es profunda.
  • El conocimiento tiene que ver con el saber,
  • Y se da bien con el actuar.
  • En ese aspecto, el conocimiento está relacionado
  • Con la comprensión. No obstante, el actuar desde la comprensión
  • Se distingue del actuar desde el conocimiento.
  • Actuar desde la comprensión nos permite crecer.
  • Actuar desde el conocimiento nos lleva
  • Más que todo hacia un éxito exterior.
  • Sin embargo, el uno y la otra no se excluyen, al contrario.
  • Quizás sean gemelas.

Mística natural

Conferencia del 05.09.2008 en Hamburgo

Me alegro poder estar aquí y compartir con Ustedes experiencias sobre el tema de la mística, una mística definida aquí como mística natural. Muchos relacionan la palabra "mística" con imágenes religiosas y concepciones específicas con respecto a Dios. Por lo tanto, vengo a hablarles de mística natural.

Estamos, para esta conferencia, en la casa Rudolf Steiner. Rudolf Steiner era un místico natural. Es decir: se encontraba sintonizado con un movimiento amplio por el que se dejaba guiar y del que le venían comprensiones que alcanzaban mucho más lejos de lo que se conocía y que hoy día aún actúan. Aunque fuera un místico, sin duda, no hablaba de teosofía y menos de teología, sino de antroposofía: la sabiduría del hombre. Porque en el hombre tal como es, se desvela lo sumo que el ser humano puede experimentar en lo más hondo de él mismo.

El primer Actor

¿Cómo llegué a esta primera imagen de la mística natural? Hace dos años, estuve muy enfermo. En aquellos días, leí un libro sobre Maestro Eckhart, pero no era un libro de misticismo. El autor era un filósofo y, en su obra, demostraba que Maestro Eckhart era esencialmente un filósofo y que sus experiencias místicas estaban relacionadas con comprensiones filosóficas. En la época en que él ejercía de magíster en Paris, se conocieron las primeras traducciones de Aristóteles, hechas por un tal Averroes, de origen árabe, que había escrito un largo comentario en árabe sobre la obra completa de Aristóteles, comentario luego traducido al latín y publicado. Todo esto figuraba en una sola página del libro sobre Maestro Eckart. Todo lo que Aristóteles había dicho estaba ahí, resumido en una página. Me resultó sobrecogedor.

Nos encontramos ahora en plena mística natural y quiero describirles los sucesivos pasos que han llevado desde el movimiento interior hasta la mística natural. Aristóteles observó que todo lo que existe se encuentra dentro de un movimiento. Él concluye que debe de existir una fuerza de la que todo movimiento es generado. Nombraba esta fuerza "el primer actor". ¿Pero que significa esto? ¿Qué mueve este actor? ¿Acaso existe algo antes que él, que él pueda mover? Y sobretodo, ¿cómo surge el movimiento de todo lo que existe? El movimiento es generado por el pensar de un espíritu. Aristóteles lo nombra "noûs". "Noûs" es más que nuestra palabra "espíritu", es a la vez inteligencia y espíritu, las dos cosas unidas.

Esta fuerza espiritual que todo lo mueve, debe ser una fuerza intelectual porque todo lo mueve de un modo inteligente en todos los aspectos y en relación con todo lo demás, de una forma coherente. Aristóteles concluye: este espíritu piensa y lo que piensa, es.

Todo lo que piensa, así como lo piensa y en la medida en que lo piensa, viene a existir, todo. No hay nada, dentro de lo que es y se mueve, que no sea pensado por esa fuerza espiritual.

Aplicación práctica

Bueno, lo que acabo de describir en el plano filosófico, lo aplico en mi trabajo. Por ejemplo, cuando trabajo con alguien que quiere solucionar problemas conmigo, coloco a unos representantes, sin mencionar de qué se trata. De repente, están cogidos por un movimiento irresistible. Cuando varios representantes se reúnen, las partes que estaban separadas encuentran cómo juntarse. Esto se da gracias a un movimiento del espíritu que anula la diferenciación entre bien y mal, entre pertenecer y no pertenecer, entre elegido y maldito.

Consecuencias

¿Qué nos dice eso? Nos dice, pues: todo está bien. Así como está, es como está pensado y deseado, sin diferencias. ¿Aun me pueden seguir? Esta fuerza espiritual se alza por encima, muy por encima de lo que intentamos captar con nuestras imágenes de Dios. Ella es la verdadera y auténtica fuerza creadora. Para ella no hay bien ni mal, correcto ni errado, no hay perpetrador ni víctima, no existe ninguna de las categorías en las que partimos nuestro mundo. Cuando nos movemos con ese movimiento, sintonizando con ello, se derrumban todas estas diferenciaciones. El entrar en este movimiento es un fenómeno natural, un proceso de conocimiento en el que esta certeza se toma en serio, en todos sus aspectos.

¿Qué es lo que entonces se acaba, cuando lo tomamos en serio? Toda religión, toda moral deja de ser. ¿Entienden ahora la magnitud de la mística natural y la manera como lo pone todo cabeza abajo?

El paraíso

Yo fui teólogo y en cierta forma lo sigo siendo, así como familiarizado con la Biblia. Ahora la miro con otros ojos. Puedo observar en filigrana a través de las imágenes que en ella se hilvanan y los procesos particulares que están descritos, porque no le tengo miedo a Dios. El Dios que asusta a muchos en realidad es un ídolo. Es uno entre muchos, de lo contrario no podría ser celoso. Es sólo el Dios de un grupo, no es un Dios para todos. De lo contrario, no podría haber algunos elegidos y otros descartados. Aquel Dios es la réplica de nuestra imagen interior del bien y del mal, hecho a nuestra imagen.

He vuelto a leer la historia del paraíso. He comprendido algo. Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento, influenciados por la serpiente y como consecuencia fueron arrojados del paraíso. Se dice de qué conocimiento se trataba. Era el conocimiento del bien y del mal. ¿Acaso se trata de un conocimiento? Si lo comparan con lo que he dicho antes, ¿se puede concluir que esto es un conocimiento? ¿O más bien, es una apostasía del movimiento del espíritu, en que decidimos de repente quién es bueno y quién es malo? Y como última consecuencia, decidimos quién tiene derecho a vivir y quién no. El conocimiento, supuesto conocimiento del bien y del mal, es el comienzo de todos los crímenes. Y empezó muy pronto con Caín y Abel. Caín mató a su hermano Abel. ¿Por qué? Porque dijo: Dios prefiere a mi hermano. En realidad, él proyectó sobre Dios su propia discriminación entre bien y mal y mató a su hermano. ¿A quién mató en realidad? A Dios, claro, ¿a quién más?

Talvez me he aventurado demasiado lejos ahora. No tengo derecho a decirlo todo. Todas la guerras, todos los conflictos graves, surgen porque unos dicen: Somos buenos y vosotros no. O, aún más precisamente: nuestro Dios es el verdadero y el vuestro es falso.

Toda ese exterminio ocurre en nombre del bien contra el mal. Sólo tenemos que mirar lo que acontece hoy en día. No quiero ni mencionar nombres. Lo saben mejor que yo.

Ahora bien, entrar en el movimiento del espíritu, ir más allá de la diferencia entre bien y mal, avanzar con la misma entrega a todo tal como es, eso es un movimiento de paz, el verdadero movimiento de paz. Y es el verdadero movimiento de amor sin discriminación. . Eso es también la mística natural, libre de las imágenes reductoras que tenemos. Incluso, libre de las imágenes reductoras de Dios que tenemos. ¿Qué nos ocurre cuando nos dejamos apoderar por ese movimiento? El supuesto conocimiento del bien y del mal desaparece, con todas sus consecuencias. ¿Y entonces? Entramos de nuevo en el paraíso, donde Dios deambula entre la gente. Eso era el paraíso: Dios deambulando entre la gente, como uno de ellos.

La diferenciación entre bien y mal se radica en nuestra consciencia. ¿Quién hace la diferencia entre bien y mal? Pues, nuestra buena consciencia. Sólo la buena consciencia decide entre quien merece pertenecer y quien no.

Los movimientos de la consciencia, que se nos manifiestan al sentir culpa o inocencia, tienen una validez reducida. Nos hacen conocer, en cada momento, lo que tenemos o lo que podemos hacer para seguir en la pertenencia a nuestra familia. La inocencia no es más que el sentimiento de seguridad al saber que tengo permiso para formar parte de ella. El que discrepa de ella, en cambio, siente mala consciencia, la cual no es más que el miedo de haber perdido ese derecho de pertenencia. En otras palabras, la consciencia nos ata a nuestra familia y nos separa de todas las otras. Lo que separa, en realidad, es la buena consciencia. Aquel que goza de una buena consciencia, rechaza a los demás. De lo contrario, no podría tener buena consciencia. Aquel que tiene mucha moral, desea algo malo al otro.

Todo moralista decide sobre la vida y la muerte. Al condenar moralmente a alguien, en verdad dice: Puedes vivir, o no puedes vivir. Y hasta más: tú iras al paraíso y tú iras al infierno. Allí se llega. ¿Dónde está entonces el amor? ¿Dónde está la felicidad? ¿Dónde está la paz y la alegría? Todo está sacrificado.

La justicia

Ahora bien, no estoy seguro de poder seguir hablando. Ya he dicho demasiado. Os cuento un corto ejemplo que os dejará asombrados. Hace un tiempo, estuve en Canadá con los indios. Se organizó un curso con ellos. Un jefe indio me contó que, en su idioma, no existe la palabra justicia. ¿Os podéis imaginar eso? No hay palabra para la justicia. Le pregunté entonces: ¿Qué pasa cuando alguien comete un crimen? Y me contesta: "La persona es adoptada por la familia de la víctima".

Claro, y nosotros pensamos en ser justos. Afirmamos que queremos ser justos y, más que todo, nuestro Dios ha de ser justo. Vuelvo a mencionar el primer actor. ¿Cómo puede ser justo, él? Si todo se genera a través de él, ¿cuál es el sentido de que sea justo? Cuando exigimos de Dios que sea justo, ¿aún es Dios? Si tiene que ponerse al servicio de la justicia, así como nos lo imaginamos, entonces el verdadero Dios es la justicia y el otro Dios está a su servicio. ¿Y qué significa la justicia: te mato. Eso es justicia.

No nos debemos engañar. Cuando alguien lucha por una justicia en contra de otro, ¿qué pasa en su corazón? ¿Qué desea? La muerte del otro. No tengo dudas. Yo sé que es así y me he vuelto muy prudente. Todos los que piden justicia, desean la muerte de otros. Cuando apelan a la justicia de Dios, ¿qué debería hacer él? Debería matar a alguien. Y más, debería dejarle asarse en el infierno para la eternidad. Sí, sí, exactamente eso. ¿Qué hacen pues, los bienaventurados en el cielo? Tienen su mirada puesta en el infierno, todo el tiempo. No pueden de otra forma. ¿Y eso es la felicidad en el cielo? Prefiero irme de vuelta al paraíso, a donde la diferencia entre bien y mal se acaba, en otro plano.

La percepción

La consciencia que nos vincula a un grupo decide lo que podemos hacer y lo que no. Decide lo que podemos percibir y lo que no. Por eso, todos los que, dentro de un grupo, están presos para bien o para mal, están ciegos. Temen percibir algo distinto de lo que les autoriza el grupo.

¿Cuál es su miedo? Miedo a ser repudiado, ni más ni menos. Por miedo a Dios, los creyentes se aferran a todas esas imágenes de Dios, más absurdas si cabe. Aquel que se queda atrapado en ese miedo, rechaza siempre a otros, en nombre de Dios.

El ghetto

¿Cuál es la mayor desgracia de Occidente? Pues, nadie antes que yo ha entendido la dinámica de la consciencia. Todos estaban en el ghetto de la consciencia, toda la cristiandad, todos los filósofos, presos por la consciencia. Hasta el punto de definir la consciencia como la voz de Dios en el alma, a seguir a todo precio. Pero todos los que se combaten en guerras lo hacen con una buena consciencia, sólo que distintas buenas consciencias se confrontan. Lo he desenmascarado. Eso es lo que abre camino para un movimiento interior del amor que supera todas las diferencias.

Las víctimas

He aquí un ejemplo, muy sencillo. Me encontraba una vez en Israel. Existe ahí una excavación de una época anterior a la colonización de Canaán por las tribus judías. Había ahí un gran altar cuadrado, destinado a los sacrificios de niños. Aparentemente era la costumbre, en aquellos tiempos, el sacrificar el primer hijo a Dios para que luego las bendiciones divinas fluyeran sobre los padres. Más tarde hubo en Jerusalén un templo local, el templo de Moloch, donde los nobles de Israel peregrinaban desde la región de Judea para ofrecer su primogénito en sacrificio. El ídolo era un horno. Se calentaba y luego se echaban a los niños dentro mientras los padres cantaban tan fuerte que no oían más los gritos infantiles. Los profetas se han opuesto a esas prácticas. También existe la historia de Abraham, que tuvo que sacrificar a su hijo Isaac. Esa era la idea acerca de lo que a Dios le complacía. Ulteriormente, la historia fue modificada pero hoy día, cuando los niños la escuchan, sienten la misma angustia de ser matados.

La madre

¿Dónde se manifiesta lo mejor ese espíritu eterno y creador? ¿Cuál es la manifestación más grandiosa de Dios? La madre.

¿Soportamos ver en ella este espíritu creador a la obra, presente en cada detalle que nos trae la vida? Existe en la Biblia un rezo de Jesús que dice: "Padre nuestro que estás en el cielo". Hasta ahora no he visto nunca un padre sin una madre. El padre existe, a condición de que haya una madre. ¿Dónde está la madre, pues? Cuando digo: "Padre nuestro, aquí estás junto con mi madre. Me inclino profundamente ante el misterio de la vida". ¿Observáis la diferencia? Eso también es mística natural.

¿Pero qué hacemos luego? Estoy relacionado con mucha gente y les oigo hablar de su madre. Me causa siempre un estremecimiento al oírles. Muchos tienen tres o cuatro imágenes interiores de su madre, que provocan sentimientos particulares. La mayoría de las veces son sentimientos de abandono. ¿Podéis sentirlo en vosotros?

Siempre que pueda, me doy el placer de mirar a las madres. Por aquí andaba una, con un crío en brazos. Me alegro mucho al ver eso. Lo miro con devoción, con honda devoción. ¡Si me imagino de lo que mi madre, o cada madre, se ha hecho cargo, empezando con el embarazo, el miedo a algún problema o al parto que, para ciertas mujeres, puede ser peligroso! Luego, nos ha cogido en su seno y nos ha nutrido, a disposición día y noche, siempre presente para nosotros durante muchos años. ¿Y qué conservamos en el recuerdo? ¡Tres o cuatro imágenes! Y entonces, nos otorgamos el derecho de condenarla, por tres o cuatro imágenes. Esas imágenes representan, a lo sumo, un uno por ciento de la plenitud de la madre. ¿Y nos orientamos luego según ellas?

Meditación

Cerrad los ojos, haré con vosotros una meditación. Miramos a nuestra madre, tal y como es, exactamente tal y como es. Así como es, ha sido concebida por ese espíritu eterno. Así mismo. Fue escogida para nosotros por esa fuerza creadora, para ser nuestra madre. ¿Cómo puede alguien decir "MI madre", como si la poseyera, como si tuviera algún derecho sobre ella, como si tuviera exigencias, cuando ella es un puro regalo, una manifestación viva de lo divino?

La tomo ahora en mi corazón, en mi alma, y en lo más profundo de ella me encuentro con Dios.

Y permanezco ante ella con devoción. Sólo aquel que toma a su madre de esta forma, toma también la vida propia., y su felicidad.

Bueno, así es de simple la mística natural, y tan profunda.

Preguntas en la conferencia de Hamburgo

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre movimiento del alma y movimiento del espíritu?

Hellinger: he observado en mi trabajo cómo las personas son movidas por un movimiento. Existen movimientos que nacen de la consciencia, del campo de una familia. Esos movimientos están muy a menudo vinculados con la culpa e incluso con la necesidad de expiación. Culpa y expiación son ambas movimientos de la consciencia. Para el movimiento creador, no tienen mayor significado.

Aquel que se siente culpable, se ve importante. Piensa estar al mando de su destino. Piensa que, al actuar de otra forma, eso tiene influencia en los eventos. Luego, busca deshacerse de la culpa pero ignora por completo que la culpa es un movimiento de la consciencia. De ese movimiento surge en muchos una frase interior: "Yo en tu lugar". Lo que quiere decir en realidad:"Yo me muero en tu lugar". Cuando una madre se siente culpable por un aborto y es atraída hacia aquel hijo muerto, como si la moviera un deseo de expiar, otro hijo dice:"Yo en tu lugar". Esto es un movimiento importante, que lleva a problemas como enfermedades, accidentes y demás. Si uno se mantiene en este movimiento y es evidente que la psicoterapia y hasta las constelaciones quedan considerablemente en ello, no hay solución. Al final, sólo habrá muertos.

En cambio, alzándose a otro nivel, más allá de la culpa y de la expiación, reconociendo en todo el movimiento del espíritu y sometiéndose a ello, luego dejándose llevar por ese gran amor, eso es un paso en el espíritu. ¿He contestado tu pregunta?

La mujer vacila.

Hellinger: Claro, estos movimientos exigen un extraordinario esfuerzo. No te lo dan gratis. Y se dan sin provecho.

Meditación: más o menos

Existen dos movimientos fundamentales en al alma. El uno va hacia más, el otro hacia menos. Tu movimiento va hacia menos. ¿Qué significa "más"? Más es siempre más vida. ¿Qué significa "menos"? Menos es siempre menos vida.

Hagamos juntos une pequeña meditación. Explorad en vuestro interior lo siguiente: ¿a dónde se dirige el movimiento de base? ¿Hacia más o menos? Cambiemos el movimiento hacia más, más, más. Sintamos su efecto: sobre la fuerza, sobre la alegría, sobre el amor.

Ahora os diré algo respecto a mi conferencia. La mística natural significa: más, más, más. Muchos caminos espirituales significan: menos, menos, menos.

Pregunta: Tengo una pregunta personal. Encuentro difícil acoger completamente en mi corazón la culpa que siento en mí. Hay como una división.

Hellinger: Voy a intentar dar una respuesta y espero que se ajusta a tu pregunta. Si no es el caso, puedes volver a formular la pregunta.

¿Qué hace alguien que siente culpa? Pues, provoca algo, sea a si mismo, sea a otra persona. El sentimiento básico detrás del sentimiento de culpa es siempre el odio. Nada se opone más al amor que el sentimiento de culpa. Cuando soltamos ese sentimiento, nos volvemos pequeños. Me siento entonces mejor, pero no hay alegría. A menudo he buscado menguar el sentimiento de culpa actuando más, para sentirme mejor. Te entiendo perfectamente. La culpa tiene efectos diversos. Uno de ellos es que me hago algo o le hago algo a otro.

Un segundo efecto es: cuando asiento a mi culpa como siendo inevitable y no busco anularla de ninguna manera, entonces tengo fuerza, una fuerza que me permite hacer algo bueno. Los inocentes tienen poca fuerza, los culpables, mucha. Esto demostraría que lo que nos lleva a sentir culpa es un movimiento divino, con la condición de que entremos en ello y lo llevemos más lejos. Entonces, te puedes alegrar.

El hombre se ríe y el grupo con él.

Hellinger: ¿Lo ves ahora? Muy bien.

Pregunta: Tengo dos preguntas. La una es ¿a dónde lleva la fuerza que actúa en las constelaciones? La segunda ¿a qué se debe que todo eso quedó tanto tiempo oculto? ¿Por qué nadie se ha percatado de que esto existe?

Hellinger: Me lo he preguntado también. ¿La respuesta? Es mi suerte haberlo descubierto. La otra pregunta: ¿qué son las metas del movimiento? La idea de un objetivo no tiene nada espiritual. Los movimientos del espíritu no pueden tener ningún objetivo porque entonces el objetivo determinaría el movimiento. Ese movimiento es siempre creador y nuevo. Pregunta: Quiero asegurarme una vez más de haberlo entendido bien. En mi sentimiento, estoy plenamente de acuerdo con lo que dices. Pues yo llamaría el movimiento Dios, pero un Dios que no es un ídolo sino Dios ante quien no siento miedo, porque todo está bien en realidad. Donde no estoy segura es lo siguiente. Estoy muy atenta a mi consciencia pero no en el sentido de culpa o moral sino que tengo la perspectiva de que cada cosa tiene dos caras. La consciencia tiene una cara negativa que tiende a inculpar a los otros y una cara positiva que me lleva hacia Dios pero que no juzga, que me guía y me encamina en la buena dirección. ¿Lo puedo decir así? La segunda cara sería un movimiento del espíritu, así como lo describes. La palabra Dios viene muy cargada, es cierto, también porque lo personificamos.

Hellinger: la mayoría de las representaciones acerca de Dios son prolongaciones de los padres. Aquel que no encuentra a sus padres quiere por lo menos encontrar a Dios. Pero el camino es inverso. Aquel que ha encontrado a sus padres, ha encontrado a Dios, en ese sentido.

Hay más para reflexionar. Si Dios existe, si hay un Dios, es limitado. Todo lo que existe es limitado. Todo ser es limitado. Por eso la imagen de que exista es indigna de él. Tengo una imagen muy particular, como siempre. El movimiento más profundo en el alma, así como el movimiento más profundo en la mística natural busca la disolución. Pero las fronteras dentro de nosotros nacen del Yo. No tengo nada en contra del Yo. Sólo con él podemos definirnos. Pero al mismo tiempo el Yo nos separa. Cuando de pronto experimentamos la semejanza con todos, perdemos toda importancia y al final nos disolvemos. Lo infinito no tiene fronteras, tampoco tiene existencia. No la puede tener. El movimiento sin fin va más allá de las imágenes estrechas.

Veo que, por lo que has dicho, estás bien adelantada en el camino.

Os pido aún algo. Habiendo hablado de un tema tan esencial, no se debe añadir nada a lo dicho ni a esta velada.