Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Adicciones

Sobrepeso y fumar

¿Puedes decirnos algo más acerca del sobrepeso?

Claro que lo puedo. Me pregunto si debo hacerlo. Ya he dicho algo al respecto a una persona en este curso.

Una persona come más de la cuenta cuando le hace falta alguien. Porque alguien falta, ella come. Es lo mismo con los fumadores. Al fumador, le falta alguien.

Por cierto, he desarrollado un método estándar para ayudar a los fumadores. ¿Lo queréis oír? Por una parte, es muy fácil y por otra, me pregunto cuántos lo aguantan.

Mi propuesta al fumador es: toma el cigarrillo, inhala una bocanada con placer y di: “Te tomo en mi corazón”. Eso es una intervención estándar para los que fuman. En cualquier caso, está vinculada con el placer.

Es la primera opción. Por otro lado, está la cajita de cigarrillos donde consta: Fumar mata. Cuando el fumador lo ve, coge un cigarrillo, lo mira y dice:” Muerte, te venceré”. Eso es también una opción. Cada vez que coge un cigarrillo, lo mira y dice:”Muerte, te venceré”.

Pero tu pregunta se dirigía a otra cosa.

Es cierto.

En casos de mujeres con sobrepeso, mi observación es: ellas comen a la madre que han rechazado.

La mujer asienta.

Por eso, el hecho de comer tiene aquí un matiz de agresividad. Ahora, te he dado la solución, muy sencilla. Pero te daré otra frase más. Cierra los ojos.

Miras a la madre y dices interiormente:” Tú en primer lugar”.

Después de un rato: ¿Cómo te sientes?

La mujer parece dudar.

Bueno, te sientas en la mesa, coges la cuchara, miras a la madre y dices:” Tú en primer lugar”. Eso es como un pequeño ritual. Es una opción, pero no parece haberte impresionado.

La mujer protesta.

No te ha hecho ningún efecto. Lo digo en serio. Puede ser que esto tenga que ver con otra cosa, algo completamente diferente. Habría que mirarlo con atención. De todos modos, te he dado unas pistas.

Te doy aún una indicación. A la hora de ir a la cama, te desvistes y te miras en el espejo con amor, luego dices:”Todo de mi madre”. ¿Sí?

Gracias.

Al grupo: Ahora le llegó.

La vida

La vida es permanente, aunque no nos parezca así, a nosotros personalmente. Porque lo que vemos es que la vida un día se acaba, para cada ser vivo.

Entonces, ¿de qué manera sigue la vida? Sigue pues, yendo más allá de cada ser existente. La vida permite que todo ser vivo surja de ella, pero ella en cambio no se deja agotar por ellos ni pierde su consistencia cuando estos se mueren.

¿Quién, entonces, vive en realidad la vida, en qué participan los que la viven? La vida es la creación más extraordinaria de un espíritu increado y pensante que, en un despliegue infinito de variaciones libera la vida de sí mismo y la mantiene en existencia de manera creativa.

¿Qué ocurre con los seres vivos, a la hora de su muerte? ¿Termina ahí su existencia o, de alguna manera, sigue más lejos? ¿Acaso se encuentran abarcados por ese movimiento de creación, en un más allá? ¿O tal vez, lo van acompañando simplemente, en otras formas, aún con él en ese movimiento? ¿Cuál es la diferencia que se instala entre ellos y los que aún están aquí como nuestros interlocutores? Porque en verdad, estos están aquí gracias a que aquellos estuvieron una vez aquí, aquellos que todavía están presentes en los que ahora viven.

¿Qué pasa con nosotros, cuando fallecemos? ¿Fallecemos o simplemente seguimos vivos en otro ámbito y de otra manera? Contemplado desde el cuerpo, ya es obvio pero ¿qué ocurre con nuestro espíritu después de la muerte? ¿Qué ocurre con nuestra consciencia? ¿Existe aquí también una transformación del individuo hacia lo más extenso? ¿Qué es lo que se transforma, en el espíritu y en la consciencia? Tal vez el espíritu empezó pequeño y fue creciendo, fue desarrollándose hasta alcanzar una meta en la que se detiene. Se detiene en tanto que nuestro cuerpo pero subsiste después diferente, recogido por algo que ya estaba antes que él y más allá de él, desde siempre. Algo que se hace cargo de reabsorber el espíritu, abrazándolo en su movimiento. Quizá es eso el proceso de transformación, que también afecta nuestro cuerpo al morir.

  • O Vida, Vida, hermosa temporada
  • Por luchas y paradojas enriquecida;
  • Como senda sinuosa,
  • A menudo ardua y dolorosa,
  • Y repentinamente, las alas desplegadas
  • Hasta más no poder, a un ángel parecida.
  • O misteriosa, o nuestra Vida.

Aún hay algo para pensar. ¿Con qué otra discriminación está relacionada nuestra diferenciación entre vida y muerte? ¿Desaparece acaso aquella diferencia cuando la nuestra se esfuma?

Nuestro proceso interior frente a la distinción entre vida y muerte es idéntico al que existe en nosotros tratándose del bien y del mal. Pues, en nuestra representación de ello, el bien tiene un derecho a vivir y a quedar. En cambio, el mal debe desaparecer y morir. Al hacer una diferencia entre bien y mal, interferimos en el gran movimiento de la vida. Queremos que se borre algo que es parte de ella. Y por lo tanto, con esa actitud nos ubicamos ya en la muerte y morimos, aunque estemos aún en vida.

¿Qué ocurre en nuestras vidas, si renunciamos a esas diferencias? Pues, ella sigue su curso, en su plenitud y en sus transformaciones, y con toda creatividad.