Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Encontrar la paz

El apego de los muertos a los vivos

Participante: He vivido anteriormente en un barrio donde con bastante frecuencia se han dado suicidios. Mi suegra se volvió muy depresiva en su casa de aquel barrio. Después de su muerte, nos mudamos ahí. Una de mis hijas se volvió depresiva, la otra está inestable. Hace dos meses nos hemos ido de ahí porque tenía el sentimiento de que algo estaba mal en aquel lugar.

Hellinger: Conozco un bonito valle en los Alpes. Tenemos un buen conocido allí. Él trabaja de quesero en una granja. Un lugar hermoso. En la mayoría de las casas de aquel valle, ha habido un suicidio y siempre de la misma manera. Se cuelgan. Conozco otro valle en Tirol del Sur donde es parecido. En prácticamente cada hogar hay un suicidado. Lo he constelado una vez.

Me alejo ahora un tanto del precipicio. Mi observación a partir de las constelaciones es la siguiente. Cuando alguien muere repentinamente, desprevenido, incluso por suicidio, es a veces porque los muertos atraen a los vivos hacia la muerte. En aquel valle de Tirol lo he constelado.

En el curso se encontraba una mujer de ahí, que corría peligro de matarse. Para ella configuré en un círculo a 15 hombres y mujeres que estaban presentes y que representaron a los que ya se habían matado. Luego coloqué a la mujer dentro del círculo. Miró a cada uno diciéndole: por favor. Después de esto, algunos muertos se retiraron. Ella también dio unos pasos atrás. Pero uno de los muertos la siguió, como queriéndole atraer hacia él. Entonces ella le repitió, con voz fuerte: por favor. Él pudo finalmente retirarse.

Bueno, es importante saber que esto existe.

He observado otra situación análoga. Una madre muerta en el parto a veces se lleva con ella el hijo a la muerte. Hay muchos consteladores que trabajan seriamente con esto. Han observado que muchos de los que han fallecido repentinamente no saben que están muertos. Se comportan como si aún estuvieran aquí. Se apegan a los vivos. Entonces se le dice al representante del muerto en la constelación: Tú estás muerto. Yo aún vivo. Más tarde moriré también.

Participante: ¿Una muerte repentina, puede ser también el caso de un accidente de avión, o sólo se trata de suicidio?

Hellinger: Sí, también puede ser un accidente, por ejemplo.

Haré con vosotros un ejercicio respecto a esto. Cerrad los ojos. Imaginaos que estáis en una situación donde tal vez alguien de la propia familia ha muerto, u otra situación incluso, y percibid el roce de un muerto que se sujeta de vosotros. Tal vez hay varios muertos. Mirad pues más allá de ellos, muy lejos. Aún si ellos se cuelgan de vosotros, miráis a lo lejos, por encima de ellos, hacia el infinito.

Nos mantenemos en esta actitud, impasibles ante lo que los muertos quizá esperan de nosotros. Con miras a este infinito, sentimos entonces cómo el infinito nos atrae, y nos dejamos llevar. De esta manera, los muertos que se sujetan de nosotros son igualmente abarcados en aquel movimiento. Nos siguen en la misma dirección, por el mismo camino. Después de un rato nos retiramos y los dejamos ir solos hacia dónde ahora están atraídos.

Casas y lugares cargados Participante: En momentos de intensivo trabajo interior – como ahora - me vienen imágenes de sucesos de guerra. Mi pregunta es: ¿hasta qué punto ciertas personas y su historia me influencian en la vida, si por ejemplo vivo en los lugares donde estas personas han vivenciado sus historias?

Hellinger: ¿Lo puedes explicar más concretamente?

Participante: Vivo en una urbanización que fue construida en los tiempos de la guerra. Allí residían oficiales del ejército y aquellos que producían municiones en una fábrica. Yo vivo y trabajo allí. ¿Hasta qué punto tiene lo acontecido influencia sobre nosotros los que ahora vivimos y trabajamos allí? Ya que no tenemos éxito con nuestras empresas.

Hellinger: Bien me lo puedo imaginar. He estado en Varsovia, existía allí el famoso gran ghetto. En su lugar se han edificado viviendas. Pensé: ¿Cómo puede alguien ir a vivir a estos pisos? ¡Es impensable! Es cierto, lo que pasó ahí sigue actuando.

Ahora bien. ¿Cómo se las arregla uno ahí donde está? Me puedo imaginar que si vosotros honráis en vuestro interior a aquellos que seguramente fueron explotados en aquel lugar, puede esto tener un buen efecto para vosotros. De ahí a saber si una empresa puede sobrevivir, es otro asunto. No cabe duda que está cargado.

Participante: Me confirma lo que percibo.

Otra participante: ¿Existe la posibilidad de neutralizar el lugar si está “contaminado”? Viven allí muchas más personas a las que probablemente no les va bien.

Hellinger: Esta posibilidad no existe. La ilusión de que se podría remediar a esta situación es realmente una ilusión. No funciona.

Participante: Yo creía que era posible.

Hellinger: ¡Demasiado fácil! Fantasías de niño, fantasías de poder. Hace falta respetar el lugar.

Participante: ¿Incluso cuando es negativo?

Hellinger: Uno debe otorgarle la paz, por así decirlo. Si se dedica el lugar a la agricultura y, por ejemplo, se llevan allí vacas a pastar, esto permite que la zona se regenere. Eso son imágenes de paz. Lo demás es fantasía de poder, no es legítimo. Hay muchas casas que, por lo que aconteció en ellas, son peligrosas de habitar.

Participante: En realidad, en aquel sitio, muchas viviendas deberían ser vaciadas o destinadas a otro propósito.

Hellinger: Uno puede transformarlas destinándolas a un uso benevolente. No necesitamos hablar de esto ahora. Pero se dan casas que no son habitables. Esto se ve por el hecho de que las personas fallecen con frecuencia ahí. Tienes que tomarlo en cuenta. Pensamos a menudo que los muertos se han ido para siempre. En lugares semejantes, aún se encuentran presentes. Lo observamos en lugares de accidentes: un año muere alguien allí y al año siguiente muere otro, en el mismo sitio. El muerto está allí, claro, y tiene un efecto. Lo mismo pasa con las casas, los muertos siguen allí.

Otra participante: Me he criado en el este de la provincia de Hamburgo. Es una zona que fue totalmente destruida en la guerra, por los repetidos bombardeos y donde mucha gente murió. En aquel entonces mi madre también quedó sepultada después de un ataque aéreo. ¿Tiene esto el mismo efecto?

Hellinger: Los acontecimientos de guerra, en sí, no lo tienen en la misma medida, según mi imagen. Se trata más bien de lugares donde ha habido mucha injusticia, como el ghetto de Varsovia. Por eso, no se deberían construir viviendas en aquellos sitios.

Lo mismo vale para el campo de concentración de Dachau. Ese lugar conmemorativo es, para el pueblo de Dachau, una carga, claramente. Una vez, quise imaginarme lo que podría ayudar un tal lugar. No me meto en política. Imaginé que se derrumbaba el monumento conmemorativo, que se hacía una verde colina sobre él y que se plantaba una cruz en su cumbre. Entonces, podría el pasado ser pasado. Seguiría siendo un lugar de recuerdo pero, en cierta forma, estaría sanado. Lo de la guerra no tiene este mismo efecto.

Participante: Bastante pronto, me fui de aquel lugar. No me gusta el ambiente de allí, incluso cuando voy ahora de vez en cuando por la región. Hellinger: Bueno, para ti no parece ser el buen sitio. Las personas sienten estas cosas, y lo debemos tomar en serio. Tenemos una percepción más honda de lo que pensamos, una percepción directa de lo que es apropiado o no. Lo que te corresponde es donde estás ahora. Alégrate.