Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Frases para meditar

Pensamientos acerca del amor

Cuando nos dejamos guiar de un instante hacia el próximo, asintiendo a los demás así como a nuestra situación propia, tal y como es, nos recogemos tanto hacia nuestro interior como hacia afuera: confiados, confortados, llevados por nuestro centro.

¿Qué experimentamos entonces? Ahí afuera algo se transforma por si sólo, espontáneamente, sin que tengamos que intervenir. Si acaso debemos actuar, nuestro acto tiene una fuerza particular. ¿Por qué? Porque llevamos otro amor adentro.

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Al estar dispuestos para recibir, nos preparamos para dar. Como recibidores nos volvemos amables y amados. Sólo como recibidores estamos aquí bien presentes, amorosamente presentes. Sólo como recibidores amamos y somos amados. ¿Por quién, más que todo? Por los de los cuales aceptamos recibir todo.

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¿Cuanto tiempo de nuestra vida vivimos ahí donde no vivimos y cuanto tiempo amamos ahí donde no amamos? ¿Cuándo pues estamos realmente aquí, presentes con amor? Sólo en el presente.

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¿Cómo protegernos de las preocupaciones que otros tienen acerca de la religión y de nuestra santidad o falta de santidad? Pues, queriéndoles a pesar de sus preocupaciones y del hecho que nos las comunican. Los queremos independientemente de ellas y gracias a este amor nos libramos de ellas.

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Estando en armonía con el espíritu, nos damos cuenta que él actúa de muchas maneras. Reconocemos y asentimos a que la vida tiene mucho en reserva, puesto a nuestra disposición y brindado. Al reconocerlo en nuestra vida y en la de otros, se nos facilita el pasaje por vicisitudes serias. **************

El amor es tolerante. No vuelve a considerar lo que otro nos ha hecho. En este sentido, la tolerancia se vive como bienhechora, más que todo porque no formula ninguna reivindicación. Lo acontecido tiene permiso para pertenecer al pasado, para siempre al pasado.

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El amor del espíritu, el amor espiritual alcanza desde un punto central hasta el límite extremo y gracias a esto es recogido y amplio a la vez. Este movimiento hacia la distancia tiene un sabor a ligereza, como cuando estiramos los brazos para inspirar más hondo. En esta amplitud nos sentimos particularmente atentos, con liviandad y alegría, dedicados a todo y a todos tal como son, igual que un sol de primavera. Brilla, sin acercarse demasiado a nadie.

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Nuestro corazón busca el espíritu. En cuanto late al unísono con él, nuestro corazón encuentra su centro y su ser. Con la unión del espíritu y del corazón en nuestro interior, encontramos la paz y la fuerza para el amor grande, que todo lo ama y lo sostiene, tal como es. Es el amor del corazón y del espíritu en uno.

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En el estado de amor nos quedamos abajo, ahí donde todos son iguales. Sólo abajo y con todas las demás personas. Amor quiere decir abajo. Abajo quiere decir con todos, en el amor, iguales ante Dios, amados por él de igual manera y junto con él, amando a todos los otros.

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Estamos en busca de la verdad que mejor sirve la vida y la felicidad: nuestra vida y nuestra felicidad así como las de un máximo de personas. Cuanto más cerca se aproxima una verdad a este propósito, tanto más se revela ser una verdad colectiva, una buena verdad.

¿Cómo encontrar esta verdad y acercarnos a ella? Pues, en sintonía con el movimiento del espíritu, en acuerdo con su movimiento de dedicación a todo tal y como es. Así encontramos aquella verdad que da luz a lo más completo que hay. Esta verdad es amor en movimiento.

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Con lucidez miramos a lo que es pasado, para siempre pasado. Con lucidez vemos lo que el futuro contiene y ofrece. Con lucidez reconocemos que estamos vivos, ahora. Con lucidez nos alegramos por nuestra vida. Con lucidez la tomamos tal y como es.

Con lucidez miramos a los otros tal como son y los amamos tal como son. Pues, lúcido es el amor.

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El amor puro es amor inteligente. Es conocimiento. ¿Cómo accedemos a este conocimiento y amor? ¿Qué reúne este conocer con el amor? El asombro.

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Nos recogemos frente a algo, a cierta distancia. Con esta reserva nos mantenemos puros. Y permitimos que lo que tenemos delante se mantenga virgen de nosotros. Así, estamos ambos unidos de una manera despejada, de una manera espiritual.

¿Estamos solos entonces? Al contrario, gracias a la distancia, nuestra unión es profunda, con todo, aunque en un plan del espíritu.

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Todo lo que existe nos frena. Ya por existir y ocupar un lugar al lado nuestro. Esto nos exige. Y lo necesitamos. Frenados por lo que existe, tomamos nuevamente consciencia de ello cuando lo perdemos de vista y no queremos verlo.

Frenados, llegamos a acercarnos a otros en el amor- hasta llegar a Dios.

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Sin errores quedamos limitados. Sin errores quedamos pobres. Sin errores nos falta el amor que nos acerca al que sí, comete errores. Sin errores, no nos puede amar el otro – ni siquiera Dios.