Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Relato

El retorno

Cada ser humano nace en una familia, un país y una cultura, y desde su más tierna infancia aprende quien debe ser su modelo a seguir, su guía y su maestro, sintiendo un profundo deseo de ser como él.

Entonces, busca la compañía de aquellos que comparten sus valores y, durante largos años, se somete a una continua disciplina para seguir a su modelo hasta volverse, pensar, hablar, sentir y desear como él.

Pero cree que todavía le falta algo. Entonces se va lejos, buscando una última frontera que franquear. Pasa ante viejos jardines, abandonados desde hace mucho tiempo, donde no hay más que rosas silvestres y viejos árboles que continúan dando fruto, año tras año, sin que nadie lo recoja. Tras esto, comienza el desierto.

El hombre se siente envuelto en un vacío desconocido. No hay nada que le indique la dirección a tomar y las imágenes internas que surgen de vez en cuando, parecen sin sentido. Continúa dejándose llevar y cuando ya no se atreve a fiarse de sus sentidos, ve ante él una fuente. El agua brota con fuerza infiltrándose de nuevo rápidamente en la tierra. Pero por donde pasa, el desierto se transforma en paraíso.

Cuando el hombre mira a su alrededor, ve llegar a dos extranjeros que habían hecho como él: siguieron a su modelo hasta que se volvieron exactamente como éste y también fueron a buscar, en la soledad del desierto, una última frontera que franquear. Así habían encontrado la misma fuente.

Una vez juntos, los tres hombres se inclinan hacia la fuente, beben de la misma agua y están casi convencidos de haber llegado a su objetivo. Después se presentan: "Yo me llamo Gautama, el Buda". "Yo me llamo Jesús, el Cristo". "Yo me llamo Mahoma, el profeta".

Al caer la noche, las estrellas, eternas, silenciosas, distantes e inalcanzables comienzan a brillar por encima de ellos. Los tres hombres enmudecen. Uno de ellos está seguro de no haber estado nunca tan cerca de su gran modelo y, durante un instante, le parece intuir lo que su modelo sintió cuando comprendió todo: el sentimiento de impotencia, que todo lo que había hecho era en vano, la humildad. Y como sería si conociera la culpabilidad.

Al día siguiente, el hombre se da la vuelta y logra alejarse del desierto. Una vez más pasa al lado de los jardines abandonados y, por fin, llega a uno que reconoce como suyo. En la entrada, como si le esperara, ve a un anciano de pie que le dice: "Alguien como tú que vuelve después de haber ido tan lejos, debe amar realmente la tierra húmeda porque sabe que todo lo que crece morirá algún día y al morir se convertirá en alimento". "Sí" dice el otro; "estoy de acuerdo con la ley de la tierra".

Y empieza a cultivarla.