Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Meditación

Inclinar la cabeza

En las constelaciones familiares, el hecho de inclinar la cabeza ante algo o ante alguien juega un papel importante porque cambia algo en el alma.

Podemos sentirlo en nosotros mismos, por ejemplo, si nos imaginamos bajando ligeramente la cabeza. ¿Qué movimiento nace entonces en el alma? Surge algo desde lo más profundo, sube hasta la cabeza y de ahí fluye hacia la otra persona. Es un movimiento de respeto, de deferencia y, a través de este movimiento, se crea un lazo con alguien.

En apariencia, el hecho de inclinarnos nos empequeñece. Pero en realidad, hace que nos relacionemos con otra persona al mismo nivel humano.

Por el contrario, una reverencia tiene un efecto completamente distinto. Inclinándome así, me vuelvo pequeño ante la otra persona. Le expreso mi respeto y le digo:"Tú eres grande y yo soy pequeño".

Mediante este gesto, nos abrimos a lo que es grande y a lo que nos ofrece esta persona o concepto espiritual. Una reverencia es apropiada frente a nuestros padres y ancestros. Es apropiada también frente al misterio de la vida. Así, podemos abrir de par en par nuestro corazón para acoger lo que se nos ofrece.

Después, podemos enderezarnos, darnos la vuelta y transmitir lo que hemos recibido. Tras haber sido pequeños al recibir, nos volvemos grandes al dar. Hacer una reverencia es pues un requisito indispensable para poder, a nuestra vez, transmitir algo grande. Lo que transmitimos no nos pertenece sino que nos ha sido dado. Así, formamos parte del flujo vital. ¿Qué significa flujo vital? Recibir (acoger) y transmitir. En esto, todos los seres humanos son iguales.

Después podemos inclinarnos todavía más: cuando nos arrodillamos hasta tocar el suelo con la frente, extendiendo los brazos hacia adelante con las palmas de las manos hacia arriba. Inclinarse así es prolongar el movimiento anterior dándole más fuerza y profundidad. Esto es apropiado si nos sentimos culpables. Es como una intensa súplica: "Por favor, mírame de nuevo".Normalmente esto es apropiado frente a nuestros padres cuando, de alguna manera, hemos sido injustos con ellos, tal como hace el hijo pródigo que se pone de rodillas ante su padre, se inclina profundamente y dice:"No merezco que me llames tu hijo. Por favor, considérame como uno de tus criados".

¿Cuál es el efecto de este profundo gesto de deferencia (honra y respeto) y de este ruego que surge en lo más profundo de nuestro corazón? El padre se inclina hacia el hijo y le atrae hacia él, haciendo que se levante, que se eleve.

Arrodillarse de esta forma sería también el movimiento apropiado de un culpable frente a su víctima. Esto lleva a la reconciliación. Aquí, reconciliación significa: ahora el sufrimiento puede terminar. Este movimiento de reconciliación – según lo que he observado – se lleva a cabo sobre todo en el reino de los muertos, cuando las víctimas muertas y sus perpetradores yacen juntos. Entonces, reina la paz.

Podemos realizar este gesto con mayor profundidad aún, tumbándonos boca abajo y extendiendo los brazos hacia delante. Es la reverencia más humilde. A veces, puede ser apropiada ante alguien con el que hemos sido totalmente injustos y también ante Dios o ante el misterio que nombramos así sin conocerlo.

Ante este misterio también podemos hacer una reverencia abriendo totalmente los brazos. Aquí no se trata de un gesto o una reverencia individual sino de algo más amplio y colectivo que nos hace estar al unísono con otras personas. Si llevamos a cabo este gesto, nos invade la serenidad y nos sentimos integrados en la comunidad humana, e incluso más allá de ella.

¿Qué hacer con nuestro libre albedrío? Asentir a él humildemente.