Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Frases para pensar

La intuición es inmediata,

el pensamiento toma mucho más tiempo.

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Lo que se puede pensar, es falso la mayoría de las veces.

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El concepto es a lo real

lo que la tangente a la esfera:

Puede tocar la esfera,

pero no puede abarcarla...

Pero la palabra "tierra" tiene mucho peso

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El orden es un río que fluye.

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La evolución nos desvía siempre un poco.

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En el mejor de los casos, la teoría muestra la dirección

pero no es ni el camino ni el fin.

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La práctica contraría a la teoría.

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Lo esencial es ligero;

lo auténtico también.

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Comprendemos cuando alcanzamos nuestros límites.

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Todas las decisiones son provisionales.

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El momento es mi límite.

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El camino directo a veces es el más largo...

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A veces, una imagen interior nace sólo de oídas,

y crea un orden basado en la imaginación.

La observación se reemplaza entonces por lo que se oye, el saber por la fe,

y la verdad por lo arbitrario.

La sabiduría del caminante

¿Amas a Dios?

¿Dónde está Dios para que pueda conocerle de tal forma que pueda decirle: "Te amo"?, ¿puedo decírselo como se lo diría a un ser humano?, ¿no exige de mí un abandono que, frente a un ser humano, no es posible ni está autorizado? O incluso, ¿lo Divino es tan diferente que está prohibido incluso decirle "Te amo"? Esta es una parte de la cuestión.

Por otra parte, la manera en que vivimos la vida – tal como lo hacemos – quiere decir que estamos vinculados a algo Infinito e inimaginable para nosotros, formando un Todo unificado, de la manera más íntima. Si nos abandonamos a este Infinito tal como vive en nosotros: ¿puede existir un amor más íntimo?, ¿sería más íntimo el amor con un ser humano? Ningún amor humano se apodera de nosotros de una manera tan completa, penetrando hasta lo más profundo de nosotros mismos. ¿Podríamos concebir este Infinito que nos llena de vida como separado de nosotros, o nosotros de él? Si tal como vive en mí esta vida le digo "Te amo": ¿no significa que la siento vibrar en mí hasta en la última fibra de mi ser y que me abandono totalmente a ella? En ese momento sí, tengo derecho a decirle: "Te amo".

Puede que sea eso lo que sintamos o tengamos la gracia de sentir como amor por Dios en lo más profundo de nosotros mismos. ¿Amas a Dios? Yo lo amo así.

El Milagro

Los milagros vienen del alma, pues es el alma la que abre el acceso a horizontes insospechados, que superan nuestras experiencias pasadas y los límites que éstas nos han impuesto. Aquí lo predeterminado se disuelve y afloran realidades que al principio quizá nos asusten. Dejamos de mirar y de escuchar y preferimos sentarnos a dar los primeros pasos hacia esa oscuridad y esa luz. La luz nos atrae, la oscuridad nos hace temblar.

Y luego sucede el milagro. Decimos palabras que no hemos pensado, damos pasos que no estaban planificados y emprendemos cosas que antes no nos atrevíamos a considerar. Alrededor de nosotros va cambiando algo que antes nos parecía impenetrable y sin perspectiva. Porque, en ese momento, el alma no sólo nos ha conmovido a nosotros sino también a las personas de nuestro entorno. Cada uno experimenta lo sucedido como un milagro que alcanza a todo y a todos. Un ejemplo de esto es la caída del muro de Berlín: después, todo se transformó.

Tomar consciencia de la relación oculta que existe entre las cosas también puede vivirse como un milagro. A menudo, esta toma de consciencia aparece súbitamente tras haber luchado en vano por ella. La percibimos como un regalo que recibimos de una fuerza que viene de lejos y nos auxilia. Pero esa fuerza no nos es desconocida; nos sabemos unidos a ella. Es más, nos sentimos dentro de ella como si le perteneciésemos y ella nos perteneciera, como si nos envolviera y guiara, serena y pacientemente. Nuestra alma conecta con esa fuerza. La sentimos como un alma grande y amplia que contiene en si misma lo que percibimos como nuestra alma y la preserva cuidadosamente.

De esa gran Alma proviene lo que percibimos como extraordinario, todos esos pequeños y grandes milagros. Y el hecho de conocer a personas que nos han permitido superarnos también forma parte de esos milagros. Con frecuencia, salvarse de un peligro o de una situación sin salida y curarse de una enfermedad grave, se vive como un milagro. Solemos decir entonces que "nos ha protegido el Ángel de la Guarda". Al decir esto, estamos expresando en realidad que algo exterior ha intervenido prestándonos ayuda.

Pero a veces se nos olvida darle las gracias a esa fuerza. Así perdemos contacto con ella y quizá decimos: "Hemos tenido suerte". O nos sentimos privilegiados por el destino y nos volvemos arrogantes enalteciendo nuestro ego en lugar de reconocer que aquí han operado fuerzas más benévolas. Al hacer esto, nos alejamos de nuestra alma, perdiendo el acceso y la confianza en ella.

Si estamos en sintonía con lo que nos guía en lo más íntimo de nosotros, podemos vivir cada día esos milagros del alma. Y ellos hacen que nuestra vida sea maravillosa, colmada y rica.

Relato

El retorno

Cada ser humano nace en una familia, un país y una cultura, y desde su más tierna infancia aprende quien debe ser su modelo a seguir, su guía y su maestro, sintiendo un profundo deseo de ser como él.

Entonces, busca la compañía de aquellos que comparten sus valores y, durante largos años, se somete a una continua disciplina para seguir a su modelo hasta volverse, pensar, hablar, sentir y desear como él.

Pero cree que todavía le falta algo. Entonces se va lejos, buscando una última frontera que franquear. Pasa ante viejos jardines, abandonados desde hace mucho tiempo, donde no hay más que rosas silvestres y viejos árboles que continúan dando fruto, año tras año, sin que nadie lo recoja. Tras esto, comienza el desierto.

El hombre se siente envuelto en un vacío desconocido. No hay nada que le indique la dirección a tomar y las imágenes internas que surgen de vez en cuando, parecen sin sentido. Continúa dejándose llevar y cuando ya no se atreve a fiarse de sus sentidos, ve ante él una fuente. El agua brota con fuerza infiltrándose de nuevo rápidamente en la tierra. Pero por donde pasa, el desierto se transforma en paraíso.

Cuando el hombre mira a su alrededor, ve llegar a dos extranjeros que habían hecho como él: siguieron a su modelo hasta que se volvieron exactamente como éste y también fueron a buscar, en la soledad del desierto, una última frontera que franquear. Así habían encontrado la misma fuente.

Una vez juntos, los tres hombres se inclinan hacia la fuente, beben de la misma agua y están casi convencidos de haber llegado a su objetivo. Después se presentan: "Yo me llamo Gautama, el Buda". "Yo me llamo Jesús, el Cristo". "Yo me llamo Mahoma, el profeta".

Al caer la noche, las estrellas, eternas, silenciosas, distantes e inalcanzables comienzan a brillar por encima de ellos. Los tres hombres enmudecen. Uno de ellos está seguro de no haber estado nunca tan cerca de su gran modelo y, durante un instante, le parece intuir lo que su modelo sintió cuando comprendió todo: el sentimiento de impotencia, que todo lo que había hecho era en vano, la humildad. Y como sería si conociera la culpabilidad.

Al día siguiente, el hombre se da la vuelta y logra alejarse del desierto. Una vez más pasa al lado de los jardines abandonados y, por fin, llega a uno que reconoce como suyo. En la entrada, como si le esperara, ve a un anciano de pie que le dice: "Alguien como tú que vuelve después de haber ido tan lejos, debe amar realmente la tierra húmeda porque sabe que todo lo que crece morirá algún día y al morir se convertirá en alimento". "Sí" dice el otro; "estoy de acuerdo con la ley de la tierra".

Y empieza a cultivarla.

La ayuda frente a las dificultades de la vida

Ejemplo: el miedo a volverse loco

Hellingera un hombre: ¿De qué se trata?

Hombre: últimamente tengo cada vez más miedo de desvariar o volverme loco. A menudo entro en un estado muy especial que no tiene nada que ver con mi vida cotidiana. Las personas que me rodean ya me han dicho que en esos momentos no parezco yo.

Hellinger: sí, OK. O sea, que tienes una capacidad particular para entrar en esos estados especiales.

El hombre se ríe.

Hombre: Sí.

Los dos se miran riéndose.

Hellinger: sí, claro, se trata de una capacidad y proviene de una predisposición para ayudar. A veces, puede venir también de un don especial. Una vez conocí a una joven rusa que nos acompañó a visitar San Petersburgo. Hablaba un alemán maravilloso y le pregunté dónde lo había aprendido. Ella respondió: "Un día estaba en un bosque y tuve una visión. A partir de ese momento, comencé a hablar alemán". ¿Ves, hay "estados especiales"?

El hombre se ríe.

Hellinger: muy bien. ¿Qué tendría que hacer yo ahora? Bueno, pongámonos en un "estado especial".

Meditación

Cierra los ojos. Visualiza ahora la última situación en la que tuviste miedo de volverte loco. Y di: "Ayudadme, por favor". Y ahora vas, más allá de ese estado, a otro donde te espera la ayuda que has pedido – Y dejas que esta ayuda te rodee con sus brazos, te abandonas a ella – Luego, vuelves otra vez al estado en el que temías volverte loco. Miras alrededor de ti hasta que veas a alguien. Puede que no sea más que una sombra. Y le dices: "Haría todo por ti" – Después buscas una salida para salir de ese estado. Puede ser una puerta. O un camino. Y dices: "Durante algún tiempo voy a ir a otra parte para curarme. Pero volveré".

Después de cierto tiempo, el hombre abre los ojos y sonríe a Hellinger.

Hellinger: ¿Cómo vas?

Hombre: Mejor.

Hellinger: OK. Te deseo lo mejor.

Hombre: Gracias.

El telón de fondo

Caminar con el alma, caminar con el Espíritu

Cuando tomo distancia para ver el desarrollo y la evolución de las constelaciones familiares, siento que detrás de este movimiento actúa una gran fuerza y que ésta nos toma a su servicio, a mí y a muchos otros. La fuerza que impulsa este movimiento nos arrastra y persiste a pesar de cualquier obstáculo.

Las Constelaciones Familiares

Al principio, las Constelaciones Familiares eran, en el fondo, una forma de psicoterapia y como tal se proponían a las personas que la necesitaban. La mayoría de las veces, estas personas padecían en cuerpo y alma y las Constelaciones Familiares les ayudaban. Los psicoterapeutas le añadían el enfoque que tenían según su formación, utilizándolo como referencia. Todo ello marcó considerablemente las Constelaciones Familiares al principio.

¿Cuál era este enfoque? Se basaba en la idea de que alguien necesitaba ayuda y de que un terapeuta podía proporcionársela. Los terapeutas, formados en determinados métodos, conocieron en un momento dado las Constelaciones Familiares y las utilizaron en psicoterapia en el marco de la terapia familiar porque los que practicaban las Constelaciones Familiares habían sobrepasado ya la terapia individual. Por lo tanto, el terapeuta se inmiscuía directamente ya que se había formado para proceder de manera activa.

Pedía al cliente que eligiera y configurara a los representantes e intervenía según los conceptos anteriores y según lo que había aprendido sobre los órdenes y vínculos en las relaciones, buscando una solución. Primero miraba el problema y después buscaba la solución. Bajo este punto de vista, las Constelaciones Familiares fueron una bendición ya que ayudaron a muchas personas.

Caminar con el alma, seguir los movimientos del alma

Más tarde, se hizo evidente que los representantes eran mucho más importantes de lo que se había pensado en un principio. Se puso de manifiesto que se hallaban directamente en contacto con un campo más amplio. Simplemente por el hecho de abandonarse al movimiento que les impulsaba, sacaban a la luz algo que iba mucho más allá de lo que hubiéramos podido descubrir mediante las constelaciones familiares y determinados órdenes del amor.

De pronto, nos encontramos confrontados a situaciones completamente diferentes y a otros movimientos. Confiamos pues cada vez más en estos movimientos y entramos en contacto con las fuerzas del destino, fuerzas frente a las cuales nuestra manera habitual de “intervenir” no daba resultado.

De repente vimos, por ejemplo, a alguien que se sentía atraído por la muerte de manera irremediable. ¿Qué hacer en ese caso? Aquí la ayuda era limitada; y sólo dejando de intervenir podíamos comenzar a ayudar realmente.

Otra fuerza empezaba a tomar las riendas. Nos abandonamos a esta fuerza y, de pronto, supimos si teníamos o no permiso para hacer algo, si debíamos hacer algo y lo que debíamos hacer incluso si, al principio, nos resultaba extraño.

Seguimos y acompañamos este movimiento y obtuvimos un resultado que no podíamos prever de ninguna manera.

Por lo tanto, lo que había comenzado con las Constelaciones Familiares se transformó en un acompañamiento de los movimientos del alma, en un caminar con el alma. ¿De qué alma? No de la propia, no de la del cliente, no de la del representante, sino de un alma que actúa en todos de la misma manera.

Cuando entramos en sintonía con esta alma, algo imperceptible se vuelve visible, evidente.

Caminar con el Espíritu, seguir el movimiento del Espíritu

Pero en la vida todo fluye, nada se estanca. En un primer momento, había pensado que se trataba quizá de acompañar los movimientos del alma (caminar con el alma). Pero tampoco es esto. De repente, observé que las experiencias hechas con las constelaciones familiares y los movimientos del alma llevaban a una comprensión de un orden totalmente diferente. Y esta toma de consciencia exigía que actuáramos de una manera que supera ampliamente lo que había considerado hasta ahora como bueno y justo.

¿Qué es lo nuevo? Si voy más allá de las constelaciones familiares y de seguir y acompañar los movimientos el alma, lo que ahora sigo y acompaño son los movimientos del espíritu, camino con el espíritu; en vez de observar las sensaciones y lo que percibimos mediante estas sensaciones, ahora el espíritu interviene y exige maneras de proceder completamente diferentes del acompañamiento de los movimientos del alma, del caminar con el alma.

Voy a explicároslo con un ejemplo: alguien se queja de sus padres, o de las dificultades que ha tenido en su infancia. Al principio, sentíamos compasión por este cliente, y pensábamos: “bueno, vamos a ayudarle”. Pero, si me sitúo al nivel del espíritu, no hay nada malo. Si detrás de todo actúa una fuerza creadora, no hay nada que pueda oponerse a ella. Por lo tanto, ahora miro la misma situación y me pongo en sintonía con esta fuerza creadora que no podemos imaginar más que como una fuerza espiritual que se dirige a todo y a todos de la misma manera. Así que me uno a esta fuerza. Esto es seguir y acompañar al espíritu, caminar con el espíritu. Caminando con el espíritu, puedo ver una situación grave de una manera totalmente diferente, y por eso mismo, ayudo al otro a que la mire también de otra manera. Entonces puede, por ejemplo, asentir a las dificultades del pasado, tomarlas como una fuerza. Puede tomar a sus padres tal como son, cualquiera que haya sido su comportamiento y asentir a la vida tal como ha llegado a él a través de sus padres. De repente, mira el pasado con otros ojos y comienza a apreciar todo en su justo valor.

Desde el punto de vista del espíritu, todos los padres son perfectos. El simple hecho de observar nos muestra, sin excepción, que han hecho perfectamente todo lo necesario para ser nuestros padres. Y puesto que han servido a la vida de esta manera, merecen nuestro más profundo respeto.

Esto también es seguir y acompañar los movimientos del espíritu, caminar con el espíritu. De pronto, evoluciono a otro nivel totalmente diferente, a un nivel espiritual, y ese nivel no tiene límites.

Así, está claro que no se trata de curar o de solucionar problemas, se trata de la vida en toda su plenitud.

Algo más sobre el espíritu. El espíritu es ligero. El que camina con el espíritu es ágil. No constituye un peso ni para la tierra ni para los demás. Y es feliz frente a cualquier cosa, tal como es.

La benevolencia que cura

Nuestra benevolencia proviene de lo más recóndito, del fondo de nuestra alma; nace donde ésta se siente acorde con su origen. Este origen es la fuente de toda fuerza creadora y de su aspiración a evolucionar. Esta benevolencia abarca pues a todos los seres y todas las cosas. Es universal. En el momento que queremos excluir algo de nuestra benevolencia, perdemos nuestro vínculo con ella y corremos el riesgo de volvernos presuntuosos y condescendientes.

La benevolencia universal no tiene intención. Mantiene una distancia, como el sol que brilla a lo lejos y al mismo tiempo da calor a todo lo que existe.

¿Dónde podemos experimentar primero esta benevolencia? En nuestro cuerpo.

¿De qué manera podemos ayudar al cuerpo cuando está enfermo o siente dolor? Mostramos todo lo que nos duele a nuestra benevolencia y dejamos que su sol brille sobre todo lo que sufre, hasta que nos sintamos bien de nuevo. Nuestra benevolencia nos acoge y ama tal como somos.