Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Todos los hijos son buenos y los padres también

Buenos Aires, Argentina. Agosto 2007

Bert y Sophie Hellinger

Ayuda para padres con hijos enfermos o difíciles. Extractos

Las Constelaciones familiares espirituales

Bert Hellinger: Buenos días. Ahora estamos bien armonizados y tenemos un lindo tema para estas jornadas, se trata de ayudas para niños. Qué lindo que se acerquen los padres con sus hijos. Y en este trabajo llegamos a dimensiones que muchas veces no tenemos en cuenta, en otras dimensiones del amor. Ya hay una madre con una pequeña hija, entonces vamos a comenzar.

¿Qué ocurre a la niña?

Mujer: Bueno, el padre de Lucía hace casi un año que no la ve. Ella tiene dos años y medio y es la segunda vez que esta ausencia se produce.

Hellinger mira un rato la niña y esta le sonríe.

Hellinger: ¿Y qué efecto tiene esto en la niña?

Mujer: Bueno, un efecto negativo porque ella pregunta mucho por su papá.

Hellinger: Claro. Pregunta por el papá. ¿Y por quién pregunta el papá?

Sophie piensa que la mamá no expresa cuál es el problema de la niña. Y entonces, la pregunta es, ¿Qué debemos hacer si no lo dice? Sea el que sea el problema, la solución se encuentra en otro lugar. Cuando vino la madre para acá con la niña yo tenía una imagen. Alrededor de la niña había muchos ángeles de la guarda y con ellos estoy aliado.

Tengo una frase interna que la madre dice a la niña, “muere en mi lugar”.

Entonces voy a seguir con los ángeles de la guarda. Estoy seguro que los ángeles de la guarda ayudan a la niña y a la madre. Tanto a una como a la otra. Voy a configurar a dos personas. Una representante para la mamá y un representante para el papá de la niña. Colóquense en frente.

Los representantes se miran un buen rato. Hellinger saca una representante y le dice que se tumbe delante del hombre. El hombre poco a poco se desliza al suelo.

Hellinger: Hay una frase que me surge. Dile, “qué bueno que estés muerto”.

La representante de la mujer: Qué bueno que estés muerto.

Hellinger saca a otra representante para la niña. Ésta mira a los representantes tumbados. Da unos pasos hacia el padre, éste se sienta y ambos se miran. Toman las manos de la muerta y se abrazan.

Hellinger se acerca a la representante de la mujer y le dice: Diles, “ahora estoy libre”.

Mujer: Ahora estoy libre.

Hellinger: “También para morir”.

Mujer: También para morir.

Hellinger gira a la mujer de modo que ésta da la espalda a la hija y a su padre.

Hellinger: ¿Vieron esta respiración profunda? Continúa mirando en esta dirección y a alguien dile “yo también voy”.

Mujer: Yo también voy.

Hellinger: Todos los padres también son buenos porque también son hijos. Como hija alguien le dijo: yo también voy. Eso significa, “yo también muero”. Ese es su amor. Va hacia otro lado.

Y se introduce nuevos representantes. La constelación prosigue hasta que los padres y la niña acaban abrazándose.

Bueno, en este trabajo había una bendición. No podíamos haberlo imaginado. Tampoco teníamos información, muy poca solamente. Cuando comenzamos a configurar paso por paso se fue dando un movimiento y al final todos eran buenos. Todos. En un primer plano existen los buenos y los malos y así podía parecer al principio. La madre no está para la niña, está vinculada en otro lugar y entonces en el corazón podemos pensar, “qué madre es esta”. Y se mostró que ella es una niña, una hija y está unida en otro lugar con amor. Sólo cuando sale a la luz dónde está el amor de ella, su amor como hija, podía comenzar un movimiento. Y lo mismo vale, por supuesto, para el padre. Él también está unido, vinculado, atraído hacia un lugar.

Y esta es la nueva forma en la que trabajamos, más allá de la diferenciación: ahí hay un bueno, y ahí hay un malo. Ahí hay un culpable, ahí hay un inocente. Y, como pueden ver, este trabajo va mucho más allá de lo que se piensa sobre constelaciones familiares. Todos nosotros somos guiados desde otro lugar por una fuerza que a todos nos mira por igual con amor.

Imagínense que alguien aprendió las constelaciones familiares y también lo aplicó con éxito para muchos. Cuando se ve confrontado con una situación como la de aquí, si dijera” ahora lo voy a configurar”, ¿qué hubiera sucedido? ¿Hubiera sucedido algo bueno? ¿O quizás algo grave? Cuando pasamos a esas dimensiones, debemos crecer más allá de lo anterior y movernos más allá y nada de lo que fue mostrado o enseñado en las constelaciones familiares está en el mismo plano de esta situación.

Ningún terapeuta ni ayudador que permanece en lo anterior está preparado para esto.

Y esta nueva forma de las constelaciones familiares lo denominamos constelaciones familiares espirituales.

Es decir, que nos movemos con el espíritu. ¿Y eso qué significa? Podemos observar que todo aquello que existe se encuentra en un movimiento. ¿De dónde proviene este movimiento? Solamente puede venir de fuera, de algo más grande. De algo grande, algo espiritual, consciencia. Porque todo aquello que se mueve tiene sentido. Detrás de ello hay un espíritu y queda muy claro. Algo surge y se mueve solamente porque es pensado, pensado por algo infinito, algo espiritual que no comprendemos. Pero como todo lo que existe y se mueve es pensado y movido por el mismo espíritu, todo movimiento que proviene de ese espíritu es un movimiento al que ese espíritu mira bien y nosotros nos sintonizamos con ese movimiento cuando internamente aprendemos y vivenciamos, cuando aprendemos a vibrar con ese movimiento que mira a todos por igual.

Y aquí estuvimos con ese movimiento sin diferenciación alguna, sin valoración. Aún cuando dentro de ese movimiento algo terrible surgía como por ejemplo el deseo “quisiera que te mueras”, pero eso es en un primer plano. Detrás hay otro movimiento, otro movimiento de amor y si nos mantenemos en esa actitud, en ese movimiento de amor algo surge por sí solo. Todos aquí han sido tomados por un movimiento espiritual y ese movimiento unió aquello que antes había estado separado. Entonces sale a la luz: todos los hijos son buenos y sus padres también. Sólo pretendemos descubrir ¿dónde? Y esta es la bendición que cubre este trabajo que podamos llegar ahí y vivenciarlo en nosotros y en aquellos a los que estamos ayudando.

Más tarde.

Hellinger: Tú eres el padre ¿y ella?

Hombre: Ella es mi hija.

Hellinger: ¿Cuántos años tiene?

Hombre: Quince. Y él es mi hijo de trece años.

Hellinger: ¿Dónde está la mamá?

Hombre: Está en casa, en Chile. Nosotros estamos separados. Hicimos un viaje muy rápido, no pudo venir ella.

Hellinger: ¿Hace cuanto que están separados?

Hombre: Cuatro años.

Hellinger: ¿Tienes otros hijos?

Hombre: No.

Hellinger: ¿Tu mujer tiene otros hijos?

Hombre: No.

Hellinger: ¿Y por qué viniste aquí?

Hombre: Porque me llegó mucho lo que vi en Santiago y quise que ellos tuvieran oportunidad de sentir lo mismo o algo similar. Y además debido al taller hice algo importante que fue importante también para ellos. Y eso fue pedir perdón y dar perdón. Así que aquí estamos.

Hellinger: ¿Y qué ocurre con los niños, tienes preocupaciones por ellos?

Hombre: Sí, ellos aparentemente están bien. Pero se les nota que están tensionados por la situación.

Hellinger: ¿Cuál es entonces tu preocupación por tu hija?

Hombre: Mi preocupación por mi hija es que no se preocupe tanto.

Hellinger: ¿La hija se preocupa?

Hombre: Sí, creo que no le corresponde a su edad, que no le corresponde a ella.

Hellinger: ¿Qué ocurre con el niño?

Hombre: Bueno, él lo refleja de otro modo, por ejemplo tiene pelo largo y no hay nada que se lo corte. Bueno, quizá no refleje algo grave pero también la forma de vestir.

Hellinger: Sophie dice que el niño está bien de todas maneras.

Hellinger: Cuando hablamos con alguien es importante reducir la información. Sólo necesitamos lo importante porque sino perdemos la sintonía con un movimiento hacia algo más grande. Lo que se ve aquí es que pasó algo decisivo por lo que el marido se separó de su mujer y la mujer del marido. Y ahora eso lo vamos a mirar. Entonces voy a configurar al hombre y frente a él la mujer. Y entonces veremos qué ocurre, se mostrará un movimiento del espíritu. Entonces lo oculto saldrá a la luz y eso nos encaminará hacia la solución, en primer lugar sobre todo para la hija.

Hellinger ubica el hombre frente a la representante de su mujer. El hombre se acerca a la mujer y al estar a su lado se cae al suelo donde queda boca abajo. Hellinger saca otra representante, ésta se acerca al hombre. Él la mira y se incorpora un poco. Se pone de píe y los tres se están mirando. Hellinger saca otro representante:

Hellinger: Tú eres el secreto.

El hombre le da la espalda al secreto, se pone de rodillas, esconde la cabeza entre las manos y llora. Hellinger saca otra representante para la hija. Y otro más para el hijo. Hellinger pone otro representante para colocarlo en el suelo frente al secreto. El padre está cerca de los hijos. La madre abraza a la hija, el padre se va a los pies de la hija y el hijo se sienta en el suelo al lado del padre. Imagen de configuración: el secreto se queda con el muerto, la madre por un lado abrazando a la hija, el padre por otro lado abrazando al hijo-ambos sentados en el suelo. El padre estira la mano para poder tocar a la hija, pero ésta está de espalda con la madre. Las mujeres giran y miran al padre y al hijo. El padre se incorpora, levanta al hijo y se acercan a las mujeres. El padre intenta juntar la familia en un abrazo, pero el hijo se aleja y abraza sólo al padre.

Hellinger: Todos ahora miren hacia ahí. (Hacia el secreto y la persona tumbada y también la representante de otra mujer.) Y luego miran por encima y más allá a lo lejos e internamente dicen “sí”. Y ahora le miras a ella.

Todos los hijos son buenos y sus padres también.

Cierren los ojos.

Y ahora vamos a un movimiento de amor en nuestra familia para con todos, tal como son y en el movimiento repentinamente reconocemos cómo ama cada uno de una manera especial. Muchas veces muy oculto y secreto. Y repentinamente miramos cómo cada uno es movido por una fuerza más grande, más allá de lo que aparece en primer plano, de manera que nuevamente brilla el sol del amor.