Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Asentir a los movimientos del alma en la constelación como filosofía aplicada

Reflexiones de Martín Gannott
Después del taller de formación avanzada en Hamburgo, 2003

En estos últimos tiempos se ha mostrado repetidamente que el trabajo de constelaciones familiares proporciona sin lugar a duda una penetración en la dinámica de base de un sistema y hace resaltar con mayor claridad soluciones posibles para las problemáticas de los clientes. Alcanza sin embargo un límite cuando se topa con destinos particularmente pesados en la estirpe familiar, que desarrollan sus efectos hasta el día de hoy. En estos casos, se trata lo más frecuentemente de delitos muy graves como por ejemplo un crimen.

El efecto de tales acontecimientos en el alma familiar no puede ser descrito únicamente con lo que conocemos hasta ahora sobre ataduras, equilibrio y orden, ni puede ser aliviado de manera apropiada sólo con aclaraciones sobre la responsabilidad o frases de solución o “devolución (de sentimientos)”.

Sin alterar la validez de las constelaciones familiares, esto llevó a un desarrollo ulterior del trabajo hacia los movimientos del alma. Aquí son de igual importancia los conocimientos referentes a las reglas de sobriedad puesto que la actitud del terapeuta juega un papel aún más significante, siendo resultado de su propio desarrollo.

En el taller de formación avanzada de Hamburgo, Bert Hellinger demostró este desarrollo en progreso así como nuevos conocimientos de las dinámicas. Esto permitió que algunas de las hipótesis se aclararan para los observadores, hipótesis necesarias para lograr el trabajo con los movimientos del alma. Al terapeuta le corresponde respetar los procedimientos propios de la fenomenología, el papel del que ayuda y la importancia de la filosofía para alcanzar la profundidad en el trabajo.

Fenomenología – Observación bien entrenada

Al que trabaja con constelaciones le resulta conocido cuan determinante es una buena observación. En Hamburgo se pudo ver que una percepción ampliada lleva a dar pasos con efectos decisivos en el trabajo con clientes. Nos pudo haber parecido familiar la apariencia de un cliente masculino que, evidentemente, carecía de la bendición del padre.¿Cómo reconocerlo? Lo masculino permanecía oculto en él, sin brillo y sin seriedad. Gracias a preguntas oportunas el cliente mismo pudo encontrar la buena solución.

Más complejo en cambio fue el caso de una mujer americana, que ya en su silla parecía apresada de un modo extraño, deprimida sin estar realmente triste. Se acercó a Bert Hellinger con pasos furtivos, luego quiso regatear en su idioma materno un arreglo por separado, a su manera, todo esto con un ímpetu muy raro.

¿En qué umbrales hacia la realidad de esta clienta se encuentran estas percepciones? Bert no trabajó con ella pero dijo que aquí se trataba de culpa personal. Si hubiéramos entrado en el juego, habríamos constelado de manera clásica a pesar de todas estas señales, siguiendo las reglas del arte y dejándonos guiar por las informaciones del representante: ¿qué posibilidades habría tenido aún la clienta (y el terapeuta) de confrontarse a la verdad? Pero sobre todo, ¿por qué medios se llega a tener esta percepción ampliada?

La fenomenología del trabajo de constelaciones se diferencia fundamentalmente de las otras, como la del psicoanálisis, del “Prozessarbeit” ( trabajo basado en un proceso) o incluso de la PNL.

El trabajo como constelador apoyándose en la fenomenología significa de modo implícito que uno no se limita a la percepción con los sentidos sino que uno percibe a la vez con el alma, “de alma a alma” por así decirlo. En realidad es también un modo de proceder “poético”.

Esto presupone que uno se ha arriesgado a tomar consciencia de su propia alma, empezando por la aceptación de sus propios padres así como el reconocimiento del destino de los ancestros. Con esta actitud de base, puede madurar la percepción hasta superar posibles desengaños y crecer para abrirse a soluciones.

Esto conlleva dos implicaciones distintas. Por una parte es posible que la propia percepción adquiera con el tiempo una mayor amplitud y consistencia, por otra parte este desarrollo puede llevar a que el terapeuta esté en condiciones de reconocer con claridad y en un instante el autoengaño esencial activo en el cliente a través de sus antepasados, dándole entonces el impulso apropiado para que se logre una solución.

¿Cómo se ha visto esto en los días del taller? Para el observador no era difícil darse cuenta que el “discurso” producido por el cliente tenía una importancia mucho menos relevante que antes, en cambio se volvía de prima importancia la comprensión instantánea de lo esencial por el alma que abarca en su visión mucho más que sólo el sistema. En este proceso se destaca el arte en el primer término, el arte de discernir lo esencial para el logro del trabajo y a la vez, alcanzar la armonía con la “energía” de lo que se ha expuesto.

Esto implica por una parte que para el terapeuta este “esencial”, igual que una premonición, se haga perceptible cada vez más temprano, incluso antes de los intercambios en la “ronda”. Por otra parte es imprescindible que el cliente consiga limitarse a pocas frases – aquí eran autorizadas un máximo de tres – para “exponer su caso”.

Se hizo claro que de esta forma el terapeuta, pudiendo permanecer centrado, era capaz de dejar emerger en él una imagen, fruto de su percepción, que lo podía guiar. Durante los movimientos surgieron también frases de soluciones únicas, nacidas de la imagen espontánea y recogida del momento presente, no del diagnóstico ni de los pasos habituales de solución en una constelación.

La fenomenología de los movimientos del alma está desde un principio ligada a la veracidad del alma. La aplicación más profunda de esta veracidad es tal vez el asentimiento con todo corazón al propio destino y al de todos los que pertenecen al alma familiar. Esto nos aleja del peligro de una desilusión y, por lo tanto nos hace posible, con el tiempo, la penetración intuitiva en el alma más grande.

Lo que significa también, a su vez, que mientras se juega algo falso entre terapeuta y cliente, éste no consigue mirar su destino de frente. Con lo cual se impide el éxito en el trabajo, dejando el alma sin fuerzas y retraída. Confrontar la falta de armonía requiere coraje. Y esto desde luego puede causar angustia.

Clientes con angustia y sus impulsos mortíferos.

En el transcurso de la formación se pudo observar unos casos de síndromes angustiosos, gracias a los cuales una reciente observación de Bert se reveló: aquel que con constancia llega a niveles patológicos de angustia está en realidad sintiendo sus propios impulsos violentos, hasta asesinos, que frecuentemente se originan en el sistema. Esto coincide, a nivel fenomenológico, con la agresividad observada en el cliente. Ella intenta imponer al que está enfrente una deferencia hacia el miedo que ella mismo siente y, de cuando en cuando, logra despertar en aquel, cuando existen intrincaciones, impulsos de desamparo agresivo acoplado con un sentimiento de culpa.

Una imagen interior me vino durante estos días: cuando me represento una persona a media distancia y la dejo vibrar con el sonido de la palabra “angustia”, se vuelve visiblemente más pequeña, más espesa en las piernas y con los puños cerrados. De hecho, lo menciono muy brevemente, la palabra alemana se queda a menudo sin poder traducir y resuena de forma muy particular. Nuestro idioma pertenece también a nuestro destino…

Entender de otra manera el papel del que ayuda

El taller inspiró de varias maneras la pregunta siguiente: ¿Qué es un ayudante? Muchas veces, algo muy distinto de un terapeuta. El ayudante considera el cliente como un adulto siempre capaz de gestionar. ¿Cómo es esto? El que ayuda respeta en su cliente a sus padres, su destino y su vocación, sus movimientos así como le guían y tal vez como le maduran. Y él permanece en sus propios movimientos. De esta forma la ayuda se convierte en un encuentro intenso, en ocasiones fructífera entre dos personas iguales.

El que ayuda no se interpone con sus conceptos o su saber, ni siquiera con respeto a las constelaciones. Ahí donde resulta posible, trae a la luz un movimiento del alma, tal vez lo impulsa hacia delante y luego se retira modestamente. Lo hace como un adulto, sin esperanzas ni miedos y sin la intención de sanar, sabiendo que él es pequeño frente a un movimiento mayor. Es muy respetuoso de las fuerzas del alma, evitando que ellas se tornen en contra de él.

La actitud interior que lo apoya es igual que el lema del taller, “la paz comienza en la propia alma”. El ayudante ve la paz con buenos ojos pero no la “quiere”. Por esto está relajado y alegre. Está en armonía con esta fuerza mayor que, al igual que Venus y Marte, guía y alienta tanto la paz como la guerra. Nuestra vehemencia en diferenciar y juzgar no les impide estar relacionados. El ayudante sabe que el alma grande, en sus movimientos lentos de reconciliación, lleva a juntarse los opuestos y lo irreconciliable hasta que se hagan uno, aún si él no lo entiende y si lo quisiera de otra forma. La pequeña paz no se puede comparar con la grande. Ésta es un regalo.

Con respecto al que ayuda, algunos gustan de mencionar “el ayudante”, otros piensan en “el sabio”, otros más en “el compañero”.

Observaciones detalladas sobre lo práctico – Constelación y público

Cuando trabajamos con los movimientos del alma no colocamos a las personas juntas, como en la disposición de una constelación, sino que las colocamos frente a frente. En cierto sentido, se las coloca frente a su destino y frente a lo que les impidió aceptarlo. Más aún que en las constelaciones hasta ahora, se forma un espacio separado y quieto para los movimientos, desprendido de lo profano de la opinión que prevalece en el momento. Una palabra para aquello es “templo”.

Me llama siempre la atención ver que el público presente no molesta para nada el cliente, por lo contrario lo alienta en el recogimiento tan importante para llegar a esta veracidad del alma descrita anteriormente. En una sesión individual puede surgir el engaño con más facilidad. ¿Tal vez frente a un público es como si el alma se mirara y se oyera a si misma? Simultáneamente, la presencia del público actuaría como una forma de cuerpo de resonancia, fortaleciendo lo vivido y haciéndolo llegar a una plenitud en el alma del cliente. Talvez sea eso también un efecto de las aclaraciones ocasionales de Bert que, recordando los coros de las tragedias griegas, están dirigidas de modo patente a un grupo mayor y establecen una “notoriedad del alma”.

Filosofía – No hay ayuda sin percepción de lo que hay.

Finalmente, se oyeron durante el taller numerosas sugestiones para meditar, acerca del papel de la filosofía en la ayuda. Esto confirma que se trata menos de una asignatura académica sino más bien de exponerse de forma directa a la percepción de lo que existe en las constelaciones y en la vida. Esto puede ayudar a considerar los dos con mayor claridad. Así es como constatamos por ejemplo que nuestros conceptos sobre tiempo y espíritu pueden ampliarse cuanto más permitimos que los movimientos del alma actúen en nosotros.

Nuestro pensamiento sigue una estructuración según categorías, por ejemplo los conceptos de causalidad, espacio y tiempo, que están interconectados. El tiempo que transcurre se siente por nosotros vinculado a la observación del movimiento y a la idea de un movimiento de la vida. Los vivos están en el tiempo. Al morirse ellos, podemos sentir en nuestra alma que aún en nosotros viven. Y sentimos también en nuestra alma el momento en que los muertos, llegada su hora, no están más aquí, el momento en que todo acaba. No debemos oponernos a este alejamiento de los muertos. El alma crece y alcanza la paz cuando, al cabo de un tiempo, todo se puede terminar.

¿Y a dónde lleva a los muertos este movimiento mayor?

La respuesta de Bert a esta pregunta fue una cita de Ricardo Wagner: “El eterno olvido primordial”.

“Yo estaba

donde siempre he estado

y donde para siempre estaré:

en el reino lejano de la noche del mundo.

Ahí disponemos de esta única certeza:

el olvido primordial, divino y eterno!”

Ésta es la expresión poética de lo que sólo se puede describir de otra forma con una paradoja como el hundirse en un lugar fuera de cualquier lugar o en un tiempo infinito, antes y después de toda experiencia.

En este olvido primordial todo está suspendido, en su plenitud: olvidado, después de haber sido conocido y consumado, realizado. Nuestra realización ocurre en el momento justo y necesita al tiempo mientras dure. Luego se borra el tiempo y su movimiento, y empieza otro movimiento, y nos volvemos todos iguales frente a la ausencia del tiempo.

Tal vez se encuentre el alma grande al servicio de aquel movimiento.

Significante se vuelve también la reflexión sobre el nivel del espíritu. El espíritu detrás del alma, guiándola e inspirándola, fue descrito por Bert como “una fuerza inagotable de creación”, dándole su orden al alma. Para nosotros es un misterio. Quizás le corresponda lo que fue dicho sobre el olvido primordial. Entonces sería él, en cierto sentido, definible como sin tiempo-de todos los tiempos, atemporal y eterno. Todo lo que alcanza una realidad es ya conocido de antemano por él, y aunque no haya acontecido todavía, ya existe. Esto podría significar que este ámbito del espíritu es común a toda la humanidad de todos los tiempos y tal vez también accesible.

Si fuera así, se nos abrirían nuevos caminos para nuestra comprensión del destino y de la vocación, y afectaría nuestra actitud como ayudante y nuestro trabajo “en el espíritu apropiado”, como se nos dio a ver en Hamburgo. No hay sanación sin el espíritu. El camino que lleva hacia ello implica acompañar plenamente y asentir a los movimientos del alma.