Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Los Fundamentos y Nuevos Caminos en el trabajo de Constelaciones Familiares

Toledo, Diciembre de 2001

El trabajo en constelaciones por una parte es un método. Por otra parte este método se basa en comprensiones importantes. Y la comprensión más importante detrás de las constelaciones familiares es que cualquier terapia únicamente puede tener éxito cuando la persona está en sintonía con sus padres. Dónde se logra ese reconocimiento de los padres, ese tomar la vida de ellos con todo amor, ahí el individuo queda preparado para cualquier cosa que le pueda deparar la vida.

Éste es el orden más importante del amor.

Y donde alguien pretende ayudar a otro a través de las constelaciones familiares, únicamente puede hacerlo cuando él mismo ha logrado esta concordancia con sus padres. Y además, y esto es muy importante, cuando él logra estar en sintonía con los padres de sus clientes. Quien no puede llevar a su corazón a los padres de sus clientes, con todo el respeto que se merecen, no puede alcanzar el alma del cliente. Es decir, de una manera doble es necesario estar reconciliado con los padres. Con los padres de uno mismo y con los padres de aquellos con los que trabajamos.

Podría hacer un pequeño ejercicio con vosotros en el que realizamos esto paso a paso en nuestra propia alma para darnos cuenta qué significa en el fondo estar en sintonía con los padres.

Si queréis podéis cerrar los ojos y centraros.

Y os imagináis que estáis delante de vuestros padres y los miráis. Quizá incluso os arrodilláis delante de ellos, mirándolos a los ojos y diciéndoles: gracias.

Y después miráis por qué en el fondo les dais las gracias. Existís gracias a algo que no les pertenece a los padres. Dais las gracias por la vida que ellos os pasaron. Esa vida que ellos mismos recibieron de sus propios padres que únicamente fluye a través de ellos hasta llegar a vosotros.

Y así los padres se encuentran en una larga fila. Detrás de ellos están sus padres, detrás de sus padres, los padres de estos y así siguen cientos y miles de generaciones hasta perderse a lo lejos donde podemos intuir de donde nos llega la vida.

Y a través de todas estas generaciones fluye en su plenitud. Nadie que la recibió y la pasó pudo añadir nada ni restar nada. Fuesen como fuesen los individuos, buenos o malos, esto no influyó sobre la vida que llega en su plenitud hasta nosotros y no se para con nosotros, sigue fluyendo hacia nuestros propios hijos, nietos, bisnietos y las muchas generaciones venideras.

Y así nosotros estamos también en esta fila como unos que recibieron y pasaron y no importa como seamos, buenos o malos, con unos talentos especiales o menos dotados, pobres o ricos, con respecto al tomar y al seguir dando somos iguales a todos los demás. A pesar de todo cada uno deja una huella, algo de lo propio influye sobre aquello que recibimos y aquello que pasamos a otros. Los destinos, por ejemplo, las enfermedades, éxitos, fracasos.

De esta manera la vida que recibimos se determina más concretamente. Quizá gane una plenitud y una fuerza especiales, nos presenta unos retos especiales, es decir, lo recibimos de una manera especial.

¿Y cómo tratamos esto ahora? Nos inclinamos ante esta vida tal como nos llega, con todo lo que forma parte, y así lo llevamos a nuestro corazón y nuestra alma. Y tomándola de esta forma, inclinándonos ante aquello que dirige todo, sabemos si conocemos lo que significa la entrega y también la contemplación. Y así tomar la vida tal como es se convierte en una realización religiosa. Es la realización religiosa verdadera y es el acto de mayor humildad. Y si permitimos que esto abra espacio en nosotros, notamos la fuerza especial.

Y de esta forma, habiendo recibido esto en nosotros, también podemos mirar a otros con los que tenemos que hacer algo, sobre todo aquellas personas que acuden a nosotros en busca de ayuda. Nos ponemos a su lado y con ellos miramos a sus padres y a sus abuelos, a sus bisabuelos y a las muchas generaciones detrás de ellos. Y junto a ellos nos inclinamos ante sus padres y ante el destino especial que ellos reciben como una misión, a través de la vida de aquellos. Y también esto es una realización religiosa. En esta concordancia con lo propio y con lo otro, notamos hasta dónde podemos ir y hasta dónde tenemos el derecho de ir en el momento de constelar la familia de una persona.

Y ahora seguiré hablando del fundamento del trabajo en constelaciones familiares.

Atravesando este ejercicio y abriéndonos a él, sabemos lo que significa estar libre de intenciones en este trabajo y libre de temor. De repente estamos en sintonía con unas fuerzas mayores que superan nuestra imagen , nuestros estudios y nuestro aprendizaje, lo superan en mucho. Y en sintonía con la vida en este sentido más amplio, sabemos esperar con un cliente, hasta que estas fuerzas empiecen a obrar en él. Y lo único que hacemos es apoyar este proceso, hasta donde sea necesario y hasta donde tengamos el derecho de hacerlo. En esta actitud fundamental somos capaces de trabajar en constelaciones familiares al servicio de la reconciliación.

¿Y qué es lo esencial en el trabajo de constelaciones?

El hecho de que reúna lo que antes estaba opuesto. Cuando en una familia había una persona excluida, por ejemplo porque lo considerábamos malo, o porque lo considerábamos discapacitado, o lo olvidamos porque murió pronto hay un trastorno en esa familia y en la constelación familiar aquello que estaba excluido se vuelve a integrar. Y así lo que estaba incompleto, se completa. Y de esta forma en una familia puede volver la paz. Especialmente claro es el caso de las familias que integran tanto víctimas como perpetradores. Cuando en una familia hay víctimas, se excluyen a los perpetradores. Y donde en una familia hay perpetradores, muchas veces se excluyen a las víctimas. Así se desarrollan trastornos en una familia. Y eso tiene que ver con que detrás, por regla general, actúa una consciencia inconsciente colectiva que no tolera que nadie sea excluido.

En estos últimos tiempos me quedó cada vez más claro esto y os aportaré un ejemplo. Hace pocas semanas estuvimos en Israel donde presentábamos en la universidad, ante estudiantes y profesores, el trabajo con constelaciones. Y yo en un momento dado quería dar un pequeño ejemplo de qué significaba constelar y así pedí a una mujer que hiciera una constelación con su madre, con su padre y con ella misma.

Ella lo hizo. Aquí estaba el padre, un poco apartada la madre. El padre estuvo mirando el suelo y la mujer se puso a sí misma muy apartada mirando hacia fuera. De repente vimos que aquí había ocurrido algo muy importante en esta familia. Le pregunte qué había pasado. Muchos de la familia habían muerto en el holocausto. Que el padre estuviera mirando al suelo significaba que estaba mirando a los muertos. Y que ella estuviera apartada mirando hacia fuera significaba que ella pretende marcharse y en el fondo quiere morir. Es decir, de esta pequeña demostración de repente salió una constelación muy importante.

Y en este contexto puede ser importante que sepáis que en las constelaciones esenciales siempre se trata de vida o muerte. Donde el asunto se desarrolla únicamente en primer plano, no llegamos a la profundidad esencial.

Así pues colocamos los representantes de las víctimas y nadie las miraba. Y eso ocurre con frecuencia en tales familias. Los supervivientes o los hijos de los supervivientes muchas veces tienen miedo a mirar a las víctimas. Y después introduje a dos representantes de los perpetradores. Y lo curioso fue que la bendición para ésta cliente, el hecho de que ella pudiera seguir viva y tuviera el derecho de hacerlo, venía de los perpetradores. Curioso.

La bendición viene de aquellos que han sido más excluidos.

Por eso el terapeuta, como una prolongación del ejercicio que acabo de hacer con vosotros, tiene que darles un lugar a los perpetradores en su corazón de la misma manera que a todos los demás. Tiene que llevar a todos a su corazón. A los padres, abuelos. También tiene que ver a la familia del perpetrador en un gran contexto y entonces puede hacer algo a favor de la reconciliación.

Pero volvamos a la Consciencia Inconsciente Colectiva. Esa Consciencia Colectiva cuida de que nadie sea excluido, que tampoco en una familia de víctimas los perpetradores queden excluidos y también en el otro bando los excluidos tienen que ser integrados, pero también hay que tener en cuenta un punto más importante. Esta Consciencia Colectiva Inconsciente impone un orden. Y este orden dice que los anteriores tienen prioridad sobre aquellos que vengan después. Es decir, los padres tienen prioridad sobre los hijos y el primogénito tiene prioridad sobre el segundo. Sin embargo por la influencia de nuestra consciencia personal este orden muchas veces se infringe, por ejemplo cuando un hijo pretende expiar los pecados de sus padres. Entonces se eleva por encima de sus padres y es esto lo que la Consciencia Colectiva Inconsciente castiga. Es decir, cualquier intento en esta dirección está destinado a fracasar. Y además el hijo mismo se castiga por haber infringido este orden.

Me imagino que todo esto ya lo sabéis pero quería llamar vuestra atención sobre un punto especial:

También el terapeuta es un pospuesto. Muchos terapeutas se elevan por encima de los padres del cliente en el sentido de que ellos pretenden hacerlo mejor. Así se inmiscuyen en los asuntos de los anteriores y por eso fracasa la terapia. Por tanto también aquí el terapeuta tiene que ejercerse. Tiene que contenerse al máximo para poder, en sintonía con esa Consciencia Colectiva Inconsciente, hacer aquello que ésta le permita.

En estos últimos tiempos el trabajo con constelaciones ha ido desarrollándose en este sentido. Desde las comprensiones que acabo de explicaros, aquí resulta que en muchos casos uno se contiene antes de intervenir. Así el cliente entra en contacto con fuerzas de su propia familia y con unas fuerzas de su propia alma que nos indican soluciones que nosotros mismos, únicamente siguiendo nuestro propio pensamiento y nuestras experiencias, no hubiéramos podido alcanzar.

Un ejemplo, en Japón hubo una mujer que dijo que no quería ir a casa porque su madre la rechazaba. Así hicimos una constelación de ella con su madre, es decir, una representante de ella y una representante de su madre. Y de repente la cara de su propia representante se volvió totalmente agresiva. Una agresión asesina. Le dije que le dijera a su madre: “Te mataré”. Eso fue muy atrevido, pero eso es lo que se pudo leer en su cara. La representante dudó en hacerlo, así la cambié por la cliente misma y le dije: “Dilo. Te mataré”. Y ella lo dijo con agresividad. Y yo le pregunté, ¿Es cierta la frase? “No del todo”, me respondió. “Pero si quisiera que se muriera”. Bueno, más o menos es lo mismo. Por mi experiencia sé que quien dice una frase así en su alma no puede vivir. Una persona se suicida. Pero no hice nada. Vi que ahí no debía ir más adelante, no tenía el derecho de hacerlo. Interrumpí el trabajo y después me olvide de ella. Me olvidé por completo.

Esto es contenerse al máximo, cuando uno se olvida del cliente. De esta forma se pone en acción un campo en el que el cliente no puede esquivar nada, de ninguna forma, ya no puede ocultarse detrás del terapeuta porque el terapeuta no se mueve en este campo. Y de esta forma el cliente se ve devuelto de lleno a su propia alma.

Al día siguiente, poco antes de terminar el taller, la misma mujer levantó la mano para pedirme que trabajara una vez más con ella. Y estaba deshecha. Le dije: “sí ponte aquí a mi lado”. Y me dijo que no podía estar tranquila con todo lo que había ocurrido y entonces intenté hacer otra constelación, pero no aportó nada y Garald, aquel que está ahí detrás de la cámara, me dijo, “la fila de los ancestros”. Que constelara la fila de los ancestros y dije ”Sí, esto es”. Y así pusimos a ella y su madre, detrás de la madre la madre de esta, después de esta, la siguiente, ocho generaciones y delante de ella la cliente misma. La cliente miró a su madre y no hubo nada de la madre hacia ella, así que di la vuelta a la madre para que ella mirara a su propia madre. Tampoco llegaba nada de la abuela hacia la madre. Y después las mujeres mismas, sin intervenir yo, se fueron dando la vuelta hasta la última y la última-la octava-juntó los puños llena de rabia, se retiró y miró al suelo.

Y mirar al suelo en el trabajo con constelaciones significa mirar a un muerto. Y de la manera que esta mujer se mostró quedó clarísimo que aquí se trataba de un asesinato. Así pedí a un hombre que se echara en el suelo delante de esta octava mujer.

En ese momento la cliente se cayo al suelo, se arrastró hacia ese hombre, llorando fuertemente y abrazándolo. Y después la madre de este muerto también pudo dirigirse a él. A través de ocho generaciones un asesinato seguía actuando. Al final le pedí al muerto que se levantara, lo puse al lado de su madre. En ese momento la hija pudo darse la vuelta hacia la propia hija y el amor fluyo. Ésta se dio la vuelta, el amor fluía. Y así hasta la madre de la cliente. Y la cliente volvió a ponerse delante de su madre, se arrodilló, se arrastró hacia ella, abrazó sus rodillas llorando profundamente. La miró y le dijo, “Querida mamá”.

Estas son dimensiones del trabajo con constelaciones. Y esto únicamente se pudo lograr porque cada una de las representantes siguieron de lleno el movimiento de sus propias almas y permitieron que algo se fuera desarrollando. Algo que iba mucho más allá de nuestras ideas y de nuestras imágenes.

Y otro punto más con el trabajo de constelaciones. También fue en Japón. Muchos dicen que los japoneses no tienen sentimientos o al menos no los pueden expresar. No es así, ni mucho menos. A veces una persona se sentaba a mi lado, yo no tenía que hacer absolutamente nada, únicamente me unía a una fuerza más grande interiormente, permitiendo que esta fuerza actuara. Y así se va desarrollando un proceso en esas personas sin ningún tipo de intervención de mi parte. A veces duraba un cuarto de hora. En apariencia no pasaba nada, pero todos en el grupo estaban plenamente centrados, lo aguantaban y al final la cliente abría los ojos, miraba y volvía a su asiento.

¿Esto es todavía constelación familiar? Pues sí. Estas son constelaciones invisibles. Todo esto está en el campo: las constelaciones, los órdenes, pero ya no tienen que ser representados. Esto sería un desarrollo ulterior del trabajo con constelaciones. Pero todo empieza por el comienzo del que hablé al principio.

Los nuevos caminos

La solución

Al lado de Hellinger se sienta una mujer. Hellinger le mira a los ojos un rato.

Hellinger: ¿Cuántas personas ya se preocuparon por ti? ¿Cuántos?

Mujer: Mis padres.

Hellinger: Cuantos. Di un número.

Mujer: Dos.

Hellinger: ¿Sólo dos? Qué pena. ¿Y qué te pasa si ya nadie se preocupa de ti?

Mujer: Me ocuparé yo.

Hellinger: No lo harás. Te diré cómo salir de este tipo de emoción. ¿De este estado anímico cómo se sale? Te haré una pregunta. ¿A cuántas personas amas?

Mujer: A mis padres.

Hellinger: ¿Tu amor les hace algún bien?

Mujer: No.

Hellinger: ¿Los amas?

Mujer: No.

Hellinger: Exacto. Sin amor la persona vive como si estuviera muerta. Cierra los ojos.

Tras un largo rato la mujer abre los ojos y mira a Hellinger.

Hellinger: ¿Qué es lo que pasó?

Mujer: Mi madre se quiere morir.

Hellinger: ¿Qué edad tiene?

Mujer: Sesenta y nueve años.

Hellinger: ¿Cuál es la enfermedad?

Mujer: No tiene ninguna enfermedad.

Hellinger: ¿Cuánto tiempo hace que quiere morir?

Mujer: Creo que siempre. Ha estado durante tres años diciéndolo continuamente.

Hellinger: ¿Y qué es lo horrible en esto?

Mujer: No sé. Mi padre no la cree.

Hellinger: ¿Y qué cambia eso?

Mujer: Nada. Pero creo que por eso tengo un sentimiento en contra de mi padre.

Hellinger: Ok. Lo configuraremos. Un representante para el padre, para la madre.

Hellinger coloca los representantes uno frente al otro. Se miran desde lejos un rato sin hacer ningún movimiento. Se acerca Hellinger y empuja levemente la mujer hacía el hombre. Esta da unos pasos atrás y Hellinger de nuevo la vuelve hacia el hombre. El hombre se encoge de hombros y la mujer intenta tocar su cara. Él se encoge más.

Hellinger dice a la mujer constelada: ¿Sabes lo que quiere decir eso? Ella quiere matarlo. Él le tiene miedo a ella y con razón. La rabia está encubierta por la tristeza.

Hellinger se dirige a la representante de la madre: Dile, “Prefiero morir yo antes que matarte”.

Hellinger: ¿Es así?

La representante de la madre: Es extraño, no lo siento así.

Hellinger: Repítela.

La representante de la madre: Prefiero morir antes que matarte.

Hellinger: Sonaba bien.

Hellinger se acerca a la mujer constelada.

Mujer: Ella le ha pedido a él que la mate.

Hellinger: Ahora sale a la luz. La frase es exacta.

Hellinger se dirige a la mujer: No es ningún ejemplo bueno para ti. La madre no es ningún ejemplo bueno para ti.

La mujer asiente con la cabeza.

Hellinger: Aquí no hay ningún amor. En ninguno de los dos.

Mujer llorando: Yo no tengo a nadie más.

Hellinger: De un campo así la hija no se puede librar. Estás perdida sin salvación. No se puede hacer nada. Aquí reina la muerte.

Mujer: Pienso mucho en la muerte.

Hellinger: Por supuesto, no tienes otra salida. No puedes librarte aquí. Entonces una muerte temprana le ahorra a uno mucho sufrimiento. ¿Qué te parece cuando digo eso?

Mujer: Me suena familiar.

Hellinger: No le he dicho nada nuevo. La muerte temprana no cuesta nada. Es gratis. Pero la vida sí que cuesta un poquito. Por ejemplo cuesta un poquito de amor. A lo mejor tienes un perro. Ese también sería una posibilidad. También a un perro se le puede querer, si no se tiene nada más. ¿Tienes un perro?

Mujer: No.

Hellinger: ¿Un gato?

Mujer: No.

Hellinger: ¿Nada? Realmente lo tienes difícil, eh. Hellinger se ríe y el público también. ¿Y ahora qué quieres que haga contigo?

Mujer: Que me des una patada. Que me eches a la vida.

Hellinger: Eso me cuesta demasiado esfuerzo.

Ambos se ríen.

Hellinger se levanta y saca a un hombre al escenario y coloca a la mujer frente al hombre. La mujer no se mueve.

Hellinger: En un principio era amable pero ya pasó.

Hellinger se dirige al hombre: Puedes sentarte. No hay esperanzas.

El hombre se retira mirando a la mujer.

Hellinger: ¿Te lo enseñé?

Mujer: Sí.

Hellinger: Ok.

La maldición.

Al lado de Hellinger se sienta una mujer. Hellinger le mira a los ojos.

Hellinger: ¿De qué se trata?

Mujer: Durante mi vida he tenido muchos accidentes y mi hijo desde muy pequeño me sigue.

Hellinger: Te haré una pregunta simple. ¿Qué muerto está enfadado contigo? Espera.

La mujer empieza a llorar y tras un rato se tranquiliza.

Hellinger: ¿Es un hombre o una mujer?

Mujer: Un hombre o varios hombres.

Hellinger: ¿Cuántos?

Mujer: Muchos.

Hellinger se levanta y dice: Elijo uno para todos. ¿Un hombre que quiera representarlos?

Hellinger coloca a la mujer frente al hombre. Ambos se miran. Después de un rato la mujer se acerca un paso hacia el hombre. Hellinger incorpora a otro hombre y le dice: Tú eres su hijo.

El representante del hombre se retira y se coloca a un lado. La mujer sigue mirando de frente. Da unos pasos atrás hasta colocarse al lado del hombre y frente al representante de su hijo. La mujer se coloca delante del hombre y éste le pone las manos en los hombros. El hijo mueve la pierna izquierda. Hellinger entonces se levanta y le dice al representante del hijo: Sigue tu movimiento. Échate en el suelo de espaldas.

La mujer paso a paso se acerca al hijo.

Hellinger: Ahora se ve la agresión en el muerto.

El representante del hombre tiene los puños cerrados.

Hellinger: Aquí actúa una maldición.

Hellinger se dirige a la mujer: Tienes que dar la vuelta. Tienes que ir hacia allá.

La mujer vuelve sus pasos hacia el hombre y se arrodilla frente a él. El hombre hace lo mismo frente a la mujer. La mujer inclina la cabeza. En este momento Hellinger levanta del suelo al representante del hijo. Este también se arrodilla y mira a la madre y al hombre. La mujer y el hombre se toman de las manos.

Hellinger se dirige al representante del hijo: ¿Cómo te encuentras tú ahora?

Representante del hijo: Mejor.

Hellinger: Creo que aquí lo puedo dejar. No necesitamos saber nada más. Ya lo hemos visto. Cualquier curiosidad destruiría algo. Te deseo lo mejor.

Mujer: Gracias.

Guerrilleros.

Hellinger: ¿De qué se trata en tu caso?

Mujer: Mi padre fundó un movimiento guerrillero en Colombia y yo siempre he vivido con la sensación permanente de amenaza.

Hellinger: Necesito cinco hombres.

Los hombres se colocan en fila.

Hellinger: Ellos representan a la guerrilla, pero no digo quién es el padre.

Uno de los hombres se inclina hacia atrás.

Hellinger: Necesito una mujer. Tú eres Colombia.

Uno de los hombres se acerca a la representante de Colombia. Tras un momento Hellinger levanta a la mujer constelada. Ésta al mirar a Colombia empieza a llorar fuerte. La representante de Colombia también llora. Ambas se acercan y Colombia abraza a la chica.

En la fila de los hombres uno se apoya contra el otro. El que se acercó a Colombia sigue mirándola. Luego gira atrás y mira a los demás hombres.

La mujer se deja sujetar por la representante de Colombia. La chica se desploma y Colombia vuelve a llorar. Después se tranquiliza.

Hellinger: Aquí lo dejo ahora. Justo estaba pensando cual es el ideal más alto en todas estas constelaciones. Hay una luz en alguna parte y si uno mira detenidamente, en realidad es una tumba.