Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Lo que une y separa a padres e hijos, a hombres y mujeres.

Conferencia de Bert Hellinger
Sevilla, marzo 2000

Esta noche quisiera hablar sobre los órdenes del amor. Como estoy aquí, en la Facultad de Ciencia de la Educación, quisiera hablar de los órdenes del amor respecto a los hijos y en el colegio. Cómo los maestros pueden, a parte de los padres, tratar a los niños, sabiendo más sobre los órdenes del amor.

En principio me gustaría hablar de la consciencia. Existe una idea muy común aquí, en occidente, de que la consciencia es algo divino; la voz de Dios en el alma. Por tanto el que sigue a su consciencia hace lo correcto.

Cada persona sigue a su consciencia. Los buenos y los malos. Todos siguen a su consciencia. Es curioso. Observando detenidamente lo que pasa cuando alguien tiene buena consciencia o tiene mala consciencia, podemos observar que en el fondo se orienta hacia algo que en su familia es válido. Por tanto tiene buena consciencia cuando puede estar seguro de poder formar parte de su familia… y si hace algo que pone en peligro la pertenencia a su familia, tiene mala consciencia.

Ahora bien, las familias son diferentes y los valores válidos en diferentes familias también son diferentes. En algunas familias los niños tienen buena consciencia si roban, porque eso en su familia forma parte. En algunas familias se tiene buena consciencia rechazando a otras personas, porque eso también forma parte y así tienen buena consciencia menospreciando a otros. En algunas familias los hijos tienen buena consciencia si menosprecian a las mujeres o a los hombres, porque eso en sus familias es válido. Si ahora una persona en cuya familia se desprecia a las mujeres aprecia a otra mujer, tiene mala consciencia. Eso es extraño, por tanto uno no puede fiarse de la consciencia.

Tratando con niños en el colegio, todo niño, cual sea su comportamiento, actúa siguiendo su consciencia. Sin embargo no tiene la misma consciencia con un maestro o una maestra, por eso una maestra puede pensar que un niño no tiene consciencia. Pero sólo tiene otra consciencia. Sabiendo esto ya no se mira al niño individual, se mira a la familia. Y así se puede respetar que un niño que sigue su consciencia está actuando bien, aunque esté infringiendo las reglas del colegio; que de todos modos, no tiene otra manera de actuar.

Todo esto se hace más complejo, porque dependiendo de las personas a las que vamos a pertenecer o queremos pertenecer, tenemos diferentes tipos de consciencia. El hijo tiene otra consciencia hacía la madre que hacía el padre. Tienen otra consciencia en el colegio que en casa. Los adultos tienen otra consciencia en el trabajo y en la casa, otra en el bar o en el estadio de fútbol, que en la iglesia. En cada grupo existen diferentes reglas que determinan la pertenencia. Así pues vamos cambiando de consciencia dependiendo del entorno en el que nos movemos. Lo esencial en la consciencia que sentimos es que siempre trata de la pertenencia y la consciencia es instintiva. No es ningún poder espiritual superior. Se lo puede comparar al sentido del equilibrio. Nadie pensaría que se trata de una fuerza superior. Es instintivo. En cuanto perdemos el equilibrio nos sentimos tan incómodos que en seguida lo re-establecemos. Lo mismo ocurre con la consciencia que toca la pertenencia. Un hijo instintivamente siente si ha hecho algo que pone en peligro la pertenencia. Eso incluso se puede observar en un perro. Él también a veces tiene mala consciencia, Se nota en seguida si ha hecho algo que pone en peligro su pertenencia. Y de igual manera ocurre con el hombre.

¿Cómo se puede ayudar entonces a un niño? Hay que encontrar un camino para que, por ejemplo, en el colegio, se comporte de otra manera, con el acuerdo de los padres. Si los padres están conformes, el hijo puede combatir su comportamiento. Así se adapta mejor que antes en el colegio. Este sería un aspecto. Por tanto el hijo muestra, independientemente de cuál sea su comportamiento, que quiere formar parte del grupo. En el fondo a través de su consciencia muestra que está amando. Tratando con un niño hay que buscar donde está el amor. Y así se puede encontrar un camino para ayudar a ese niño. Éste sería un lado de la consciencia y también un lado de los órdenes del amor.

En las familias también se puede observar que aún existen otros órdenes del amor y un método para encontrarlo sería el trabajo con Constelaciones Familiares.

Explicaré brevemente cómo funciona este trabajo. Por ejemplo: en un grupo de 10-20 personas hay una persona en peligro de suicidio – y después de lo que acabo de decir de la consciencia yo supondría que esta persona quiere suicidarse por amor. Se suicidaría siguiendo su consciencia. Pero ¿por qué?

Así pues dejo que esta persona configure su familia; es decir: esta persona de entre los demás participantes elige representantes para todos los miembros de su familia. Incluso para sí mismo. Supongamos: un representante para el padre, una representante para la madre y si hay 3 hijos- un representante para cada uno de ellos. En cuanto los haya elegido, la persona los posiciona, relacionándolos en el espacio, siguiendo su intuición.

Una vez configurada la imagen (y esto es lo especial) los representantes sienten como las personas reales que representan, sin saber nada de ellos. ¿Cómo puede ser esto? No lo sé. Sin embargo se demuestra que todos estamos integrados en un campo consciente en el que instintivamente sabemos qué está pasando en cada persona concreta en esta constelación con la que nosotros estamos en contacto siendo representantes.

Así por ejemplo: Esta persona configura la imagen de manera que la madre esté girada hacía fuera. Está el padre y los hijos a su lado, la madre se gira y mira hacia fuera. Así queda claro desde el principio que la madre quiere marcharse.

Pregunto al cliente ¿Qué pasó en la familia de la madre?

Y entonces quizás responda: ”Su madre murió en el parto”.

Entonces colocamos también a una representante para la madre de la madre. Y también la posicionamos girada, mirando hacia fuera. Pongo la madre detrás de su propia madre y de repente esta madre se siente bien, mejor que antes.

Pero ¿esto qué muestra? Muestra que la madre tiene la intención de seguir a su propia madre en la muerte. Y esto es amor. Ella tiene la idea de que a través de su propia muerte puede encontrar la unión con su madre. Y tanto ella como su madre se encontrarán mejor si ella se muere.

Ahora coloco a la persona que está en el peligro de suicidio en lugar de la madre, detrás de la madre de la madre y llevo a la madre otra vez al lado del padre, a menudo la madre ya se encuentra bien. La persona que se encuentra detrás de la abuela igualmente se siente bien porque en su corazón dice: “Querida mamá, yo me muero en tu lugar. Yo me muero para que tú te quedes.”

Extraño, pero así transcurre en el alma. Tanto la madre, siguiendo su propia madre como la hija o el hijo de esta madre tienen una buena consciencia siguiendo a su abuela y muriendo. Por tanto la buena consciencia lleva a una desdicha en esta familia. Por lo que uno no puede fiarse de la consciencia.

En una situación así ¿cuál sería la solución?

Hago que la madre de la madre se gire para que esté mirando a los ojos de su propia hija. Entonces hago que la madre exprese lo que en su propia alma de niña quería decir a su madre: “Te sigo en la muerte”. Esto es lo que en su alma está diciendo. Pero en ese momento, mirándole a los ojos a la madre e intentando pronunciar esta frase, mirándole a la cara a la madre, ya no lo puede decir… porque de repente ve que eso sería fatal para la madre. La madre diría: “si tu vida ya me costó un precio tan alto que yo misma me tenía que morir, al menos que no haya sido en vano. Hónrame viviendo.”

Esta consciencia es ciega, no ve la persona en frente. Cuando la hija dice a su madre: “Yo te sigo en la muerte”, únicamente se está mirando a sí misma. No ve que también la madre ama. Por tanto ella podría también decir a la madre: “Por favor, bendíceme si yo sigo con vida. Ya que mi vida exigió un precio tan alto, le sacaré provecho en memoria tuya y para honrarte.”

Éste amor es más grande que el otro y ya no es ciego, sino consciente. Así que el hijo o la hija que quería morirse con buena consciencia, puede vivir con buena consciencia, porque la consciencia comprendió.

En el colegio tratando a los niños con comportamientos difíciles, muchas veces se trata de intrincaciones en asuntos de generaciones anteriores.

Voy a dar un ejemplo: Una familia vino con un niño de cuatro años que tenía graves trastornos de comportamiento. Entonces configuramos la familia y le pregunté a la madre ¿qué había ocurrido en la familia? Me dijo: “Mi padre estuvo en la guerra y le pegaron un tiro en la cabeza, desde entonces está loco.” Así que miré a este niño pequeño y también miré a la madre y le dije: Este niño pequeño dice: “Yo quiero a tu padre, yo soy como él. “

El niño estaba completamente tranquilo, miraba con los ojos muy abiertos y se sentía comprendido. Él se comportaba como loco porque amaba a una persona que los demás rechazaban, porque les estaba molestando. Y así uno mira dónde está actuando el amor en esta familia, donde está ciego y qué es lo que lleva a los comprensiones más profundas, para que un hijo así pueda ser aliviado.

En este caso, lo correcto hubiera sido que la madre, en una constelación, se hubiera arrodillado delante de su padre, inclinándose profundamente ante él, y le dijera:”Te doy la honra, tú eres mi padre, sea cual sea tu destino.” Pero ella no podía hacerlo. ¿Por qué? ¿Quién ya no podía soportar al padre? No era la hija, era la madre, porque ella rechazaba a su padre con la consciencia tranquila hacía su propia madre y con la consciencia mala hacía su padre. Pero la madre era más importante porque ella estaba sana. Por eso la consciencia hacía su madre tenía prioridad sobre la consciencia hacía su padre. Por eso la madre de esta madre tenía que haberle dicho a su marido:” Yo me mantengo a tu lado, incluso después de todo lo que sufriste”. ¿Qué efecto hubiera tenido esto sobre su marido? Hubiera sido un efecto sanador. Un efecto de alivio. Así la madre de este hijo trastornado hubiera quedado libre y su hijo también.

Por tanto: si en una generación se contraviene al amor, en este sentido especial, los efectos se notaron a través de generaciones. Entonces uno mira cómo puede ayudar; reintegra a esta persona que fue excluida o rechazada, se la integra y así todos pueden volver a unirse en una manera sana.

En las familias existe la idea muy común que si se ama lo suficiente a un niño, tiene que desarrollarse bien y de manera correcta. Sin embargo ellos no se desarrollan en manera que los padres quieran. ¿Por qué?

El hijo representa a alguien a quien los padres rechazan o menosprecian. Por eso los padres primero tienen que respetar a sus propios padres o aquellas personas en su familia de origen que fueron excluidas y darles un lugar en sus corazones. A partir de allí sus propios hijos pueden desarrollarse bajo el sol del amor de los padres.

A veces tenemos una manera tan superficial de juzgar a otras personas que se comportan de otra manera que nosotros mismos…De hecho cada uno creciendo en su propia familia piensa que su propia familia es la mejor y lo que es válido en ella, vale para todo el mundo. Y los de otra familia también piensan así.

Por ejemplo: cuando un hombre se casa con una mujer, el hombre piensa que aquello que fue válido para su familia, es válido para todo el mundo, también para su mujer. Y la mujer piensa que aquello que fue válido para mi familia vale para todo el mundo y también para mi marido.

Entonces el marido intenta imponer la propia buena consciencia en contra de la de la mujer y la mujer intenta imponer la propia consciencia buena en contra al del marido.

Eso lleva a algunas dificultades… (risas)

¿Cuál sería la solución?

Cada uno tiene que respetar la consciencia del otro. Así el marido le dice a su mujer: “Mi familia está bien” Ambos están bien aunque sean diferentes. De la misma manera que el hombre como hombre está bien, aunque no sea una mujer, y la mujer está bien aunque no sea hombre. Ellos son bastante distintos, como podéis observar en todos los aspectos.

En una relación de pareja el hombre tiene que recordar que no solamente él está bien, sino también la mujer, aunque sean diferentes. Y la mujer tiene que reconocer que no solamente ella está bien, sino también el hombre. Por tanto tenemos que contar con diferentes valores que son igualmente válidos, aunque sean distintos. Así pues tenemos que desprendernos de convicciones anteriores y también de una consciencia anterior. Al elevar la comprensión a un nivel superior, unimos lo diferente para que forme un conjunto. Así, si el hombre reconoce que no solamente su familia es válida, sino también la de su mujer y a la inversa – si la mujer lo reconoce, ellos mismos buscan una solución a un nivel superior en el que se reconocen los valores de ambas familias. Pero los dos tienen que abandonar a lo anterior en alguna manera.

Por eso ambos, haciendo lo mejor, se sienten culpables. Por eso no hay progreso en mala consciencia. Buena consciencia no significa por tanto “bueno” y mala consciencia no significa “malo”. El auténtico bien está más allá de la consciencia y comprende los antagonismos y puede reconocerlos. Las grandes guerras se desarrollan porque hay un grupo que se siente en derecho, se siente mejor por lealtad al propio grupo, se arroga el derecho de aniquilar el otro grupo que sea distinto. Por eso los actos más atroces en las guerras se cometen con la consciencia tranquila. Por lealtad al propio grupo. A veces en el trabajo con Constelaciones hago una prueba de sacar a la luz aquella otra dimensión,

Por ejemplo el padre estuvo en la guerra y muchos de sus compañeros murieron. El sobrevivió. Eso lo vi en un ejemplo en EE.UU. Hubo un cliente que se presentaba muy contento y alegre. (Para un terapeuta que sabe mirar, eso es sospechoso. Muchas personas en peligro de suicidio parecen extraordinariamente felices, como si ya se encontraran en otra parte).

El padre de este hombre ya de niño ingresó en un colegio militar; más tarde se hizo un oficial en el ejército estadounidense, participó en la conquista de la isla de Hiroshima.

El padre estaba totalmente “ausente”. A la constelación introduje a cinco representantes de sus compañeros muertos.

El hijo de este hombre a toda costa quería ir al lado de esos soldados muertos. Era un impulso irresistible, pero ¿Quién quería ir allí realmente? Su padre. Pero él quería hacerlo en su lugar (de su padre) y no se le podía parar con nada. Así puse al hijo de este hombre delante de él, es decir el nieto del soldado.

El padre le dijo a su nieto:”Yo quiero ir con los soldados muertos y tú no me importas”. Y lo dijo así, no se le podía parar. Y entonces le dije: “Ahora mírale a los ojos de tu hijo y díselo otra vez: “Yo me muero, yo me voy con los compañeros muertos de mi padre”. En este momento ya no podía decirlo. Solo ahí se había roto el conjuro.

Muchos soldados que volvieron de la guerra, en el fondo quieren irse con sus camaradas muertos. El año pasado tuvimos una constelación muy conmovedora, donde esto salió muy claramente; Pero ellos no solamente quieren ir con los camaradas muertos, sino que también quieren irse con los enemigos muertos.

Así yo hago que los camaradas muertos del padre se echen en el suelo, el padre se echa a su lado y después también los enemigos muertos se echan en el suelo y entonces se espera un movimiento profundo del alma. Entonces esas personas empiezan a acercarse y a mezclarse como muertos. De repente ya no hay enemigos. Todos de encuentran unidos en la muerte. Y ahí, entre los muertos, ocurre lo que realmente tendría que ocurrir entre los vivos: el reconocimiento de que solamente son hombres; y vosotros sois válidos y nosotros somos válidos.” Os respetamos a vosotros y por favor, respetadnos a nosotros.” Y así será la paz. Eso llega muy hondo.

Hace un año hice una constelación en Berna, Suiza. En el fondo se trataba de un asunto de pareja y la constelación empezó con el marido, su pareja y la hija. Cuando acabamos y habíamos encontrado una solución para ese marido, el dijo:” Aún tendría que añadir algo importante: soy judío, pero nadie de mi familia murió en la segunda guerra. Ellos vivían en Suiza, pero entre los judíos los supervivientes se sienten profundamente unidos a los muertos y muchas veces no se atreven quedarse con la vida por solidaridad con los muertos; también es un amor muy profundo que aquí se expresa. Pero ¿A quién le ayuda esto?

Así cogí a 7 representantes, a 7 judíos asesinados y los puse en una fila en frente de este hombre. El hizo una reverencia ante cada uno de ellos y los abrazó. Después, detrás de estas siete víctimas coloqué a siete perpetradores, los asesinos de setas victimas, también ya muertos. Entonces hice que las víctimas se giraran y encarasen a estos asesinos y ya no hice nada más.

Sin ninguna influencia exterior surgió un proceso entre asesinos y víctimas. Entre los asesinos un dolor increíble y vergüenza; y mucha pena. Y entre las víctimas un amor increíble hacía los asesinos. Muy poco a poco se acercaron y un amor como este que se expresó entre los asesinados y los asesinos, no lo he visto nunca entre un hombre y una mujer./ (en ninguna pareja). Va más allá de cualquier descripción. Y al final estaba clarísimo: que los muertos no quieren que los vivos interfieran aquí. P.ej. que los familiares de los asesinados vengan a sus padres o a sus padres o a sus abuelos, o que los hijos y nietos de los perpetradores expíen los actos de sus padres o de sus abuelos.

Al final uno se da cuenta de que aquello que nosotros juzgamos como malo y que distinguimos como bueno o malo ya no tiene ninguna validez en este ámbito. Y la paz solamente se puede dar cuando ambos se encuentran, cuando los asesinados les dan un lugar a su lado a los perpetradores y éstos son acogidos por las víctimas como iguales.

Eso es difícil. Os daré un ejemplo:

Tuve una constelación con un hombre judío joven en Holanda y después él me acompañó en los EE.UU para algunos cursos y también salió como representante en varias constelaciones.

Una constelación fue muy especial, se hizo una constelación de una familia judía y él representaba el hijo de esta familia. Y pasó algo que antes nunca había notado. En esta familia judía el hijo tenía que representar a los perpetradores. También en las familias judías no puede haber paz hasta que los perpetradores sean reconocidos.

Me puedo imaginar que aquí en España lo mismo se aplica a los diferentes partidos de la guerra civil, que los representantes de otro bando tienen que ser acogidos en la familia y que esto aporta paz.

Finalmente hace unos meses recibí una carta de ese joven. Me dijo que mi quería contar algo importante. Yo ya no recordaba nada pero él me lo volvió a la memoria en su carta. Me escribió que había tenido una vivencia sumamente importante y que me la quería comunicar. Durante uno de estos cursos en EE.UU. en una pausa el me había pedido un consejo y yo le había propuesto dos ejercicios. El primero era que él se imaginara que se iba al reino de los muertos, que allí buscara a los asesinos, que se colocara a su lado y que les dijera:” Yo soy uno de vosotros”.

Y el segundo ejercicio fue: que se imaginara que la muerte no se encontraba delante de él, sino detrás de él y que cada día le pidiera algo a la muerte.

Y aún le propuse un tercer ejercicio: Le dije que no debía hacer estos ejercicios, en absoluto, no debía hacer nada, que esperase que algo ocurriría en su alma. Tres meses después de este curso una vivencia importante le llegó mientras estaba durmiendo. Fue como un sueño, pero mucho más que esto. Se vio a sí mismo como un miembro de un grupo que había matado a otras personas y él también había matado a la gente. Y entonces le hicieron juicio y él no se buscó a ningún defensor, sino se defendió sólo. Dijo:”Si, es verdad, he matado a otras personas: Mi única defensa es decir que yo soy hombre, que todo hombre es capaz de cualquier cosa y que sólo depende de las circunstancias se vuelve en un malvado a en un hombre bueno. “

Le condenaron a muerte y hasta la ejecución de la pena de muerte le quedaban algunas semanas. Así se despidió de todos sus seres queridos, sintió el dolor y la pena y cada vez se iba sintiendo más claro y más tranquilo. Finalmente llegó el día de su ejecución. Le llevaron a la antesala de la silla eléctrica y allí tenía que esperar varias horas y al final había llegado el mensaje de que la pena de muerte había sido aplazada. Unas horas más tarde le comunicaron que la pena de muerte había sido convertida en una expulsión del país. Y así le entregaron un billete para el sitio adonde tenía que irse y pudo salir de la cárcel. Dijo” De repente me encontraba delante de la cárcel y sabía que yo había sobrevivido a mi propia muerte y que era un hombre totalmente cambiado. Para mí ya no existía la culpa, tampoco la inocencia. “

Y así se despertó y de repente vio los colores con mucha más intensidad; todos sus movimientos eran muy lentos, con todo la concentración y consciencia y ese estado perduró durante mucho tiempo.

Yo creo que mi tema era en principio los órdenes del amor. Está bien, fue un orden del amor, pero con una profundidad muy grande.