Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

La conciencia y el vacío

Constelaciones Familiares Mediales VI mayo 2013 (fin)

Hellinger: Iniciamos con preguntas y comentarios. ¿Quién quiere preguntar algo?

Hombre: Tengo una pregunta con respecto a la conciencia. Tú escribiste acerca de ello. Cuando escribiste acerca del amor del espíritu, también escribiste acerca de la buena y la mala conciencia. ¿Y cómo se da ahora en este nuevo avance?

Hellinger: La conciencia tiene una función, nos vincula con el grupo al que pertenecemos, la conciencia nos acompaña en todo momento. Nos acompaña del mismo modo como sentimos el equilibrio. Nosotros sabemos de inmediato si nos encontramos en equilibrio o no. Y de la misma manera sabemos en todo momento si aún nos encontramos en sintonía con el grupo y con las personas a las que pertenecemos. La conciencia tiene dos palabras fundamentales: sí; la otra palabra: no. Estoy seguro de que puedo pertenecer, no tengo miedo de perder o estar perdiendo la pertenencia al grupo, a esas determinadas personas. En ese sentido la conciencia no tiene un texto. No tiene escrito lo que es bueno o lo que es malo, es una sensación inmediata según la cual nos vamos moviendo. Y pertenencia es ante todo pertenencia a nuestros padres. La pertenencia al padre es algo diferente de la pertenencia a la madre. La conciencia no tiene contenido. Sólo es esta sensación de sí o no. Pero ahora se da de esta forma. Como nuestra madre está vinculada a su familia y a su sistema, tiene una conciencia diferente a la de nuestro padre. Y vice versa. Por lo mismo se dan los conflictos entre nuestros padres. Su lucha es en realidad la lucha entre dos conciencias diferentes. Solo se puede dar la paz entre ellos si ambos son desleales a las conciencias de sus familias.

Hombre: ¿Entonces tú crees que ellos deben ir más allá de la conciencia que de algún modo heredaron?

Hellinger: exactamente. Con ello, se internan a otro campo de conciencia. Negando esas otras conciencias o rechazando. Y luego se unen o logran un consenso para una nueva conciencia entre ellos. Entonces los hijos están libres de un conflicto. De un conflicto entre qué es lo correcto y qué es lo falso. ¿Contesté a tu pregunta?

Hombre: No totalmente. En el amor del espíritu hablaste de la buena conciencia y de la mala conciencia. La buena conciencia cuando seguimos perteneciendo y la mala conciencia cuando nos apartamos.

Hellinger: El espíritu del cual muchas veces hablamos está en otro nivel, y en ese otro nivel no hay diferencia. Lo vemos aquí. Las constelaciones que vivenciamos aquí no tienen contenido, el trabajo es movido desde otro lugar y sin contenido, porque eso último, ese otro nivel, está vacío y hacia el vacio se dirige nuestra última entrega. Sin bien y sin mal, completamente sin conciencia. ¿Contesté ahora?

Hombre: Sí.

Otro hombre se sienta al lado de Hellinger.

Hombre: Quiero hacer un comentario acerca de la constelación de ayer. En noviembre pasado cuando surgió el rol del hombre en China. Me dolió profundamente, porque personalmente aunque soy de cultura coreana, yo comprendo esa forma de sufrir. Yo nunca estuve en paz con el rol de los hombres, con esa cultura y con las expectativas que se tiene, pero por eso fue muy bueno que encontrara las constelaciones familiares, porque ahora me puedo retirar y puedo mirar ese status quo ante los hombres y también puedo honrarlo ahora y me siento a gusto encontrando mi camino en esta cultura. Y fue muy bello lo que dijiste acerca de la conciencia. Ahora con Bernard, porque yo nunca encontrase un equilibrio si me encontraría en el nivel de sí y no.

Hellinger: Yo recibí una retroalimentación acerca de esta constelación de la mujer que representó a China. Eso no surgió porque no se expresó abiertamente aquí. Al final, cuando todos se acercaron al representante de China de pronto surgió un movimiento hacia ahí. Dejando fuera a los muertos, dejando fuera a las víctimas y con total asentimiento a la vida. China al servicio de la vida. Esa fue su experiencia. Mirando hacia algo infinito.

Entonces el sufrimiento anterior, toda la injusticia que tuvieron que soportar las mujeres, y donde los hombres que tuvieron que ir a la guerra a través de la revolución cultural, todos ellos miran hacia esa amplitud. Y ahí todos son uno. Ayer en la constelación me conmoví mucho por la grandeza de China. Su poder económico descansa en muchas víctimas. Y nosotros participamos en este desarrollo de China, sobre aquellos que tuvieron que morir, que aquí sobre todo fueron los niños abortados; con mucho cuidado nos desplazamos por encima de ellos, sostenidos por ellos. Entonces se pone algo muy grande en movimiento. Pero son muchos los que sacrificaron algo y mi imagen es: sacrificados por el momento. Porque ellos no seguirán siendo muertos, ellos regresarán. Contigo.

Hellinger: Aún estoy muy movido por su pregunta, por su comentario.

Se acerca otro hombre y toma asiento al lado de Hellinger.

Cierren los ojos.

Volvemos hacia ahí, regresando con respeto sin arrogancia frente a los perpetradores. También ellos son víctimas. Al final todos nos encontramos ligados, conectados en un mismo movimiento. Más allá de la diferenciación entre lo bueno y lo malo, todo dirigido a algo mucho mayor, dirigido a una paz que lo contiene todo. Todo. Más allá de toda conciencia que diferencia entre lo bueno y lo malo. Que nos guía hacia un vacio en el cual todo esto acaba, por fin.

Al final, acaba. Vacío y completo al mismo tiempo.

Al hombre

Hellinger: Ahora estoy para ti y espero tu comentario.

Hombre: Cuando comencé a leer tu libro acerca de la nueva amplitud, tuve la sensación de que ahí viene algo totalmente nuevo. Y esa sensación la tuve en el comienzo de este entrenamiento. Después me dejé llevar por las constelaciones y por lo que Sophie dijo ayer. Y entonces como que algo se acabó para mí. Como si estas constelaciones o como el trabajo que hacemos se disolviera en otra cosa. Como que uno tuviera que configurar pero sin constelaciones.

Hellinger: Sí, así es. Por eso muchas veces es suficiente una única frase. No obstante la historia de constelaciones familiares queda como una gran historia. Y eso es el fundamento sobre el cual me encuentro ubicado. Pero ya miro más allá, igual que tú.

Hombre: Gracias.

Hellinger: ¿Este curso tan extenso se dirige a otro inicio? El futuro siempre deja algo detrás de sí. Y nos damos cuenta de que un paso adelante a su vez deja atrás a otra pierna.

Ahora si regresamos a nuestro campo de trabajo, entonces se da fácilmente la situación de querer repetir algo porque estamos habituados a ello. Me surge una frase extraña. Toda repetición es una pérdida.

En la vida no hay repeticiones, continuamente nos confrontamos con algo nuevo. Y cuando se repite, eso ya lo domino. Entonces tanto nosotros como aquellos a los que queremos ayudar, somos llevados a la confusión, a un desvío. ¿Y cómo podemos continuar indefinidamente? Dirigiendo la mirada a lo que hasta ahora ha sucedido, hacia un vacio infinito. Todo lo que está aquí y lo que una vez estuvo, tiene un límite. Todo lo que existe tiene un límite.

Y percibimos que en todo lo que está presente tiene su efecto algo más que no podemos abarcar ni captar.

Y aquello que no podemos captar no tiene existencia, no tiene ser. Es vacío. El camino hacia otra conciencia supera todo lo existente. Todo lo que somos. Lo supera y se dirige más allá de ello. Cuando nos dirigimos a ello, sentimos y vivenciamos una fuerza particular. Sin poderla captar, sin poder agarrarla. Nada de lo infinito puede ser abarcado y no obstante, lo infinito se revela, se manifiesta en un hecho. Lo infinito es creador y se manifiesta en algo que existe.

Y yo, cuando me expongo a ello, muchas veces aquí lo mostré, me dirijo hacia una oscuridad, hacia un vacio y espero; y de ese vacío, de la oscuridad, recibo una indicación, una señal. A menudo sólo una palabra. Y si me desvío de esa palabra, cuando no estoy en conexión con esto último, me siento impotente. Y entonces voy divagando en casa, no tengo nada que hacer y me siento limitado. Y cuando al final, por decirlo de algún modo, de pronto surge una palabra, surge una tarea. Y entonces sé lo que tengo que hacer y lo que me es permitido hacer. Y de inmediato me encuentro en mi fuerza plena.

Pero lo que tengo que hacer siempre es algo nuevo.

Un desafío que por un lado infunde temor y por otro brilla.

Cierren los ojos.

Aquí aprendimos cómo poder llegar a ese vacío. Es silencio y profundidad. Y así es como ahora aguardamos, y todo lo que nos habíamos propuesto y lo que creíamos importante lo dejamos atrás. Toda seguridad de lo que está bien, lo que está mal, todo lo dejamos atrás y nos vaciamos. Y ahora hacia ese vacío le dirigimos un pedido y le decimos interiormente a eso infinito: por favor. Aguardamos una respuesta. Siempre sorprende. Y es muy breve, y de pronto sentimos desde abajo cómo surge desde el centro de la tierra una fuerza se eleva y una palabra que vale, que cuenta. Y de pronto sabemos cuál es el siguiente paso.