Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

LA PROXIMIDAD

Extractos de “LLEGADO”
(Trilogía Tardía) 2011

La proximidad nos relaciona y nos separa, dependiendo de quién se nos acerca, o nosotros a él. Una proximidad indiscutible solo existe entre padres e hijos y en la pareja.

La proximidad a distancia

¿Y cómo se ve entre amigos? Una distancia debe permanecer entre amigos, de lo contrario las fronteras entre ellos se borran, y entonces se vuelven también rivales. Al acercarse demasiado, corren el peligro de que uno se ponga en el sitio del otro. Para evitar esto, la distancia entre ellos debe ser conservada.

De ahí que no puede haber amistad en relaciones de negocio, pero sí el respeto mutuo que reconoce los límites.

Sobre todo, no puede haber amistad entre un superior y sus subalternos, porque después de un rato, lo engañan o se llevan algo que no les corresponde. Además, la estructura de la empresa se ve socavada. Entonces, la fuerza y la alegría creadoras se aflojan.

Aquel que mantiene una distancia apropiada con sus subordinados, se mantiene en su fuerza. Ellos lo temen porque dependen de él, y él puede, en cada momento, decidir si conserva en pie la relación de trabajo, o la rompe. Esto es de considerar en situaciones cuando el empleado, por las capacidades especiales que trae consigo, opina de sí mismo que es indispensable. En aquel momento, se apodera de la dirección, y el empleador se comporta como si fuera dominado por él.

En este caso, el orden tiene que ser restablecido de inmediato. Quiere decir que este empleado debe ser reemplazado, a cualquier precio. Si el despido se aplaza, el perjuicio será mayor. Aquí vemos qué efectos se producen cuando permitimos demasiada proximidad ahí donde la distancia debe ser conservada. Si acaso la proximidad pasa de ciertos límites, las consecuencias no pueden ser anuladas. Y esto aún más cuando el empleado se ve metido en un asunto de mujer.

¿Cuál es la proximidad que necesitamos en primer lugar? La proximidad con nosotros mismos, con nuestras capacidades, con nuestra responsabilidad, con nuestra grandeza. En vez de dejar que otros se acerquen más de la cuenta, los mantenemos a una distancia justa, es decir, que queda claro quién manda y quién sigue.

La proximidad entre hombre y mujer

Distinta es la proximidad entre hombre y mujer. Dependen recíprocamente el uno del otro. Ganan en fuerza gracias a su acercamiento y crecen el uno con el otro de una manera profunda.

Sin embargo, incluso esta proximidad precisa de vez en cuando de suficiente distancia. Demasiada proximidad consume. Debemos descansar de ella a veces, y cosechar nuevas fuerzas para la siguiente proximidad. Así, hombre y mujer se sienten nuevamente atraídos el uno por el otro, de modo que su cercanía y su amor se irán profundizando.

La proximidad con Dios

¿En qué está nuestra proximidad con Dios? ¿La podemos buscar tal como la buscamos con nuestros padres o nuestra pareja? ¿No está Dios tan cerca que dependemos, en todos los aspectos, de su obra creativa, sin poder ser un interlocutor, buscando o rechazando su proximidad?

No puede haber separación de Dios, porque estamos y vivimos en él, independientemente de nuestro comportamiento. ¿Qué significa aquí la proximidad con él? Pues, somos en todos los aspectos, uno con él.

Sin embargo, a veces experimentamos una mayor o menor proximidad con respecto a él, más que nada a través de los sentimientos de inocencia o de culpa. ¿Acaso está él más alejado de nosotros después de una culpa? ¿O nosotros más lejos de él? ¿Dónde estaríamos si por un instante perdiéramos la unidad con él, incluso después de una culpa?

Pase lo que pase, sea cual sea nuestra conducta, debemos admitir que aquí no existe una separación que pueda abolir nuestra unión con él. Aquí no hay proximidad, en el sentido humano. Aquí sólo hay el amor con el que, momento tras momento, él nos mantiene en la vida, y por parte nuestra la respuesta a su amor que confía en él en todo, tanto en la sensación de alejamiento como en la de proximidad. Más allá de la distancia o de la proximidad, nos percibimos llevados por él y unidos a él en todo.

La psique

La psique designaba originariamente el alma. Hoy día evitamos la palabra alma y hablamos más fácilmente de la psique. Con ello reducimos la dimensión de algo misterioso, que escapa de nuestro acceso, a una entidad más alcanzable, de la que podemos disponer y utilizar.

Originariamente, con Platón, la palabra psique significaba algo que nos une a otros, que entre yo y el otro crea aquel vínculo que nos permite percibir y entender lo que el otro nos dice. La psique es el eslabón invisible entre él y yo. ¿Cómo alcanzarlo, y él a nosotros, si no fuera porque entre nosotros existe este cordón invisible uniendo su espíritu al nuestro? Y que nos hace posible estar juntos en el intercambio, y a la vez estar juntos con la vista puesta en algo más grande, de lo que ambos dependemos.

Científicamente es posible investigar y describir ciertas reacciones de la psique, por ejemplo su respuesta a estímulos particulares de fuera o de dentro. Por lo tanto, podemos también utilizarla para manipular, para incentivar o para sanar. En la publicidad por ejemplo, en la educación con “la zanahoria” o el palo, para calmar o para mover algo durante una enfermedad y su convalecencia.

Esto representa una parte limitada del alma. Por eso es que hablamos preferiblemente de psique en lugar de alma.

El alma

¿Cómo percibimos el alma? La percibimos como nuestra vida, como nuestra vida sentida. A la vez, esta alma tiene una frontera. Cada ser humano se circunscribe a sí mismo, incluyendo su alma, de los demás seres humanos gracias a los límites de su cuerpo físico.

La pregunta se plantea: ¿Qué es lo que mueve nuestro cuerpo? ¿Cómo percibimos la vida que lo mueve? ¿Qué es lo que coordina los movimientos dentro de él? ¿Qué mantiene la cohesión de nuestro cuerpo? Es nuestra alma.

Sentimos de modo muy parcial la existencia de nuestra alma, no más de lo que ella nos exige para una acción precisa. La mayoría de los movimientos de nuestro cuerpo se desarrollan fuera de nuestra consciencia, gracias a otra consciencia que nos sobrepasa infinitamente. Nuestra consciencia, en sus movimientos, es dirigida más que nada a otro plano, más allá de nuestro cuerpo y más allá de nuestros sentimientos. Nuestra alma se mueve en sintonía con una fuerza creadora, que actúa detrás y dentro de todo ser. Este poder nos trae a la existencia, nos mantiene en ella a cada instante, de forma continua.

Nuestra alma alcanza por consiguiente mucho más lejos que la frontera de nuestro cuerpo. Nos vincula a todo lo que está presente aquí, conjuntamente a nosotros. Nos vincula además con nuestro origen y con aquello que nos aguarda, cuando el alma abandone detrás de sí los confines del cuerpo.

El espíritu

Entonces, ¿qué de nuestro espíritu? ¿Acaso está por encima del alma? ¿Son espíritu y alma, después de todo, uno? ¿Nos es permitido hablar de un alma-espíritu, como si pudiéramos hacer una distinción entre los dos? ¿Posee todo lo que existe un alma, incluso el mundo en su integridad, permitiendo que nuestra alma sintonice con el alma del mundo, moviéndose y sintiendo con ella?

¿Qué es el alma? ¿Y somos capaces de percibir nuestra alma en resonancia con un alma universal? ¿Qué actúa detrás de todo y dentro de nosotros? En todo actúa un alma infinita. En resonancia con ella y gracias a ella, somos uno con todo lo que hay presente, y a través de todo y de cada cosa, estamos unido a ella. ¿Cómo? Con amor.