Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

La muerte, hombres y mujeres

Extractos del Entrenamiento Internacional de diciembre 2010
Alemania

La muerte

Lo que me guía en todas mis decisiones es que una decisión es siempre sobre vida y muerte. Entonces nos sentimos siempre acompañados por ambas. Es decir, del lado izquierdo está siempre la muerte, pero esta muerte no es algo terrible. La muerte vela por nuestra vida. Por eso también nos encontramos sin miedo frente a ella. Porque ella nos guía a través de toda la vida y, cuando llega nuestro tiempo, nos guía hacia el otro camino. 

¿Hacia dónde?

No sabemos. 

Sabemos que es algo inconmensurable.

Nos lleva a algo enorme y, si estoy ahora aquí o cuando trabajo, yo también me dejo guiar por la muerte, por mi propia muerte. Y también por la muerte del otro, del que busca aquí ayuda. Entonces entro en sintonía con algo que de verdad cuenta y de esta forma voy a proseguir ahora.

(Se acerca un hombre).

Me tomo mi tiempo. Cierro los ojos. 

Estoy esperando una señal de mi muerte y una señal de su muerte. Recibí un mensaje. El mensaje es: “es suficiente”. 

Al recibir un mensaje semejante, no es sólo un mensaje para él. Es un mensaje con validez para todos, incluyéndome a mí. Y ahora para todos ustedes significa seguir este mensaje.

(Al hombre) Cierra los ojos y siente lo que este mensaje provoca en ti. 

¿Entendiste el mensaje? Lo entendiste?

Hombre: Si.

Hellinger: Y esto es suficiente (sonríe).

A todos.

Con este trabajo, para que nos conmueva lo más profundo posible, a veces es necesaria solo una palabra, o pocas palabras o, tal vez, una pequeña frase. La pregunta es: ¿De dónde proviene esa señal? Ahora lo experimentaron y cada uno es capaz de recibir también este tipo de señales. Solo depende de cómo se pregunta y a quién se pregunta.

¿Quieren experimentarlo ustedes mismos?

Cierren los ojos.

Se imaginan a alguien que los tiene preocupados: tal vez una criatura, tal vez una pareja, tal vez alguien que se encuentra enfermo, tal vez la madre, el padre ó algún hermano.

Tal vez sean ustedes mismos.

Y ahora miran a la muerte. La propia muerte o la muerte de esa persona específica a cierta distancia, frente a ustedes un poco hacia la izquierda. Y ahora se exponen a eso y esperan un mensaje.

(Silencio…).

Esperan un mensaje que traiga felicidad. Un mensaje que quite una presión, un mensaje que rompa una cadena.

(Silencio…).

¿Cómo les fue con esta experiencia? ¿Recibieron alguna palabra? A mí sí me vino una. La palabra es: “AHORA”.

Así ustedes pueden ver que, en este tipo de proceder, se incluye a todos. Cada uno de nosotros. Porque el Espíritu jamás escoge como si amara a uno más que a otro, o como que ayudara a uno más que a otro. Está entregado y abierto a todos con el mismo amor. 

Después de una constelación:

¿Quién hubiera pensado esto? ¿Qué pudimos ver aquí? 

La intrincación con muertos.

¿Y cuál fue la solución?

La resurrección de los muertos fue la solución.

Resucitar de esos muertos que nos llevan a nosotros a la muerte. Y eso se conoce en este trabajo de constelaciones familiares como una vinculación, como una intrincación.

Y hay diferentes formas de estar intrincado. Nosotros también nos intrincamos en destinos de personas vivas. Aquí fue una intrincación con muertos. Esa es la intrincación más común. Y esta es la intrincación oculta, pero si permitimos que nos dirijan los movimientos del Espíritu sin interferencia de imágenes nuestras en los movimientos de los representantes, esta intrincación sale a la luz. Aquí, con estas otras constelaciones familiares, yo os llevo a otra dimensión y de ahí proviene la solución. Ni siquiera necesitamos saber los detalles.

Meditación

Cierren los ojos. 

Y ahora nos internamos en nuestro cuerpo y sentimos dónde se encuentra una línea divisoria. Por ejemplo entre la parte superior y la parte inferior. O entre izquierda y derecha, o entre nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, o entre nuestro rechazo y la entrega.

Entonces nos dirigimos hacia este sitio que rechazamos con más intensidad, o que se halla excluido.

¿Qué personas, de las que nos vivenciamos como separados, se encuentran ahí?

Y ahora experimentamos y tratamos de ver y sentir si realmente nos pertenecen. ¿Su destino es el nuestro? ¿También el nuestro, al mismo tiempo, se enfoca hacia otro lado, separándose de nosotros? Es decir, ¿a cambio de acercarnos, nos separamos de esto? Y luego resucitamos de esta muerte.

(Silencio).

Y ahora estamos completamente presentes para aquellos que viven.

(Silencio).

¿Cómo se sienten con esto? ¿Más ligeros?

Hombres y mujeres

Quiero decir algo acerca de hombres y mujeres. Es un tema inacabable. Un tema inmenso.

Y todo es muy sencillo. En la Biblia hay una frase maravillosa:

Dios creó al hombre según su imagen y luego la Biblia explica cuál era esa imagen. Él los creó como hombre y mujer. Hombre y mujer son para Dios una sola imagen. No dos. Es una única imagen.

¿Y cómo logramos nosotros la unidad con la imagen de Dios donde ambos son iguales?

En la constelación anterior pudimos ver que había un hombre y una mujer separados y los hijos no sabían hacia quién ir. No sabían si tenían permiso de ir con alguno de ellos. Había una división, había una separación entre padre y madre. La mayoría de los problemas se originan por el hecho de que hombre y mujer se hallen separados. Tanto dentro de nuestro cuerpo, como dentro de nuestra alma.

Si alguien dice: “yo” ¿Qué dice en realidad? “Yo” como hombre, o “yo” como mujer. Y en este momento ambos están separados. Si he logrado la unidad dentro de mi cuerpo y de mi alma ¿puedo seguir diciendo “yo”? ¿O siempre me tengo que expresar con un “nosotros”?

Yo soy un “nosotros” en mí: un hombre y una mujer lograron la unidad.

Toda separación que vivenciamos, por ejemplo la división entre arriba y abajo y la de izquierda y derecha, es una separación entre hombre y mujer.

Siempre cuando nos encontramos con una división se trata de la separación entre hombre y mujer.

¿Cómo restablecemos ese orden, esa unidad?

De acuerdo a la imagen de Dios, cuando hombre y mujer pueden unirse en mi cuerpo.

Lo podemos experimentar en una pequeña meditación.

Meditación

Cierren los ojos.

Ahora imagínense:

La derecha se llama hombre, la izquierda es mujer. Y ahora interiormente permiten que la derecha y la izquierda confluyan y se conviertan en una unidad. Cuando derecha e izquierda confluyen y fluyen así dentro de nosotros, entonces hombre y mujer se unen y fluyen a través de todo nuestro cuerpo.

¿Qué es lo que se transforma con esto? ¿Qué es lo que transforma la percepción?

Se transforma la percepción de nuestro cuerpo.

Cuando de pronto en vuestro sentimiento de derecha e izquierda ya no existe diferencia alguna, entonces es como si ambos hemisferios cerebrales se convirtieran en uno. Los sentimientos y la razón. Las particularidades se van diluyendo. Las distinciones acaban y de pronto nos sentimos completos.

Y ahora ampliamos esto. A la derecha el padre y a la izquierda la madre y sentimos en nuestro cuerpo cuál de los dos tiene el peso más grande. Quién se encuentra más en trasfondo y quién más adelante. 

Ahora permitimos que se encuentren y que se unan. Que formen una unidad inseparable. Y ahora sentimos el efecto en nuestro cuerpo.

Ahora recordando la constelación que acabamos de ver, miramos a nuestros hijos y si no los tenemos miramos a una criatura que conocemos. Tal vez una criatura que tenga problemas o que se encuentre enferma. Y ahora mirando a esta criatura dejamos que confluya en ella su padre y su madre y se conviertan en una unidad. En esa criatura vemos a padre y a madre como uno.

Ahora miramos a nuestra pareja y también en ella vemos a su madre y a su padre convertidos en uno, inseparable, solo uno. Y miramos más allá de él o ella, a su padre y a su madre y los respetamos y los amamos de la misma manera en nuestra pareja.

Ahora lo miramos a él o a ella como alguien cuyos padre y madre se han hecho uno. Ahora son tres los que se miran unos a otros: yo, con mi padre y mi madre como uno, mirando a mi pareja. Y él o ella también con su padre y su madre en una unidad.

¿Qué sucede con nuestro amor?

Es tan profundo y amplio que se hace a imagen de Dios.

Esta unión de lo femenino y lo masculino tiene un efecto de gran alcance y en todo sentido.

Os voy a dar unos ejemplos.

Dios y el mundo.

¿Dónde se encuentra lo masculino y dónde lo femenino?

¿Qué le hicimos a Dios cuando lo separamos del mundo, y qué es lo que le hemos hecho al mundo?

Muchas enfermedades tienen que ver con que una de las dos partes ha sido echada para atrás.

Vida y muerte son hombre y mujer.

Vida es masculino. Ahí nos ponemos activos, activos masculinamente.

Y muerte es femenino. ¿Por qué? La muerte es el mensajero de la nueva vida.

Acción es masculina, la calma es femenina. La calma está recogida, centrada y plena. Y eso es femenino porque la vida es algo activo y por eso es masculino.

Vida y muerte en unidad. Acción y calma en uno. Esa es la plenitud.

Cierren los ojos.

Ahora vamos a hacer lo mismo que hemos observado.

Permitimos que la fuerza desde debajo de lo pies ascienda hasta llegar a nuestra mitad y para ello nos tomamos el tiempo necesario. Y sentimos esa fuerza en la mitad de cuerpo y al sentirla ahí entonces nos enfocamos a la fuerza en nuestra cabeza, y cómo esa fuerza va descendiendo hasta llegar a la mitad del cuerpo, hasta que logre unirse con la otra fuerza y formar una unidad.

Entonces con esa fuerza completa miramos a otro ser humano, alguien muy cercano a nosotros y lo miramos o la miramos con toda la fuerza que ahora poseemos, con fuerza centrada y con amor.

Y si nos sentimos dispuestos y listos, entonces nos dirigimos al otro.

(Silencio).

¿Se completaron? ¿Se sienten fuertes? ¿Sienten esa energía única según la imagen de Dios?

Especialmente cuando se encuentran con otros. Ese encontrarse con la fuerza completa y ver al otro también en esa fuerza completa. Hombre y mujer como unidad. No un “yo”, sino un “nosotros”.