Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

La Constelación Familiar como filosofía aplicada

De los movimientos del alma hacia los movimientos del espíritu.

Bert Hellinger habla de nuevas percepciones en los orígenes, saca conclusiones y presenta los efectos de una “manera distinta de ayudar” que surge de la comprensión actual de la Constelación familiar.

Jornadas en Garmisch-Partenkirchen, Febrero 2004

Considerando la manera como la Constelación Familiar se ha desarrollado desde el primer libro publicado por Gunthard Weber, y como se ha propagado no sólo aquí sino que en otros países también, al punto de dejarnos a veces atónitos, siento que detrás de este movimiento obra una fuerza grande, algo bueno que nos ha tomado, ustedes y yo, a su servicio.

Por esa razón, lo que hacemos no depende de lo que pensamos. Este movimiento nos arrasa sin que podamos resistirle. Nadie lo puede detener. A los pequeños, los que opinan que tienen que manejar las cosas, les cuesta mucho aquello. Pero ellos también están al servicio de este movimiento, porque - así es como lo percibo y así se ve claramente cuando uno se para a observar las cosas tales como son - lo divino o la fuerza primordial, la fuerza que mueve al mundo quiere el conflicto.

Sólo que nosotros soñamos con la paz eterna donde los individuos, igual que en el país de Jauja, se empachan y luego quedan tirados por ahí. ¡No! La creación está en movimiento y topa con obstáculos. La vida llega a su plenitud de potencia cuando se enfrenta con lo adverso.

Al oír cuantos talleres se ofrecen aquí dados por compañeros de renombre, pienso: “Magnífico lo que se ha desarrollado aquí. Y cada cual aporta al conjunto algo en especial. Debido a que tantas personas con su experiencia en particular, sus intrincaciones, sus posibilidades y sus límites acepten este conjunto, la plenitud de la Constelación se palpa al igual que su desarrollo tan variado.” Y me viene el pensamiento: soy uno de los muchos que también contribuye.

La Constelación como psicoterapia

Quisiera decir algo acerca de mi experiencia de cómo la Constelación Familiar ha evolucionado y cómo sigue. Al principio la Constelación Familiar era básicamente una psicoterapia. La proponíamos siempre en un marco psicoterapéutico a gente en busca de ello. La gente enferma a menudo de cuerpo y alma. La Constelación les ha ayudado. De la formación psicoterapéutica hemos acarreado también una actitud que nos había moldeado y que nos orientaba. Esto ha impregnado mucho las Constelaciones de los comienzos.

¿Cuál era esta actitud? Era la idea siguiente: éste es el cliente, el necesitado, y aquel es el terapeuta. El terapeuta está formado a ciertos métodos y ahora conoce las Constelaciones y las utiliza con la meta de una psicoterapia. Pero eso, no en el sentido de una terapia individual ya que algunos estaban más allá de ella, habiendo captado la esencia de la Constelación. Ésta se reveló en el ámbito de las terapias de familia. Y nosotros, como terapeutas, habíamos hecho algo en el sentido en que habíamos sido formados: actuar a partir de nuestra experiencia.

Así constelamos familias. Pedíamos al cliente que escogiese representantes y los colocase en el espacio, luego interveníamos con nuestras imágenes formadas a raíz de lo que habíamos aprendido acerca de los órdenes de las relaciones. Luego buscábamos una solución. Primero mirábamos el problema y después la solución. Esto trajo mucho alivio.

Andando con el alma

Luego se hizo obvio que los representantes son mucho más importantes de lo que pensábamos en un principio. Se pudo comprobar que los representantes estaban en relación directa con un campo mucho mayor y de ahí, simplemente por dejarse llevar con el movimiento que les impulsaba, traían algo a la luz. Algo que surgía de aquello que al principio habíamos descubierto acerca de los órdenes del amor. De repente nos encontrábamos confrontados a situaciones y movimientos muy distintos. Entonces nos fuimos abandonando cada vez más a estos movimientos. Y a menudo desmentían nuestras imágenes.

Algunos intentaron interrumpir aquellos movimientos y en lugar de esperar a ver lo que pasaba, quisieron intervenir. Hubo que esperar cierto tiempo hasta que yo empezara a ver – ahora hablo de mí - que había que perseverar, que aquello necesitaba su tiempo. Y que si me exponía a lo que pasaba, entrábamos en profundidades mucho más allá de lo alcanzable en psicoterapia. Aquí nos encontrábamos en contacto y relación con fuerzas del destino a las que solemos negar.

Por ejemplo vemos que alguien es atraído de modo irresistible hacia la muerte. ¿Qué hacemos pues? O alguien se siente culpable de haber causado una muerte. ¿Con qué método, aprendido en psicoterapia, podemos hacer algo? ¿Podemos en verdad hacer algo? ¿O toca aquí la ayuda una frontera donde el “dejar hacer” se vuelve importante? Donde, en cuanto se deja de actuar, la verdadera ayuda comienza.

Otra fuerza toma aquí el mando. Me entrego a esa fuerza y de repente sé si tengo que actuar y qué tengo que hacer, aunque a veces parezca absurdo. A pesar de ello acompaño el movimiento. Entonces acontece algo, algo que de ninguna manera se podía prever.

Esto pues trasciende, con mucho, el marco de la terapia familiar y de la psicoterapia. Lo que había empezado con la Constelación Familiar se transforma en “andar con el alma”. ¿Qué alma? No la propia ni la del cliente, ni la del representante sino un alma que alcanza a todos con la misma intensidad. Cuando conseguimos la armonía con este alma nos sentimos aliviados. Nos hemos detenido ante algo inconcebible y lo inconcebible se hace, a través de sus efectos, perceptible.

Andando con el Espíritu

Pero, como todo en la vida, nada permanece estático. Pensaba que “andando con el alma” era lo máximo que se pudiese alcanzar. Pero no lo era. De repente me di cuenta de que las experiencias hechas con las Constelaciones y los movimientos del alma nos llevaban a comprensiones de una profunda riqueza y que estas comprensiones nos exigían nuevas vías de proceder que se alejaban mucho de lo que yo percibía hasta ahora como justo y bueno. ¿Qué era esto?

Yendo más allá de la Constelación y del andar con el alma, ahora voy con el Espíritu. De una vez se transforma este trabajo en filosofía aplicada. En lugar de observar los sentimientos y lo que a través de ellos se define, se pone ahora en marcha el Espíritu y nos pide procedimientos muy distintos de los que valen para andar con el alma.

Demuestro esto con un ejemplo. Un cliente se queja de sus padres o de todo lo terrible que ha vivido en su infancia. Anteriormente le teníamos lástima y pensábamos:” Le voy a ayudar”. Pero, aplicando el pensamiento filosófico a partir del Espíritu, veo que no hay nada terrible, esto no existe. Cuando detrás de todo actúa una fuerza de creación, no hay nada que se le pueda resistir. Pues ahora considero esta situación desde el plano filosófico y pido al cliente que contemple su situación de la misma manera. Y que diga:” Haya lo que haya, gracias. Lo tomo todo como una fuerza. Tomo a estos padres especiales que me han dado esta fuerza especial que para mi existencia es esencial.” Y en el acto se transfigura todo lo que ha acontecido. Se vuelve valioso.

¿Qué actitud adopta entonces el terapeuta? Él ya no es terapeuta, ahora es filósofo. No siente lástima de ninguna clase. Al contrario, él también asiente a lo que es o lo que fue. Gracias a esto se liberan fuerzas que alcanzan mucho más lejos que una psicoterapia.

Tomemos ahora a los padres. De un punto de vista filosófico, todos los padres son perfectos. La observación más sencilla lo muestra con evidencia: lo que hace de los padres unos padres, ellos lo han hecho perfectamente, sin quitarle nada. Con esto se ganan, por su servicio hacia la vida, la mayor consideración. Filosóficamente, como filósofo, tomo a estos padres como Dios- sea cual sea el significado de esto- en mi corazón, sin diferencias. Y me encuentro en seguida en otro plano donde no me topo con ningún final.

Si os enseño aquí mi trabajo, lo haré andando principalmente con el Espíritu. Es una oportunidad que os ofrezco para observar y experimentar hasta qué punto sois capaces y dispuestos para aquello.

Pero, nada es perfecto. Todo en este camino, la Constelación tal como era y los movimientos del alma son de igual valor, pertenecen todos a este mismo movimiento. El que una vez se ha entregado a ello y ha abierto su corazón, sabe y siente que tiene que crecer. Gracias a este trabajo estamos forzados a madurar interiormente. Se nos hace claro que aquí ya no se trata unicamente de sanar, o de resolver un problema. Al fin y al cabo, se trata de la vida en su plenitud. Lo que hacemos sirve la vida, tal como ella desee desplegarse y expandirse.

De aquí en adelante me pueden hacer preguntas, y de ahí seguiremos. ¿Quién tiene una pregunta acerca de lo que acabo de decir?