Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

La ayuda

París, noviembre de 2004

La ayuda

“¿Qué significa querer controlar al paciente? Significa que el terapeuta se siente como un niño frente a ese paciente.

El terapeuta es un hijo que quiso salvar a sus padres, y como no lo consiguió se vuelca hacia sus pacientes para intentar salvarles en sustitución de sus padres.

La solución: ponerse delante de nuestros padres y decirles vosotros sois los grandes, yo soy el pequeño, vosotros sois fuertes, no soy más que el hijo. Y ver al cliente con sus padres detrás, sabiendo que la fuerza de sanación vendrá de ellos.

El terapeuta que quiere profundamente, que actúa con coherencia, que encuentra el punto esencial, parece duro. Está lleno de amor.

El amor

Es una palabra muy grande. En el cristianismo nos dicen que debemos amar a Dios y al próximo como a nosotros mismos.

Sin embargo este amor nos lleva a menudo hacia conflictos. A menudo confundimos a Buenos y Malos... ¿Queremos a los Malos? Al llamarlos Malos, el amor se detiene.

Amor significa otra cosa. Este trabajo nos enseña que allí donde cesa la distinción entre los Buenos y los Malos, empieza la terapia. Cuando se deja que sigan totalmente el movimiento de sus almas, estos movimientos tienen una dirección, una meta. Reúnen lo que antes estaba separado, reúnen a los Buenos con los Malos. Al final vemos a todo el mundo al mismo nivel.

¿Cómo nacen los problemas en una familia?

¿Cómo es que hay enfermedades graves, accidentes, suicidios...?

Es porqué alguien fue excluido, olvidado, la familia se quiso deshacer de alguien, olvidarle. Pues si seguimos nuestra conciencia, nuestra buena conciencia, sólo permitimos a algunos que pertenezcan al clan, excluyendo a los otros. Es por lo que la exclusión se hace con buena conciencia, la buena conciencia es enemiga del amor.

Aquí cambiamos y abrimos nuestro corazón a todo lo que hemos querido alejar de nuestro corazón y de nuestro amor. Encontramos una solución de amor.

Estar en el Amor

Existe un movimiento en el alma que nos une profundamente con el todo. Si nos miramos a nosotros mismos y a los demás, si miramos el mundo, nos damos cuenta de que todo está en movimiento, todo se mueve y ¿cómo es que el hombre pueda moverse?

Ese movimiento ¿viene de dentro o de fuera?

¿Podemos movernos por nosotros mismos? ¿Existe otro movimiento que nos agarra y nos lleva? Todo movimiento viene de fuera, incluso los movimientos interiores. Viene de una fuerza que actúa por igual en todas partes. La misma fuerza lo engloba y lo agarra todo y como todo es agarrado por esa misma fuerza, podemos concluir que esa fuerza es volcada, orientada hacia todo.

No puede excluir nada. Y a la inversa, nada se puede excluir de esa fuerza. Todo, tal y como es, es decidido, querido, por esa fuerza. Y por esa razón, por esa fuerza arcaica, no hay distinción entre Bien y Mal. Somos nosotros los que a veces no queremos algo. Esa fuerza lo quiere todo tal y como es. Ese modo de ser orientado hacia el todo se llama el Amor.

Ya existe para vosotros una posibilidad de uniros profundamente con esa fuerza. Cuando nos encontramos con otras personas, nos unimos primero a esa fuerza y nos dejamos guiar con respeto hacia esa fuerza y perdemos los contactos que teníamos y estamos llevados por esa fuerza, unidos con ella.

Estar en movimiento con esa fuerza es estar en el Amor.

Si todos entramos en contacto con esa fuerza estamos todos en el Amor, y eso es el cielo.

Este trabajo que aquí hacemos ha evolucionado. Los que me conocen lo notan, y muy profundamente. Este trabajo significa ir con el Amor de Dios.

Si trabajo con alguien, me esfuerzo por estar en resonancia con esa fuerza y voy tan lejos como esa fuerza me lo permite.

¿Qué pasa cuando me dicen que tengo que trabajar con tal persona? Miro si esta persona está en resonancia con esa fuerza. Para quién es justo e importante que yo trabaje con él, no tiene más que fiarse de esa fuerza conocida por el mismo. Lo que es guardado por esa fuerza nos lleva más lejos de lo que deseamos.

¿La realización de los deseos nos hace más humanos o menos humanos? ¿Más fuertes o más débiles? El cielo de los deseos realizados es el infierno.

La psicoterapia

La psicoterapia ha ayudado a mucha gente, a mí también. Al principio era una sesión individual, una sola persona. Pero el movimiento esencial se mostró desde el principio: el movimiento esencial es integrar lo que ha sido excluido.

En Freud también, se trata de hacer aparecer lo que estaba reprimido, excluido, de mirar lo que estaba excluido, de integrar dos cosas opuestas. Jung quería integrar la sombra, lo que uno quiere dejar en la sombra. Todo crecimiento viene de reintegrar algo que era excluido. Así empezó el psicoanálisis, integrar lo reprimido. Son las bases que se dieron en ese momento.

Reprimimos algo porque va en contra de nuestra buena conciencia. Lo reprimimos por la moral que nos prohíbe mirar y reconocer ciertas cosas.

Cuando reintegramos lo reprimido nos volvemos inmorales y culpables, por lo tanto más humanos. Tenemos un amor más grande, con una moral diferente, una moral volcada hacia todos y que da amor a todos. Esta forma de filosofía tiene límites.

Nos hemos dado cuenta de que el ser humano forma parte de un cierto sistema. Todo lo que hemos reprimido son personas, seres humanos de nuestro sistema familiar. Hemos rechazado, reprimido la sombra familiar.

Después se empezó con las terapias familiares, de un modo superficial. Se hizo terapia de grupo mirando donde había desorden para mejorar la comunicación: terapia familiar sistémica.

Se vio que el individuo se comporta tal y como es. Pues está intricado con otra persona de la familia. Otros miembros de la familia del pasado se expresan, se manifiestan. El individuo hace visible algo del pasado que estaba sin resolver y que pertenece al pasado. Son las CF. Evolucionaron observando estos movimientos que no pudieron concluir, o algunas veces si pueden cerrarse, finalizarse. Esto sólo funciona cuando el individuo expresa lo que reprimió. Lo que también tiene un límite en la constelación, pues hay que ir más allá y mirar hacia algo más grande que decide de cada destino individual, de modo específico.

Confiamos al paciente a algo mas grande, algo religioso, donde se detiene todo querer hacer, donde uno se recoge y confía en esas otras fuerzas.

Si el terapeuta observa sus terapias, verá como en muchas intenta, con la fantasía que sea, influenciar al cliente para que siga su idea. Si el terapeuta lo consigue, es peligroso para el paciente y para el que le quiere ayudar. Esta persona se agota totalmente. Deja de creer en su idea y enferma. No se puede jugar con los destinos, ni con el nuestro, ni con el de otra persona.

Hay que mirar el destino tal y como es, el nuestro, el del otro, sin compadecimiento, sin añoranza, sólo con recogimiento. Entonces estamos unidos con nuestra fuerza.

Los movimientos del alma

Aun que sea sin información los representantes sienten algo, unidos a un campo más amplio. En ese campo hay una resonancia en todos los que están presentes. Una familia es un campo. En ese campo nada se pierde. Todo permanece en resonancia con todos.

En ese campo hay desorden y disfunción cuando alguien es excluido del mismo, de la familia. Y por ello alguien los va a representar. Mas adelante, los que fueron excluidos se hacen notar gracias a un miembro de la familia que toma sobre si mismo una agresividad o un miedo y los siente como propios. Ese miedo o agresividad vienen de la resonancia de los sentimientos del excluido. A veces se pueden coger varias resonancias a la vez.

Cuando la resonancia se hace visible y cuando los excluidos son reintegrados los miembros que han tomado algo ajeno son liberados de ello. Es el problema principal de un sistema y su solución. No es necesario conocer los detalles.

Resistencias, rechazo de la realidad, rechazo a cambiar: una descripción abstracta del tema, en la que la persona manifiesta que rechaza algo o alguien, se corta de la vida, se queda sólo en la racionalización. Cuando el cliente se queja o añora algo. Si el terapeuta acepta la queja, añorando lo mismo que el cliente, la terapia puede durar indefinidamente, son como dos niños juntos.

Lo importante es el movimiento para liberarse de esa dominación.

Para que los movimientos del alma, sanadores, surjan, hace falta la despedida de toda intención.