Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

El tomar

Frankfurt, octubre 2010

Entonces el curso se termina hoy. Todavía tengo que decir algo importante sobre el comienzo. Todo comienza. ¿Cómo empieza nuestra vida? ¿Cómo empieza toda la vida? A través del tomar. Tomar, tomar, tomar. En cada momento necesitamos el aire. Entonces lo tomamos a través de la inspiración. Cada día necesitamos algo para comer y beber. Entonces tomamos, tomamos, tomamos. Solo podemos movernos cuando tomamos. Estamos aquí en esta bella ciudad. ¿De qué manera podemos movernos aquí? Es porque muchos nos lo facilitan para que podamos encontrarnos aquí y en todas partes. Podemos estar aquí solo cuando tomamos. La pregunta es, ¿somos conscientes de eso?

Entonces es una imagen bonita ver a un pájaro construyendo el nido y luego vienen los pajaritos; y ¿qué hacen? Toman, toman, toman. ¿Y qué hacen los padres? Dan, dan, dan. Y ambas cosas son adecuadas. Los jóvenes pueden crecer solo porque toman. Esto es el curso de la vida. Todos tienen que tomar y luego, cuando sean grandes como sus padres, dan. ¿Y el tomar? No tenemos que merecerlo. Primero tenemos que tomar.

¿Tengo que hablar más sobre este tema? Entonces todos vosotros aquí tomáis y yo doy. ¿Y por qué puedo dar mucho? Es porque antes tomé mucho y eso me llena. Eso no me cuesta nada, me relajo. La pregunta es, ¿dónde quedó nuestro tomar cuando nos hicimos adultos? ¿Nos acordamos de lo que tomamos de nuestros padres? ¿Lo tomamos? ¿Lo tomamos plenamente, o lo rechazamos después de un tiempo? Algunos dicen a los padres: no quiero nada de ti. Y cierran su corazón y se hacen pobres.

Cerrad los ojos.

Miremos ahora a nuestra madre y nuestro padre; cuanto nos han dado desde el principio y nosotros lo tomamos. Teníamos que tomarlo, de otro modo no estaríamos vivos. Cada día, cada noche, teníamos que tomar para vivir. ¿Lo respetamos? ¿De verdad lo tomamos? ¿Exigíamos, tenéis que dar más? No tomando lo que ellos daban en cada momento. ¿Nos hicimos completos gracias a lo que ellos nos han dado? ¿Pusimos alguna frontera: no, es demasiado? ¿Y qué pasó entonces con nosotros? 

Nos cerramos en vez de abrirnos. 

¿En qué medida nos hicimos estrechos? Porque nos defendíamos contra este tomar. ¿Nos sentimos más grandes rechazando este tomar? ¿Qué ocurría entonces en nuestro cuerpo? Y cuando luego se trataba de dar y servir, ¿teníamos fuerza para eso? 

Y ahora retrocedemos hacia nuestra madre y nuestro padre y les decimos: “Ahora lo tomo todo, toda la vida con todo lo que le pertenece”. Y sentimos cómo actúa en nuestro cuerpo, cómo de repente nos extendemos, felices. En la felicidad se revela que solo hay felicidad completa, no hay felicidad a medias. De esta manera, tomando todo lo que se nos regaló, nuestras caras empiezan a brillar.

Ok.

Entonces con este tomar no es tan fácil. Es decir, hay una causa muy concreta: el que toma está bajo presión. Es decir, no puede guardarlo sin dar. Esto es un movimiento de conciencia, de la buena conciencia en movimiento. Cuando recibo algo me siento culpable frente a la persona que me ha dado y debería darle algo. Cuando le doy, entonces de nuevo me siento ligero y descargado. En algunos países, cuando se abre un negocio, se hacen ofertas. Cuando recibo algo, tengo que comprar también. Es un ley bonita, el que toma tiene que dar también. 

Y luego hay un modo extendido de escapar de esta necesidad de dar. Simplemente no se toma nada; entonces no hay que dar nada. Es un ascetismo para sí mismo y luego iré al cielo. Totalmente solo.

Ok. Lo he dicho de un modo general. Esto es un gran espacio en el ámbito de dar y recibir. 

Solo voy a decir una cosa antes de que empecemos a trabajar. No siempre tengo que dar a la persona que me regaló algo, lo puedo transmitir a otros. Por ejemplo, así es con nuestros padres. Nosotros no somos capaces de devolverles nada; porque ¿qué podríamos devolverles? Unos regalos de cumpleaños, unas bagatelas. Nunca podemos igualarlo. Lo pasamos adelante. Yo, por ejemplo, os lo doy a vosotros y me da mucho placer. No lo siento como una carga, lo hago con alegría.

Ahora me gustaría trabajar de forma concreta, y vamos a ver qué se desarrolla a partir de ahí. ¿Quién quiere empezar?

(Al lado de Hellinger se sienta un hombre joven).

Hellinger: Solo puedo darte algo si me miras (se ríe). Aquí no hay estrés ninguno. Se lo pasa bien. ¿De qué se trata? Mírame.

Voy a demostrar ahora lo que ha hecho él. Él entró en una imagen interna y no me miró. Empezó a orientarse partiendo de una imagen interior. De este modo pusiste una frontera entre tú y yo. Ahí está la imagen y no me ves a mí. (Riéndose) Yo tengo más para dar que esta imagen. Ok. ¿Entonces?

Hombre: Se trata de éxito. Éxito personal. En mi familia hay muchos fracasos y supongo que no tengo derecho a tener éxito.

Hellinger: Uno tras otro. Es decir, se trata de éxito. ¿De qué éxito se trata primero?

Hombre: El éxito profesional.

Hellinger: ¿Cuál es tu profesión?

Hombre: Quiero trabajar como autónomo. Ahora soy tutor. Trabajo con niños. Me gustaría ser coach y trabajar independientemente.

Hellinger: Es decir, eres tutor y trabajas con niños. Después de todo, es una profesión bella. ¿Y por qué quieres empezar a ser independiente?

Hombre: He encontrado dentro de mí una fuerza que antes estaba escondida, y esta fuerza me dirige hacia adelante.

Hellinger: ¿Y qué te imaginas como profesión?

Hombre: Me estoy formando también en tu campo. Es decir, el coaching abarca a parte todo a nivel sistémico.

Hellinger se dirige al público: ¿Entendéis algo de lo que él está hablando? (Al hombre) No entiendo nada. Esto es muy borroso. ¿Y qué se esconde detrás?

Hombre: ¿En lo que está borroso o en lo que quiero hacer?

Hellinger: En lo borroso que quieres hacer. Te puedo decir lo que se esconde detrás. Fracaso. Cada éxito está claro. Lo que trae éxito está claro. Todo lo que es borroso es un movimiento hacia la muerte. Pero lo vamos a comprobar ahora. Lo vamos a ver. 

(Al público) Voy a escoger una representante para la profesión que él se imagina. 

(Dice a la mujer) Ponte ahí y nosotros solo vamos a ver cómo te mueves. Deja que te mueva tal como se presente.

La mujer tiene los ojos cerrados.

Hellinger se dirige al hombre: Ella se comporta como tú al principio aquí, vive en otro mundo. Ella no está en la tierra. Voy a coger cuatro personas. Poneros frente a ella. Representáis a las personas a las que va a servir con tu profesión. 

Hellinger: Ella no las mira. Ella solo está en las nubes. Ahí no hay ni éxito, ni fracaso. Los clientes no tampoco le miran.

Hellinger: ¿Y ellos lo necesitan? ¿Lo quieren? Ok. Ya lo hemos visto. Gracias a todos.

Hellinger dice al hombre: ¿Y qué vamos a hacer ahora?

Hombre: ¿Es decir, tengo que reconciliarme de alguna manera con este fracaso?

Hellinger: Si quieres, puedes. Yo no quiero.

Hombre: Esto fue un sueño mío, venir aquí y mirarlo.

Hellinger: No tienes que contarme. Veo de qué se trata. Yo estoy aquí para apoyarte, pero eso sería el principio. Eso no fue una interrupción por mi parte. Solo quería que vieras la seriedad de esta situación. De eso se trataba. Y en la mitad ya estás en el cielo. Pero eso siempre es lo mejor.

Os voy a contar una historia sobre el cielo. Un hombre, que tenía grandes planes, murió. Entonces fue al cielo y tocó la puerta. Salió Pedro y preguntó, “¿Qué quieres aquí?”, “Pues me gustaría tener una habitación de primera clase. Con una vista preciosa a la tierra. Cada día mis platos preferidos y un periódico.” Pedro se puso triste, pero, cuando el hombre rico insistío en recibir lo que esperaba, entonces le llevó a la habitación de primera clase con vistas a la tierra, le trajo su comida preferida y el periódico. Y luego se dirigió hacia la puerta, miró otra vez y dijo, “Volveré dentro de mil años”. Y luego cerró la puerta. Después de mil años volvió y miró a través de una brecha en la puerta. El hombre rico lo vio y dijo, “Por fin, has llegado. Este cielo aquí es terrible.” Pedro contestó, “Estás equivocado, aquí es el infierno”.

Es una historia verdadera. Esto quita el camino hacia el cielo a todos los que lo están buscando.

Hellinger se dirige al hombre: ¿Tienes familia?

Hombre: Estoy comprometido.

Hellinger: Ah sí. Has llegado en buen momento para que todo te salga bien. (Se escucha la risa del público) ¿Tu novia está aquí?

Hombre: No.

Hellinger: Bueno, vamos a mirarlo. (Se dirige al público). Necesito una mujer joven y guapa. ¿Quién quiere? (A una mujer) Ponte ahí. (Dice al hombre) Y tú en frente.

Hellinger dice al público: ¿Habéis visto cómo se comporta ella con él? Se ríe y se da vuelta.

El hombre y la mujer se miran. El hombre se acerca un paso y empieza a llorar. Se acercan y se abrazan. La mujer le acaricia la cabeza.

Hellinger: ¿Cuál es su futuro? La muerte.

La mujer se aleja.

Hellinger dice a la mujer: Dile, “muere solo”.

El hombre llora.

Hellinger pregunta a la mujer: ¿Cómo te sientes ahora?

Mujer: Mejor.

Hellinger: Exactamente. Ok. Puedes sentarte para mantenerte viva. (Dice al hombre) Siéntate a mi lado otra vez. Ahora estamos con lo que es serio. Voy a trabajar más. No te voy a dejar plantado. (Se ríen ambos).

Hellinger escoge a un hombre del público y le dice: Vas a representarle a él.

El hombre mira hacia el techo, se tumba y tras un tiempo extiende los brazos hacia arriba.

Hellinger dice al otro hombre: Ven tú. Tú serás su gemelo, digamos el reflejo del otro él.

El otro representante da vueltas y cae al suelo.

Hellinger escoge a otro hombre: Tú eres el secreto.

El representante del gemelo empuja al secreto hacia fuera, este se inclina hacia el suelo, y se cogen de la mano. Ambos tienen los puños cerrados. Se miran. El secreto grita: “Te mataré”.

Hellinger dice al hombre que está constelando: Arrodíllate frente a él.

El hombre se pone de rodillas. El secreto llora en los brazos del “otro yo” del hombre.

Sale una mujer.

Hellinger: Muévete tal como lo sientas.

La mujer se pone de rodillas con la cabeza apoyada en el suelo con manos hacia atrás. La mujer en esta postura se acerca al primer representante del hombre. El hombre, el que se está constelando, se apoya en la espalda de la madre.

Hellinger: Ok. Gracias a todos.

Hellinger dice al hombre: ¿Cómo te sientes ahora?

Hombre: Mejor. Pienso que eso hay que sentirlo.

Hellinger: ¿Has comprendido lo que se ha presentado aquí?

Hombre: No completamente. Tengo una idea.

Hellinger: ¿Y cuál es tu idea?

Hombre: Tengo un hermano gemelo muerto.

Hellinger: ¿Cuándo murió?

Hombre: Cuando estaba en el vientre de mi madre.

Hellinger: Sí, está relacionado con esto. Pero ahí hay mucho más lejos, en el pasado.

Hombre: Hubo mi abuelo y yo…

Hellinger: No me lo cuentes. No lo necesito. Los hechos.

Hombre: Es todo.

Hellinger a un hombre: Ponte tú como su hermano gemelo. Y tú (lo dice al hombre constelado) frente a él.

Los hombres se miran.

Hellinger: Dile, “Tu muerte es suficiente”. 

El otro hombre asiente con la cabeza.

Hellinger dice al representante del gemelo: ¿Cómo te sientes?

Representante: Tengo escalofríos por todo el cuerpo.

Hellinger: Dile, “Si se trata de mí, estás libre”. 

Hellinger dice al hombre: “Gracias”.

Hellinger gira al hombre hacia el público, hacia la vida y dice: Mira el mundo. Di, “Ahora estoy”.

Hellinger de repente le da al hombre un golpe en la espalda, lo que despierta la risa del público.

Ok. ¿Quién pensaría hacia dónde estamos llevados? Cada vez miraba al que me guiaba y este solo movía la mano, pues yo simplemente seguía. Y de esta manera estamos en otro plano. Totalmente diferente. ¿Y adónde llegaríamos con nuestras imágenes sobre el bien y el mal? Y podíais ver que no tenía miedo a decir lo que era lo otro, lo adecuado aquí. Y podemos hacerlo si estamos guiados por otra fuerza.

Meditación.

Cerrad los ojos.

Ahora sentís lo que ocurre en vuestro alma y en vuestro cuerpo. Y ahí, donde sentís que un muerto os tomó en posesión. Esto que os tira hacia él, hacia su muerte. Y nosotros le decimos, “Yo aquí, tú ahí”. “Yo estoy vivo”. Y nos imaginamos que abrimos los ojos y miramos a lo lejos. Y dejamos que brillen nuestras caras. 

Buenos días.


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