Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

El movimiento interrumpido y otros traumas

BERT Hellinger, febrero 2010, Italia

HELLINGER: ¿Alguien tiene una pregunta?

(Una mujer del público se sienta a su lado)

MUJER: Tiene que ver con el movimiento interrumpido. Ayer, viendo una constelación familiar durante el seminario, me pareció que las constelaciones no son suficientes para recuperar un movimiento interrumpido. Yo misma nací por cesárea y me gustaría saber si puedo hacer algo por mis dos hijas.

HELLINGER: Me gustaría decir algo sobre los movimientos interrumpidos. El movimiento interrumpido es un trauma. Y, ¿por qué se convierte en trauma? Un trauma nace en el momento en que uno debe realizar un movimiento, solo que no consigue llevar ese movimiento a cabo, no consigue moverse.

Entonces, ¿cómo resolver un trauma? 

De manera general, y, al menos en esta constelación, el trauma se resolvió recuperando el movimiento que no fue posible. Y esto en un ambiente en el que la persona interesada se siente segura. 

Paso a paso se le suministra ayuda para recorrer este movimiento. En tu caso son dos niñas, ¿no? ¿Qué edad tienen?

MUJER: La mayor, 23 años, y la más pequeña, 13.

HELLINGER: Entonces, con niños pequeños la madre lo puede hacer fácilmente, solo tomándolos en sus brazos, como en la terapia del abrazo de Jirina Prekop que describe en un libro que escribimos juntos: los padres pueden reconducir todo lo interrumpido que hay en sus hijos. 

En Japón, por ejemplo, ayudé a un hombre que estaba en riesgo de suicidio, y me quiso presentar a su hijo pequeño. Al día siguiente vino a presentarme a su mujer y a su hijo de 5 años. El niño, por su parte, era hiperactivo, continuamente en movimiento, y pegaba a la madre… Yo lo vi enseguida. El niño estaba desesperado. Lo tomé en mis brazos durante unos veinte minutos, aunque un abrazo reparador de verdad debe durar una hora. Los padres abrazan por regla general, pero poco tiempo, normalmente sueltan enseguida. Al momento se lo pasé a su padre para que lo abrazara él mismo. El niño, en ese momento, escupió a su padre…

¿Acaso podemos decir que es un niño malo, perverso? 

No, era un niño desesperado.

La madre limpió la cara del padre. Cuando terminó, pedí a la madre que abrazara al niño durante una hora. 

Al rato, hicimos una pausa y el grupo salió a comer. Cuando volvimos, el niño se había quedado dormido en sus brazos. Les dije que se sentaran y que la madre continuara abrazándolo. Al cabo de otra hora se levantaron de la sala y se marcharon. El niño iba cogido de las manos de sus padres y se fue saludándome diciéndome adiós. Fue hermoso. Esto es lo importante del abrazo: que dure una hora. Y, para mantenerlo, hace falta fuerza. 

No se acaba el abrazo hasta que uno está seguro del amor que se ha generado y recuperado, y el niño se queda dormido. En tu caso ya las niñas son demasiado grandes, esto que he explicado es más para niños pequeños. No, no lo puedes hacer con tus hijas. 

(A Marie-Sophie Hellinger) Marie-Sophie, ¿quieres añadir algo?

MARIE-SOPHIE: (A la mujer) A la edad que ya tienen tus hijas son ellas quienes tienen que demandar el abrazo, les toca a ellas el pedirlo.

HELLINGER: Te digo algo más: sea cual sea la manera en que nacieron, tus hijas están aquí, vivas. Y poseen un futuro, un futuro feliz, un futuro feliz si miran hacia adelante. 

EL PARTO REVIVIDO

HELLINGER (a la mujer): Aguarda un momento… 

(Empuja con suavidad a la mujer desde la espalda hacia adelante por el hombro derecho. La mujer se deja llevar sin resistencia. En ese momento, Hellinger la golpea fuertemente entre los omóplatos. La mujer se reincorpora. Transcurren cinco segundos. La mujer permanece con los ojos cerrados. Hellinger la empuja con suavidad desde la espalda y la vuelve a golpear aún más fuerte con el puño en las dorsales. La mujer deja vencer su torso entre sus piernas, mirando al suelo. Marie-Sophie la coge por el cuello y apoya su cabeza entre las caderas.)

MARIE-SOPHIE: ¡Deja abierta la boca! ¡Más rápido, respira más rápido!

(La mujer comienza a respirar muy rápido, medio jadeando, medio hiperventilando. Se sienta sobre la silla. Marie-Sophie continúa agarrándola. La mujer baja de la silla, y comienza a arrastrarse boca abajo por el estrado del escenario. Marie-Sophie continúa agarrándola por el cuello, por detrás. La mujer tira de ella. Se arrastran las dos. La mujer sigue jadeando y respirando, profiriendo ruidos de dolor. Hellinger se acerca. La coge por el brazo izquierdo y se lo dobla por detrás. La mujer grita más fuerte, como llorando con dolor. Sigue boca abajo.)

HELLINGER: ¡Muévete! ¡muévete! ¡Sin hacer ruido!

(La mujer sigue arrastrándose. Marie-Sophie lucha para seguir atrapándola por el cuello. Hellinger interviene dificultándola el arrastre. La mujer recorre el escenario de nuevo en sentido inverso. Mientras tanto, un bebé, entre el público, no para de llorar. 

Finalmente, Marie-Sophie consigue tomarla entre las dos piernas, sentada en el suelo, con la mujer en su regazo.)

HELLINGER: Esto es revivir el parto, sin cesárea, con la propia fuerza. Finalmente, ella misma ha tenido que afirmarse. Éste es el movimiento hacia el nacimiento, hacia la madre.

(La mujer ahora está sentada en su regazo, mira a los ojos a la madre que representa Marie-Sophie, la cual resplandece de ternura. El bebé de la sala se ha calmado. Toda la sala permanece en silencio profundo. Marie-Sophie la balancea suavemente contra su pecho.)

MUJER: Madre mía, qué fuerte. ¡Gracias! (Ahora en español. La mujer es mexicana.)

MARIE-SOPHIE: Yo soy la fuerte, la grande, y tú la pequeña.

MUJER: Muy grande, la mejor. ¡La mía!

MARIE-SOPHIE: La tuya.

MUJER: ¡Te amo tanto! (La mujer se tumba en el suelo boca arriba. Acaricia la rodilla a Marie-Sophie.) Me siento muy pequeña.

MARIE-SOPHIE: Recién nacida. Tu nombre es Adriana. ¡Hija mía! ¡Mi hija querida! ¡Ahora tienes la vida! ¡Hazla buena!

(Transcurre un tiempo en que se ven la una a la otra a los ojos con ternura).

MARIE-SOPHIE: Quedamos unidas para siempre.

MUJER: Te doy mi corazón siempre.

MARIE-SOPHIE: Llevas mi sangre, mis sentimientos, mi felicidad, mi amor y mi futuro. ¡Tómalo! ¡Querida hija Adriana! ¡Ahora estoy en paz!

(Marie-Sophie continúa acariciando la cabeza a la mujer y mesándola el cabello por un tiempo. Al cabo de un rato, la mujer parece quedarse dormida o traspuesta en brazos de Marie-Sophie).

MARIE-SOPHIE (a BERT Hellinger): Sigue mientras estoy aquí. Aprovecha para hacer otra cosa.

ORACIÓN EN LA MAÑANA DE LA VIDA

HELLINGER: Voy a explicar una cosa: 

En los adultos, cuando vemos que hay que abrazarlos y tenerlos firmes – y aquí se ha visto claro -, el movimiento, normalmente, retorna al momento del parto. 

Mantenemos el brazo en torno del cuello, y, sin dudar, continuamos agarrando a la persona a pesar de las vicisitudes, con todas las fuerzas necesarias. Al final, el movimiento va hacia el parto. Hay que seguir sosteniéndolo sin miedo, hasta el final, si no, no sirve. Al final, el niño se queda abrazado, como aquí vemos, y éste es justo el momento en que el niño vuelve a ligarse a la madre, justo después del parto. En ese momento dejamos que el estado niño del cliente diga algo.

(Al público). Cerrad los ojos.

Miramos a los ojos de la madre, teniendo nuestra cabeza apoyada contra su pecho. Y le decimos internamente dentro de nosotros:

Querida mamá. (La mujer del escenario lo dice en alto a Marie Sophie).

Lo tomo de ti, todo, completo. Con todo lo que te rodea. Y lo tomo al precio entero que tú has pagado, y que a mí me cuesta. A cambio, yo haré algo para tu gozo. No puede haber sido en vano.

Y me lo guardo dentro de mí. Y, si puedo, lo cedo así como tú has hecho conmigo.

Te tomo a ti como a mi madre, y tú me puedes tener como a tu hija.

Tú eres para mí la justa y la perfecta. Y yo soy tu verdadera hija.

Tú eres la grande, yo la pequeña. Tú das, y yo lo tomo todo, al precio que sea.

Querida mamá.

Ahora le decimos lo mismo a nuestro padre, mirándolo a los ojos:

Querido papá. Gracias. De ti lo tomo todo.

Con todo lo que hay en ti y a tu alrededor, y al precio que tú has pagado. Precio que pago yo. Ahora hago algo con ese pago, para tu felicidad. No puede haber sido en vano.

Te tomo a ti como mi padre, y tú me puedes tener como tu hija. Tú eres para mí el más justo, y yo soy tu hija verdadera. Tú eres el grande, yo, la pequeñita. Tú das, yo recibo. Todo.

Querido papá.

Soy feliz de tu unión con mamá. Vosotros dos sois los correctos para mí, solo ustedes.

(La mujer ser reincorpora con Marie-Sophie y se sientan al lado de BERT Hellinger.)

LA CURACIÓN DE LOS TRAUMAS INFANTILES

(BERT Hellinger tiende por detrás de la mujer su brazo izquierdo. Marie-Sophie la empuja para que se apoye sobre el hombro izquierdo de BERT Hellinger. La mujer empieza a agarrarlo como una niña acurrucada en el costado de su padre).

HELLINGER: Ahora voy a hacer otro ejercicio contigo. 

Ahora regresas a tu nacimiento, y lentamente empiezas a recorrer tu camino hacia la vida, iniciándolo desde ese lugar. Muy lentamente. 

Quédate con esta escena en la que acabas de estar, llena de recuerdos dolorosos, y espera al momento en que comiencen a dejar de ser buenos. 

(Al cabo de un tiempo) …Esto es un trauma posterior. Ella está segura en esta escena. Y esta sensación de dolor está superada. 

Sin duda se trata de un trauma duro. Comienzo a percibirlo. (La mujer no para de acariciar y pasar la mano por el pecho de BERT Hellinger.) Lo vemos también por su movimiento. 

(Hellinger suelta el micrófono y abraza por su costado izquierdo a la mujer. Ésta le toma de la pechera y le acaricia el lateral del rostro.)

HELLINGER: Ahora continúa el recorrido de tu vida hacia arriba. Quédate. Estás segura, estás muy segura aquí. Respira profundamente, así, sin apenas ruido. Muy bien.

(Marie-Sophie la agarra por detrás, por la espalda de la mujer, inclinándose sobre ella, y venciendo su respiración al unísono de la de la mujer).

HELLINGER: Continúa, sigue saliendo de ese lugar hacia tu vida… Continúa. Ahora viene el siguiente trauma.

¿Cuántos años tienes en este momento?

(La mujer no acaba de responder. Da algún indicio de responder pero no contesta).

HELLINGER: Quédate aquí. Estás abrazada, en un lugar seguro. (La mujer respira profiriendo sonidos.)

HELLINGER: Sin sonidos. Respira.

HELLINGER: (A los asistentes al tiempo que a la cliente) Ahora continúa su recorrido.

(La mujer pasa de nuevo de la relajación al nerviosismo, hiperventilando con su respiración).

HELLINGER: De nuevo otro trauma. Ahora quédate. Estás segura. Ahora estás al resguardo.

Quédatelo como es. Y percibe cómo fue, percibe lo que pasó, como sucedió.

(Pasa medio minuto) Ahora continúa.

En este momento parece que algo se ha colocado en su lugar, y que ha recuperado su plenitud.

¡… Muy bien!

[El trabajo terapéutico finaliza]

COMENTARIOS DE BERT HELLINGER AL RESPECTO

El trabajo con estadios precoces nos lleva a preguntarnos cómo superar traumas con la intensidad que conlleva terapias como la del abrazo. 

Sería como un método de compensación del anclaje: determinados sentimientos se encuentran anclados.

Por ejemplo, como cuando a veces escuchamos una determinada palabra y provoca un determinado sentimiento. (…) Si alguien tiene una explosión de alegría ante una palabra la anclamos con un gesto de este tipo (BERT posa sus dedos como pinzando levemente sobre la rodilla del traductor).

Esto sería un anclaje, en este caso positivo.

También lo puedo anclar apretando en un punto (BERT posa con leve presión su dedo pulgar sobre la mano izquierda del traductor). Y con este gesto su rostro puede resplandecer aún más. Entonces, a través de un anclaje reactivo su sentimiento.

Hay muchos tipos de anclaje procedentes de la PNL. También por medio del movimiento. Anclo sentimientos o recuerdos concretos, por ejemplo, como yo ahora pensando en el día de mi boda, lo cual me hace reír de golpe.

También al contrario. Con sentimientos y situaciones negativas, con todos los sentimientos relacionados, también esto puede anclarse.

Veamos qué sucede cuando dos anclajes se hacen al mismo tiempo.

Primero, por ejemplo, cuando grito a alguien y la persona consecuentemente reacciona con enfado. Entonces, en ese momento, presiono un punto (BERT presiona un punto de la mano derecha del traductor). Al volver a presionar en ese punto - más tarde o en otro momento, incluso durante una conversación tranquila - la persona vuelve a reaccionar con ira. Entonces se reactiva el sentimiento negativo.

No obstante, como antes había anclado un sentimiento positivo, le puedo presionar al mismo tiempo con los dos gestos, el del anclaje del sentimiento positivo y el del negativo. En ese momento es como si se diera una lucha entre ambos sentimientos: El positivo compensa el negativo.

Y ésta es la compensación a la que me refería: el sentimiento negativo viene neutralizado por el positivo.

Todo esto que explico fue un descubrimiento revolucionario de la PNL, y ha sido muy útil en diferentes ámbitos. De hecho, en el tratamiento del trauma consiste en neutralizar los sentimientos negativos del mismo. En este sentido, la PNL ha desarrollado muchas herramientas. A veces se pueden sanar fobias en diez minutos (indica a alguien de los asistentes especialista en estos tratamientos).

En el caso anterior, después de haber resuelto el vínculo inicial con la madre, la mujer tenía el más positivo posible de los sentimientos. A partir de ahí le conduje a recorrer los caminos y escenarios de su vida. Fue en ese momento cuando surgieron los diferentes traumas del pasado… Y yo le pedí a ella que se fuera parando en esos escenarios del trauma, pero no por demasiado tiempo. 

Mientras tanto, como habéis visto, yo la abrazaba y la contenía, pero no durante demasiado tiempo, para que los sentimientos negativos no la desbordaran, y con el fin de que, por medio del efecto positivo de la presencia de mi abrazo, se neutralizasen en el momento justo para salir de ese espacio e ir sucesivamente al siguiente trauma.

Y así, paso a paso, resolvemos los traumas precoces, sin que sea necesario llegar hasta la actualidad de su vida. Basta con que recorrra los traumas precoces de su vida.

LAS CONSECUENCIAS PARA LA MADRE Y PARA EL NIÑO

MARIE-SOPHIE HELLINGER: (Volviendo a llamar a la participante que revivió su cesárea).

(Al público) Como nos ha contado, nació de cesárea, y sus dos hijas también.

Me he dado cuenta de una cosa importante, como Jirina Prekop. Cuando estábamos detrás de la mesa, ella me ha dicho que no podía más, que no conseguía salir. Yo también tuve un momento en que no podía moverme, como si estuviera paralizada. Hasta que llegó un momento en que le resultó más fácil desprenderse. 

Las frases sirvieron mucho al mismo tiempo, sin que perturbaran en absoluto la relación con la madre. 

Y, cuando le dijo las mismas cosas al padre, en mí surgió una curiosidad… 

(A la cliente): ¿Pasó algo entre tus padres?

La cliente (CLAUDIA): No. Lo normal. Se encontraron y se casaron.

MARIE-SOPHIE: Cuando estaba en los brazos de BERT, me he dado cuenta de que sucedía algo irreparable. Y me surgieron dolores en el bajo vientre muy fuertes que ni siquiera sentí en el parto de mi hija. El trauma que tenía con el padre, yo misma lo sentía y lo tenía. Y cuando el trauma se sanó, yo misma conseguí abrazarla, de manera que es como si mi propio trauma se hubiese sanado.

Entonces, un movimiento interrumpido como el que se da en una cesárea, la madre lo necesita para un trauma.

Yo sentí que lo resolvía cuando yo podía agarrarme a ella. Y no era tanto que el padre me sostuviera, sino que la propia madre necesitaba ser sostenida desde algo de atrás, con necesidad de que su propia madre le diera a luz.

(A la cliente): ¿Qué sabes de tu abuela materna?

CLIENTE: Tuvo 15 niños, todos nacidos de manera natural, y tres muertos dentro del útero.

MARIE-SOPHIE: (Pregunta a un médico de la sala) Las placentas, ¿salen por el canal uterino una vez realizada la cesárea, o se extraen por la misma incisión de la cirugía?

(Sube un médico al escenario): No. Las placentas no pueden salir por el cuello del útero debido a las contracciones que tienen lugar en el mismo. Por otra parte provocarían hemorragias.

MARIE-SOPHIE: Esto fue lo más terrible de mi experiencia. Quizá, sucesivamente la mujer tiene un tratamiento del propio trauma siendo abrazada por la propia madre. Y, a través de un trabajo de este tipo, revelamos algo más profundo que hay detrás:

Esta conciencia de mujer de haber sufrido un corte o incisión me dio la sensación de no ser una mujer normal, o salir de alguna manera de mi rol de mujer normal. 

CLIENTE: Sí, yo misma sentí en la segunda cesárea de mis hijas que me arrancaban tirando de mí el niño y un cordón con la placenta desde la incisión de la operación.

EL MÉDICO: En mi hospital los bebés recién nacidos mantienen el contacto sin interrupción con la madre durante un tiempo.

MARIE-SOPHIE: Sí, me parece ideal, lo he visto en España.

La mujer no se siente mujer del todo, pues vive el parto paralizada, y siente la culpa de no ser una verdadera mujer. 

Sería como jugar con muchos hombres que una mujer usa para confirmar que soy una verdadera mujer. Pero esto no es una solución. La solución es dar el abrazo a la madre, la madre que tiene que estar junto a la hija y su marido. 

En ese momento, la mujer puede decir: “Mi trabajo ya se ha hecho, ahora te toca a ti”. 

Se lo dice al marido, que desde ese momento puede tomar la responsabilidad y puede conectarse en una relación intensa con la madre de su mujer.

Así, los niños pueden estar seguros. Ésta es la base de una familia feliz.

(A la cliente): ¿Tú qué dices al respecto?

CLIENTE: Como mujer, antes del parto ya tenía miedo al dolor de tener un hijo de manera natural. También anhelaba que me anestesiasen y no sintiera de cintura para abajo.

MARIE-SOPHIE: Hay que recordar que la epidural permanece a nivel energético para siempre. El dolor del parto se puede aminorar mediante tratamientos energéticos. Es mucho mejor que usar fármacos y anestesias.

Hoy parece que en todas las familias hay un miembro nacido por cesárea. Hace poco BERThizo una meditación a una música que subió al escenario y que al nacer dos de sus hermanos trillizos murieron. 

Ella vivía paralizada de miedo cuando se acercaba la hora de tener un hijo. Durante la meditación rompió a llorar de una manera que causaba un inmenso dolor. Poco más de una semana después, tuvo un hijo de manera normal. 

Lo que estamos viendo es como si el trauma con el que uno nace se instala en las personas, en las madres, para acabar transmitiéndose en la experiencia de nacimiento y parto de los propios hijos. 

Es importante la imagen de lo que he vivido: el hijo con la madre y con la abuela que trajo a la vida a la madre. Y también el padre.

Los hijos permanecen en el aura de la madre hasta el décimo año de vida. De manera que lo que vive la madre lo vive el hijo, hasta que se da una separación que prepara la pubertad y la independencia. Hay que abandonar a los hijos a su pubertad, para que puedan escindirse del áura de la madre.

LA LUZ: LA PREPARACIÓN HIPNÓTICA DE UNA MADRE PARA EL PARTO

BERT HELLINGER: Lo que ha dicho Marie-Sophie es muy importante, y tiene consecuencias muy relevantes, y, si se difundiera, o publicáramos un DVD con estas verdades, resultaría de gran ayuda para muchas madres. 

Ahora os llevo conmigo en una meditación muy semejante a la que hemos llevado a cabo con esta mujer del caso anterior. Y la podemos realizar todos en sintonía con una mujer embarazada.

No solo será una meditación, sino algo más profundo, en estado hipnótico. Y en este tipo de trabajo el tema no viene declarado explícitamente. Primero hay que inducir a la persona a un estado hipnótico, y, ahora que lo vamos a hacer todos juntos vamos a notar estos estadios, y cómo viene codificado el pasar de un estado a otro.

Pero solo la experiencia sirve de ayuda.

Así que si participáis podréis observar cómo funciona. Luego lo comentaremos para contar con más confianza sobre ello.

Escuchemos la música, que también nos servirá para relajarnos y llegar a otro nivel.

Cierren los ojos, por favor. (Suena una melodía en la sala).

BERT HELLINGER: Estoy tan cansado que cerraría con facilidad mis ojos.

Busco un espacio donde relajarme. Hago todo lo que puedo para quedarme dormido.

En el sueño, me pongo en camino hacia algo desconocido.

Y tomo todo el valor del que dispongo para dar un paso tras otro.

Me encuentro ahora en un prado verde, me extiendo sobre la hierba, cierro los ojos, y me quedo dormido.

Comienzo a soñar…

En el sueño, de nuevo, me pongo en camino. Iniciando un recorrido por un sendero.

Me siento bien y relajado. Todo está unido en mí, completo. Me siento bien.

Y continúo por el camino, hasta que llego a un desfiladero, a cuyos lados se alzan precipicios y rocas.

Por el centro discurre un arroyo, me acerco a su orilla. 

Meto la mano en el agua y siento el frescor.

Me relajo. Cierro los ojos y me quedo dormido. Comienzo a soñar.

En el sueño pienso y siento: Ahora es el tiempo justo.

Y reúno mis fuerzas, encontrándome feliz con lo que me espera.

Me levanto y miro alrededor. Sigo hacia adelante y de repente me detengo.

Ante mí, una gruta. Me atrevo a entrar. Pero algo me echa para atrás.

¡Sí, puedo!

Doy mis primeros pasos en el interior de esta caverna. Llena de oscuridad.

Cautamente avanzo, tocando las rocas que van quedando a mi derecha y a mi izquierda, al tiempo que siento la humedad y lo resbaladizas que resultan. Noto que me muevo muy cautelosamente.

De repente, siento: ¡Es tan fácil! ¡Basta con que me deje llevar gozosamente y con esperanza!

De esta manera continúo dando otros pasos, hasta que, de golpe, ante mí, una luz resplandece.

Siento que llego a la otra parte de la gruta.

Y doy el último paso, el decisivo.

En ese momento, súbitamente, estoy fuera. He llegado.

En ese momento me doy cuenta de que he tenido un sueño, un sueño estupendo.

Y respiro, estupendamente.

Y me despierto...

(Pasa un tiempo hasta que la gente se incorpora).

MARIE-SOPHIE: Inducir como terapeutas a un cliente de esta manera, y, cuando sucesivamente se van sanando diferentes traumas, nos podemos preguntar: ¿Con qué traumas contactamos? Con el nuestro, como terapeutas, sin duda. Y cuando nos damos cuenta de que no somos capaces de trascender estos traumas, entonces los transferimos a los pacientes, totalmente incapaces de hacerse cargo. Por lo tanto, trabajar de esta manera supone contactar con temas trascendentales y de vital importancia.

Trabajando de esta manera con el cliente supone como terapeutas conectarnos al mismo tiempo con nuestros propios traumas. Lo podemos hacer visualizando y respirando en conexión con la persona que viene a terapia. Y nos abrimos a las consecuencias que se deriven de ello.

En el futuro podremos hacernos cargo de estos estados, y de los niños afectados profundamente de esta manera.

Entonces, os recomiendo que cuando facilitéis estos movimientos seáis conscientes de que puede haber un espacio en vosotros no resuelto que esté en sintonía con el del cliente.

(Sube de nuevo el médico del público al estrado) MÉDICO ASISTENTE: ¿Puedo compartir mi experiencia en este sentido? Yo, durante la meditación en estado inducido, he entrado en la caverna tras atravesar lugares que me son conocidos. Y, a medida que caminaba, he sentido que se me cruzaban serpientes en mi sendero. No me atrevía a seguir, pero algo me impulsaba hacia delante, hasta que las serpientes desaparecieron. Después de que la luz se difuminara me encontraba en una playa de aspecto revuelto, como si hubiera pasado un huracán, con todas las rocas de la costa levantadas. Finalmente me di un baño. Yo mismo tengo una casa delante del mar. Allí acabé pescando en este sueño…

BERT HELLINGER: Me imagino de qué manera facilitarás el parto a las mujeres que atiendas después de esta experiencia… 

SANACIÓN DEL TRAUMA PARA UNA MADRE

BERT HELLINGER: (Al público) ¿Alguien quiere hacer una pregunta?

UNA MUJER: (A Marie-Sophie) Mientras que tratabas a la mujer del caso de la cesárea, mi propia herida de una cesárea me dolió. Lloré mucho durante el trabajo de la compañera, pero no de conmoción, sino de dolor. Pensé en mi hija nacida durante la cesárea, pero luego me di cuenta de que el dolor me pertenecía a mí, que era más bien mío. ¿Qué podría hacer con respecto a esto?

MARIE-SOPHIE: Ya llorar es una sanación, significa que ya estás en movimiento, y tú misma te diste cuenta de que el dolor era tuyo. Esto es lo esencial. Además, debes pensar que te apoya tu madre. (A la mujer): Cierra los ojos.

(Marie-Sophie pide a la organizadora del seminario que abrace por detrás a la mujer, poniendo una mano en su corazón y otra en su frente).

MARIE-SOPHIE: Tu hija se apoya en tu pecho, caliente, impregnada… Hueles la sangre que recubre su piel. Tu sangre, la que le has dado. Ha nacido de ti. Mamá te abraza, te sostiene.

Y tú te dejas caer.

Colocas las manos sobre tu herida (la asistente ancla por un momento con su mano izquierda esa sensación, posándola en el vientre de la mujer).

Y tu madre te dice detrás de ti: “¡Ya eres una mujer!”

Y a tu hija le dices: “¡Te abrazo, hija mía!”

Y tu pareja toca a tu madre, y le dice: “Gracias por tu hija.” (Marie-Sophie pasa ahora por delante de la mujer deteniéndose brevemente, para continuar pidiendo a Bert Hellinger que se lo repita a la mujer, a cuya izquierda se encuentra.)

Ahora soy yo quien me ocupo de las dos. Te puedes fiar de mí. Cuidaré de tu hija y estoy aquí por ella y para ellas. (Se lo hace repetir a Bert Hellinger, de manera que se lo dice de nuevo a la mujer, frase por frase).

(La mujer sigue entre los brazos de la asistente, que la rodea por detrás).

Ahora estás totalmente agotada. Tómate tiempo para integrar esto.

MUJER: Gracias.

EL MÉDICO (el cual sigue en el escenario): ¡Cada vez que llevo a cabo una cesárea debería suceder esto! (El público aplaude).

LA MUJER: Cuando tuve la cesárea los médicos dijeron…

MARIE-SOPHIE: (Interrumpiéndola) Déjalo como está. Ahora es mejor no volver sobre ello.

LA MUJER: Gracias Bert. Gracias Marie-Sophie. (Vuelve a su asiento).

BERT HELLINGER: No hay nada más bello que ponerse al servicio de la vida.