Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

El corte entre hacer y dejar hacer

Barcelona 4 de septiembre de 2009

¿Qué es un corte?

Con un corte, separamos algo, dejando una parte de un lado y la otra del otro. En alemán hay un término explícito: Einschnitt, una incisión. Es un corte que separa.

El primer corte de separación en nuestra vida se da en el parto. Con un corte somos separados de nuestra madre, un corte total que nos lleva a adaptarnos a circunstancias totalmente distintas. Tenemos que respirar por primera vez solos, inspirar profundamente para poder vivir y luego tenemos que buscar nuestro alimento, buscar el pecho de la madre y mamarlo para mantenernos en vida. Esto es un corte decisivo.

Otro corte en nuestra vida es la relación con una pareja, que nos lleva a un lazo en una comunidad de vida, un corte total con respecto a nuestra juventud. Esto se acabó. La pareja es tomada al servicio de la vida cuando se convierte en pareja de padres que, a su vez, asumen hijos. Este es otro corte de separación: algo se acaba y algo totalmente nuevo comienza.

Otro corte semejante es el fin de una carrera profesional. Después de una larga preparación, nos toca vivir la autonomía profesional. Ahora, nos toca hacer una prestación y ganarnos el sustento. Así sigue la existencia: toda progresión es un corte de separación con lo anterior. Con el progreso, queda algo atrás.

En las Constelaciones Familiares, hay también un corte de separación. Cuando comenzaron, nos imaginábamos que configurábamos una familia. La persona nos pedía una Constelación Familiar y nos decía: haz una Constelación Familiar para mí o para mi madre. Esto fue un éxito en muchos sentidos.

Pero pronto quedó claro que con eso, llegábamos a un límite y que a veces tomábamos un camino erróneo. Y fue así cómo surgieron reproches y reclamaciones hacia las Constelaciones Familiares. La palabra clave para esa manera de proceder era: “hacer”. Ahora, se dio un punto de quiebra. Las Constelaciones Familiares dieron un paso adelante. Aquí, andaremos en ese nuevo camino con vosotros. La palabra clave de estas nuevas constelaciones es: “dejar hacer”. El dejar nos separa del hacer. Pero en el fondo ya al principio se notó qué dirección tomaba ese trabajo de constelaciones. Podíamos observar que los representantes estaban cogidos por otra fuerza, que les manejaba.

Ahora ya no configuramos la familia sino que ella misma se configura. Sólo necesitamos poner un representante que se deja abarcar por un movimiento y, a raíz de él, la familia se configura. Esto exige de nosotros una conversión total. Anteriormente, para constelar teníamos algo en mano, una intención y una imagen de lo que sería lo correcto. Ahora no tenemos nada al que agarrarnos, nos mantenemos “retraídos” y observamos lo que sucede. Sin embargo sí actuamos, pero sin seguir nuestras reflexiones sino la manera cómo se configura la familia a través del representante. Permanecemos en sintonía con el movimiento de una fuerza más grande, dejándonos guiar por ella.

Estamos aquí para eso principalmente: para aprender y practicar, para lograr entrar en sintonía con algo que nos supera.

¿Cuál es el resultado? Os lo digo: puro milagro.

Ahora, vamos a lo concreto, a lo usual.

Yo pregunto: ¿Quién tiene un asunto que trabajar? Vosotros levantáis la mano y, sin mirar detenidamente, siento a quien tengo que escoger. Esto, lo hago en sintonía con un movimiento del espíritu. Eso es lo primero que tenemos que aprender, no mirar con precisión; me mantengo recogido y de pronto siento cómo me guían. El resultado es que, si yo sigo a esta guía, entonces la persona escogida parece estar en primer plano y va a traer algo especial para muchos.

En realidad, sólo se trata de dos movimientos: uno que va con la vida y el otro que va hacia la muerte. El movimiento hacia la muerte es el más cómodo. Todo aquel que la muerte atrae, se siente como Dios, dueño de la vida y la muerte, pero un dueño que no ha proporcionado nada a cambio.

Cierren los ojos.

Vamos a nuestro movimiento interno.

Exploramos hacia dónde se dirige ese movimiento: ¿va hacia abajo? ¿Va hacia delante?

¿Tiene fuerza o está débil?

¿Está satisfecho con poco o reúne sus fuerzas para ir hacia más?

Percibimos lo cómodo que es el movimiento hacia abajo. Sentimos algo más, el movimiento hacia abajo es un movimiento de odio. El movimiento hacia delante, con la vida, hacia más vida para nosotros y otros es un movimiento de servicio con amor. Servir la vida con amor.

Es un movimiento con alegría.

(Tras una constelación)

¿Cuál fue el proceso que VD. siguió en esta constelación?

Es una pregunta importante y queda claro que lo tengo que explicar. Había dicho que las nuevas constelaciones se diferencian de las anteriores en que, en vez de hacer algo, dejo que se haga. Sólo sabía que lo tenía que escoger a él. No sabía de qué se trataba. Por regla general, se suele preguntar de qué se trata, aunque en verdad no sirve de mucho. Pero la persona se siente mejor cuando se le pregunta cuál es su asunto. Pero aquí, cómo me sentí guiado para escogerlo, también me dejé guiar cuando se sentó a mi lado.

El primer paso fue separarme de él, porque él estaba completamente orientado hacia mí y a la espera de algo. Entonces le dije: cierra los ojos. Esto fue la incisión para separar. Lo liberé de mí y me liberé de él. Entonces, empecé a trabajar, en aquel momento

Me recogí y esperé a ser guiado. Es decir, solté todo, me quedé sin imágenes ni intenciones. Cuando logramos soltar de ese modo, sea yo ahora o los representantes más tarde, nos vemos movidos por otra fuerza. Lo llamamos aquí “andar con el espíritu” pero de hecho significa “me dejo mover por un movimiento del espíritu”. De pronto, surgió la imagen de que alguien debía estar tumbado ahí. Por qué, no lo sé. Seguí un movimiento, al igual que un representante. Cuando estaba allí en el suelo, recibí la siguiente información: allí debe estar una mujer, de pie y supe exactamente donde debía pararse. La he guiado allí. Poco después, vino la siguiente imagen: ahí también está un hombre de pie, pero un poco más alejado.

Yo no tenía la menor idea de quienes eran. Pero así, se configuró la familia por si misma. Todos fueron abarcados por un movimiento del espíritu, sin especificación por mi parte. Esto es un ejemplo de lo que significa dejarse guiar por un movimiento del espíritu, sin ninguna imagen preconcebida. Entonces se dieron diferentes situaciones. Y pude observar luego que querían resucitar un muerto. Esto casi nunca se ve. ¿Quién de vosotros quiso alguna vez resucitar un muerto a la vida? Es tan absurdo, eso es una excepción. Pero demuestra que la culpa tiene aquí un papel. Debido a sentimientos de culpa, hay gente que quiere hacer resucitar los muertos.

Pues bien, luego me fui a otro nivel y me di cuenta que no conseguía ir más lejos. Decidí interrumpirlo. Tomé la decisión de interrumpir sin que se hubiera hallado una solución. La interrupción no es un mal, en general, porque el movimiento prosigue en los interesados.

(Después de otra constelación)

¿Hay alguien aquí que hubiera querido que esto fuera de otro modo?

Son muchos, por supuesto es comprensible.

Eso sería compasión. ¿Qué es compasión? Es cuando digo a Dios: tengo el amor más grande. Eso es compasión. Eso es lástima.

Tener lástima es desprecio a Dios.

II Entrenamiento Intensivo, Hellinger Sciencia,

Barcelona del 4 al 11 de septiembre de 2009