Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

El amor total (primera parte)

Frankfurt, octubre 2010

Las constelaciones familiares, desde su principio, estuvieron al servicio de la reconciliación; la reconciliación en la familia, por ejemplo entre los padres e hijos. Y luego al servicio de la reconciliación entre el hombre y la mujer. También, de una manera especial, estuvieron al servicio del amor, el amor distinto del que con frecuencia nos imaginamos. Y luego las constelaciones familiares prepararon el camino hacia la paz entre varios grupos, diferentes culturas y naciones. 

Sin embargo hay un gran obstáculo que se interpone en el camino de la reconciliación en todos los niveles. Reconocerlo es mi mayor contribución a la paz. Noté que el principal enemigo de la paz es la buena conciencia. En nuestra cultura la buena conciencia es lo más apreciado. Y esto significa lo siguiente: cada persona que tiene buena conciencia rechaza a otros. Por lo tanto la buena conciencia la tienen los moralistas cuando, por ejemplo, están juzgando a otros y a la vez tienen buena conciencia. La buena conciencia les enfrenta a unos con otros porque cada uno tiene su propia, y diferente, buena conciencia. 

Reconocer esto y seguirlo es un paso decisivo hacia otro amor más grande. Es decir, hacia el amor total. Cada amor, que se queda bajo la influencia de la conciencia, es amor a medias. Solamente pocos están incluidos en este amor. ¿Y los otros? Se quedan fuera.

Estas observaciones fueron la causa de que ahora tenga muchos enemigos. ¿Y quiénes son? Son la gente con buena conciencia. No sé si podéis entender las dimensiones de lo que acabo de decir. Cada religión divide, con ayuda de la buena conciencia.

¿Dónde empieza el amor total? Mucho más allá de la conciencia. Y hoy por un lado me gustaría explicarlo y por otro lado demostrarlo a través de la meditación para que podáis integrar ese amor total.

Meditación.

Sentaos cómodamente. Apartaos de las cosas que tenéis en las manos. Cerrad los ojos.

Voy a empezar de manera simple. Entonces en el primer libro de la Biblia encontramos una historia sobre Adán y Eva. Estaban en el paraíso. Y luego comieron una manzana del árbol del conocimiento. La serpiente les tentó y dijo: cuando comáis la fruta de este árbol, estaréis llenos de conocimiento, como lo está Dios. Entonces comieron la fruta del árbol del conocimiento. ¿Qué conocimiento? Conocimiento de distinguir entre el bien y el mal. Este fue el árbol de la conciencia. Ese conocimiento, diferenciación entre el bien y el mal, fue dirigido contra Dios. Exactamente al revés, este conocimiento les separó de Dios. Para Dios, del cual proviene todo, no hay ni uno, ni otro. El ama a todo tal como es.

¿Cuál fue su primer acto después de comer la fruta del árbol de conocimiento? 

Notaron que estaban desnudos. Aunque eran distintos, por Dios creados como el hombre y la mujer, se sentían como uno sin diferencias. Y ahora reconocieron que estaban separados. La desnudez les dividía entre el hombre por un lado y la mujer por el otro. Luego taparon su desnudez y pasó algo más: fueron expulsados del paraíso. En la entrada del paraíso se puso un ángel con una espada de fuego y nadie podía volver. Esta es una parte.

En la Biblia hay una frase maravillosa:

Dios creó al hombre a su semejanza. ¿Y cuál es la imagen de Dios en la gente? El los creó como el hombre y como la mujer. No son dos imágenes, sino una sola. El hombre y la mujer para Dios son solo una imagen única. Pero ahora, al comer del árbol de conocimiento, se convierten en dos imágenes. Y todavía son eso para nosotros hoy.

Esta separación del hombre y la mujer en dos imágenes continúa en nuestro cuerpo de muchas maneras diferentes. Por ejemplo tenemos el hemisferio derecho y el izquierdo que están uno contra el otro. Un hemisferio es masculino y el otro femenino. Y ahora se trata de que dejemos esta separación entre hombre y mujer, entre parte izquierda y derecha, hasta que otra vez, a semejanza de Dios, se conviertan en una unidad. 

Ahora poneos una mano en el lado derecho y otra en el izquierdo y sentid cual de las partes es dominante para vosotros y cual se queda atrás. Y ahora permitios un movimiento para que las dos se sientan iguales; en la misma medida, valiosas.

¿Se encuentra una con la otra? ¿Y se convierten en una unidad? Y sentid cómo funciona esto en vuestro cuerpo.

Y ahora quiero que hagáis lo mismo con arriba y abajo. Lo de arriba es masculino, lo de abajo femenino. Sentid por dónde pasa la línea divisoria. Y ahora permitid a vuestro cuerpo que junte estas dos mitades, la de arriba y la de abajo. Y de repente vivenciamos que lo de abajo es la feminidad y lo que está arriba se somete hasta que se haga una unidad con lo de abajo.

Voy a ir más lejos con este ejercicio y con esta meditación. 

Yo y tú. Yo es masculino, tú es femenino. “Yo quiero” es masculino, “Yo dejo y sirvo” es femenino.

Dios y el mundo – también separación. Dios, como nosotros lo comprendemos, es masculino. El mundo es femenino. Y nosotros permitimos que uno influencie al otro hasta que se conviertan en una unidad. Y no separamos uno del otro. La mayoría de los caminos espirituales son masculinos, lejos de la tierra, lejos de lo que soporta y lleva. Y el que emprendió el camino espiritual permite a su cuerpo que reciba la plenitud de su sitio abajo.

La vida y la muerte –otra separación. La vida es masculina, la muerte es femenina. Dejamos de separar cuando, lo que fue excluido y a lo que tememos – la muerte, se hace una unidad con la vida. Y, los que se sienten atraídos por la muerte, dejan que la vida tome de nuevo su significado. Los dos inseparables como una unidad.

Cada juicio que emitimos es masculino. Cada juicio separa. Y ahora tomamos lo que juzgábamos y nos retiramos de ahí hasta que nos hagamos una unidad con eso.

¿En qué camino estamos? En el camino de la vuelta al paraíso. (Se ríe).

Esta ha sido una preparación. Ahora pasamos a la práctica. ¿Quién quiere trabajar conmigo?

(Se acerca una mujer).

Hellinger a la mujer: Date tiempo completo. (Al público).

(A la mujer) ¿De qué se trata?

Mujer: Mi hija. Mi hija… (Llora)

Hellinger al público: ¿En qué nivel se mueve ella? ¿podéis sentirlo dentro de vosotros? Todas las preocupaciones son interferencias en el movimiento divino. Quien se preocupa por el niño ¿qué dice a este niño interiormente? Dice a este niño: muere. Cada preocupación es un enemigo de la vida. 

(La mujer contesta algo que no se oye).

Hellinger: El que responde rápido también está separado.

(La mujer se ríe, se le cambia la cara).

Hellinger: Ya la he sacado de estas preocupaciones. (Se ríe, la mujer también). Si la hija estuviera aquí se sentiría muy descargada.

Al público: Voy a hacer una meditación práctica con vosotros. ¿Estáis de acuerdo?

Imaginaos a alguien por quien estáis preocupados y sentid dentro de vosotros dónde en vuestro cuerpo estáis separados. ¿Dónde hay algo separado? Y ahora permitimos que esto se junte en vuestro cuerpo hasta que os sintáis una unidad. Una unidad como la imagen de Dios.

Y ahora miramos a esta persona por la que estábamos preocupados y en nuestra imagen de esta persona permitimos que también en ella pueda encontrarse lo que esté separado y hacerse unidad.

Ahora sentid dónde está ahora esta preocupación. ¿Todavía existe?

Y esta fue una demostración de mi parte, también nueva para mí.

Hellinger a la mujer: Cuando tengo que hacer algo con el cliente, como ahora aquí contigo, entonces junto dentro de mí lo que es masculino y femenino y lo veo dentro de ti, juntado. ¿Lo puedo dejar así?

Segunda parte