Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Del agua de la vida (2)

Méjico, Mayo 2000
Enlace con el artículo Del agua de la vida (1)

El destino

Sí, éste es mi destino, asiento.

Hellinger: ¿De qué se trata?

Hombre: Yo quiero trabajar mi miopía. Del lado izquierdo soy casi ciego y el ojo derecho tiene una miopía muy alta. Los de la familia de mi papá son muy miopes también y casi todos se han muerto de cáncer y el que no se murió de cáncer, se murió de infección pulmonar de fumar.

Hellinger: Tengo bastante información. Cuando escucharon lo que acaba de decir, ¿De qué se trata? ¿De qué se trata en el fondo esencialmente? Esperar que a través de una constelación se pueda llegar a una solución de una miopía que evidentemente es algo hereditario, va más allá de la realidad y de lo que es posible. Entonces, te pregunto, ¿de qué se trata realmente?

Hombre: Siento que la miopía me cierra el contacto con el exterior porque mi alma no puede ver.

Hellinger: Es una realidad que la miopía te cierra un poco la realidad. Eso es un hecho, una realidad. ¿Quiénes fueron miopes en tu familia?

Hombre: Mi padre y todos mis tíos.

Hellinger: ¿Los hermanos de tu padre?

Hombre: Sí.

Hellinger: ¿Cuántos eran?

Hombre: Siete.

Hellinger: Bueno, vamos a colocar a tu padre y sus siete hermanos.

El hombre escoge los representantes.

Hellinger: ¿Son siete tíos y también una tía?

Hombre: Seis tíos y una tía.

Hellinger: Junto con tu papá son siete. Ok. Ustedes todos van a venir hacia acá. Colóquense a su lado. (Al lado del padre)

Hellinger coloca a todos hermanos en una fila y pone al hijo en frente de ellos.

Hellinger: Dile a tu padre, “Si éste es el precio de mi vida, estoy de acuerdo con él”.

Hombre: Si éste es el precio de mi vida, estoy de acuerdo con él.

Hellinger: Sigue el movimiento.

El hombre se acerca al padre. Ambos se abrazan.

Hellinger: Colócate al lado de tu padre. Mira a todos otra vez y diles, “Yo soy uno de vosotros”.

Hombre: Yo soy uno de vosotros.

Hellinger: ¿Cómo te sientes?

Hombre: Bien.

Hellinger: Bien, eso fue todo.

Hellinger: El que se enfrenta a la realidad está libre. Si alguien teme quedarse ciego o si alguien vive con un temor que se va a morir de un tumor cerebral, entonces ya se está portando como si fuera ciego o como si tuviera un tumor cerebral. Si éste es mi destino, estoy de acuerdo con él. El miedo se va y uno se siente libre y mientras va a ver lo mejor que pueda.

El abuelo, la tierra y los campesinos.

Hellinger: ¿De qué se trata?

Hombre: Son tres situaciones de muerte. Y la primera fue entre los siete y diez años. Yo no sabía nadar y a pesar de eso en la alberca del club me caí a lo hondo y me estuve ahogando. Posteriormente entre los quince y los dieciocho años nuevamente en un velero, en un mar abierto, me volví a meter al mar y continuaba sin saber nadar y otra vez me estaba ahogando. Y la última fue hace tres años en una autoconstrucción donde estuve andando, consumiendo alcohol y medicamentos, tuve una situación de muerte.

Hellinger: Dijo de forma muy clara de qué se trata, ¿verdad? Vamos a trabajar inmediatamente. ¿Estás casado?

Hombre: No.

Hellinger: ¿Tienes hijos?

Hombre: Tampoco.

Hellinger: ¿Cuántos años tienes?

Hombre: Cuarenta y cuatro.

Hellinger: ¿Qué pasó en tu familia de origen?

Hombre: Yo estuve investigando por parte de la familia de mi madre. A dos tíos de ella los mataron, uno por lío de faldas y otro por problema de tierras.

Hellinger: ¿Cuáles fueron las situaciones de los homicidios exactamente?

Hombre: Uno se estaba metiendo con mujeres de otros hombres.

Hellinger: ¿Y quién lo mató?

Hombre: Pues lo mató algún rival o algún esposo de una de ellas.

Hellinger: ¿Por qué mata un hombre a un rival? ¿Lo mata por la mujer? ¿Al haber matado al otro hombre ya se queda con la mujer? El mata al rival por su propia madre. Tiene que ver con los celos en cuanto a la madre. Es por eso que en el fondo quienes matan a un rival son como niños pequeños. No son hombres. ¿Y el otro?

Hombre: Por un problema de tierras.

Hellinger: Exactamente, ¿de qué se trataba?

Hombre: Según lo que cuenta mi madre, no se respetaba la propiedad del tío de mi madre. Fue a defenderla y lo mataron.

Hellinger: ¿De cuántos metros se trataba, cuántas hectáreas?

Hombre: Yo creo que bastantes.

Hellinger: ¿Y contra quien tenía que defenderla?

Hombre: Por invasiones de gente.

Hellinger: Ok. Ahí está el problema.

Hombre: Hay otro dato. Al padre de mi madre, hubo otro intento de matarle. Lo acuchillaron otros campesinos.

Hellinger: Ok. Vamos a colocar al abuelo y los campesinos. Vamos a colocar a cinco campesinos.

El hombre escoge a los representantes.

Hellinger: ¿Quién es el abuelo? Ok. Yo los voy a colocar.

Hellinger coloca al abuelo en frente de los campesinos. Los campesinos están de pie en una fila.

Hellinger: Necesito cinco campesinos más.

Los nuevos campesinos se colocan en una fila, junto a los anteriores.

Hellinger: Ustedes van a formar un círculo alrededor de él. Un círculo cerrado.

Hellinger al hombre: ¿También se mataron los campesinos?

Hombre: Bueno, ¿En caso de quién?

Hellinger: ¿Si uno de tus tíos mató algún campesino?

Hombre: Bueno, en caso de mi abuelo, él fue herido más gravemente. Pero no muere.

Hellinger: No, la pregunta es si ¿también se mataron a los campesinos?

Hombre: No.

Hellinger saca a otro representante: Tú le vas a representar a él ahora. Céntrate dentro de ti y ve lo que pasa.

Abre los ojos.

¿Con quién estas identificado?

Hombre: Con mi abuelo.

Hellinger: No.

Hombre: No lo sé.

Hellinger: Está identificado con los campesinos. ¿Tiene sentido esto?

Hombre: No.

Hellinger: Pero pudimos ver que sí tiene sentido. No tienes que decir nada. Lo vimos. Tu reacción lo mostró de forma muy clara. Y su reacción también lo demuestra. (La reacción del representante del hombre).

Hellinger a los campesinos: Abran el círculo por aqui. (Dice al representante del hombre) Colócate tú ahí.

El hombre se incluye en el círculo de los campesinos.

Hellinger: ¿Cómo te sientes ahí?

Hombre: Me siento amenazado por los campesinos.

Hellinger dice al abuelo: Date la vuelta.

Ahora el nieto y el abuelo se miran.

Hellinger al hombre: Dile, “Si tu no mueres, moriré yo”.

El representante: Si tú no mueres, moriré yo.

Hellinger: ¿Cómo te sientes al decirlo?

Representante: Un alivio.

Hellinger: Eso es. El abuelo es duro. No tiene corazón. Él es un asesino. En su pensamiento es un homicida. Y los familiares que le siguen a él lo tienen que expiar y por eso sucede lo que ha sucedido.

Hellinger dice a los representantes: Ok. Eso es todo.

Más tarde.

Hellinger a los mismos representes: Retomad la imagen final. Quisiera preguntar a cada uno de los representantes de la constelación qué sintieron. ¿Qué sintió el abuelo?

El representante del abuelo: Tenía yo que dar la cara. Tenía mucha fuerza y mucho miedo. Y finalmente me provocó mucha ternura él. (Su nieto)

Hellinger pregunta a uno de los representantes: ¿Y tú?

Representante: Me late mucho el corazón cuando me acerco. Y siento miedo aquí, un miedo que nos une a todos.

Otro representante: Odio.

El siguiente: Me impone mucho el abuelo.

Otro representante: Odio y sentía el dolor en la espalda como si me hubieran apuñalado.

Otro: Desden pero a la vez una cierta seguridad por haber estado en el círculo.

Otro: Yo me sentía fuera de lugar. No sentía ni odio, ni miedo. No tenía ningún sentimiento.

Otro: Tristeza y arrepentimiento acerca de él.

Otro: Yo me sentía frente a los campesinos amenazado y frente al abuelo avergonzado.

Otro: Yo también me sentía fuera de lugar. No sentía nada ni bueno ni malo por él.

Hellinger: Ok. Gracias.

Hellinger: Quiero decir algo acerca del dar y el tomar. Ayer hablé acerca de la conciencia. Es decir de la conciencia personal e individual que sentimos: lo sentimos como inocencia y culpabilidad. Y lo que sale a flote con la conciencia es la necesidad de pertenecer. Y todo lo que le sirve a la conciencia para pertenecer, lo vivimos como inocencia y lo que pone en peligro el pertenecer lo vivimos como culpabilidad. Es decir, en este contexto la culpabilidad que sentimos es el miedo de perder el derecho de pertenecer. Y la inocencia es nada más que sentir el derecho de pertenecer.

Pero la conciencia está también al servicio de otras necesidades. Está al servicio de poner en equilibrio el dar y tomar. Es decir, quien recibe algo de otra persona se siente en deuda hacia esa persona y no es una sensación agradable. Y nos podemos deshacer de esta sensación al darle algo al otro. Es decir, la necesidad de intercambio es lo que hace posible la relación entre los humanos. La necesidad de dar y tomar es diferente de la necesidad de pertenecer. En este balance de dar y recibir, la culpabilidad se toma como un deber y la inocencia se percibe como una libertad de ya no estar en deuda. Y también se percibe que uno tiene derecho de algo sobre alguien. Es decir, si yo doy algo a alguien, siento derecho de recibir algo de esta persona.

Y podemos ver cómo se vive las relaciones entre los humanos, también se puede vivir a nivel personal como a nivel social. Por ejemplo, una persona que tiene mucha tierra, pero la tiene a costa de otros y se ven excluidos y luchan en contra. El que tiene la tierra se siente en deuda frente a los que no tienen nada y quienes están excluidos sienten que tienen derecho de demandar algo de el que tiene mucha tierra, exigirle algo. Es decir, muchos conflictos sociales tienen que ver con que unos tienen mucho y otros tienen poco o no tienen nada.

Y si se observa las familias muy ricas a través de varias generaciones, se ve que los hijos, nietos, bisnietos tienen que expiar el hecho de que hayan tenido tanto. La desdicha que ocurre en familias ricas no es comparable con la desdicha que ocurre en familias pobres y también sucede que los descendientes de familias ricas pierden su riqueza al azar, no la pueden contener por la sensación de culpabilidad. La riqueza se puede mantener si se utiliza para un bien mayor. Es decir, si una persona no usa su riqueza nada más que para él. Por ejemplo el que utiliza su riqueza para que muchos tengan un fuente de trabajo. En casos así se puede mantener la riqueza. Pero ricos así no tienen una vida confortable, la riqueza les toma mucho.

Cuando existe una riqueza obtenida a costa de vidas humanas, muchos descendientes se sentirán vinculados con los que pagaron con su vida esta riqueza y los van a representar. Esto lo pudimos ver cuando hicimos la constelación de un empresario muy poderoso que al hacer excavaciones para encontrar petróleo provocaba la muerte de muchas personas. Pero estas vidas perdidas no se consideraban para nada. No he visto ninguna constelación en la cual la desdicha era tan insalvable. No había salvación para ninguno a través de varias generaciones. Porque la carga que llevaban era demasiado pesada.

Hicimos la constelación de una persona cuyo abuelo había hecho la vía del tren de Boston hasta Canadá. Y en aquel tiempo era un trabajo con mucho peligro. Y esta persona soñaba que iba en el tren y se caía. Se caía del tren, no sentía la fuerza de la vida. Entonces colocamos a varias de las víctimas. Es decir, los colocamos en el suelo como muertos y a él le tocó acostarse al lado de estos muertos y ahí encontró su paz. Pero sólo cuando el abuelo que construyo la vía se acostó al lado de las víctimas, se pudo parar su descendiente. Porque en este momento podía estar con los muertos el que pertenecía a los muertos.

Hellinger dice al hombre constelado: Esto como trasfondo de tu constelación. ¿Cómo te sientes ahora?

Hombre: No entendí yo como cerrar todo, la lealtad con mi abuelo y la identificación con los campesinos.

Hellinger: Es una doble relación. También hay una identificación con el perpetrador y la solución sería que dejaras a tu abuelo con los campesinos. Y ahí se tiene que diferenciar de forma muy exacta, puedes decir a tu abuelo, “Tú eres mi abuelo y yo soy tu nieto. Y como abuelo eres correcto para mí. Y yo tomo de ti todo lo que me das como abuelo”. Es decir, como él continúo dando vida. Y desde esta relación tú lo puedes amar. Pero tu abuelo no es sólo tu abuelo, sino también un terrateniente que fue muy agresivo, porque no se puede mantener tanta propiedad de otra forma. Y ahí tienes que diferenciarte tú. Como terrateniente le tienes que dejar su responsabilidad y las consecuencias de su comportamiento. Ahí tú no te puedes entrometer. Y desde este sentido tú lo dejas con las víctimas. ¿Tú tienes tierras que vienen de tu abuelo?

Hombre: No. Es decir, luego llegó la revolución agraria y se lo quitaron todo a la familia.

Hellinger: Eso fue una bendición para la familia. Sí, porque ahora tú estás liberado de eso.

Hombre: He tenido que enfrontar una serie de responsabilidades de este tipo, creo.

Hellinger: Si, exactamente. Otra cosa importante, vas a tener que renunciar a algo importante. Tienes que quedarte sin orgullo de tu abuelo.

El hombre asiente con la cabeza.

Hellinger: Cuando constelo en Alemania, a veces trabajo con gente que formó parte del ejército, descendientes de gente que tuvieron posiciones de mucho poder en el grupo de los nazis. Y en esos casos obviamente coloco tanto a las víctimas como a los perpetradores. Y los que son de los nazis son hombres con mucha fuerza. Si no fueran así no lo pudieran haber hecho. Tienen mucho orgullo, se sienten fuertes y superiores. Y se sienten por encima de los demás. Y pudiste observar lo mismo en el comportamiento de tu abuelo: fuerza, orgullo, superioridad. Y los descendientes aún en muchos casos se sienten vinculados con las víctimas. Mantienen a pesar de todo un sentimiento de orgullo hacía los abuelos. Y desde ese vínculo se identifican también con el perpetrador. Es decir, el poder de renunciar al orgullo es importante.

Hombre: De hecho mi madre ha reforzado mucho la imagen de su padre, de mi abuelo, como un hombre muy bueno.

Hellinger: Claro, ya lo conocemos todos. Era su hija, lo amaba. Esa capacidad de mantenerte fuera tiene mucha importancia.

Una vez me tocó trabajar con una sobrina de Gehring, fue uno de los nazis principales. Es decir, en cuanto a poder, le seguía a Hitler. Fue el que comenzó los campos de concentración y tenían como herencia una vasija de plata que había sido regalo de Gehring. La vajilla llevaba los iniciales de Gehring y sentían mucho orgullo por esta vajilla y les dije que tenían que deshacerse de ella, que tenía que desaparecer. Que no tenían que venderla, ni fundirla, que tenía que desaparecer del todo. Si no, la desdicha que este objeto llevaba iba a seguir a los descendientes. Pero tardó más de un año en poder deshacer de ella. Y ese sería el proceso sanador para ti. Que pudieras dejar que desaparecieran las imágenes que tienes tú de tu abuelo. Y también de cosas heredadas que te lo recuerdan. Sólo después podrás estar libre. Pero con comparación con la vida es un precio pequeño a pagar. ¿Ok?

Hombre: Gracias.

Hellinger: ¿Hay preguntas?

Mujer: En todas las constelaciones familiares y en ésta también el tema de la paz, de la justicia están pegados al tema de las constelaciones. ¿Cómo se puede explicar esto desde las constelaciones familiares?

Hellinger: No es cierto que el equilibrio sea más importante, es un elemento. Pero nosotros sentimos una necesidad de justicia. Y esto es lo que permite tener relaciones entre los humanos. Pero existe el peligro en la necesidad de justicia en las relaciones que se utilice para el destino o hacia Dios. Y esto tiene consecuencias terribles. La mayoría de las guerras ocurren por una necesidad de justicia. Todas las víctimas que hay, incluso las víctimas religiosas al final se vinculan con esta necesidad. Todo lo que se relaciona con la Virgen de Guadalupe se basa en este balance de justicia. El concepto del infierno se basa en esta añoranza de justicia. El infierno se concibió por aquellos que pensaban que se les había hecho una injusticia y quienes les habían hecho daño no iban a recibir un castigo aquí. Es decir, la necesidad de que al menos en el más allá fueran castigados es lo que creó la idea del infierno. Ves, por ejemplo a niños que prometen a Dios que si su madre se queda con vida, ellos están dispuestos a morirse. Y todo esto sale a la luz de las circunstancias que les rodean.

Tuvimos un ejemplo en Chile. Ahí tuvimos una constelación de victimas y perpetradores del régimen de Pinochet. Y la constelación terminó en que todos estaban tumbados en el suelo como muertos y así estaban en paz. Pero quienes seguían con vida no les podían dejar en paz a los muertos. Querían venganza. Entonces se paró una mujer y dijo que su hermano también había desaparecido y estaba llena de odio y dijo, “Jamás olvidaré lo que le hicieron”. Y yo le dije que debía olvidarlo. Y colocamos la constelación, a ella y a su hermano. Y la persona que representaba a ella estaba parada ahí como si estuviera muerta. Totalmente tiesa. Y el hermano que estaba a su lado estaba muy mal. Entonces coloqué a otro muerto a su lado. Y dijo, “Esto es muy raro. A mí no se me hizo ninguna injusticia. Yo me siento bien.”

O sea los movimientos del alma a nivel esencial no se dirigen hacia la justicia, sino que abarcan mucho más. ¿Ok?

Mujer: Gracias.

Otra mujer: A mí me gustaría saber …. (se oye mal)

Hellinger: ¿Quieres saber si hay alguna constelación donde hay perpetradores que no sienten la culpa, el remordimiento?

Mujer: Exacto.

Hellinger: Después coloco los descendientes de esta persona, es decir, los hijos y los nietos. Y estos descendientes traen a flote lo que los otros se negaron a sentir. Y en este momento se sienten más suaves.

Te voy a dar un ejemplo que pasó hace poco en Italia.

Había una persona que tenía ataques de pánico desde hace cincuenta años y sentía que, detrás, alguien de repente le ponía una soga. Y coloqué a dos personas. A él y la persona a quien temía que le cortara la garganta. Él se colocó aquí y detrás colocó a una mujer. Y a la persona que le representó le comenzó a apretar la nuca y se volvió y la mujer sentía miedo de él. O sea que la sensación de la agresividad no estaba en el otro, sino que estaba dentro de él mismo. Y después colocamos a su familia de origen y dijo que su padre era un hombre muy violento. El padre estaba colocado un poco fuera de la familia y se sentía lleno de furia. Casi temblaba de furia y odio. Entonces dije que aquí pasó algo anterior y él comenzó a reír, “Yo vengo de una familia noble. Y durante la edad media y el renacimiento era una familia muy violenta”. O sea, que esto venía desde muy lejos. Y entonces coloqué a tres víctimas y su padre primero estaba lleno de odio y después lo coloqué a su lado y comenzó a llorar y se le deshizo la furia.

Y la solución era que él tenía que dejar a su padre con las víctimas. Y además tenía que renunciar a su título de nobleza. Sentía mucho orgullo en este título.

¿Te lo aclaré?