Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Del agua de la vida (1)

Méjico, Mayo 2000

He observado durante años que la consciencia trabaja y que la consciencia no es la voz de Dios que está hablando, trabajando dentro de nosotros. La consciencia tiene una función muy básica, nos ata a nuestras familias. Como cuando caminamos y perdemos el equilibrio nos damos cuenta inmediatamente que hemos perdido el equilibrio.

De la misma manera dentro de nuestras familias nos damos cuenta cuando ya no estamos en equilibrio con ellas. Cuando no estamos de acuerdo con la consciencia de nuestra familia, sentimos mala consciencia. Nos sentimos culpables y la mala consciencia nos causa tal malestar que cambiamos nuestro comportamiento para que podamos estar seguros que nos es permitido volver a ser parte de ella. Para nosotros el derecho de pertenecer a nuestra familia es lo más importante.

Y de niños el temor mayor es perder este derecho a la pertenencia y para no perder la pertenencia estamos dispuestos a hacer lo que se necesite. Esto va tan lejos que un niño para mantener su derecho a la pertenencia está dispuesto a dar su vida por ello. Es decir, para un niño no es la vida ni felicidad lo más importante, sino la seguridad que puede pertenecer a su familia.

Esto tiene consecuencias muy profundas. Cuando, por ejemplo, un niño perdió a su madre o su padre en una edad muy temprana o también cuando perdió un hermano o una hermana cuando era muy pequeño, va a querer dar su vida para pertenecer a su familia. Dice entonces, “Yo también quiero morir”. Y nadie le puede quitar a ese niño esa decisión. Y esta decisión continúa aún cuando es adulto porque en su alma esta consciencia sigue trabajando. O cuando el niño ve que uno de sus padres quiere morir o quiere irse de la familia, entonces el niño dice, “Prefiero irme yo antes que tú”. Esto lo vemos, por ejemplo, en la anorexia. La niña anoréxica está diciendo en su corazón, “Mejor desaparezco yo que tú”. Y esto casi siempre está dirigido hacia el padre. La niña está diciendo en otras palabras, “Mejor que me muera yo que tú, querido padre”. Y todo esto sale desde el impulso de la consciencia, por eso en este caso la consciencia para la niña tiene un poder destructor. Y para poder liberarse de esta consciencia tendría que estar dispuesta a sentirse culpable y solo pocos son capaces de hacer eso. Muchas terapeutas ven que los clientes buscan una solución y cuando les mostramos qué sería la solución, no la pueden aceptar. Y no la pueden aceptar por el amor que le tienen a su familia. Voy a mostrar otro ejemplo. Una mujer tenía esclerosis múltiple y durante el trabajo se da cuenta de repente que de niña se sentaba en la cama al lado de su madre paralizada. Y desde el amor que ella le tiene a su madre también ella quiere estar paralizada. Si la niña se convirtiera en una persona sana se sentiría culpable hacia su madre porque en este caso ella estaría mejor que su madre. Es decir, que este amor y esta consciencia son ciegos. Y aquí, en este trabajo, queremos ponernos por encima de esta ceguera y mostrar que el mismo amor que puede llevar a una enfermedad o a la desdicha, puede llevar a la libertad si se sabe usar y dirigir.

La enfermedad del sueño

Hellinger: Con ella, si voy a poder trabajar. ¿De qué se trata?

Mujer: He desarrollado dos enfermedades. Las dos crónicas y mortales según la clínica y continuamente tengo sentimientos de muerte, deseos de muerte aunque aparentemente estoy muy contenta.

Hellinger: ¿Cuáles son las enfermedades?

Mujer: Anorexia y bulimia. Y narcolepsia, cataplexia. Es un trastorno en la química cerebral.

Hellinger: Bueno, al verla parece ser feliz y es sorprendente que una persona así presente tales enfermedades. Así es. Pero en este momento no sufre de anorexia.

Mujer: Me considero rehabilitada pero fueron 18 años de mi vida y sólo mencionar este tema genera mucha ansiedad. No vuelvo a vomitar, pero me siento recién, como que lo toco todavía.

Hellinger: En cuanto a la bulimia si sigue como consecuencia de la anorexia significa el comer, el querer vivir. Y el hecho de vomitar significa: quiero morir. Así es. ¿Estás casada?

Mujer: No. En unión libre.

Hellinger: ¿Tienes hijos?

Mujer: No.

Hellinger: Bueno, vamos a traer aquí a tu familia de origen. ¿Quién pertenece a tu familia de origen?

Mujer: ¿Mamá, papá y mis hermanos?

Hellinger: ¿Cuántos hermanos?

Mujer: Tres.

Hellinger: ¿En qué lugar naciste tú?

Mujer: Penúltimo de abajo para arriba de diez embarazos. De diez embarazos sólo somos cuatro.

Hellinger: ¿Y quién es el más grande de los que viven?

Mujer: Mi hermana.

Hellinger: ¿Y la segunda o el segundo?

Mujer: Mi hermano.

Hellinger: ¿Y el último?

Mujer: Hombre.

Hellinger: ¿Qué pasó con los otros embarazos?

Mujer: Uno después de nacer a unos segundos se murió. Después nació mi hermana la que está viva. Después como dos abortos espontáneos. Después mi hermano. Luego una niña que se llama como yo, Guadalupe. Se murió.

Hellinger: ¿Cuántos años tenía esta hermana cuando murió?

Mujer: Tres semanas, después otro aborto y después yo.

Hellinger: Bueno, en todo lo que dijo hay dos informaciones importantes. La muerte del primer hijo y la muerte de la niña que llevaba el mismo nombre que ella lleva ahora.

Y antes de que continuemos con el trabajo quiero aclarar algo. Antes dije algo sobre la consciencia que es una consciencia personal que nosotros sentimos. En todas las familias en el sentido más amplio está trabajando una consciencia colectiva que está totalmente en el subconsciente y sólo la reconocemos de la manera en la que trabaja. Y la manera en la que trabaja llega a la superficie en la constelación familiar. Y esta consciencia tiene tres necesidades básicas que hacen que funcione. Lo primero es que esta consciencia no permite que un miembro de la familia sea olvidado. Si un miembro de la familia se ve dejado fuera o se le olvida, esta consciencia obliga a que otro miembro de la familia asuma la representación de esta persona excluida. Y a esto se llama un enredo, una intrincación. Es decir, que un miembro de la familia tiene que representar a otro que no está sin que la persona que está presente sepa que está representando a otro miembro excluido.

Y algo así se está llevando a cabo en su familia. Por eso viendo su constelación podremos ver cómo trabaja esta consciencia Colectiva. Ok .

Vas a escoger ahora representantes para tu madre, tu padre y a los cuatro hermanos que viven. No importa a quién escojas. Da exactamente lo mismo. Y no debes escoger a alguien porque se parezca. Simplemente hombre o mujer.

La mujer escoge los representantes.

Hellinger: Ahora dinos quién es quién.

Hellinger coloca a los hijos en frente de los padres.

Hellinger: Ahora colócalos según la imagen que tú tienes de ellos.

En la colocación de los representantes es importante que el cliente coloque a cada uno de forma individual. Ahora dejen que está colocación trabaje dentro de ustedes. ¿Quién de ustedes se siente peor? El padre es quien se siente peor. Dejamos un campo libre para él. Dentro de esta constelación se va demostrar lo que realmente está pasando en esta constelación. Si lo llevo donde debería estar. Si lo llevo hacia dónde está mirando.

El padre se mueve hacia el otro extremo de la sala.

Hellinger: ¿Aquí te sientes mejor o peor? Dice a la mujer constelada, ¿Sabes qué significa esto? Significa que él quiere morir. ¿Y qué dije sobre anorexia esta mañana? ¿Qué dice la niña que padece anorexia?

Mujer: Quiero morir también.

Hellinger: Esta diciendo, prefiero morir yo, querido padre, antes que tú.

Hellinger se dirige al padre: Ahora regresa al lugar donde estabas.

Dice a la representante de la mujer constelada: Y ahora tú te vas a colocar donde estaba tu padre.

Hellinger se dirige al padre: ¿Cómo está el padre cuando ella está en ese lugar? ¿Te sientes mejor o peor? Padre: Peor.

Hellinger se dirige a la representante de la mujer: ¿Cómo te sientes ahora mejor o peor? La representante: Mejor.

Hellinger: Eso es. Por eso puede hablar de la muerte con una cara que parece ser tan feliz. Ese es el amor de la niña hacia su padre. Pero él no se siente mejor cuando tú haces eso.

Hellinger dice a la representante: Ok. Ahora regresa al lugar que es tuyo.

Lo que tendríamos que averiguar ahora es por qué se quiere morir el padre. O sea, en qué grado está él enredado en su familia de origen. O sea qué pasó en la familia de tu papá.

Mujer: Él es el único vivo de trece hijos y además adoptaron dos más. Se habla muy poco de su historia y muy olvidado.

Hellinger: ¿Alguno de tus padres estuvo casado antes.

Mujer: Mi madre estaba muy enamorada de otra persona. Fue novia de esta persona. Cuando vió a mi papá rompió su otra relación y dijo, “con este hombre me caso”.

Hellinger: Ahí sucedió algo en el origen de su papá. ¿Se murió alguien?

Mujer: No lo sé.

Hellinger: ¿Alguien que se fue?

Mujer: Otra hermana menor que el se murió a los treinta y cuatro años.

Hellinger: Eso no tiene tanto significado a los treinta y cuatro años. ¿Hubo algún crimen en la familia?

Mujer: No. No lo sé.

Hellinger: Cuando veo esta constelación es que tú y tu hermano quieren atar a tu mamá para que no se vaya. ¿Tengo razón?

Mujer: Mi mamá tiene muy relegado a mi papá y yo hacía lo mismo con él.

Hellinger: No, se quiere morir.

Hellinger lleva la madre hacia fuera y la pregunta: ¿Este lugar es mejor para ti?

La representante: Sí.

Hellinger: Ok. Regresa al lugar donde estabas.

Hellinger se dirige a la mujer constelada: Y ahora trae a los dos hermanos muertos a la constelación. Colócalos según la imagen que ti tienes de ellos.

La mujer coloca a un hermano en frente de la madre y a la hermana al lado derecho de su madre.

Hellinger: Por lo que veo aquí tu mamá quiere seguir a tu hermano muerto a la muerte. Y hay otra cosa muy clara, no se hizo luto por estos dos niños muertos. Y ahora mostraré cómo se podría llegar a una solución de esto

Hellinger coloca a la madre al lado del padre y uno de los hijos muertos en frente de los padres.

Hellinger se dirige a la madre: Dile, “Querido hijo”.

Mujer: Querido hijo.

Hellinger: Te echo de mucho de menos. Te di la vida con mucho placer y me duele mucho que te murieras tan rápido. Pero dentro de mi corazón siempre vas a tener un lugar.

La mujer repite.

Hellinger se dirige al padre: Tú también dices, “Querido hijo”

El padre repite.

Hellinger: Te echo mucho de menos.

Hellinger: Te di la vida con mucha felicidad y me duele mucho que te murieras tan pronto.

Hellinger: Pero siempre vas a tener un lugar dentro de mi corazón.

Hellinger: Y ahora mira a tu esposa y la esposa mira a su esposo y dile, “Nosotros cargamos esto juntos”

Los representantes de la pareja se lo dicen mutuamente.

Hellinger se dirige a la madre: ¿Cómo te sientes al decirlo?

Madre: Más segura.

Hellinger al padre: ¿Y tú?

Padre: Más tranquilo.

Hellinger al representante del hijo muerto: Y ahora te vas a sentar en el suelo delante de tus padres y los vas a tomar como respaldo y pongan las manos sobre su cabeza.

Hellinger a los hermanos: También miren ustedes a su hermano.

Hellinger se dirige ahora a los padres: Digan a sus hijos, “Él es vuestro hermano mayor”, “Él es el primero”.

El padre repite las frases.

Hellinger se dirige a la mujer constelada: ¿Cómo se cuenta a los niños de la familia? ¿Qué número tienes tú? ¿Quién es el hijo que le sigue?

Mujer: Mi hermana mayor. La segunda.

Hellinger: ¿Entonces se le cuenta a él como primer hijo?

Mujer: Sí.

Hellinger pregunta al representante del hijo muerto: ¿Cómo te sientes tú?

Representante: Ahora un poco mejor.

Hellinger: ¿Y tú?

Madre: Muy contenta con él aquí.

Padre: Muy contento.

Hellinger al hijo: Ahora te vas a parar. Y te coloco aquí.

Hellinger le coloca como primero de los hermanos, luego en fila los demás hermanos según la edad. Coloca la representante de la hija muerta frente a los padres y les dice: Ahora se trata de que le digáis lo mismo que habéis dicho a vuestro hijo mayor.

La madre: Mi querida hija, te di la vida con gusto y felicidad y te echo mucho de menos y siempre vas a tener un lugar en mi corazón.

El padre: Mo querida hija, te di la vida con mucho gusto y felicidad y siempre vas a tener un lugar en mi corazón.

Hellinger se dirige a la hija: Ahora te vas a sentar respaldándote en tus padres. (Dice a los padres) Mírenla.

Hellinger dice al padre: Ahora vas a decir a tus hijos, “Esta es nuestra cuarta hija”.

El padre repite.

Hellinger: Y dile a ella (aquí indica la mujer constelada). “Tú eres la quinta”.

Hellinger pregunta a la hija: ¿Cómo te sientes ahora?

Representante de la hija: Muy bien.

Hellinger: Párate y te colocas ahí.

Hellinger la coloca en el cuarto lugar entre los hijos.

Hellinger a la representante de la mujer constelada: Dile a tu hermana, “Te voy a devolver tu nombre y voy a tomar otro nombre. Tú te puedes quedar con tu nombre”

La mujer repite esta frase.

Hellinger pregunta a la representante de la hermana muerta: ¿Cómo te sientes con eso?

Hermana: Muy bien. Siento que tengo un lugar.

Hellinger dice a la representante de la mujer constelada: ¿Cómo estás tú?

Mujer: Cuando la he vuelto a ver y no tenia nombre no sabía quién era y ahora la siento como mi hermana.

Hellinger: Ahora dile a tu a hermana, “Por favor, mírame con buenos ojos aunque esté con vida.”

La mujer repite estas palabras. Ambas hermanas se abrazan.

Hellinger: Si en una familia se da un nombre a un hijo vivo de un hijo que murió anteriormente con eso se le excluye al hijo que murió. Y por eso el hijo que recibió el nombre del muerto tiene que actuar como ese hijo que murió. Lo tiene que copiar. No se atreve a mantenerse con vida.

Hellinger pone la mujer constelada en el lugar de su representante:

Hellinger: Toma tu lugar. Mira a tu hermana y dile, “Yo también voy a morir pronto, igual que tu”. Mírala.

La mujer pierde el equilibrio y el que está a su lado la sujeta y repite la frase.

Hellinger: Este dormirse es en realidad una muerte apresurada. Mírala y dile, “Yo también voy a morir pronto, igual que tu”.

Hellinger: ¿Cómo te sientes al decirlo?

Mujer: Me gusta.

Hellinger: Esto es la identificación y está totalmente ciega porque no puede mirar a su hermana. Dile, “Por mi amor por ti yo también me voy a morir pronto”.

Hellinger: No se le puede desligar de quererse morir. (A la hermana) ¿Cómo te sientes tú cuando ella dice esto?

La hermana: Me da mucho miedo. Me da mucha preocupación por ella.

Hellinger: Pero no ve el amor que le tiene su hermana. Ella se siente grande al quererse morir y no se da cuenta del amor que su hermana le tiene. ¡Debería darte vergüenza! Mírala. Morir es más fácil que vivir. No puede uno sentir compasión por ella. Ella se apartó a sí misma de la suerte. Quisiera saber como fuera esto si realmente se muriera. ¿A quién vas a encontrar entonces? ¿A quién vas a encontrar si de verdad te mueres? Un esqueleto vas a encontrar. Eso es todo. ¿Y para eso te quieres morir?

Mujer: Pensaba que podría encontrar la paz.

Hellinger: Bueno, voy a terminar aquí. Voy a preguntar como ellos se sienten.

Padre: Mejor. Más a gusto.

Madre: No quiero que muera.

Hellinger: No tienes ningún poder para ella sobre ello. Las madres no pueden hacer nada contra este tipo de hijos. (Se dirige al hijo mayor)¿Cómo te sientes tú?

Hijo: Yo tengo mucho dolor en el cuello y no se me quita.

Hellinger: ¿Desde cuándo?

Hijo: Desde cuando me paré aquí.

Otra hermana: Me siento bien con mis dos hermanos a mi lado. Mi presión está estabilizada. Me siento bien ahora.

Otro hermano: Yo al principio sentí la presión y ahora me siento bien.

La representante de la hermana muerta: Yo estoy bien pero todavía un poco preocupada que no me mire a los ojos.

La mujer constelada: Estoy sorprendida que me da gozo la muerte.

El último hermano: A mí me duelen los pies y la cintura. Y miedo.

Hellinger se dirige al primer hijo: Te vas a tumbar en el suelo. Váyanse un poquito atrás. (A la representante de la hermana muerta) Tú te vas a acostar a su lado. Más cerca de tu hermano.

La madre se acuesta a su lado.

Hellinger: Esto se podía ver desde antes. Cuando se tumbaron los dos hermanos la madre miraba al suelo, como mirando a una tumba. ¿Cómo se siente la madre aquí?

Madre: Quiero estar aquí.

Hellinger: ¿Cómo se siente la hija?

Hija: Muy mal.

Hellinger le gira la cabeza hacia el hermano.

Hellinger: ¿Cómo se siente el hijo?

Hijo: Culpable, con mucha impotencia.

Hellinger: Que se pare la mamá. Ahora acuéstate tú (se lo dice a la mujer constelada) al lado de tu hermana.

Hellinger: ¿Cómo se siente la mamá ahora?

Madre: Son como dos sentimientos. Uno que quiero estar con ellos. Como si no pudiera separarme de los que fueron.

Hellinger: Y cuando te acostaste al lado de los muertos, ¿Te sentiste mejor o peor?

Madre: Mejor con ellos, pero no quería estar ahí.

Hellinger: Pero ahora que se acostó la otra hija, ¿Te sientes mejor o te sientes peor?

Madre: Me siento culpable.

Hellinger: Mi pregunta era nada más que saber si te sientes mejor aquí o peor.

Madre: Mejor.

Hellinger: Sí, esta es la dinámica. Esta hija lo hace por ti.

Hellinger dice a la mujer constelada: Ahora te paras.

Hellinger coloca a los hijos vivos en frente de los padres. Le pregunta al padre: ¿Cómo te sientes ahora? Padre: Muy bien.

Madre: Muy bien.

Primer hijo: Bien, Segundo hijo: Bien.

La mujer constelada: Mejor.

El último hijo: Aquí me duele la cara. Siento miedo.

Hellinger: Tú también estás en peligro.

Hellinger al representante del hijo muerto: ¿Cómo estás tú?

Hijo: Mejor. Pero desde que me acosté aquí siento unos impulsos eléctricos que pasan de un hemisferio al otro y siento como si se me moviera la cabeza.

Hellinger pregunta a la representante de la hija muerta: ¿Tú cómo estás?

Hija: Me siento mejor que hace un rato.

Hellinger al último hijo vivo: Dile a tu hermano muerto, “Yo también cargo con eso”.

Hermano: Yo también cargo con eso.

Hellinger: ¿Cómo te sientes cuando lo dices?

Hermano: Mucho dolor.

Hellinger: Ahora mira a tus padres y diles, “Tomo la vida aun si lleva este precio”.

Hellinger: Me vale tanto.

Hellinger: Respira profundamente y mira a tus padres. ¿Cómo te sientes ahora?

Hermano: Mejor.

Hellinger: Ok. Aquí lo dejamos.

La actitud terapéutica.

No tenemos un alma que podamos controlar. Tomamos parte de un alma que nos da una dirección junto con otros y esta alma sabe. Y uno se puede unir a esta alma sólo si uno se niega a saber conscientemente. Si uno no se deja llevar más por la curiosidad, ya no toma notas, simplemente se mantiene abierto por lo que sucede. Entonces de repente tomamos parte de este conocimiento. Y esto les pasa a los representantes que de repente toman parte de este conocimiento y el terapeuta también toma parte en este conocimiento. Si también se puede retraer de lo aprendido hasta entonces, si no se basa en conocimientos anteriores o en previas teorías que ha aprendido. Si no que se deje llevar por el movimiento del alma. Es por eso mismo que no se puede aprender ese trabajo. Quien piensa que puede aprender este trabajo, no está con el movimiento del alma.

Sí, se pueden aprender ciertas cosas. Pero no lo profundo, lo básico. Y lo básico se aprende dejándose llevar por los procesos que aquí se llevan a cabo.

Como si uno se dejara llevar por una música conmovedora o un paisaje hermoso.

Uno sólo está abierto, recibe, toma, no sabe qué pasa pero después se siente cambiado. Y uno está cambiado porque ha logrado unirse con esta gran alma más profunda. Si quisiera investigar más sobre esto por qué lo que aquí pasa es posible, a partir de este momento ya no estoy en la unión con el movimiento con la gran alma. La curiosidad impide la unión con esa gran alma. Cuando estoy unido a este movimiento, tampoco necesito hacer muchas preguntas. Le pregunté muy pocas cosas. Y al primer cliente con él que trabajé casi no pregunté nada, pero estoy unido al movimiento de su alma y entonces capto y comprendo de forma más inmediata.

Entonces cuando un terapeuta durante media hora hace preguntas al cliente sobre su familia, tanto el cliente como el terapeuta han perdido la unión con el movimiento de su alma. La energía se mueve desde lo más profundo a nivel intelectual. Y el terapeuta sólo necesita saber hechos. No, por ejemplo, cómo se comportaron las diferentes personas. Con ella, por ejemplo, sólo necesitaba sabe cuáles eran sus enfermedades y si alguien había muerto en su familia.

O sea, las preguntas de más importancia que un terapeuta hace son las siguientes: cuál es la queja, si alguien está enfermo o si hay peligro de que alguien se suicide o si pasó algo particular dentro de su familia.

Siempre son hechos que se llevaron a cabo desde fuera. Por ejemplo, la temprana muerte de hermanos y hermanas, si el padre o la madre estaban antes vinculados en otra relación, si ha habido crímenes dentro de la familia, si se ha aislado a alguien en la familia, si se entregaron a niños, si alguien es minusválido. Y con eso ya tenemos todo. El terapeuta no necesita saber más. Lo demás lo ve él. Y cuando se hace la constelación, lo que anteriormente estuvo escondido, flota a la superficie.

Por ejemplo, de la manera que ella colocó a su familia se vio inmediatamente que su padre se quería morir y que también la madre quería morir y de la familia de origen del padre no pudo decir nada. Y muchas veces no es permitido saber lo que realmente sucedió en las familias. Es un tabú y por eso tampoco puede investigar ella. Sólo puede obtener el permiso de su familia. Por ejemplo si se imaginara que le ayudaría el padre y también sus hermanos y hermanas a ella misma le ayudarían, si lo escondido se llevara a la luz, entonces a lo mejor podría saberlo. En muchas familias no se permite saber. Pero el alma lo sabe y entonces sucede un conflicto interno. Por un lado sí lo sabe uno, pero por otro lado no le es permitido a uno saber y esta situación lleva muchos a la locura.

Enlace con el artículo Del agua de la vida (2)