Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Constelaciones Familiares y Conciencia

Autor: Bert Hellinger
Fuente: Systemic solutions bulletin
Fecha: Febrero 2001

Constelaciones Familiares y Conciencia

Para entender a fondo el trabajo de constelación familiar, tenemos que abrirnos y comprender que en cualquier familia o grupo existe un alma común trabajando, un alma familiar o grupal.

Trataré de dar una imagen de la función que tal alma grupal debió haber tenido en el pasado, y que aún continúa teniendo. También diré algo sobre los “ordenes” (leyes) que este alma trae al Ser. Tengo una imagen. Mi objetivo no es necesariamente buscar la exactitud histórica o demostrar algo. Más bien quiero proporcionar la posibilidad de que las personas tomen medidas que vayan hacia el cambio. Mi preocupación es ampliar nuestra comprensión del papel que juega la conciencia y de esos impulsos inexplicables que a menudo acaban en tragedia. Esto debería abrir el camino para ayudarnos a resolver intrincaciones trágicas o, incluso, para evitarlas nada más que ocurran.

Los grupos originales eran tribus que agrupaban entre veinte y treinta miembros aproximadamente. Eran sumamente interdependientes y era imposible que ningún individuo abandonara el grupo, fuera cual fuera la situación. De la misma manera, era inimaginable que alguien fuera excluido de esa relación de parentesco, con una posible excepción: si alguien mataba a otro miembro del grupo. Se puede encontrar un eco de esto en la historia de de Caín y Abel.

El Derecho de Pertenencia

En estos grupos había “dos ordenes” fundamentales. El primer “orden” era que cada miembro tenía el mismo derecho de pertenecia al grupo. Era inconcebible que  algún miembro negara este derecho a otro. Del mismo modo, cada miembro sabía que el bienestar del grupo tenía prioridad frente a sus necesidades personales. Dentro de un grupo de nómadas, los ancianos o los enfermos se quedarían inevitablemente atrás y se les abandonaría en cuanto supusieran una carga para el grupo. Estaban listos para morir y nadie se habría interpuesto en su camino a causa de un apego personal.

Que algo similar a esto siga existiendo actualmente se confirma con una historia que me contó un médico. Éste estaba trabajando en un hospital de Tanzania. Un día unos hombres de la tribu Massai trajeron a un hombre joven en una camilla. Tenía una pierna lesionada. Cuando el médico jefe lo examinó se dio cuenta de que la gangrena de su pierna estaba tan avanzada que la pierna no se podía salvar. Llamó a los hombres y les informó de que tenía que amputar o el joven moriría. Los hombres dijeron que primero necesitaban hablar entre ellos. Tras una hora volvieron y anunciaron: “hemos decidido que debe morir.”

Por la misma razón, los grupos nómadas dejaban atrás a los niños débiles o discapacitados y les abandonaban. Una vez más, la supervivencia del grupo tenía preferencia sobre cualquier tipo de compasión por un individuo. ¿Esto era cruel?  No, conocían sus límites y asentían a ellos. Aquí vemos que el derecho de pertenencia al grupo se limitaba y sopesaba frente al bienestar del grupo como un todo. Todo se orientaba en función de la supervivencia y la continuación del grupo. 

El Orden Sistémico (según la antigüedad)

El segundo “orden” en este tipo de grupo garantizaba la prioridad a los miembros anteriores o más antiguos sobre los que vinieran más tarde, o fueran más jóvenes. De esta manera, cada miembro del grupo tenía su lugar en el sistema. Con el tiempo, un individuo progresaba de una manera totalmente natural desde una posición inferior hacia una posición más elevada en la jerarquía y, de este modo, no había conflictos de rango en el grupo.

La Conciencia Colectiva

Estos dos “órdenes”, el mismo derecho a la pertenencia, y la prioridad para los primeros o miembros más antiguos no surgieron de ninguna consideración racional. Estaban predeterminados para el grupo “por una conciencia colectiva”.  Cualquier transgresión de estos “órdenes” daba lugar a una mala conciencia y el sentimiento de culpa garantizaba que un individuo volviera a respetar adecuadamente los “órdenes”. También podemos llamarlo “conciencia grupal” o “conciencia familiar”, y es diferente de “la conciencia individual” de la que hablaré más adelante. En la sociedad contemporánea esta conciencia familiar se ha vuelto en gran parte inconsciente, pero en los tiempos prehistóricos, en un grupo tribal, debió haber sido consciente, al menos lo suficiente para causar  sentimientos de culpa en sus miembros si los “órdenes” se transgredían, y sentimientos de inocencia una vez que el delito se reconocía y se expiaba.

La Conciencia Personal

Al desarrollarse el trueque y el comercio entre estos pequeños grupos tribales, se desarrolló también el concepto de "nosotros" y "ellos", así como el sentido de "pertenencia" o "no pertenencia". Posteriormente, esto condujo a una diferenciación entre "buenos" y "malos", o "mejor que" y "peor que”. En una etapa posterior estas diferenciaciones se dieron asimismo en el grupo mediante afirmaciones como: "yo soy mejor que tú“, o “tengo más derecho que tú a pertenecer". Así que junto a la «conciencia colectiva» y sus sentimientos concomitantes de culpabilidad e inocencia, se desarrolló una “conciencia personal" que se guió por los imperativos morales del bien y del mal. Esta conciencia personal condujo a un proceso de individualización y a la conciencia individual, con la que diferentes miembros del grupo sostuvieron valores diferentes unos de otros. A partir de entonces se desarrolló una polarización entre el individuo y el grupo, y entre la libertad individual y las normas y expectativas del grupo.

A lo largo de esta evolución, las normas y leyes relativas a la conciencia colectiva fueron empujadas hacia el reino de lo inconsciente y ya no se expresarían directamente. De ese modo, la experiencia individual se hizo más importante que las necesidades del grupo, por lo que la conciencia personal asumió gran parte del lugar que anteriormente ocupaba la conciencia colectiva. Esto llegó tan lejos, que las personas interpretaron la voz de la conciencia personal como la voz de Dios, dándoles el derecho de erigirse contra las normas del grupo y culminó con la separación del individuo del grupo y su conciencia colectiva.

Sin embargo, esta conciencia colectiva no debe olvidarse. De hecho, no puede ignorarse porque es la base de toda convivencia humana y siempre será así. No importa cuan ampliamente pueda desarrollar su tronco o extender sus ramas un árbol; sin sus raíces, morirá. En términos de relaciones humanas, esto no significa que debamos dudar del valor de la conciencia personal. Lo que sí significa, sin embargo, es que tenemos que ser conscientes de nuestras raíces de nuevo, y dejarnos llevar, nutrir y limitar por ellas.

Constelaciones Familiares

¿Qué significa todo esto para las constelaciones familiares? En las constelaciones familiares se revelan y experimentan las diferentes maneras en que la conciencia personal y la conciencia colectiva siguen actuando. Y se pueden ver claramente las aterradoras y peligrosas consecuencias de la represión y negación de la conciencia colectiva. Aquí es donde, a pesar de nuestras mejores intenciones, se producen los fracasos, en términos de enfermedades que amenazan la vida, de accidentes graves, de criminalidad y de suicidio. Todos estos síntomas indican ignorancia y transgresión de los «órdenes» de la conciencia colectiva, a la vez que dan una idea de cómo pueden resolverse esas intrincaciones o disminuirse o, posiblemente, evitarse en el futuro.

En las constelaciones podemos ver a menudo cómo la conciencia personal, de manera inconsciente, choca contra los «órdenes» de la conciencia colectiva, con consecuencias negativas. Así, por ejemplo, en estas frases dichas por un niño a un padre: "te sigo” ', o “yo en tu lugar", o "yo me sacrifico por ti”, podemos reconocer el impulso subyacente de la conciencia colectiva en la que el interés del “todo” tiene prioridad sobre los deseos personales del individuo. Sin embargo, al tiempo que respeta uno de los órdenes de la conciencia colectiva, transgrede otros. En la conciencia colectiva, los más jóvenes no pueden tomar la responsabilidad de alguien más grande, pero la conciencia personal no respeta el "orden" que da prioridad a los que vienen primero. Aquí vemos cómo la conciencia colectiva, que funciona a nivel inconsciente, aplasta cualquier intento de una persona por ponerse en el lugar de otra, aun cuando sus esfuerzos se realicen de acuerdo con su conciencia personal individual.

Las Constelaciones Familiares nos dan una idea de lo que hay detrás de muchos destinos trágicos y permiten la posibilidad de un cambio beneficioso para todos nosotros. El trabajo honra las exigencias de la conciencia colectiva y las trae de nuevo a nuestra conciencia, sin poner en peligro los logros individuales realizados a través de la conciencia personal. Esto conecta las dos conciencias a un nivel superior, permitiendo al individuo trascender los límites de su pequeño grupo y sentirse parte de un todo mayor, sin comprometer su individualidad. En este sentido, las constelaciones familiares sirven para la reconciliación dentro de un grupo, y entre los grupos, son movimientos hacia la paz.

De esto se desprende que para poder trabajar de manera eficaz con las personas en constelaciones familiares, éstas deben haber entendido, interiorizado e integrado en su interior los «órdenes» de la conciencia personal y de la conciencia colectiva. También tienen que haber trascendido y  experimentado la reconciliación personal en un nivel más alto, en el nivel de lo que podríamos llamar la "conciencia de la gran alma". Si se consigue, entonces una persona puede asentir a los «órdenes» subyacentes de la conciencia colectiva, pero al mismo tiempo puede ir más allá de estas limitaciones. En el servicio de este algo más grande, es posible mantener intacto lo que pertenece a nuestra evolución humana y, al mismo tiempo, crecer como individuos para llegar a la máxima realización personal.