Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Ahí está sentado un corazón frío

En Controversias, Instituto Virtual Hellinger.

Extractos de un artículo de Martin Buchholz

publicado en la revista Die Zeit 21.08-2003 no.35

Un grito resuena en la sala. Una mujer rubia se echa sobre el suelo del escenario iluminado. Gimiendo se arrastra de rodillas, se aferra a las piernas de otro. El soplo de los 2400 espectadores del auditorio repleto se detiene. Los que están sentados atrás miran fascinados las pantallas grandes a ambos del escenario, sobre las que todo se ve más bonito, en vivo y en color. “Es como en el cine” dirá más tarde una espectadora, “y al final siempre hay una buena sorpresa”. Al final está aún la mujer rubia en el escenario. Gruñe, se retuerce, solloza. “Socorro” llama, “necesito ayuda…”

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“Pasión y responsabilidad- en el corazón de los conflictos”, es el lema de la presentación en Würzburg. Es la 4ª jornada internacional para constelaciones sistémicas. Por 450 € de participación puede uno asistir durante 4 días a lo más actual de una terapia en auge. En el gran auditorio se mezclan psicólogos y médicos, curanderos esotéricos y aficionados curiosos, todos interesados por una sola cosa: presenciar el trabajo del padre del método. La prensa también estuvo invitada.

Mientras que en el escenario la mujer en lágrimas descansa en los brazos de un hombre, Bert Hellinger toma el micrófono. En su corona de pelo blanco y ralo brilla la luz deslumbrante de un spot. Hellinger habla con voz tranquila, algo ronca: “Pueden ver claramente que la mueve una energía perpetradora. Ahí hubo un crimen…”

¿Qué es lo que aquí se juega? ¿Quién es este hombre cuya terapia muy discutida ha hecho tan famoso? ¿Qué pone en marcha su juego de roles supuestamente sanador, que en pocos minutos deja a la gente en un estado emocional profundamente perturbado? ¿Cómo es que un número creciente de ciudadanos cultos afirman con toda sinceridad que las constelaciones han cambiado sus vidas?

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El hecho es que Bert Hellinger y su método de constelaciones familiares han revuelto profundamente el campo de la psicoterapia en los últimos años. Ninguna otra de las muchas formas de terapias ha despertado tal interés. “Charlatanería esotérica” dicen algunos con pesimismo, sosteniendo que los tratamientos breves de Hellinger representan un peligro público. El constelador, se regocijan otros, ha iniciado un gran cambio en la psicología.

En 1996 el terapeuta familiar Gunthard Weber funda la “Asociación para soluciones sistémicas según Bert Hellinger” (IAG). La meta era estimular la difusión y el desarrollo de la propuesta de Hellinger. Entretanto se ha cumplido al menos la primera mitad del propósito: una proliferación descontrolada de “consteladores” de todo género ha surgido, ofreciendo sus servicios en casi todas las ciudades alemanas. Burlado durante mucho tiempo por la psicología científica establecida, el método de Bert Hellinger se ha hecho su lugar lenta pero tenazmente en el mercado de las terapias.

Considerar críticamente una linda manzana no tiene sentido, según Albrecht Mahr, hay que morder en ella y experimentar su sabor. El psicoanalista ha comido del árbol del conocimiento de Hellinger. Desde luego él ofrece también cursos de formación en constelaciones. Y ha invitado personalmente al maestro al congreso de Würzburg, donde entretanto otra mujer joven se ha sentado en el escenario, con las manos tímidamente hundidas en el regazo…

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En realidad el logro terapéutico de Hellinger es que de un juego de roles divertido ha hecho un juego de misterio emocionante. Su método toca los nervios de una sociedad hambrienta de aventuras: es rápido, va al grano con intensidad y permite experimentar cosas que no tienen explicación. Gracias a las “constelaciones según Bert Hellinger” se vive algo “genuino”.

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El bombo público en torno a su persona, la escena desbordante de consteladores que se reclaman de él- todo aquello deja indiferente a Bert Hellinger. Por lo menos, así parece. “Cada uno es su propio asno” afirma él riéndose, “¿por qué preocuparme?” ¿Será el hombre tan astuto, o sólo lo pretende? En todo caso, no deja que se le miren las cartas.

La constante sonrisa de sus labios finos llama la atención- a veces maliciosa, a veces pensativa. Siempre sabedora. Así mira aquel que con ganas da coces contra el aguijón. Hellinger disfruta de la imagen de provocador frente a la psicoterapia establecida. Con su sencillo traje oscuro y su camisa de cuadritos sin corbata, se ve tan excitante como un empleado de finanzas jubilado. Altivo se lo nota sólo cuando se trata de sus percepciones terapéuticas.

La entrevista personal hecha en el hotel de Würzburg se parece más a una audiencia que a una entrevista. Hellinger no debate sobre sus conocimientos. Sólo concede el favor de comunicarlos. Constelar familias, dice Hellinger, “es sabiduría de vida. Por esto no me considero para nada un psicoterapeuta”. Entonces ¿qué? De nuevo esta sonrisa: “Alguien al servicio de la vida”.

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Bert Hellinger es algo como el Dalai Lama de la psico-escena. Un Maestro filosófico que logra afirmar con serenidad: “Asiento al mundo tal como es”. Él es la figura carismática de un movimiento que, en un mundo altamente mercantil y mecanizado, busca los secretos profundos del alma.

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La constelación familiar es para muchos atractiva, por corresponder al espíritu de los tiempos actuales: no hay sesiones sin fin sobre el sofá de un analista, ni pláticas interminables acerca de los problemas de la niñez que uno se lleva sin solución de vuelta a casa; situaciones relacionales complejas no necesitan ser verbalizadas, se ven colocadas de modo visual en el espacio. Gracias a la tendencia natural del ser humano a utilizar la metáfora espacial para describir las relaciones, el juego de roles con representantes trae un alumbramiento instantáneo del problema. Muy instructiva también es la consideración otorgada a las relaciones familiares del cliente- uno de los fundamentos de la terapia familiar sistémica. Aunque los tenientes de la terapia familiar sistémica se niegan a asimilarse al método de Hellinger. No quieren saber nada de “soluciones milagrosamente ofrecidas”, según Fritz Simon. El psiquiatra berlinés y terapeuta familiar considera “la verdad” como cuestión de pareceres, “porque en cada familia hay tantas verdades como miembros de la familia”.

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Hellinger permanece indiferente a las críticas de sus opositores. Prefiere seguir su intuición terapéutica.

En una sociedad individualista, donde la abuela es entregada en un asilo, donde los matrimonios se limitan a compañerismos temporales, donde ser hijo de divorciados es cosa común, el discurso de Hellinger acerca del “alma familiar lastimada” toca un punto sensible. Porque nos recuerda que no somos los artesanos solitarios y libres de nuestra felicidad sino parte de un complejo sistema de relaciones y de dependencias. En esta situación, dice Simon, la verdad encuentra un buen mercado. “Quien va donde Hellinger no precisa más amargarse las noches preguntándose ¿lo hago así o asá? ¡Allí se le dirá claramente lo que tiene que hacer!”

Verdaderamente seductora es la simplicidad desconcertante del método. Uno está tentado de pensar: esto lo puede hacer cualquiera. De hecho se infló el mercado gris de “consteladores según Hellinger”. Por lo menos 2000 de estos terapeutas ofrecen sus servicios en Alemania. Entre ellos se encuentran diseñadores gráficos y astrólogos, “filósofos prácticos” y esotéricos de todo tipo. La mayoría de ellos no posee ningún título reconocido de psicoterapeuta pero sí vivencias inspiradas por los videos y los seminarios de Bert Hellinger. (…) ¿Pueden ellos dañar al cliente? “En el fondo, no” afirma un tal Diekmann. “Sólo traemos a la luz lo que antes estaba en el inconsciente”. Con su destino familiar alumbrado de esta manera ¡sale el cliente con un alma nueva!

“Y clientes con experiencias traumáticas son dejados sin apoyo después de una constelación” se amarga Jacqueline von Manteuffel. Una vez tras otra recibe la psicóloga diplomada de Stuttgart a pacientes “que después de uno de estos talleres de fin de semana se quedan destrozados”. Los consteladores según Hellinger actúan como “una batidora” y cuando el paciente tiene el alma destrozada, se tienen que preocupar los psicólogos formados en atenderles.

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El organizador del congreso de Würzburg, Albrecht Mahr, ha abierto entretanto un “Instituto para constelaciones sistémicas”. Este trabajo (de constelador) requiere unos conocimientos específicos y sustanciales en el ámbito de la terapia, afirma él. Tampoco se deja a un estudiante médico operar a corazón abierto. El método Hellinger se baratea a cualquier precio en innumerables seminarios de fin de semana.”Esta gente causa mucho daño”. Según Mahr ha llegado el momento de desarrollar severos criterios de calidad con respecto al movimiento aún joven de las constelaciones familiares. La Asociación internacional para soluciones sistémicas (IAG) se esfuerza igualmente en este sentido y lleva una lista de “consteladores”, según dicen, severamente escogidos. La lista consta de unos 200 nombres de psicólogos certificados, médicos y terapeutas familiares. Los pacientes tienen que ser cuidadosamente preparados a una constelación y luego acompañados a nivel terapéutico.

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Muchos de los llamados “serios” imitadores de Hellinger reivindican ser reconocidos como científicos. A Hellinger mismo le da igual. Algunas enfermedades, cuenta él con voz baja en una conversación privada, serían la consecuencia de una maldición; uno puede observar cosas desgraciadas allí. Para ilustrarlo, hace lo que más le gusta hacer, relatar un ejemplo: “En México he hecho una de estas constelaciones, tratándose de una enfermedad grave del intestino.” La enfermedad se había transmitido durante tres generaciones siguiendo el mismo esquema. El bisabuelo había muerto en la revolución. Hellinger casi murmura, habla con voz de conspiración: “Mientras estaba combatiendo, su hermano le hizo un hijo a su mujer”. Nadie sabía nada de esto. “Esto apareció en la constelación”. Y ahora este muerto estaba “muy enfadado”. Pero su maldición no le afectó al hermano sino que a sus descendientes. “Sólo cuando todos se inclinaron ante él, incluyendo la bisnieta, su representante se ablandó, luego se tumbó y pudo cerrar los ojos. La maldición se había disuelto”.

El elemento psíquico en las enfermedades heredadas, las inexplicables tendencias al suicidio o las dependencias a las drogas en los descendientes están desde hace mucho conocidas por la psicología clínica pero en ningún momento claramente explicadas.

La sospecha acerca de la posición terapéutica de Hellinger surge justamente por su afirmada opinión de que las constelaciones permiten reconocer con precisión las causas de tales “intrincaciones”. Su afirmación con respecto a su falta de prejuicios y su “visión” cada vez nueva de cada constelación es desmentida por su propia práctica. El que ha podido asistir a algunas de sus constelaciones, sabe con antelación lo que será el final. El hombre siempre encuentra el conejo previamente ocultado en su chistera.

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“Ciertos terapeutas temen decir lo que ven”, revela él más tarde, en la privacidad. “Porque son cobardes”. En uno de sus libros dice textualmente: “Cuando trabajo con alguien, miro para ver si hay un camino para él o no. A veces se puede distinguir con claridad: no hay más camino. Entonces no busco ninguna solución. Pero le ayudo a prepararse para el final. No actúo como si él tuviera aún algo grande ante él”.

La fantasía de omnipotencia de Hellinger va demasiado lejos según algunos de sus alumnos. En el ínterin se ha dividido el movimiento. Mientras que unos defienden con uñas y dientes al maestro, otros quieren proteger “la constelación familiar” de su inventor desplazándola al campo científico. “Las constelaciones esenciales siempre tratan de vida y muerte”, dice Bert Hellinger. Como en octubre 1997, durante una presentación en Leipzig.

Una pareja separada quiere definir con quién de los dos se quedarán mejor cuidados los cuatro hijos. El hombre se constela, su mujer se encuentra también en el escenario. Hellinger observa la constelación y señalando al hombre: ”Ahí está sentado el amor”, y girándose hacia la mujer: ”Y aquí está sentado un corazón frío!” Al público le dice: “Los hijos no se encuentran seguros con la madre. Pertenecen al hombre.” Y luego: ”La mujer se está yendo. Nadie la puede parar. Esto puede significar también morir”. Sin una palabra, la mujer abandona la sala. Para los días después del seminario, la joven doctora había previsto mudarse y seguir un curso de formación médica avanzada. Un día después de la constelación con Bert Hellinger se quitó la vida. En su carta de despedida a su familia escribe: ”Tal vez existe gente que lleva tanta culpa encima que no tiene más derecho a vivir. Y si la armonía para los niños está a este precio, quiero cumplir con mi parte, incluso si no es lo que desearía para mí”.

Seis años más tarde, en una entrevista, dice Bert Hellinger:”Un terapeuta no puede dañar a nadie” y agrega sonriendo: “A no ser que el otro lo quiera”.

Traducción de Mónica Kunz