Bert Hellinger / Los textos citados son las transcripciones autorizadas por el mismo Bert Hellinger de sus entrenamientos y conferencias. Algunos son extractos de sus libros.

Preguntas a Bert Hellinger acerca del ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono

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Entrevista con Bert Hellinger, por Hans-Joachim Reinecke para el Instituto virtual Hellinger.com, al regreso del viaje de Bert por Rusia, Japón, Taiwán y EEUU, otoño 2001.

Los temas abordados:

  • La reconciliación comienza en la propia alma

  • Despedirse de nuestros conceptos habituales acerca del bien y del mal
  • Ver al agresor como una víctima

  • Más cuidado en el trato con otros
  • Más moderación

  • Reconocer que dependemos de muchos otros cuyas peticiones legítimas quizás hayamos pasado por alto hasta hoy
  • El objetivo es siempre reconciliar en el alma del constelado lo que se encuentra en oposición, de manera que pueda aceptar ambas partes
  • Mostrar solidariedad con los que, sin culpa propia, han sido víctimas
  • Un ejercicio meditativo en recuerdo a las víctimas

REINECKE

Tu trabajo se concentra últimamente en la compensación y la reconciliación. Has mencionado con frecuencia que, en este trabajo, las soluciones sanadoras en el marco familiar se aplican de manera similar a situaciones conflictivas en el aspecto nacional o ideológico, y siempre tienen que ver con un reencuentro entre individuos, con paz y sinceridad. Ahora, seguramente se dan acontecimientos exteriores importantes a través de los cuales la posibilidad de tales reencuentros se ve fuertemente alterada.

Se te hizo la pregunta, en una entrevista en agosto pasado, si el cambio para mejor de los grandes dogmas preñados de conflicto, de nivel internacional, podía iniciarse también a través de las catástrofes. Quiero decir, las reacciones del mundo nos demuestran que los ataques terroristas del 11 de septiembre y sus efectos pueden ser, con toda razón, considerados como una catástrofe de alcance mundial.

¿Cuáles son las probabilidades y esperanzas, a tu parecer, de que finalmente se dé una cohabitación pacífica de los pueblos y de los habitantes de nuestro planeta? Además, ¿es conveniente permitirse esta pregunta frente a las miles de víctimas tanto del ataque mismo como de los muchos que siguen ocurriendo desde entonces?

HELLINGER

Cuando escucho esto, veo que se me lleva a un ámbito donde debo expresar cosas demasiado grandes, que en el fondo superan mi horizonte.

Por lo tanto, me acercaré al problema de otro modo, paso a paso, y empezaré por lo esencial. La reconciliación comienza en la propia alma. Al que la logra interiormente, le resulta más fácil ejercer alguna influencia en asuntos relativos a ella. En nuestra alma, la reconciliación comienza con los padres. Parece curioso. Pero podemos observar que muchos intentan demarcarse de los padres, ¡como si lo pudieran! Porque así no tienen que reconocer que lo esencial nos viene de ellos sin que hayamos podido influir en nada.

En el alma nuestra, esta reconciliación puede manifestarse así: nos inclinamos ante nuestros padres y nos imaginamos detrás de ellos a sus padres y detrás de ellos a sus padres y así hasta muy lejos. Y miramos a estas numerosas generaciones a través de las cuales la vida fluye hasta alcanzarnos. La vida fluye inmaculada e ilimitada, conservando su plenitud, imperturbada por los individuos que la reciben y la transmiten, lo que eran o lo que son. El que mira de este modo a sus padres, puede y debe honrarles. Y, en la medida en que nos inclinamos ante ellos, honramos también el secreto de la vida misma. Entonces nuestro asentimiento a ella tal como nos viene a través de nuestros padres, se transforma en un acto de alcance religioso profundo, en un verdadero acto religioso.

El que lo logra ve y debe reconocer que todo ser humano, sea cual sea su origen y su religión, su idioma y su raza, debe cumplir lo mismo para poder conectar con sus padres, con su vida y consigo mismo. Aunque todos consumen y deben consumar el mismo acto, el fruto de ello es diferente en la medida en que pertenecen a diferentes grupos, diferentes religiones, diferentes pueblos y diferentes culturas. En este acto religioso se encuentran unidos e iguales. En el fruto se ven diferentes y separados.

En el alma, la reconciliación sigue su camino, con otro paso más. Debo admitir que cualquier otro es igual a mí, con referencia a lo esencial, igual en el asentimiento debido a la vida común y a los que son sus padres en particular. Debo reconocer que en este cumplimiento fundamental no existen las diferencias, tampoco la posibilidad de escoger y que los resultados que se dan por las condiciones de raza, destino y cultura de los distintos grupos y pueblos son subordinados a la naturaleza.

Después es cuando me encuentro dispuesto y capaz de ubicarme en pie de igualdad con otras personas, aún si nos distinguimos los unos de los otros en varios aspectos. Éste pues, sería el camino por el cual me capacito para encontrarme con otro, en el respeto, un otro que es diferente pero que reconozco como mi igual.

REINECKE

La relación con la posibilidad de un rol particular jugado por la catástrofe no me aparece de manera clara aún. ¿Podrían los eventos del 11 de septiembre contribuir a estimular este proceso de reconciliación?

HELLINGER La conclusión de lo que acabo de decir sería que viéramos a los supuestos terroristas como parte integrante de su sistema, tal como lo somos nosotros mismos con respecto a nuestro sistema y tal como lo experimentamos. Y que reconozcamos que, en lo que actúan, se comportan de manera profundamente religiosa, aún cuando sus actos se dirijan contra nosotros. En esto, a su modo, cumplen con consciencia.

REINECKE

¿También religiosos en un sentido infinitamente más profundo, como lo atestan las revelaciones de los perpetradores?

HELLINGER

Sí, y a continuación le diré mi segunda conclusión. Cuando ambas partes se sienten inevitablemente atadas al sistema al que pertenecen, entonces, en cuanto al fin que persiguen, son religiosos. Es así para los que se posicionan en contra de los terroristas y los quieren combatir así como los que se colocan detrás de los terroristas y apoyan su lucha. Ambos adoptan una actitud religiosa, cada uno a su manera. Para ir aún más profundo y llegar a un entendimiento en el alma que abra camino a la reconciliación, debemos despedirnos de nuestra diferenciación habitual entre bien y mal y debemos abandonar nuestra imagen de Dios, una imagen que lo monopoliza para los intereses de nuestro grupo y que lo representa como enemigo del otro bando al que pensamos tener que perseguir.

Luego tenemos que reconocer que ambos, los unos como los otros, a pesar de estar en oposición aparente en lo que quieren y hacen, están dirigidos por un poder sumamente mayor ante el cual se tienen que inclinar ambos, realizando que sólo son instrumentos para otros propósitos. Únicamente con esta percepción y en esta actitud podemos encarar una tal catástrofe y sin embargo servir la paz, la evolución y la reconciliación a largo plazo. De esta forma tomamos en nuestra mirada a las víctimas y estamos de luto con sus familiares así como llevamos con ellos su dolor, por compasión. De la misma forma podemos ver a los agresores como víctimas que se encontraron atadas a algo diferente. Según su manera de ver, su objetivo era positivo pero en el cumplimiento de aquello arrastraron a muchos inocentes en la muerte. Si logramos ver y reconocer esto, cesa nuestra habitual diferenciación entre los buenos y los malos.

Al dejar actuar de esta forma este acontecimiento dentro de nosotros, vemos que en su conjunto, a pesar del horror, provocó un cambio para mejor en muchas almas. Nos lleva por ejemplo a más cuidado en nuestras relaciones con otros, a más modestia, al descubrimiento que dependemos de muchos otros, cuyas peticiones legítimas tal vez hayamos descartado en el pasado. En eso, quizás tenga lo sucedido un efecto particular a nivel mundial.

Un efecto de esta amplitud no puede, a mi parecer, ser desencadenado por unos individuos. Sólo se la puede atribuir a un poder mayor que lo dirige todo, incluyendo este acontecimiento, y que se sirve de los individuos como instrumentos, unos para víctimas, los otros para perpetradores.

Tal vez puedo relatar un ejercicio meditativo que propuse a un grupo en Estocolmo en el momento en que, en Europa, la gente recordaba con unos instantes de silencio a las víctimas del 11 de septiembre.

Les pedí que cerraran los ojos y les propuse lo siguiente:

” Imaginad que vais conmigo al reino de los muertos.

-Allí miramos a estos muertos, tanto a las víctimas como a sus asesinos, a ambos.

- Están tumbados juntos, se miran mutuamente y se ven de persona a persona.

- Las víctimas miran a sus asesinos y los asesinos a sus víctimas hasta reconocer que también los otros son gente como ellos.

- Los asesinos abren su corazón para las víctimas y las víctimas abren el suyo para los asesinos.

- Luego se giran todos hacia el horizonte y se inclinan frente a algo mayor que ahí se vislumbra pero sin embargo permanece oculto.

-Toman consciencia de que se encuentran en manos de fuerzas que les sobrepasan.

- Ambos reconocen que están atados a algo mucho mayor al que están entregados, más allá de sus intenciones, miedos, esperanzas o proyectos.

- Nos podemos imaginar que también los familiares de las víctimas y de los perpetradores miran hacia este horizonte, que se inclinan ante el secreto que recela y que se entregan a ello.

- Y que nosotros, junto a ellos, nos inclinamos a la par, ante el secreto.

Al abandonarnos a este algo mayor hasta sentirnos en sintonía con ello, podemos con más facilidad dejar atrás las ideas de venganza para dedicarnos a pensamientos de paz."

REINECKE

En una serie de constelaciones, cuando venía al caso para el cliente, has configurado países enteros con un representante solamente. Con frecuencia sale a la luz la presión que se manifiesta en una reconciliación entre países enemigos, aunque sean profundamente opuestos. ¿Se podría justificar entonces la tentativa de resolver conflictos internacionales, o incluso la crisis terrorista actual, con este instrumento tan eficiente a nivel del individuo que representa la constelación familiar?

HELLINGER

A mi manera de ver sería presumido tentar resolverlo así.

¿Qué pasa en las constelaciones donde configuramos naciones? Me autorizo a configurar naciones casi únicamente en relación con une persona, por ejemplo en casos de que provenga de una familia cuyos padres son de países diferentes o de religión y cultura otras. Cuando a raíz de esto surgen problemas, entonces colocamos representantes para los países o la religión de sus padres. La meta siempre es reconciliar en el alma del constelado lo que ahí se opone, de manera que pueda acoger a las dos partes, reconociendo sus diferencias y llevándolas reconciliadas a un nivel más elevado.

Ahora, algunos tienen la idea de que una tal experiencia y una tal imagen puedan provocar buenos efectos también en las almas de los que tienen una responsabilidad política. Pero de ahí a querer influenciar los asuntos políticos sería ir demasiado lejos. Para esto, los procesos políticos son excesivamente complejos y sometidos a muchas otras condiciones, la aprobación del pueblo o de parte del pueblo por ejemplo. Por lo tanto, sólo cuando un desarrollo reconciliador haya ocurrido en muchas almas, se podría ejercer una forma de presión a nivel político, posibilitando negociaciones. No me lo puedo imaginar antes.

REINECKE

¿Las constelaciones familiares podrían por lo menos contribuir a una mejor comprensión de los grandes conflictos? Y en el caso afirmativo, ¿quién sería capaz de oírlo? Pienso, por ejemplo en todas las reacciones negativas dentro y fuera de Alemania en los debates llevados acerca de una posible intrincación común entre el presidente de EEUU y su gran oponente Osama Bin Laden…

HELLINGER

¡Es una observación vieja, la de los extremos que se rozan! Ambos están convencidos de que sirven lo bueno. En eso, existe un vínculo entre ellos. Pero mientras cado uno se mira sólo a sí mismo, no permite una solución.

Entre paréntesis, he hecho en EEUU una constelación. Al trabajar con pacientes de cáncer, se han revelado caminos de reconciliación entre víctimas y perpetradores para lograr que todo termine. Luego he dicho:” Configuremos el 11 de septiembre”. Hemos colocado dos personas frente a frente. No quedaba claro quien era quien. En mi alma era el uno el Presidente Bush o América y el otro Bin Laden o su grupo. Pero no lo mencioné.

El representante para América miró por el suelo, lo que significa que miraba a un muerto. Coloqué a un hombre en este lugar, como representante de uno o varios muertos. El representante para América se tumbó muy despacio, girándose hacia el muerto. De vez en cuando miraba también al representante de los terroristas. Aquél al principio dejó su mirada por mucho tiempo puesta hacia lo lejos. Luego lentamente se arrodilló y alcanzó con la mano al representante de América, por encima de la cabeza del muerto. O sea, en presencia de las víctimas ambos encontraron una manera de reconciliarse. En presencia de las víctimas, aquí por supuesto las de ambos bandos, pudieron recobrar sus sentidos. Esto es lo que he visto en muchas constelaciones, en muchos países.

Sólo cuando se ha podido llorar juntos sobre lo que ha pasado, sin acusaciones y sin reproches; cuando se ha podido llorar juntos sobre lo que uno mismo ha sufrido y sobre el daño que uno ha hecho al otro, y cuando se mantiene la mirada puesta en las víctimas de ambos lados, se libera el camino a una comprensión mutua y a una reconciliación.

REINECKE

Esto me parece evidente, de inmediato. Por eso hago nuevamente la pregunta siguiente: ¿No sería este trabajo un aporte para el gran público? Vivimos en la edad de los medios. ¿No sería una constelación de la crisis actual con sus implicados, difundida por televisión, el medio ideal para enseñar a una mayoría el camino más corto hacia la paz, sobretodo a los que toman las decisiones políticas?

HELLINGER

Sí, sería lindo. Pero una constelación así presupone un contexto, o sea una disposición interior para abrirse a los movimientos del alma. En cuanto una constelación o una experiencia semejante son utilizadas con un objetivo propagandista o para influenciar grupos grandes, surge en el juego un interés personal, una exigencia de poder, mismo de forma velada. Y esto destruye en el acto todo efecto en la profundidad del alma. Se reduce entonces a una payasada y con toda razón se vería descartado.

Esta percepción y la experiencia que la acompaña deben crecer lentamente en pequeños grupos. Cuando alcanzan el alma, pueden extenderse. En el grupo donde hice la constelación arriba mencionada, sólo había americanos. Les llegó hondo, en sus almas aconteció algo bueno. Pero de ahí a pensar que uno puede influir en los asuntos políticos, cambiar el rumbo de las decisiones ejerciendo presión, no lo considero justificado.

(….)