Brigitte Champetier de Ribes / Carta de Brigitte

Brigitte Champetier de Ribes



Madrid, 2 de febrero de 2011

Estimados amigos,

En diciembre estuve participando en el Entrenamiento Internacional organizado por Bert y Sophie Hellinger, por la ocasión del 85 cumpleaños de Bert.

Estuvimos unas quinientas personas, de casi sesenta países distintos. En una pequeña ciudad, toda nevada y navideña, de la Selva Negra. Bert Hellinger, de nuevo deslumbrante de salud y plenitud.

Quiero compartir con vosotros algo de lo que nos dio.

El gran tema de fondo fue ¿Cómo acercarnos a la paz? ¿Cómo contribuir a la paz?

Cuando alguien, un bando, ataca a otro es porque quiere conseguir algo que no tiene – agua, territorio…

Dejaremos de ser depredadores cuando no necesitemos nada, cuando estemos llenos de todo lo que nos ha dado la vida, cuando hayamos tomado completamente todo lo que nos es ofrecido: nuestros padres y sus carencias, nuestra tierra como es, nuestras circunstancias y sus defectos, nuestras vidas y nuestras limitaciones.

Cuando estamos divididos interiormente, proyectamos al exterior nuestra guerra interna, buscamos el enfrentamiento afuera, nos sentimos en lucha, en guerra con otros. Cuando sentimos que otros hacen peligrar nuestra seguridad es porque internamente hay una parte a la que rechazamos y que nos asusta.

Somos por naturaleza dos integrados en uno: dos hemisferios, dos brazos, dos ojos, delante/detrás, mente/cuerpo, etc.… nuestra salud, nuestra fuerza, nuestra grandeza se manifiestan cuando integramos la dualidad, sin reprimir ni rechazar ninguna de las polaridades de las que estamos hechos.

La primera gran dualidad, de la que surgen todas las demás, es que somos hijos de un padre y de una madre.

Integrar esta dualidad es ver a ambos padres en una única imagen, tenerlos juntos en la mirada, haya pasado lo que haya pasado entre ellos después de nuestra concepción. Esta integración nos permite vivir la plenitud: cada uno de nosotros es la fusión de sus padres, la fusión de lo masculino con lo femenino, la fusión de dos ramas totalmente distintas.

Toda separación, todo rechazo remite a la separación con el padre o la madre, que se convierte en rechazo de lo masculino o lo femenino o en rechazo de uno de los grupos de origen.

¿Qué parte de nuestro cuerpo rechazamos? ¿Cómo nos dividimos y a qué parte rechazamos, la masculina o la femenina? ¿A qué rama rechazamos, la materna o la paterna?

¿Privilegiamos la parte derecha (lo masculino) de nuestro cuerpo sobre la parte izquierda (lo femenino)? ¿O será al revés?

¿Privilegiamos la parte superior (lo masculino) sobre la parte inferior (lo femenino)?

¿La mente (lo masculino) sobre el cuerpo (lo femenino)?

¿El cielo (lo masculino) sobre la tierra (lo femenino)?

Etc., etc.

Nuestro trabajo para la paz es reconciliarnos con nosotros mismos.

El sí a todo lo que somos,
la integración de todo lo que somos
y la reconciliación con nosotros mismos,
ES LO QUE CREA LA PAZ.

Y hoy, febrero 2014, quiero añadir lo siguiente:

Nos reconciliamos con todo lo que somos y con TODOS los que somos: con todos y cada uno de los miembros de nuestra familia materna y paterna.

Podremos así honrar a todos los que nos rodean y nos asustan o nos crean ira, reconocer sus raíces y sus fidelidades, y reconocernos en ellos. Todos formamos parte. Nosotros y nuestra polaridad pertenecemos juntos.

Estamos todos juntos al servicio de la vida y de la paz, os honro